DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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La metamorfosis

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ImagenCuando Cristiano Ronaldo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un letal futbolista. A su derecha, sobre la mesita de noche, una pequeña caja de metal  con una cerradura diminuta guardaba un ego enorme que luchaba por salir y hacía vibrar ligeramente el arca que la custodiaba. Ronaldo, sin embargo, se había tragado la llave.

La bestia blanca ha tardado unas cuantas primaveras en caer en la cuenta de que es mucho más temible concentrado en su fútbol que embelesado por su peinado, sus fuertes muslos o la pulga atómica que habita en el Camp Nou. El tiempo que le ha llevado madurar.

Cada vez más alejado de las chifladuras de Mourinho, de las guerrillas internas, de la incapacidad de los delanteros blancos, de la aquiescencia de Florentino y de las declaraciones esperpénticas, Ronaldo se ha aupado el Madrid a la espalda y, alienado del ruido, carga con él por Europa.

El 7 madridista ha abandonado los visos de atleta para transformarse en un futbolista que representa más para el Madrid que Messi para el Barça. A día de hoy Ronaldo es más importante que el propio estadio Santiago Bernabéu porque sin él, este Madrid descubre sus vergüenzas, el montaje vacío que ha construido Mourinho. Tras Ronaldo se oculta el precipicio. No es casual que, después del portugués, Varane sea el jugador más adulado por la grada y los medios. Hablamos, no lo olvidemos, de un jugador que todavía no se afeita por las mañanas.

A falta de conocer rival en semifinales, Ronaldo tiene entre ceja y ceja la décima y el transitar en la Liga le obliga a morir por esta Champions. Resignado, convertido en jugador de equipo, CR7 se ve obligado a actuar en contra de su naturaleza indómita. Pero no mira a los lados. Ni mucho menos atrás. Con la portería rival como santo y seña, su patología competitiva y sus ansias de superación, obligará al Barça de Tito a ser más equipo que nunca y a hacer, justamente, lo opuesto que el Madrid. A independizarse de Messi.  

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10 abril, 2013 at 12:23 PM

Las reglas del juego han cambiado

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El Madrid ha vendido su alma al diablo por una Copa del Rey. Si la consigna era conseguir títulos y batir al Barça, el club de Florentino Pérez se puede dar por medio satisfecho. La Copa, como mínimo, engrosará sus laureadas vitrinas. Pero, ¿a qué precio? El coste en reputación, imagen y prestigio es tremendamente alto.  El mejor club del siglo XX, según la estadística, tenía la oportunidad de desquitarse del 5 a 0 y de demostrar que hay alternativas serias al excelso juego barcelonista. En su lugar, donde ha atacado y disparado sin piedad no ha sido en el rectángulo de juego sino en la sala de prensa. El Madrid, pase lo que pase en el Camp Nou, se consume bajo la megalomanía de Mourinho, aclamado en el Bernabéu como un Emperador Romano. Su lengua viperina ha convencido al aficionado madridista de que el mundo está contra ellos, de que los acechan los estamentos y los intrigan las instituciones. Incluso ha convencido a su gente de que el Madrid debe plantarse con un juego rácano y acuartelado contra el Barça. Alegar por el boicot como único modelo de victoria es reconocer una inferioridad supina en una plantilla que cuenta con algunos de los mejores jugadores del mundo. Al fin y al cabo, también Nerón fue ensalzado.

El pragmatismo es un arma de corto plazo. Mourinho ha sugestionado a su plantilla y la ha preparado psicológicamente para defender. Ha aislado a Ronaldo y a Di María, ha travestido a Özil y ha relegado en el banquillo a Benzemá, Higuain, Adebayor y Kaká. Ha convertido a Pepe en un soldado universal y a tres campeones del mundo (Arbeloa, Alonso y Sergio Ramos) en unos patibularios. Y los madridistas le besarán los anillos por ello, olvidando que hubo un tiempo en el que jugaban a fútbol con el balón. Una época en la que aspiraban a más de un 0 a 0 en su feudo.

“¿A un jugador ofensivo como tú le gusta el juego que practica tu equipo? La explicación de Cristiano fue tan concisa como contundente. “No me gusta jugar con este estilo pero me tengo que adaptar porque esto es lo que hay”. Ronaldo ha sido el primero en desmarcarse de la “maniobra Mourinho”, seguramente, inconscientemente, definitivamente, palabras procedentes de las entrañas.

