DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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El surrealismo del Barça

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El Barça juega como le da la gana. O más bien como le apetece a Guardiola. Con dos o tres defensas, cinco o seis centrocampistas, uno o ningún delantero…
Mientras los analistas intentan descifrar los números de teléfono (2-7-1; 2-8-0, etc), el entrenador culé aglutina el talento de su equipo allí donde se ganan los partidos de fútbol: en el centro del campo. Que el rival se llame Santos o Real Madrid no deja de ser un dato circunstancial para un equipo que juega con el tiempo, el espacio y la velocidad como un artista surrealista, dispuesto a reventar toda la teología existente del fútbol y a jugar sin defensas, ni delanteros, sino con todo lo contrario, con un enjambre de abejas que esconde el balón, se contonea y picotea hasta que caes mareado y rendido a sus pies. Guardiola alineó ayer a cinco magos y a un extraterrestre.

“Si hago algo parecido a lo que ha hecho hoy Guardiola, la policía de Brasil me lleva preso”; “el Barça nos ha enseñado a jugar al fútbol”; “no aspiro a ser jugador del Barça, sólo a que me dejen jugar un partido con ellos”. El entrenador del Santos y sus dos rutilantes figuras, Neymar y Ganso, definían en tres frases lo que fue el partido y, sin saberlo, lo que significa este equipo para la historia del fútbol.

La fuerza de este conjunto es capaz, incluso, de cambiar la mentalidad de un pueblo. Véase el aficionado asiático, tan volátil como la gloria. La marea de las victorias hace que cambien del blaugrana al blanco y del red al blue sin reservas ni decoro. Zozobran con las modas y se encaprichan de jugadores mediáticos, guapos, millonarios y sobre focalizados. El Barça también ha cambiado esta situación. Sin vedettes y coral como ninguno, el conjunto culé exporta a todos por igual y el público asiático conoce tanto a Messi como a Cesc, a Villa como a Puyol, a Pedro como a Xavi. 1.310 japoneses son, en la actualidad, socios del Barça y siete millones declaran su amor a los blaugrana.

Si bien es cierto que el camino a Japón es más importante que el destino y que ser campeones del mundo es, al fin y al cabo, un parche en la camiseta, también lo es que se trata de un reconocimiento merecidísimo. Justicia poética.

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Written by @robertlozano_

19 diciembre, 2011 at 12:36 PM

Publicado en Barça, Deporte, Fútbol

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Alta fidelidad

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En la Tribuna siempre hace frío. Es una parcela de blanco y negro, auriculares, arrugas, rezongos, puros, tribulaciones y miradas aviesas. Bajo la cubierta del Camp Nou, se calla o se sentencia. Dedo justiciero del Coliseo que carga contra el árbitro (“burru!”) o contra Villa (“no es para el Barça”) por igual, la zona noble del Estadi es, probablemente, el lugar del mundo en el que se concentran más entrenadores de postín por metro cuadrado. Los partidos de estos fieles se concentran en 70 minutos y se recortan 10 por delante (para que se me vea) y 10 por detrás (para evitar el vulgo). Afortunadamente para ellos, el Diez marcó en el once otro de sus goles antológicos que da la vuelta al mundo y maravilla a todos por igual. A todos menos a Argentina, donde los goles de La Pulga con la elástica blaugrana provocan muecas y afean el semblante.

El rival de cada fin de semana pasa por ser un mero dato circunstancial en un Barça de probeta, gestado en los sótanos del Camp Nou, y que evoluciona y desanda según la enfermería y el partido en cuestión. La flexibilidad de Guardiola y su tremenda capacidad pedagógica para inculcar el “idioma Barça” es una de las grandes claves de un equipo que muta como una cepa para sortear los antídotos rivales. El Barça siempre va un paso por delante.

