DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Barçaficción

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 “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

Para ciertos equipos y jugadores rivales el Barça se ha convertido en una película de terror que confunde, angustia y desespera. Para los amantes del fútbol y para sus seguidores, en cambio, es la mejor película de ciencia ficción que se ha rodado nunca, un fenómeno inexplicable que sus aficionados han adoptado como una dulce y pegadiza melodía. Esta extraordinaria normalidad es atacada desde algunas esferas con argumentos como “siempre juegan igual”, “son aburridos” o, simplemente, “siempre ganan”.

Al igual que se aborrece al empollón, el Barça desprende un aroma de genialidad insoportable para algunos sectores. Incluso a Messi se le reprocha su virtuosismo y su insultante lejanía respecto a la falibilidad del futbolista humano, como si de un Doctor Manhattan se tratara. El escritor argentino Martín Caparrós sostiene que “Leo lo hace todo penosamente fácil. Debería sobreactuar la dificultad que él no le encuentra a lo que hace” Recientemente Ronald Koeman ha pedido el Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. ¿El motivo? “Porque Messi ya ha ganado 3”. Es como si a Michael Jordan le hubieran dejado de dar MVP’s porque era demasiado bueno y no dejaba ganar a los demás…

Entrevistado en la revista So Foot, al rossonero Kevin-Prince Boateng le preguntaron si el juego del Barça era siempre lo mismo, si jugaban a balonmano, a lo que respondió: “Sí, casi siempre es lo mismo, ganan cada partido cuatro o cinco a cero (…) ¿Cómo pueden hacer tantos pases tan perfectos? Lo hacen mil veces en un partido y las mil veces la bola llega perfecta al pie del jugador. No es fácil ser Xavi o Iniesta cada partido”.

Pero una parte del público detesta esta supuesta perfección, este halo angelical de los sempiternos ganadores, y se siente atraído por figuras disonantes, oscuras y controvertidas. Enfants Terribles como el mismo Kevin-Prince, Ibra, Balotelli o el antagonista Mourinho acumulan hordas de seguidores, más identificados con los villanos de las películas y con la errata que con el héroe irreducible, el mirlo blanco. El espectador ansía encontrar grietas en este Barça y anhela que se corrompa como Harvey Dent. Sólo así se podrá narrar la gran epopeya del desmoronamiento de la Dinastía Blaugrana.

Prácticamente clasificados para octavos de finales de la Champions y a ocho puntos del Madrid (a 11, si vencen el próximo domingo), el panorama es tan idílico como carente de emoción. El barcelonismo, una representación de la vida misma, necesita el conflicto como el aire que respira y no puede sobrevivir hasta febrero actualizando lesionados.

Si, para colmo, Cesc y Alexis tienen la osadía de desafiar con sus goles a los barcelonistas que se divierten arrojando a sus propios jugadores a la hoguera , si resulta que Villa y Messi son amiguísimos y que nadie se queja por ser suplente, si Rosell apenas abre la boca y Tito es tan bueno como Guardiola, ¿Qué narices queda?

Disfrutar.

PUBLICADO EN:

PLANETA DEPORTE

http://futbol.planetadeporte.net/i:primera-division:baraficcion:opinion:43892:i

PERIODISTAS Y ANÓNIMOS

http://www.periodistasanonimos.com/2012/10/barcaficcion-por-robert-lozano-verges.html?showComment=1349339467138

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Partida de sepelio por el 9

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La figura del delantero centro está en decadencia. Los dos mejores equipos de fútbol del mundo (El Barça y La Roja), han puesto en entredicho esta figura, vanagloriada y laureada por el Planeta Fútbol desde que empezó a rodar el balón en la campiña inglesa tiempo ha. Ambos conjuntos han demostrado que se puede ganar absolutamente todo sin contar con esa pieza sacrosanta que contribuía con el principio y el fin de todas las cosas: el gol.

Cruyff, Guardiola, Del Bosque, Messi, Cristiano Ronaldo o Cesc son algunas figuras fundamentales de esta partida de sepelio por el nueve.