Mientras tanto, un jugador de 23 años se ha convertido en el tercer máximo goleador de la historia del Barcelona, equipo que camina hacia su tercera final europea en cinco años. El Barça se ha convertido en un refugio para los románticos, en un argumento indiscutible de que, en ocasiones, la justicia poética no sólo es un recurso literario. De que hay un nuevo orden en el fútbol mundial. De que las reglas del juego han cambiado.

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28 abril, 2011 at 10:57 AM

Jaque al Barça

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“Mike Dunleavy, sumergido hasta entonces en su hierática postura pensante de brazos cruzados, viró de repente al fondo del banquillo. “Jer! Run, come here!”. Pegado a Jermaine, el técnico agitaba los brazos al hablar: “You Shaq: ball foul, ball foul, ball foul, OK?”. Aun sin entender muy bien el porqué de la consigna, el joven pívot salió asintiendo a escena dispuesto a morder a su presa con un celo insuperable: primera falta, segunda, tercera… y ningún punto desfavorable. Aplausos desde el banco. “Good, guy, good… Go on! Go on!”. Algo extraño pasaba: el equipo infractor, quien cometía deliberadamente las faltas, no parecía estar sufriendo perjuicio alguno. Más bien al contrario, el desenlace resultó aún más inesperado (…)”

Esta escena relatada por el periodista Gonzalo Vázquez forma parte de uno de los episodios más oscuros del planeta americano. Empezaba la temporada 1999/2000 en la NBA y Lakers y Blazers se enfrentaban en un partido que engendraría una infausta estrategia para detener a un gigante, para entorpecer a un equipo sublime. Ese año Shaquille O’Neal se erigía como el jugador más dominante que los parqués de la NBA habían visto nunca. Era una bestia imparable que destrozaba los aros rivales sin piedad, un serio aspirante a convertirse en el mejor pívot de todos los tiempos. Su titánica sombra se arrimaba, incluso, a la del mejor de los mejores, His Airness. Y fue en ese partido, precisamente, cuando del cerebro del entrenador Mike Dunleavy surgió una mezquina maniobra para parar a Shaq. Consciente de su ridículo porcentaje en tiros libres, ordenó a Jermaine O’Neal masacrarle a faltas para enviarlo a la línea y, de paso, romper el ritmo del equipo. Los Lakers acabaron perdiendo ese partido con un Shaquille desquiciado y expulsado y la maniobra se extendió por la Liga como la pólvora. Uno, dos, tres y hasta cuatro jugadores del equipo contrario se turnaban para cometer innumerables faltas sobre O’Neal. Cortar la fluidez del equipo angelino y enviar al gigante a la línea de personal era la única manera de torpedear al mejor equipo del mundo. Una oscura estratagema que se bautizó como “Hack a Shaq”.  

La maniobra Mourinho

Hagamos un ejercicio de traslación. Substituyan el nombre de Mike Dunleavy por el de José Mourinho. El de Jermaine O’Neal por el de Pepe y el de Shaquille O’Neal por el de Messi. Ya tienen su particular “Hack a Messi” o, en este caso, debido a la aplicación de la estrategia de manera más general, de “Jaque al Barça”. Mourinho no martillea en especial a ningún jugador blaugrana sino que su juego duro se extiende desde el triángulo mágico (Xavi, Iniesta, Messi) hasta la periferia: Adriano, Alves. No existe la saña a un jugador en particular, sino el acoso constante a todo el conjunto.  Arbeloa, Ramos, Alonso o Khedira se turnan para boicotear el juego culé, que se ve superado en el medio campo y aislado en la delantera.

“El finísimo equilibrio entre la expresión del juego y la represión que sobre él ejerce el reglamento” favorece la “maniobra Mourinho”. Mientras el árbitro no considere que hay alguna acción antirreglamentaria, el equipo de Mou se seguirá empleando a fondo para desplegar su antídoto: anular el juego del Barça con incontables interrupciones, faltas, lamentos y protestas que sólo llevan a la nada futbolística, donde el Madrid habita y retoza. Donde es el Rey. La estrategia que utilizaban los adversarios de Los Lakers, como el Madrid hace con el Barça, podía causar mayor o menor simpatía, mayor o menor identificación con el juego de uno u otro equipo, pero es legítima. De dudosa estética, pero legítima.

En 1999, Los Angeles Lakers acabaron obteniendo el anillo, a pesar del “Hack a Shaq”. Shaquille O’Neal terminó como “máximo anotador de la temporada, segundo reboteador, tercer taponador y líder en porcentaje de tiros. Fue nombrado jugador más valioso de la Regular, el All Star y los Playoffs, donde elevó sus números hasta unos monstruosos 30.7 puntos y 15.4 rebotes (38 y 16.7 en las Finales). El grotesco experimento del ‘Hack’ demostró ser a la larga un rotundo fracaso”.

