DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Tatismo

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El tiempo, el desgaste y las circunstancias han marchitado lentamente lo que antaño fue una sinfonía ideada en un rectángulo de juego. La carencia de soluciones, de creatividad y, especialmente, la inacción a la hora de dar relevo a figuras claves de los últimos años, ha llevado, en este principio de temporada, a poner en duda el estilo Barça, algo que debería ser innegociable –no por inflexible o inamovible- sino porque atenta contra lo más sagrado de una persona o institución: su identidad.

Más allá de nuestro pequeño país, los amantes del fútbol no conocen al Barça por el número de Copas de Europa que lustran las vitrinas del Museu, sino por practicar el juego más bello de la historia de este deporte. Un juego al que, además, añadió ese caprichoso componente que es la victoria. A los que anhelan el triunfo por encima de todas las cosas hay que recordarles que cuando se aplicó este estilo a la perfección se ganó todo. Todo. El Barça de Guardiola, vale la pena decirlo, no fue la Holanda del 74.

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Tata Martino, con su célebre polo pistacho

Pero la estrepitosa caída ante el Bayern, la enfermedad de Vilanova y los síntomas de desfallecimiento del que fue el mejor equipo de fútbol de la historia propiciaron la llegada de Gerardo Martino al banquillo blaugrana, un alivio para los detractores de la doctrina Guardiola e incluso para los propios futbolistas. Los primeros aprovecharon las derrotas para aducir que Pep era un integrista que moría por una única idea, carente de plan alternativo y soluciones de emergencia cuando los partidos se torcían. En cuanto a los jugadores, ¡ay, los jugadores!, estaban tan exasperados por la enorme exigencia del técnico de Santpedor, que vieron con buenos ojos a un entrenador más maleable y dispuesto a ceder a sus antojos. No cabe duda de que hacer las cosas perfectas requiere un esfuerzo y un desgaste que el ser humano no está dispuesto a alargar más de lo estrictamente necesario. Y, al fin y al cabo, ¡ya se había ganado todo!

Sin rumbo

Valdés, Cesc, Piqué o Alves han aplaudido las alternativas que predica Martino, elementos como el desplazamiento en largo, el contraataque, las transiciones rápidas o, por qué no, los disparos desde fuera del área. Y es que el toque, toque, toque empezaba a agotar a algunos… Pero el Tata aún no sabe dónde quiere ir o cómo expresa Daniel Cana: “Martino quiere toque y en largo. Presión alta y control. Laterales que suban y coberturas. Entrenar y descansar. Y así…” Abrumado por la prensa y el entorno, cierra filas y se apoya en sus jugadores –algunos en claro declive- y en decisiones fáciles como no fichar para no romper equilibrios, introducir las lógicas rotaciones y predicar a voz en cuello que el estilo del Barça, el de los últimos años, no se toca. “Mi incidencia en el equipo sigue siendo mínima”, reconoció después del Clásico un entrenador que deberá empezar a tomar partido por un rumbo en concreto y a tomar decisiones, probablemente duras, más pronto que tarde.

Martino cuenta, eso sí, con un carácter afable, respuestas francas y el margen de una prensa que todavía no ha ido a por él porque no ha perdido. Temporada de transición para el Tata, que tiene sobre la mesa los frentes más complejos que ha afrontado el club en los últimos años. Esto es, sustituir al mejor portero de la historia del Barça, no aplazar más la cuestión de los centrales, encontrar un relevo a Xavi –auténtico arquitecto de este estilo- y mantener motivado a Messi, apodado ‘El Extraterrestre’, y no sólo por su extraordinario fútbol.

Las victorias, que van y vienen, son mucho más solubles que un estilo reconocido y admirado.  Pasan las jornadas y el soliloquio del Barça languidece por su monotonía, decrepitud y un cambio de rumbo indefinido.

Written by @robertlozano_

30 octubre, 2013 at 6:36 PM

El Barça tiembla en la alfombra

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Un pez temblando en la alfombra y un pez que no tiembla en la alfombra.

El Barça ha abandonado el estado zen en el que sumía sus partidos para instalarse en la angustia. Guardiola alineó un once pensando estrictamente en la Copa, el título más factible que afronta ahora mismo el conjunto culé. Jugadores clave como Piqué, Alves, Xavi o Messi atraviesan un pasaje de colapso. Cuando todos juntos bajan un escalón al unísono, el equipo pierde altura, velocidad mental, combinación y clarividencia. 

Agarrado a una rama vieja, el equipo de Guardiola batalla para devolverse la paz interior, aquella que le permite rehuir la épica y la adrenalina, enemigas del guardiolismo, para arrebatar el orgullo de los rivales en medio de un vals, de ese dulce sueño hipnótico al que somete el Barça cuando el balón planea y arrebatárselo es una utopía.