El primer partido de Liga de la era Guardiola (2008-2009), disputado en el estadio de Los Pajaritos, contaba con la siguiente alineación: Valdés; Alves, Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Cambien a Márquez por Piqué, a Touré por Thiago y a Eto’o y Henry por Villa y Pedro y obtendrán un planteamiento similar con cientos de matices de diferencia. Acabó en derrota, críticas y, finalmente, en un triplete. La esencia de hoy es la misma que la de ayer pero los jugadores interpretan el idioma diez mil veces mejor. Los 4-3-3, 3-4-3 o 2-3-3-2, ya lo dice Mennoti, son simples números de teléfono. Lo importante es la alineación.

Y la alineación contaba con la génesis de Messi (pegado a la cal y andando), y un Thiago en la posición orbital del Barça, la del 4. El brasileño, como Pedro o Villa, se alejan del foco y la brillantina y otorgan tanto protagonismo a sus compañeros que sus actuaciones, en ocasiones, flotan en el limbo. Pero son ellos, estudiantes aplicados, los que hablan el lenguaje del Barça a la perfección.

Si en el “Idioma Barça” Messi es el adjetivo y Xavi el verbo, Thiago, Pedro y Villa son las preposiciones, enganches ingratos que dan sentido y forma al juego. Especial atención merece Thiago, un jugador propenso a la filigrana, el tacón y la rabona, a la floritura y el juego de la grada. Un mago que se reserva sus trucos en la chistera para convertirse en un guardia de tráfico del medio campo, sencillo, pragmático y efectivo. Para cumplir con lo que pide Guardiola: alta fidelidad.

Written by @robertlozano_

17 octubre, 2011 at 1:05 PM

La zona muerta

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En la “Zona muerta” el vendedor de libros Stephen King explica la historia de Johnny Smith, un tipo que entra en coma a causa de un accidente de tráfico. Cuando despierta, cinco años después, es capaz de predecir acontecimientos catastróficos. En uno de los exámenes que se le realizan, los médicos le descubren que tiene problemas para visualizar algunos objetos debido a que esos recuerdos estaban en la parte dañada de su cerebro, la llamada “zona muerta”. Xavi, Iniesta y Messi, principio y fin de la máquina barcelonista, se volvieron a perder en el triángulo de las Bermudas formado por Kedhira, Alonso y Pepe. Mou, entrenador y alquimista, vuelve a formular un nuevo “antídoto Inter” y a sumergir al Barça en la amnesia de la zona muerta.   

Mourinho se postula como auténtico némesis barcelonista. La final empezó sobrexcitada, con escaso fútbol y faltas constantes, un escenario propicio para la escuadra blanca, ducha en el tejemaneje de los subterfugios del fútbol. Anulada la piedra filosofal del Barça, Xavi e Iniesta se vieron arrastrados a un juego lento y mordido, sin líneas de pase y dos naúfragos (Pedro y Villa) peleados con la nada. Ni siquiera Messi, que intentó el rescate siempre demasiado lejos de la zona de peligro, pudo romper el aislamiento, la burbuja autista en la que encerraron al Barça. Sólo “El Jefecito”, versado en este estilo de juego, aguantó al equipo de Guardiola hasta la liberación del descanso.

En el segundo tiempo el Barça recordó que es el mejor equipo del mundo. Arengados por Guardiola, aceptaron el reto del Madrid y lo acularon hasta colgarlo del larguero. Las botas butano de Messi se incendiaron y Xavi e Iniesta dieron tal velocidad al juego que pareció que el Madrid se quedaba sin batería. Pero como el Inter, este equipo de Mourinho está diseñado psicológicamente para defender y resistió y resistió hasta que al que se le acabaron las pilas fue al Barça. Ni un conjunto ni el otro supo imponer su estilo durante los 45 minutos que tuvieron cada uno. Condenados a la prórroga.

