DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Barçaficción

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 “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

Para ciertos equipos y jugadores rivales el Barça se ha convertido en una película de terror que confunde, angustia y desespera. Para los amantes del fútbol y para sus seguidores, en cambio, es la mejor película de ciencia ficción que se ha rodado nunca, un fenómeno inexplicable que sus aficionados han adoptado como una dulce y pegadiza melodía. Esta extraordinaria normalidad es atacada desde algunas esferas con argumentos como “siempre juegan igual”, “son aburridos” o, simplemente, “siempre ganan”.

Al igual que se aborrece al empollón, el Barça desprende un aroma de genialidad insoportable para algunos sectores. Incluso a Messi se le reprocha su virtuosismo y su insultante lejanía respecto a la falibilidad del futbolista humano, como si de un Doctor Manhattan se tratara. El escritor argentino Martín Caparrós sostiene que “Leo lo hace todo penosamente fácil. Debería sobreactuar la dificultad que él no le encuentra a lo que hace” Recientemente Ronald Koeman ha pedido el Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. ¿El motivo? “Porque Messi ya ha ganado 3”. Es como si a Michael Jordan le hubieran dejado de dar MVP’s porque era demasiado bueno y no dejaba ganar a los demás…

Entrevistado en la revista So Foot, al rossonero Kevin-Prince Boateng le preguntaron si el juego del Barça era siempre lo mismo, si jugaban a balonmano, a lo que respondió: “Sí, casi siempre es lo mismo, ganan cada partido cuatro o cinco a cero (…) ¿Cómo pueden hacer tantos pases tan perfectos? Lo hacen mil veces en un partido y las mil veces la bola llega perfecta al pie del jugador. No es fácil ser Xavi o Iniesta cada partido”.

Pero una parte del público detesta esta supuesta perfección, este halo angelical de los sempiternos ganadores, y se siente atraído por figuras disonantes, oscuras y controvertidas. Enfants Terribles como el mismo Kevin-Prince, Ibra, Balotelli o el antagonista Mourinho acumulan hordas de seguidores, más identificados con los villanos de las películas y con la errata que con el héroe irreducible, el mirlo blanco. El espectador ansía encontrar grietas en este Barça y anhela que se corrompa como Harvey Dent. Sólo así se podrá narrar la gran epopeya del desmoronamiento de la Dinastía Blaugrana.

Prácticamente clasificados para octavos de finales de la Champions y a ocho puntos del Madrid (a 11, si vencen el próximo domingo), el panorama es tan idílico como carente de emoción. El barcelonismo, una representación de la vida misma, necesita el conflicto como el aire que respira y no puede sobrevivir hasta febrero actualizando lesionados.

Si, para colmo, Cesc y Alexis tienen la osadía de desafiar con sus goles a los barcelonistas que se divierten arrojando a sus propios jugadores a la hoguera , si resulta que Villa y Messi son amiguísimos y que nadie se queja por ser suplente, si Rosell apenas abre la boca y Tito es tan bueno como Guardiola, ¿Qué narices queda?

Disfrutar.

PUBLICADO EN:

PLANETA DEPORTE

http://futbol.planetadeporte.net/i:primera-division:baraficcion:opinion:43892:i

PERIODISTAS Y ANÓNIMOS

http://www.periodistasanonimos.com/2012/10/barcaficcion-por-robert-lozano-verges.html?showComment=1349339467138

El surrealismo del Barça

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El Barça juega como le da la gana. O más bien como le apetece a Guardiola. Con dos o tres defensas, cinco o seis centrocampistas, uno o ningún delantero…
Mientras los analistas intentan descifrar los números de teléfono (2-7-1; 2-8-0, etc), el entrenador culé aglutina el talento de su equipo allí donde se ganan los partidos de fútbol: en el centro del campo. Que el rival se llame Santos o Real Madrid no deja de ser un dato circunstancial para un equipo que juega con el tiempo, el espacio y la velocidad como un artista surrealista, dispuesto a reventar toda la teología existente del fútbol y a jugar sin defensas, ni delanteros, sino con todo lo contrario, con un enjambre de abejas que esconde el balón, se contonea y picotea hasta que caes mareado y rendido a sus pies. Guardiola alineó ayer a cinco magos y a un extraterrestre.