El estilo del Barça es irrenunciable juegue quien juegue y  no existe un plan B, de acuerdo, pero el faro de este equipo tiene nombre y apellidos: Xavi Hernánez. Único, irrepetible e inclonable, el jugador de Terrassa es el responsable de que el juego del Barça fluya, de que la dirección siempre sea la adecuada y el ritmo, la velocidad y la pausa se retuerzan a su voluntad. El Barça sin Xavi es menos perfecto, chirría en algunos episodios y se escora en determinada banda o se obceca donde no hay hueco. Sin ser catastrofistas, es lo que en un futuro puede llegar a conocerse como el “Drama Xavi Hernández”.

¿Y el extraterrestre? Messi vuelve a jugar al nivel de un Balón de Oro (un gol, una asistencia, cuatro ocasiones de gol). De un Balón de Oro humano, por su puesto. Lo que manaba por el Camp Nou hace unas semanas repartiendo hat-tricks como caramelos tenía pocos vestigios de humanidad. Ese ángel ahora luce barba y rostro enfurruñado.

A 7 puntos, perdiendo efectivos partido tras partido, a veces colapsado y a veces comprimido, este equipo sigue siendo el mejor. Y lo que es más importante: el Barça sigue temblando en la alfombra, resistiéndose.

Porque, si deja de temblar, esta Liga habrá terminado.

[Barça 2-Real Sociedad 1]

Written by @robertlozano_

5 febrero, 2012 at 12:06 PM

Publicado en Barça, Fútbol

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El cielo puede esperar

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“Siempre se puede tomar notas, tratar de llenar renglones de frases, pero para emprender la escritura de una novela hay que esperar a que todo se vuelva compacto, irrefutable, hay que esperar a que aparezca un auténtico núcleo de necesidad. Uno mismo nunca decide la escritura de un libro; un libro es como un bloque de hormigón que se decide a cuajar, y las posibilidades de acción del autor se limitan al hecho de estar ahí y esperar, en una inacción angustiosa, que el proceso arranque por sí sólo”. El Barça encontró su núcleo de necesidad en el Bernabéu y sigue edificando su epopeya. Personalmente, he tardado cuatro días en recuperar los niveles habituales de adrenalina y de euforia. Ya en frío, mi proceso ha arrancado, me ha golpeado un bloque de hormigón en la cabeza y, sin angustia alguna reconozco que el baño del Barça fue sin espuma. O no fue tal.

Si hiciéramos un ranking de los 20 mejores partidos del equipo de Guardiola, el Madrid 1 Barça 3 no estaría entre ellos. Alguien pensará que esto todavía otorga un valor superior a la victoria. La fórmula sería la siguiente: si un Madrid en un estado de forma óptimo y con todas las circunstancias a su favor sucumbió ante un Barça terrenal, significa que este equipo es invencible, luego la Liga está vista para sentencia. Nada más lejos de la realidad.

El partido, como la temporada del Barça, está marcado por los detalles. Tres flashbacks:

1. Último minuto del Barça-Sevilla, empate a cero. El fútbol, una película sin guión, nos depara el mejor de los desenlaces: un penalti a favor. El lanzador, el mejor futbolista del planeta. Ni Aaron Sorkin lo hubiera concebido así. Y Varas detiene la pena máxima. 2. Último minuto del Getafe-Barça. A punto de sumar la primera derrota de la temporada Messi dispone de un uno contra uno diseñado para su zurda. Metería 99 de 100, pero ese se estrella en la madera. 3. Madrid-Barça: el chute de Xavi rebota en Marcelo, toca el palo y ¿match point? Sí, entra. Como tantas veces se ha ido fuera. Esto no es suerte, son lances del juego, pormenores que marcan un partido y deciden una temporada.

Si repasamos el encuentro con frialdad observaremos que el partido del Barça no fue redondo. El Madrid lo asfixió durante los primeros veinte minutos y gran parte de los jugadores se encuentran en un estado de forma ligeramente inferior al de otras temporadas. Iniesta, excelso (y chupón) en la segunda parte, se mostró errático en la primera. Al margen del gol, Cesc fue un espejismo errante durante todo el partido. Piqué sigue aguantándose gracias a la falta de centrales solventes del equipo e incluso Valdés (es humano) falló repetidamente con el juego de pies. Tan sólo Puyol y Busquets rayaron a un nivel superlativo durante gran parte del partido.

El Barça es un equipo tan bueno que siempre cumple en las grandes citas. Contra los blaugrana, el Madrid padece un complejo de inferioridad neurótico debido, en gran parte, a la anemia que sufre en el centro del campo. Guardiola mezcló a los cinco futbolistas que más adoran el balón del mundo. Que la toquen, que la escondan, que desesperen. Esa era la receta y sólo pudo cocinarse cuando el Madrid se aculó, atemorizado con la posibilidad de encajar una nueva goleada.

La novela del Barça de esta temporada se escribe por la necesidad. Por aquellos partidos en los que el equipo se ha dejado llevar por su talento, confiando que se ganarían por arte de birlibirloque. Son los mejores del mundo, no hay duda. Pero la Liga no se ha ganado y el cielo puede esperar.

N. del A: El encomillado pertenece a un fragmento de “El mapa y el territorio”, del escritor Michel Houllebecq.

Written by @robertlozano_

13 diciembre, 2011 at 2:01 PM

Publicado en Barça, Fútbol

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