El Barça confía demasiado en su tocar y tocar porque hasta ahora ha dado resultado. Sin prisas, sostiene que el contrario acabará cayendo, fruto del mareo o de la desesperación. Pero de nuevo el Madrid se dejó mordisquear hasta parecer herido de muerte y esperó el momento justo para acabar con el Barça con una jugada de libro. El conjunto blanco ha vuelto a recuperar los valores de su vieja escuela. Por casta y orgullo es un equipo capaz de superar al Barça en el cuerpo a cuerpo, en batallas de corto plazo como la Copa, pero carece de la brillantez necesaria para disputarle un título como la Liga, terreno abonado para el mejor equipo. El Barça se ha quedado sin gol en el peor momento de la temporada. Su plantilla es corta y sólo tiene un plan. Pero es el mejor plan. Y queda el Premio Gordo…

Written by @robertlozano_

21 abril, 2011 at 1:30 PM

Duelo electoral

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El Madrid celebró el empate y el Barça, prácticamente, la Liga. Todos contentos, como si de una noche electoral se tratara. Mourinho y Guardiola escenificaron un ensayo general de cara a la Final de Copa con todas sus armas, con todos sus complejos. El jugador más talentoso de los blancos, Özil, se quedó en el banquillo en un reflejo de las pretensiones del Madrid: saberse inferior, salir a no perder, apaciguar el vendaval barcelonista y contraatacar a la mínima ocasión. Mou colocó sobre el césped un equipo psicológicamente preparado para defender y resistir sin balón y el Barça alcanzó posesiones estériles de hasta el 80% y de dos minutos ininterrumpidos. Fue, sin embargo, una batalla que en ningún caso quiso disputar Mourinho. Consciente de que el Barça es el mejor equipo del mundo con el esférico situó a Pepe como barrendero y a Ronaldo y a Di María como lanzaderas. Guardiola acertó de nuevo en rueda de prensa: los jugadores del Madrid son más altos, más rápidos, más potentes y más fuertes, características, eso sí, más propias de atletas que de futbolistas. Así que el Barça, menos incisivo que de costumbre, tocó y tocó, casi siempre en horizontal, frenado por la baja forma de Pedro y Villa y, sobre todo, por la interinización de un Madrid que siempre se crece en la adversidad. Con la expulsión de Albiol  jugó mejor, desmadejó al Barça y logró el empate. Ronaldo le marcó su primer gol al conjunto blaugrana y Messi su primer tanto a un equipo entrenado por Mourinho. Así que todos contentos. El Madrid evitó una nueva derrota contra el Barça e insinuó un antídoto para frenar a los culés, mientras que el conjunto de Guardiola consiguió un punto valioso que lo alerta de cara a la final de Copa. Pero la Liga, que nadie la olvide, ya va de camino a Barcelona.

El discurso de Mou

En “El hombre que confundió a su mujer con su sombrero”, Oliver Sacks explica que  los discursos del presidente Ronald Reagan provocaban la risa floja a un grupo de personas muy especiales. Eran los enfermos de afasia receptiva o global, una enfermedad que incapacita para entender las palabras como tales. Los afásicos, sin embargo, comprenden la mayoría de lo que se les dice cuando alguien se dirige a ellos con naturalidad, es decir, con pistas extra verbales como una entonación, unos gestos o un tono de voz coherentes con el discurso. Curiosamente, al no poder captar las palabras, los afásicos han desarrollado ciertas habilidades y “ventajas”. Por ejemplo, no se les puede engañar con palabras y, además, distinguen lo que es auténtico de lo que no lo es basándose en las muecas, los histrionismos, las gesticulaciones y, sobre todo, los tonos y las cadencias. En el caso de Reagan, sus palabras no se correspondían, en ningún caso, con estos signos extra verbales y eso provocaba la risa de los afásicos, que eran los únicos en detectar la falsedad del discurso. “La gente normal, con el deseo de ser engañados, fueron los únicos totalmente engañados. El uso engañoso de las palabras iba tan astutamente ligada a un tono de voz engañoso que sólo los que tenían lesiones en el cerebro se mantuvieron intactos, inmunes al engaño”.
El discurso de Mourinho, como el de Reagan, ha heredado una expresión desnaturalizada que contradice sus palabras. Histriónico, guiñolesco y teatrizado hasta el punto de provocar la carcajada ante un discurso que no se cree ni él mismo.

Written by @robertlozano_

18 abril, 2011 at 10:32 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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