“Si hago algo parecido a lo que ha hecho hoy Guardiola, la policía de Brasil me lleva preso”; “el Barça nos ha enseñado a jugar al fútbol”; “no aspiro a ser jugador del Barça, sólo a que me dejen jugar un partido con ellos”. El entrenador del Santos y sus dos rutilantes figuras, Neymar y Ganso, definían en tres frases lo que fue el partido y, sin saberlo, lo que significa este equipo para la historia del fútbol.

La fuerza de este conjunto es capaz, incluso, de cambiar la mentalidad de un pueblo. Véase el aficionado asiático, tan volátil como la gloria. La marea de las victorias hace que cambien del blaugrana al blanco y del red al blue sin reservas ni decoro. Zozobran con las modas y se encaprichan de jugadores mediáticos, guapos, millonarios y sobre focalizados. El Barça también ha cambiado esta situación. Sin vedettes y coral como ninguno, el conjunto culé exporta a todos por igual y el público asiático conoce tanto a Messi como a Cesc, a Villa como a Puyol, a Pedro como a Xavi. 1.310 japoneses son, en la actualidad, socios del Barça y siete millones declaran su amor a los blaugrana.

Si bien es cierto que el camino a Japón es más importante que el destino y que ser campeones del mundo es, al fin y al cabo, un parche en la camiseta, también lo es que se trata de un reconocimiento merecidísimo. Justicia poética.

Written by @robertlozano_

19 diciembre, 2011 at 12:36 PM

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Alta fidelidad

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En la Tribuna siempre hace frío. Es una parcela de blanco y negro, auriculares, arrugas, rezongos, puros, tribulaciones y miradas aviesas. Bajo la cubierta del Camp Nou, se calla o se sentencia. Dedo justiciero del Coliseo que carga contra el árbitro (“burru!”) o contra Villa (“no es para el Barça”) por igual, la zona noble del Estadi es, probablemente, el lugar del mundo en el que se concentran más entrenadores de postín por metro cuadrado. Los partidos de estos fieles se concentran en 70 minutos y se recortan 10 por delante (para que se me vea) y 10 por detrás (para evitar el vulgo). Afortunadamente para ellos, el Diez marcó en el once otro de sus goles antológicos que da la vuelta al mundo y maravilla a todos por igual. A todos menos a Argentina, donde los goles de La Pulga con la elástica blaugrana provocan muecas y afean el semblante.

El rival de cada fin de semana pasa por ser un mero dato circunstancial en un Barça de probeta, gestado en los sótanos del Camp Nou, y que evoluciona y desanda según la enfermería y el partido en cuestión. La flexibilidad de Guardiola y su tremenda capacidad pedagógica para inculcar el “idioma Barça” es una de las grandes claves de un equipo que muta como una cepa para sortear los antídotos rivales. El Barça siempre va un paso por delante.

El primer partido de Liga de la era Guardiola (2008-2009), disputado en el estadio de Los Pajaritos, contaba con la siguiente alineación: Valdés; Alves, Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Cambien a Márquez por Piqué, a Touré por Thiago y a Eto’o y Henry por Villa y Pedro y obtendrán un planteamiento similar con cientos de matices de diferencia. Acabó en derrota, críticas y, finalmente, en un triplete. La esencia de hoy es la misma que la de ayer pero los jugadores interpretan el idioma diez mil veces mejor. Los 4-3-3, 3-4-3 o 2-3-3-2, ya lo dice Mennoti, son simples números de teléfono. Lo importante es la alineación.