“…Cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…”

El que mira el partido en la pantalla es Guardiola, ejecutor de delanteros exquisitos como Samuel Eto’o o Zlatan Ibrahimovic, conversor de David Villa y devoto de Lionel Messi. El ex entrenador del Barça sacrificó al 9 porque entorpecía los movimientos del 10 y afeaba el juego del resto del conjunto. En una formación en la que el gol parecía una penitencia necesaria, el delantero centro era el tipo que golpeaba el balón con saña después de que Iniesta, Xavi o Busquets lo hubieran acariciado, mimado y adulado. Un bárbaro.

Para Guardiola el razonamiento era un juego de niños: si tus mejores jugadores son centrocampistas y además son los mejores del mundo, ponlos a todos. Si además cuentas con un Extraterrestre que anota 70 goles por temporada, ¿para qué narices necesitas a un Exterminador en un equipo de ángeles?

Los paralelismos de La Roja

La Roja, guste o no, es un apéndice del Barça, ni que sea por número de efectivos y por manual de estilo. Y en esta Eurocopa, más que nunca. El equipo de Del Bosque ha expresado las mismas virtudes y las mismas carencias que el Barça de la pasada temporada: control total y juego excelso pero, en ocasiones, sincopado y excesivamente retórico. Al margen de los seguidores del Barça, con ojos adiestrados en este juego, la mayoría de opinadores han atacado el estilo del equipo de Vicente del Bosque por aburrido y carente de pegada. A muchos les escocían los ojos cuando miraban el banquillo y veían a Llorente (0 minutos en la Eurocopa); Negredo (papel testimonial); y Fernando Torres (bota de oro del torneo con tres tantos).

Cesc, que ha “ursurpado” esta posición en el campo, ha tenido un papel capital en el combinado español y todo hace prever que será una de las piezas claves del Barça de Tito Vilanova, auténtico valedor de su fichaje.

Ronaldo y Messi también han contribuido a azuzar este debate. El número 1 y el número 2 del mundo no son un 7, ni un 9, ni un 10, sino lo que les da la gana, y terminan las temporadas con más de 30 goles de diferencia respecto a 9 clásicos, a estiletes de pura raza como Gómez, Huntelaar, Giroud, Ronney, Balotelli o Mandzukic.

No sabemos si se trata de un episodio pasajero en la historia del fútbol, a la espera del nacimiento de una nueva hornada de Ronaldos, Romarios o Hugos Sánchez, un hecho puntual de dos equipos muy particulares o una evolución del juego. Pero lo que está claro es que dos de los equipos más excelsos de la historia de este deporte lo han ganado todo “asesinado” al profeta, al Dios del gol.

Que el 9 descanse en paz.

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La génesis del nuevo aficionado del Barça

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Venían de dos años de depresión. De que el Jogo Bonito se diluyera en la autocomplacencia y en la noche. Deberían haber marcado una época pero sólo fueron un compás orgásmico, un sueño roto en un ocaso prematuro. El por qué todavía representa hoy un sombrío misterio, una inexplicable concatenación de infortunios.  Nunca una estrella dilapidó con tal precipitación el fulgor y se desintegró con semejante dramatismo: Ronaldinho. Su “muerte” significó el nacimiento de una pulga que se transformó en un titán, en un extraterrestre. El chico de los recados que llegó a ser Emperador. Las brasas de ese Barça de Rijkaard ayudaron a construir un sueño mucho más intenso, una idea que se escapaba con tan sólo pensar en ella. 

6 de mayo de 2009. Temor, dudas históricas, complejos. Stamford Bridge era la última frontera. El Barça, en una temporada extraordinaria, estaba a una gota de sudor de quedar apeado de la final de Roma. Como casi siempre. Era un dolor conocido que no podía enturbiar una primera temporada de un entrenador novel y de unos jugadores en revalida. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi. Su dimensión no era, ni por asomo, la que tienen hoy en día. Pero el fútbol es caprichoso y los hados decidieron que un grandísimo equipo debía cruzar el Rubicón para convertirse en una leyenda. En el minuto 93 cambiaron los designios de un club y de unos aficionados que perdieron la voz y estallaron en lágrimas. Esa noche millones de barcelonistas chutaron con la enjuta pierna de Andrés Iniesta y, todavía hoy, se estremecen rememorando ese gol. Ese gol fue la génesis del Barça de Guardiola. Pero, sobre todo, propició un cambio en la mentalidad y el sentir autodestructivo del aficionado culé. Y ese será, precisamente, el legado más preciado que dejará Josep Guardiola.

