DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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El mirlo blanco y el Joker

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 “¿Sabes lo que más miedo da? No saber cuál es tu misión en este mundo, no saber por qué estás aquí (…)”

El espejo de Mourinho ya no refleja un sentido práctico a su deambular como General Manager del Real Madrid. En su momento lo tuvo. Fue contratado como la kriptonita que debía ahogar la luz cegadora y angelical de Guardiola. Y, de algún modo, lo consiguió. Le arrebató una Liga y una Copa al mejor Barça de la historia, desquició al técnico catalán y aglutinó hordas de seguidores que elogiaban su estilo y forma de conseguir las cosas. Mourinho amaba el papel de alter ego de Guardiola.

Casillas y Mourinho

“Ahora que sabemos quien eres tú, sé quién soy yo (…). Todo tiene sentido. ¿En un cómic sabes como se nota quien va a ser el villano más malvado? Es justamente el opuesto al héroe (…)”

Mourinho no tenía un plan. Las empresas tienen planes. O los políticos. Él era el perro que corría detrás de los coches. Su misión no era construir sino contraprogramar al protagonista. El clásico papel que se otorga al villano. Se ejecuta a corto plazo y resulta más sencillo que cimentar algo. Pero todo buen relato clásico necesita al Némesis tanto como al héroe. Y Guardiola se borró de las viñetas. Sin coche al que perseguir, Mourinho no encontró las miguitas de pan del camino.

            Batman: ¿Por qué quieres matarme?
 Joker: ¿matarte? No quiero matarte… tú me complementas.

Sin Guardiola, Mou carece de sentido. ¿Una Copa y una Liga en tres años? Minucias. Su verdadera victoria pasaba por arrebatar al barcelonismo y al mundo del fútbol su mirlo blanco, su Harvey Dent. Ese era el premio gordo, demostrar que Guardiola era un impostor, un personaje con ínfulas de superhéroe que se podía corromper.

            Batman: ¿qué has hecho?
Joker: tomé al caballero blanco de la Ciudad de Gotham y lo puse a nuestro nivel. No fue difícil. La locura, como tú sabes, es como la gravedad. Basta con un pequeño empujón.

Mourinho no tuvo tiempo ni manera de conseguir esta meta. Con su marcha, Guardiola se convirtió en un símbolo y el portugués se abandonó a su locura. Sin un objetivo externo claro (“Pito” Vilanova no se presta a la opereta y su Barça está a años luz), decidió sumir el caos dentro del Madrid: desencuentros con Ramos, discusiones con Cristiano, enfrentamientos con Toril, desmentidos a Florentino Pérez…La suplencia de Casillas es un pulso más del portugués, un atentado contra el orden establecido de alguien que se ha llenado los bolsillos de nitroglicerina.

Da la sensación de que va a salir en globo del Bernabéu. Y, huérfano de héroe, no sería de extrañar que la próxima temporada José Mourinho hiciera las maletas rumbo a Dormund o Leverkusen para seguir dando sentido a la épica de su atormentada existencia.

NdA: los dos primeros encomillados pertenecen a la película El Protegido, de M. Night Shyamalan. Los siguientes, a Batman: el caballero Oscuro, de Christopher Nolan.

Written by @robertlozano_

17 enero, 2013 at 11:36 PM

Guardiola y Mourinho: una representación marveliana del bien y el mal

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La historia contemporánea de Pep Guardiola y Jose Mourinho y, por extensión, de Barça y Madrid, tiene visos de guión de Stan Lee. Guardiola, como mirlo blanco, y Mourinho, en el papel de villano perfecto, parecen sacados de un cómic de los años 60, en el que el héroe era tan puro y prístino que el titilar de su luz te hacía retroceder y entrecerrar los ojos para no deslumbrarte. Y el antagonista era tan malvado e histriónico, que sus fechorías provocaban una mueca socarrona por obvias y descaradas.

El correr de los años deparó nuevas aristas para los personajes del cómic, que ganaron complejidad y pusieron en crisis los conceptos del bien y el mal, que se diluyeron, se confundieron y se solaparon. Watchmen y V de Vendetta, de Alan Moore, o Sin City y Dark Knight, de Frank Miller, son claros ejemplos de que la bondad y la maldad no son opacas y esconden miles de matices. Esta evolución trataba de retratar, simplemente, una realidad actual, que se extiende a la clase política y a las masas en general. Los buenazos de mandíbula cuadrada y los malvados de brillo de ojos carmesí habían pasado a la historia. Fue hasta que el destino confrontó a Guardiola y a Mourinho en un mismo escenario, convirtiéndoles en una fascinante representación marveliana del bien y el mal.

Encontrar paralelismos entre Guardiola y un Harvey Dent en sus primeros pasos y entre Mourinho y el Joker de Heath Ledger, a caballo entre el clasicismo y la serie negra, no deja de ser un divertimento y una metáfora literaria que esconde consecuencias mucho más serias.

Camino a la perdición

La marca Real Madrid zozobra. Fuera del territorio español, el club blanco pierde adeptos en un goteo constante. El sureste asiático, una plaza tradicionalmente absorta por la Premier League y el Madrid, vive un cambio de tendencia y de auge barcelonista, no sólo por el ciclo triunfal de los culés, sino por el rechazo que generan figuras como Mourinho y Cristiano Ronaldo. El entrenador portugués se ha convertido en un arma maquiavélica de resultados kamikazes. En Oriente la gente suele hacerse de un equipo por los iconos mediáticos (Zidane, Beckham, Messi), por las circunstancias del momento (el equipo que gana), y por el carácter que transmite el club. Y ahora mismo el Real Madrid tiene en contra los tres factores: (1) su figura, Ronaldo, es repudiada por su arrogancia y chulería (veáse el episodio en China). (2) El equipo que gana ahora mismo es el Barça. (3) La imagen del Real Madrid es Mourinho, cuyo carácter choca culturalmente con los valores asiáticos de contención, modestia y humildad. Pero lo peor para el Madrid es que esta tendencia no la puede cambiar, meramente, con triunfos. Si ganara, el rechazo hacia el Madrid sería todavía  más fuerte porque, a su mala imagen, se sumaría el hedor que provoca el triunfo del villano. De esta manera, en los círculos barcelonistas y en ciertos ambientes futbolísticos, el triunfo del Barça no deja de desprender una suerte de halo de justicia poética.

El Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, aguantará a Mou hasta el final. Hasta que venza o hasta que deje el club blanco como un paisaje lunar. La renuncia a cambiar de imagen se debe en parte a la confianza de que Mourinho todavía pueda ejercer de kriptonita con Guardiola o, como recurso final, que corrompa al entrenador del Barça hasta convertir a este mirlo blanco, a este Harvey Dent, en su alter ego Dos Caras.

Written by @robertlozano_

9 septiembre, 2011 at 11:12 AM

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