Y la alineación contaba con la génesis de Messi (pegado a la cal y andando), y un Thiago en la posición orbital del Barça, la del 4. El brasileño, como Pedro o Villa, se alejan del foco y la brillantina y otorgan tanto protagonismo a sus compañeros que sus actuaciones, en ocasiones, flotan en el limbo. Pero son ellos, estudiantes aplicados, los que hablan el lenguaje del Barça a la perfección.

Si en el “Idioma Barça” Messi es el adjetivo y Xavi el verbo, Thiago, Pedro y Villa son las preposiciones, enganches ingratos que dan sentido y forma al juego. Especial atención merece Thiago, un jugador propenso a la filigrana, el tacón y la rabona, a la floritura y el juego de la grada. Un mago que se reserva sus trucos en la chistera para convertirse en un guardia de tráfico del medio campo, sencillo, pragmático y efectivo. Para cumplir con lo que pide Guardiola: alta fidelidad.

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17 octubre, 2011 at 1:05 PM

Alérgicos a Bojan Krkic

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En Silkeborg el zumo y los cereales se indigestan. Cada mañana, en la concentración de la selección Sub-21, Jeffren, Thiago, Montoya y Bojan desayunan leyendo sus nombres en las portadas de los diarios deportivos. Sus nombres ruedan como productos en eBay. En la jerga futbolera se les llama moneda de cambio, expresión más propicia para mercancías que para futbolistas, y que les irrita profundamente. No sucede así en la NBA, donde los jugadores son transportados de un Estado a otro con aquiescencia. La liga americana y el fútbol, tan diametralmente opuestos que se tocan, se diferencian simplemente en que los primeros asumen que son un espectáculo en el que los jugadores están al servicio de La Liga y de los espectadores, mientras que el fútbol sigue jugando a ser un deporte puro, límpido y sensible que trata con personas humanas cuando es, simplemente, un negocio más. Un fabuloso entretenimiento del vulgo.

Cada verano los clubes de fútbol se arriman más a la ruina con operaciones descabelladas y el beneplácito de las entidades financieras. A diferencia de otros años, el baile de nombres en el Barça está siendo limitado, debido a su buena marcha.  La “obsesión Fábregras” y los atacantes Alexis y Rossi son los mejor situados. Entre los posibles descartes están Milito y Maxwell o los canteranos Jeffren, Thiago, Montoya o Bojan. La trayectoria del de Linyola en Can Barça lo convierte en un caso especial. Antaño niño mimado del Camp Nou, aclamado y sobreprotegido por una trayectoria impecable en la cantera y unas expectativas sobredimensionadas y dañinas. Un amor tan grande y empalagoso que ha provocado extraños efectos secundarios a parte de la afición blaugrana: alergia a Bojan Krkic.

Un niño en el circo

Bojan Krkic ingresó en los benjamines del Barça en la temporada 1999-00. Con tan sólo 16 años, debutó en el primer equipo después de jugar, en un mismo año, en el juvenil y el Barça B. En 2007 se anunció la llegada de un prodigio. Ganó el Europeo Sub-17 anotando el gol decisivo de la final, debutó con el Barça en un amistoso en el que también marcó y disputó su primer partido con la selección Sub-21. Rijkaard confió ciegamente en él y el ‘27’ del Barça se convirtió en el jugador más joven que debutaba en la Champions League con la camiseta blaugrana (17 años y 22 días). En el goleador más precoz del Barça en Liga (contra el Villarreal, con 17 años, un mes y 22 días), y en el segundo goleador más precoz de la Champions, por detrás del Ghanés Oforiquaye, con 17 años y 217 días. Bojan se reveló como un goleador oportunista y certero la temporada 2007/2008, en la que anotó 10 goles en 14 partidos como titular. La ausencia histórica de delanteros en la cantera lo convirtió en una pieza única y singular, de esas que encaprichan a la grada del Camp Nou, como ya sucedió con Thiago Motta o como actualmente pasa con Afellay. Deco, uno de los hombres fuertes del vestuario del Barça del joga bonito, dijo de Bojan que no tenía regate, ni velocidad, ni cuerpo, ni potencia, ni técnica. Pero tenía gol. Un instinto y un olfato rematador innatos que lo convertían en un “optimista del gol”. Ya en la era Guardiola, Bojan declararía no haberse sentido cómodo en ese vestuario, más próximo a una comunidad de clanes que a la actual familia. Visto desde la barrera, da la sensación de que la gestión de la carrera del delantero ha sido poco menos que discutible. En una etapa de formación muy importante fue arrojado al circo con unas expectativas tan elevadas que devorarían al más cuerdo.