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18 abril, 2012 at 9:14 AM

El surrealismo del Barça

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El Barça juega como le da la gana. O más bien como le apetece a Guardiola. Con dos o tres defensas, cinco o seis centrocampistas, uno o ningún delantero…
Mientras los analistas intentan descifrar los números de teléfono (2-7-1; 2-8-0, etc), el entrenador culé aglutina el talento de su equipo allí donde se ganan los partidos de fútbol: en el centro del campo. Que el rival se llame Santos o Real Madrid no deja de ser un dato circunstancial para un equipo que juega con el tiempo, el espacio y la velocidad como un artista surrealista, dispuesto a reventar toda la teología existente del fútbol y a jugar sin defensas, ni delanteros, sino con todo lo contrario, con un enjambre de abejas que esconde el balón, se contonea y picotea hasta que caes mareado y rendido a sus pies. Guardiola alineó ayer a cinco magos y a un extraterrestre.

“Si hago algo parecido a lo que ha hecho hoy Guardiola, la policía de Brasil me lleva preso”; “el Barça nos ha enseñado a jugar al fútbol”; “no aspiro a ser jugador del Barça, sólo a que me dejen jugar un partido con ellos”. El entrenador del Santos y sus dos rutilantes figuras, Neymar y Ganso, definían en tres frases lo que fue el partido y, sin saberlo, lo que significa este equipo para la historia del fútbol.

La fuerza de este conjunto es capaz, incluso, de cambiar la mentalidad de un pueblo. Véase el aficionado asiático, tan volátil como la gloria. La marea de las victorias hace que cambien del blaugrana al blanco y del red al blue sin reservas ni decoro. Zozobran con las modas y se encaprichan de jugadores mediáticos, guapos, millonarios y sobre focalizados. El Barça también ha cambiado esta situación. Sin vedettes y coral como ninguno, el conjunto culé exporta a todos por igual y el público asiático conoce tanto a Messi como a Cesc, a Villa como a Puyol, a Pedro como a Xavi. 1.310 japoneses son, en la actualidad, socios del Barça y siete millones declaran su amor a los blaugrana.

Si bien es cierto que el camino a Japón es más importante que el destino y que ser campeones del mundo es, al fin y al cabo, un parche en la camiseta, también lo es que se trata de un reconocimiento merecidísimo. Justicia poética.

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19 diciembre, 2011 at 12:36 PM

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El cielo puede esperar

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“Siempre se puede tomar notas, tratar de llenar renglones de frases, pero para emprender la escritura de una novela hay que esperar a que todo se vuelva compacto, irrefutable, hay que esperar a que aparezca un auténtico núcleo de necesidad. Uno mismo nunca decide la escritura de un libro; un libro es como un bloque de hormigón que se decide a cuajar, y las posibilidades de acción del autor se limitan al hecho de estar ahí y esperar, en una inacción angustiosa, que el proceso arranque por sí sólo”. El Barça encontró su núcleo de necesidad en el Bernabéu y sigue edificando su epopeya. Personalmente, he tardado cuatro días en recuperar los niveles habituales de adrenalina y de euforia. Ya en frío, mi proceso ha arrancado, me ha golpeado un bloque de hormigón en la cabeza y, sin angustia alguna reconozco que el baño del Barça fue sin espuma. O no fue tal.

Si hiciéramos un ranking de los 20 mejores partidos del equipo de Guardiola, el Madrid 1 Barça 3 no estaría entre ellos. Alguien pensará que esto todavía otorga un valor superior a la victoria. La fórmula sería la siguiente: si un Madrid en un estado de forma óptimo y con todas las circunstancias a su favor sucumbió ante un Barça terrenal, significa que este equipo es invencible, luego la Liga está vista para sentencia. Nada más lejos de la realidad.