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27 abril, 2011 at 11:21 AM

La zona muerta

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En la “Zona muerta” el vendedor de libros Stephen King explica la historia de Johnny Smith, un tipo que entra en coma a causa de un accidente de tráfico. Cuando despierta, cinco años después, es capaz de predecir acontecimientos catastróficos. En uno de los exámenes que se le realizan, los médicos le descubren que tiene problemas para visualizar algunos objetos debido a que esos recuerdos estaban en la parte dañada de su cerebro, la llamada “zona muerta”. Xavi, Iniesta y Messi, principio y fin de la máquina barcelonista, se volvieron a perder en el triángulo de las Bermudas formado por Kedhira, Alonso y Pepe. Mou, entrenador y alquimista, vuelve a formular un nuevo “antídoto Inter” y a sumergir al Barça en la amnesia de la zona muerta.   

Mourinho se postula como auténtico némesis barcelonista. La final empezó sobrexcitada, con escaso fútbol y faltas constantes, un escenario propicio para la escuadra blanca, ducha en el tejemaneje de los subterfugios del fútbol. Anulada la piedra filosofal del Barça, Xavi e Iniesta se vieron arrastrados a un juego lento y mordido, sin líneas de pase y dos naúfragos (Pedro y Villa) peleados con la nada. Ni siquiera Messi, que intentó el rescate siempre demasiado lejos de la zona de peligro, pudo romper el aislamiento, la burbuja autista en la que encerraron al Barça. Sólo “El Jefecito”, versado en este estilo de juego, aguantó al equipo de Guardiola hasta la liberación del descanso.

En el segundo tiempo el Barça recordó que es el mejor equipo del mundo. Arengados por Guardiola, aceptaron el reto del Madrid y lo acularon hasta colgarlo del larguero. Las botas butano de Messi se incendiaron y Xavi e Iniesta dieron tal velocidad al juego que pareció que el Madrid se quedaba sin batería. Pero como el Inter, este equipo de Mourinho está diseñado psicológicamente para defender y resistió y resistió hasta que al que se le acabaron las pilas fue al Barça. Ni un conjunto ni el otro supo imponer su estilo durante los 45 minutos que tuvieron cada uno. Condenados a la prórroga.

El Barça confía demasiado en su tocar y tocar porque hasta ahora ha dado resultado. Sin prisas, sostiene que el contrario acabará cayendo, fruto del mareo o de la desesperación. Pero de nuevo el Madrid se dejó mordisquear hasta parecer herido de muerte y esperó el momento justo para acabar con el Barça con una jugada de libro. El conjunto blanco ha vuelto a recuperar los valores de su vieja escuela. Por casta y orgullo es un equipo capaz de superar al Barça en el cuerpo a cuerpo, en batallas de corto plazo como la Copa, pero carece de la brillantez necesaria para disputarle un título como la Liga, terreno abonado para el mejor equipo. El Barça se ha quedado sin gol en el peor momento de la temporada. Su plantilla es corta y sólo tiene un plan. Pero es el mejor plan. Y queda el Premio Gordo…

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21 abril, 2011 at 1:30 PM

Duelo electoral

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El Madrid celebró el empate y el Barça, prácticamente, la Liga. Todos contentos, como si de una noche electoral se tratara. Mourinho y Guardiola escenificaron un ensayo general de cara a la Final de Copa con todas sus armas, con todos sus complejos. El jugador más talentoso de los blancos, Özil, se quedó en el banquillo en un reflejo de las pretensiones del Madrid: saberse inferior, salir a no perder, apaciguar el vendaval barcelonista y contraatacar a la mínima ocasión. Mou colocó sobre el césped un equipo psicológicamente preparado para defender y resistir sin balón y el Barça alcanzó posesiones estériles de hasta el 80% y de dos minutos ininterrumpidos. Fue, sin embargo, una batalla que en ningún caso quiso disputar Mourinho. Consciente de que el Barça es el mejor equipo del mundo con el esférico situó a Pepe como barrendero y a Ronaldo y a Di María como lanzaderas. Guardiola acertó de nuevo en rueda de prensa: los jugadores del Madrid son más altos, más rápidos, más potentes y más fuertes, características, eso sí, más propias de atletas que de futbolistas. Así que el Barça, menos incisivo que de costumbre, tocó y tocó, casi siempre en horizontal, frenado por la baja forma de Pedro y Villa y, sobre todo, por la interinización de un Madrid que siempre se crece en la adversidad. Con la expulsión de Albiol  jugó mejor, desmadejó al Barça y logró el empate. Ronaldo le marcó su primer gol al conjunto blaugrana y Messi su primer tanto a un equipo entrenado por Mourinho. Así que todos contentos. El Madrid evitó una nueva derrota contra el Barça e insinuó un antídoto para frenar a los culés, mientras que el conjunto de Guardiola consiguió un punto valioso que lo alerta de cara a la final de Copa. Pero la Liga, que nadie la olvide, ya va de camino a Barcelona.