 Del 27 al 9

Guardiola se ha lamentado en diversas ocasiones de ser injusto con Bojan. Recientemente Estiarte reveló en una entrevista que, minutos después de haber conquistado la Champions de Wembley, Pep le había confesado que se había equivocado con el tercer cambio. Que el elegido debía haber sido Bojan, no Afellay. La realidad es que en los últimos tres años, a pesar de tener episodios de lucidez remarcables, ha ido perdiendo protagonismo poco a poco. Si en la temporada del triplete tuvo un rol decisivo en la conquista dela Copa, en la 2009/2010 suplió la displicencia de Ibrahimovic con goles decisivos en el tramo final de la Liga. En esta última temporada, sin embargo, tan sólo Jeffren, Pinto, Milito y Afellay han jugado menos minutos en Liga que él (938 minutos). En Liga de Campeones ha disputado unos testimoniales 58 minutos y en Copa (su competición), 418 minutos. Su balance ha sido el siguiente: 6 goles en Liga, ninguno en Champions y uno en Copa. 7 goles en 1.414 minutos. Es decir, un gol cada 204 minutos.

El escaso minutaje y su alienación en la banda han convertido esta temporada en la menos productiva para el delantero. En las últimas tres, Bojan marcó 13,10 y 10 goles, respectivamente. “El misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça” le ha pasado más factura que a Villa y le aboca al mismo camino que a Ibrahimovic y Eto’o. Sus números, sin embargo, han sido más que correctos para un delantero reserva. Larsson, goleador suplente prototípico, marcó 4 goles en su primer año (estuvo lesionado gran parte de él) y 15 en su segunda temporada como blaugrana. Esta temporada, el peso del 9 a la espalda ha colocado a Bojan en la picota, lugar que en Can Barça siempre debe ocupar alguien.

El canterano, que en estos momentos disputa el Europeo Sub-21 (categoría con la que debutó hace más de 4 años), ha sido suplente en los tres partidos jugados hasta el momento. Después de cinco temporadas en la élite, las imágenes arrojan a un chico que parece un anciano psicológico de apenas 20 años. Su destino parece ahora ligado a la Roma de Luis Enrique. Sin la presión angustiosa del entorno blaugrana, Bojan tendrá la oportunidad de demostrar su valía en una liga que asfixia a los delanteros creativos pero ensalza a los oportunistas. Los alérgicos al delantero dejarán de sufrir, al fin, los accesos de fiebre y tos de la alergia que les provoca la entrada de Bojan Krkic al césped del Camp Nou.

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20 junio, 2011 at 9:08 AM

El ecosistema Guardiola

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Pep Guardiola ha convertido las ruedas de prensa en un ejercicio de comunicación catredalicio. Un mensaje estudiado, construido y difundido con una estrategia muy concreta, con un fin más o menos sutil. Las palabras del entrenador del Barça, lejos del vacío y la intrascendencia que desprenden las de la mayoría de sus colegas de profesión, se cargan de significados obvios o disimulados, directos o enigmáticos, simples o enmarañados. Dignos, en todo caso, de estudio. Guardiola ha conseguido convertir sus ruedas de prensa en un nuevo género pedagógico-futbolístico que las cadenas de televisión retransmiten en directo. Es la palabra de Pep, una filosofía que, libre del rigor de los datos y de las fechas, alcanzará con el tiempo la encarnación más pura y cristalina de la Historia: la del mito.

La rueda de prensa post-Wembley se diluyó en la ebria y lógica felicidad de la cuarta Champions League del Club. Sin embargo, es digna de interpretarse y sobreinterpretarse. Guardiola lanzó mensajes como:

(1) “Primero de jugadores hay una calidad humana. El que se salga se va” 

(2) “Messi es único e irrepetible. Esperar que no se aburra, esperar que el club le pueda dar los jugadores para que él se pueda seguir sintiendo cómodo, porque cuando es así él no falla. Cuando no juega bien es porque algo de su entorno no funciona e intentar que mantenga la calma de su vida personal y esperar que el club sea lo suficientemente inteligente para fichar a los jugadores adecuados para rodearle”

(3) “Mi futuro será muy duro porque tendré un problema para encontrar jugadores tan buenos”

(4) “Tengo que buscar los retos dentro de mi. (…) Voy a continuar un año y luego ya veremos”

Buscar la verdad es como buscar espíritus, y este discurso, camuflado entre la euforia de la Champions, puede interpretarse desde la intuición y la reflexión, pero nunca desde la certeza. Explica Umberto Eco que “ciertas novelas se vuelven más bellas cuando alguien las cuenta, porque se convierten en otras novelas”. Así pues, estas son las conjeturas sobre nuestra novela:

La primera frase forma parte la estrategia que ha desarrollado Guardiola durante estos tres años. Ha creado el mejor equipo de fútbol del mundo pero también una familia y un grupo de personas que asumen, sin rechistar, un rol determinado en esta máquina engrasada. Por más goles que marcase, Eto’o fue despedido sin pestañear. Lo anunció Guardiola a su llegada y lo cumplió un año después, cuando se dieron las condiciones adecuadas. El reemplazo, Ibrahimovic, era un virtuoso teóricamente perfecto para un equipo que se entiende desde la técnica, pero su temperamento y su estilo de juego chocaron de frente con Leo Messi, piedra filosofal de este proyecto y elemento que nos lleva a la segunda sentencia.

La cohabitación con Messi

El técnico de Santpedor no sólo busca a los mejores jugadores, sino a buenas personas que sepan cohabitar con Messi. Puede que el argentino no fiche y ni tan siquiera sugiera o apruebe pero Guardiola tiene claro que el perfil del nuevo ha de ser bajo, del tipo Villa o Masquerano, grandísimos futbolistas que supediten sus egos al bien del equipo y que entiendan que Messi es un extraterrestre en todos los sentidos. De aquí los nombres de Rossi, Alexis Sánchez e incluso Cesc. En este grupo, por ejemplo, Neymar tendría un difícil encaje. El brasileño, un globetrotter encaprichado con las bicis tal que Robinho, ha dado muestras durante su corta carrera de un carácter estrafalario y rebelde. Su tremenda calidad queda embarrada por un estilo individualista y, por tanto, incompatible con el del Barça, en el que sólo hay lugar para una figura. Cuando en rueda de prensa Guardiola habló de arropar al 10, algunos entendieron que se refería al fichaje de Javier Pastore, íntimo de La Pulga y actual jugador del Palermo. La más que posible marcha de Milito, que ha actuado como hermano mayor y confesor del astro argentino dentro del vestuario, dejaría algo “huérfano” a Leo.

Esto nos lleva a la tercera frase e indirectamente a la cuarta. Es muy difícil encontrar en el mercado jugadores que reúnan todos estos requisitos. Futbolistas que, además de ser únicos, tengan un comportamiento ejemplar y entiendan el idioma y el ecosistema Barça. Por su estilo de juego e idiosincrasia el equipo de Pep se configura como una secta en la mejor de sus acepciones, elitista y de difícil acople. De aquí que el técnico del Barça opte por contratos de un año, que tensionan tanto a la Junta como a los futbolistas para dar lo mejor de sí mismos y no permiten el apoltronamiento.

Son en estos meses de silencio en el terreno de juego cuando se toman las decisiones más trascendentales para este difícil juego de equilibrios y armonías que denominamos “Ecosistema Guardiola”.