El discurso de Mou

En “El hombre que confundió a su mujer con su sombrero”, Oliver Sacks explica que  los discursos del presidente Ronald Reagan provocaban la risa floja a un grupo de personas muy especiales. Eran los enfermos de afasia receptiva o global, una enfermedad que incapacita para entender las palabras como tales. Los afásicos, sin embargo, comprenden la mayoría de lo que se les dice cuando alguien se dirige a ellos con naturalidad, es decir, con pistas extra verbales como una entonación, unos gestos o un tono de voz coherentes con el discurso. Curiosamente, al no poder captar las palabras, los afásicos han desarrollado ciertas habilidades y “ventajas”. Por ejemplo, no se les puede engañar con palabras y, además, distinguen lo que es auténtico de lo que no lo es basándose en las muecas, los histrionismos, las gesticulaciones y, sobre todo, los tonos y las cadencias. En el caso de Reagan, sus palabras no se correspondían, en ningún caso, con estos signos extra verbales y eso provocaba la risa de los afásicos, que eran los únicos en detectar la falsedad del discurso. “La gente normal, con el deseo de ser engañados, fueron los únicos totalmente engañados. El uso engañoso de las palabras iba tan astutamente ligada a un tono de voz engañoso que sólo los que tenían lesiones en el cerebro se mantuvieron intactos, inmunes al engaño”.
El discurso de Mourinho, como el de Reagan, ha heredado una expresión desnaturalizada que contradice sus palabras. Histriónico, guiñolesco y teatrizado hasta el punto de provocar la carcajada ante un discurso que no se cree ni él mismo.

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18 abril, 2011 at 10:32 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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La Copa se empieza a ganar en el Bernabéu

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El run and gun del Madrid, un juego de contraataque veloz en el que el chute a puerta es un imperativo impaciente, más que el culmen de un juego de combinación, es un arma demoledora que destruye a los conjuntos que le juegan de tú a tú, como si fuera un equipo fácil de espantar. Los hombres de Mou se dejan mordisquear hasta que el error del contrario les provoca un arrebato depredador que golpea la meta rival con zarpazos violentos y mordiscos letales que dejan sin reacción al contrario. Tan sólo sufren con los equipos que se encierran, con los que forman pegados en la frontal del área y contraatacan a trasmano, dándoles de su propia medicina. Con estos también sufre el campeón, pero en menor medida. El juego hipnótico y paciente del Barça, casi mareante, suele hacer caer toda resistencia, por más fortificada que sea. Los de Guardiola, sin centrales veloces y con laterales de pizarra, suelen dejar pasillos defensivos para los corredores del rival, que tienen sus opciones sólo cuando huelen el balón, en contadas ocasiones. Mientras Messi es el eje de una rueda ofensiva que gira entorno a sus botas, Ronaldo actúa como punta de lanza, afilada y punitiva. El equipo que más adula al esférico se enfrenta al que más le pega, dos estilos tan opuestos como mutuamente dañinos.

Empieza el playoff del enfrentamiento más mediático del mundo. El del sábado, el menos trascendente, es quizá el más importante. Da la sensación de que el Madrid está hecho para el cuerpo a cuerpo, para días de gloria y partidos puntuales, mientras que el Barça es un conjunto de largo recorrido, de plano general y emotividad liviana. El orgullo del Madrid contra la majestuosidad del Barça favorece a los blancos en partidos de alta tensión como el de la final de Copa. De aquí que el factor psicológico sea tan importante, tan decisivo. De aquí la importancia de desmoralizar al Madrid ganándole de nuevo en su estadio. Sin medias tintas ni partidos de tanteo, el Barça irá con todo, plenamente sabedor de que la final de Copa se empieza a ganar en el Bernabéu.

Written by @robertlozano_

11 abril, 2011 at 10:30 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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