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10 junio, 2011 at 9:41 AM

La izquierda exquisita

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Dicen que hay diversas maneras de interpretar y de concebir el fútbol, de entenderlo, estudiarlo, jugarlo y amarlo, y excepto los 10 primeros minutos de la final, de ordenación y despegue y los 10 últimos, de tributo y pleitesía, el Barça explicó al mundo, le resumió en 70 minutos, el trabajo que ha hecho durante los últimos 20 años, su manera de vivir este deporte.

Prestidigitador del tiempo, el Barça trucó el balón cómo si se tratara de relojes blandos de Dalí, entre la omnipotencia del sueño, la imaginación y el surrealismo. Anestesiados, atrapados en una dimensión onírica presa de la admiración, el pasmo y la impotencia, cualquier equipo que se enfrente a los blaugrana pierde calibre y se empequeñece ante una velocidad de toque y toque que se juega en los 107x 72 metros de un terreno de juego pero bien se podría interpretar en los 127×254 centímetros de un tablero de billar. El Barça materializó en Wembley una idea que hasta la llegada de Guardiola se esfumaba con sólo pensarla y se desvanecía si la intentabas atrapar. La trayectoria de este equipo, por inigualable, se conocerá en un futuro como “La utopía Barça”.

La singularidad de “La Pulga”

Este equipo, que cuenta con jugadores irrepetibles, cimienta su fútbol en el triángulo mágico formado por Xavi, Iniesta y Messi. “La Pulga”, punta de este triángulo escaleno, es un genio disfrazado de niño con balón. Su aborto de discurso en la celebración dela Champions(“no tengo nada que decirles”), resume el comportamiento de un crío que no hablaba ni en el recreo. El silencio y Messi van tan ligados que el jugador ha entendido que goza de poderes psicosomáticos, casi místicos, para generar desde el más exaltado fervor hasta el más sobrecogedor de los silencios. Él es el que genera el discurso. Él es el cuento mitológico que en un futuro no muy lejano provocará que un padre, ante preguntas como ¿qué es el silencio? se vea obligado a responder: hijo, el silencio lo fabrica Messi.

El periodista Ramon Besa explica que Messi “se enfurruña muy de vez en cuando y se porta como un niño”. Enfados inexplicables que responden a que alguien no le ha pasado la pelota o a una substitución. “Messi se enfada y desenfada sin que nadie pueda poner remedio, sino que hay que aguardar a que se le pase: “La Pulga” agacha entonces la cabeza, hace ver como que no ha pasado nada y se reincorpora al grupo sin que nadie le diga nada. Así se disculpa. Aceptado”.

Messi es un genio con todas las virtudes y todos los defectos, con todas las hazañas y las niñerías, prodigios y rarezas incluidas. En la plantilla del Barça sólo hay espacio para un “rarito” y lógicamente éste es para Messi. Desfilaron Eto’o e Ibrahimovic porque Guardiola entendió que un equipo que cuenta con Leo no necesita un goleador, sino un cómplice.  Explica Besa que a Villa “le advirtieron nada más llegar al Barcelona que se olvidara de competir a goles con “La Pulga” y a Thiago que, por más artista que se sienta, que lo mejor que podía hacer es pasarle el balón a Leo y aguardar a que éste se lo devolviera, como signo de que había sido admitido”.

Tras la final, Guardiola halagó al astro argentino en la rueda de prensa: “Messi es el mejor jugador que he visto y que podré ver. Es único, indescriptible y espero que no se aburra jugando nunca y que tenga muy buenos jugadores a su lado que le rodeen para que esté bien”.

El entrenador del Barça sabe, más que nadie, cómo hay que mimar a Messi, cómo hay que tratar a esa cabeza inescrutable y pueril. Sabe, como nadie, que este Barça trasciende de la lógica y de la estética gracias a “la izquierda exquisita”.

Written by @robertlozano_

31 mayo, 2011 at 9:46 AM

El misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça

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“Me dice que, cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…Para él el 9 tan solo es un tipo que se dedica a ir al espacio, alguien que ya la tocará… Curiosamente es la posición a la que presta menos atención y es la posición más difícil e importante…Tanto hablar del juego, de la metodología y de los procesos acabamos olvidándonos de una cosa tan simple y elemental como el chute”.

Estos retazos pertenecen a un fragmento de la conversación entre el periodista Martí Perarnau y el entrenador del Barça, Josep Guardiola, plasmados en el libro “El camí dels campions”. De ellos se extrae que en los pensamientos del entrenador del Barça existe un vacío premeditado hacia una de las parcelas más definitivas de un equipo de fútbol: la que ocupa el goleador, el territorio del 9. Unos pensamientos que no ha podido llevar a la práctica en su máxima expresión hasta la actualidad.

Samuel Eto’o, al que no encontraron salida en la primera temporada del técnico, anotó 36 tantos en todas las competiciones, incluido uno en la Final de Roma contra el United. Ese verano fue traspasado a cambio de Zlatan Ibrahimovic. “El solista de Mälmo”, irregular y discutido, marcó un total de 29 goles, también insuficientes para continuar en el equipo. En la presente temporada el 9 lo lleva Bojan KrKic, suplente habitual, y el teórico papel de matador lo ostenta David Villa, goleador en el Sporting, en el Zaragoza, en el Valencia, en la selección española y… extremo pegado a la cal en el Barça (22 goles hasta la fecha).

Las livianas críticas a David Villa son disimuladas por la buena marcha del equipo, un Barça que anotó 76 goles en sus primeros 25 partidos de la temporada pero que, desde marzo, tan solo lleva 11 en 8 partidos de Liga. La fatiga y un errático David Villa son motivos menores que explican este descenso anotador. Existen, sin embargo, explicaciones mucho más significativas.

La “vulgaridad” del gol

Uno de los pocos puntos débiles de este equipo histórico es su falta de efectividad. De posesión del balón hipnotizante, el equipo de Pep chuta a puerta cuando no hay más remedio, casi por obligación (“tanto hablar del juego, de la metodología y de los procesos acabamos olvidándonos de una cosa tan simple y elemental como el chute”). El gol, considerado desde su nacimiento como la máxima expresión del fútbol, desprende aires de obligación en este equipo, como si fuera un fin que no justifica los medios y algo ramplón en comparación a los pases, a la circulación del balón, al mareo de posesión, a los regates, a los taconazos o a las excelsas jugadas de combinación. Da la sensación de que si el fútbol se puntuara como el Boxeo, el Barça no chutaría nunca y se limitaría a deleitar al público con un espectáculo sublime e infinito. Luego, en este tipo de juego, ¿qué rol juega un 9? ¿Qué papel tiene alguien que se dedica “simplemente”  a definir una jugada, a empujar el balón a la red y a dar por acabada una creación de tamaña factura?

La extinción del 9

Esta temporada hemos visto por fin la evolución total del Pep Team, un equipo que ha abolido la posición del 9. Esa parcela queda absolutamente vacía porque Guardiola quiere delanteros que lleguen, no que estén. Un espacio que permite que Messi cabalgue hacia la portería sin estorbos, sin obstáculos. De aquí que Eto’o e Ibrahimovic (al margen de lo extradeportivo) fueran vestigios de un juego pasado, piezas inconexas, incoherentes e incompatibles de un reloj de precisión donde la aguja es Messi (49 goles), principio y final de este Barça.

El equipo de Pep, sin 9 aparente, es el máximo goleador de la Liga (91 goles) y David Villa, criticado por sus fallos, es el gran vencedor de la temporada. Inteligente y trabajador, ha sabido acoplarse a un engranaje que carece de punta de lanza y la temporada que viene seguirá en el equipo, convirtiéndose en el primero que supera la criba del 9, en el primero que entiende el por qué de la misteriosa desaparición del 9 del Barça.

Written by @robertlozano_

11 mayo, 2011 at 11:10 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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