El partido, como la temporada del Barça, está marcado por los detalles. Tres flashbacks:

1. Último minuto del Barça-Sevilla, empate a cero. El fútbol, una película sin guión, nos depara el mejor de los desenlaces: un penalti a favor. El lanzador, el mejor futbolista del planeta. Ni Aaron Sorkin lo hubiera concebido así. Y Varas detiene la pena máxima. 2. Último minuto del Getafe-Barça. A punto de sumar la primera derrota de la temporada Messi dispone de un uno contra uno diseñado para su zurda. Metería 99 de 100, pero ese se estrella en la madera. 3. Madrid-Barça: el chute de Xavi rebota en Marcelo, toca el palo y ¿match point? Sí, entra. Como tantas veces se ha ido fuera. Esto no es suerte, son lances del juego, pormenores que marcan un partido y deciden una temporada.

Si repasamos el encuentro con frialdad observaremos que el partido del Barça no fue redondo. El Madrid lo asfixió durante los primeros veinte minutos y gran parte de los jugadores se encuentran en un estado de forma ligeramente inferior al de otras temporadas. Iniesta, excelso (y chupón) en la segunda parte, se mostró errático en la primera. Al margen del gol, Cesc fue un espejismo errante durante todo el partido. Piqué sigue aguantándose gracias a la falta de centrales solventes del equipo e incluso Valdés (es humano) falló repetidamente con el juego de pies. Tan sólo Puyol y Busquets rayaron a un nivel superlativo durante gran parte del partido.

El Barça es un equipo tan bueno que siempre cumple en las grandes citas. Contra los blaugrana, el Madrid padece un complejo de inferioridad neurótico debido, en gran parte, a la anemia que sufre en el centro del campo. Guardiola mezcló a los cinco futbolistas que más adoran el balón del mundo. Que la toquen, que la escondan, que desesperen. Esa era la receta y sólo pudo cocinarse cuando el Madrid se aculó, atemorizado con la posibilidad de encajar una nueva goleada.

La novela del Barça de esta temporada se escribe por la necesidad. Por aquellos partidos en los que el equipo se ha dejado llevar por su talento, confiando que se ganarían por arte de birlibirloque. Son los mejores del mundo, no hay duda. Pero la Liga no se ha ganado y el cielo puede esperar.

N. del A: El encomillado pertenece a un fragmento de “El mapa y el territorio”, del escritor Michel Houllebecq.

Written by @robertlozano_

13 diciembre, 2011 at 2:01 PM

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El 4 del Barça

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En 1996 Bobby Rayburn ficha por los San Francisco Giants por la cantidad más elevada que se había pagado en la Major League Baseball hasta la fecha. Aterriza en su ciudad natal como hijo pródigo, como una estrella rutilante nombrada MVP durante los tres últimos años. Su pase provoca unas expectativas tan elevadas que la ciudad entra en un estado de excitación propio de un gran acontecimiento deportivo, de esa clase que exacerba las pasiones más primarias. Pero Rayburn realiza un inicio de temporada lamentable, ampliado por la excepcional actuación de Juan Primo, un jugador que poco a poco se convierte en el ídolo de la afición de los Giants. Rayburn, silbado y apodado el “fraude del millón de dólares”, atribuye su mala actuación a un hecho, quizá minúsculo y supersticioso para la mayoría, pero de cotas sacramentales para ciertos jugadores y deportes: el dorsal. No puede vestir el número 11 que había llevado toda su carrera, el mismo que luce en su espalda Juan Primo. 

Este argumento pertenece a la película “The Fan”, dirigida por Tony Scott, protagonizada por Robert de Niro, Wesley Snipes y Benicio del Toro y basada en el libro de Peter Abrahams. El periodista Gonzalo Vázquez explica que la literatura deportiva americana, tan rica y extensa que centuplica por sí sola en volumen a la del resto del planeta, “gustó especialmente siempre de tres grandes campos de emoción: la glorificación de la épica, la mitología de la tragedia y la analogía”. De hecho, la literatura deportiva del boxeo, del baseball o incluso del ciclismo es mucho más seductora que el propio deporte en sí y es la responsable de convertir estos espectáculos en recuerdos etéreos, rodeados de un aura de misticismo y mitología que los eleva por encima de deportes más terrenales y más propios del vulgo como el fútbol. En nuestro país, la literatura deportiva es escasa y se apiña en la confrontación, la polarización e incluso la autodestrucción. Pero, sobre todo, en la edificación y derribo de ídolos.

El auge de Thiago Alcántara en la pretemporada es un buen motivo para suscitar una nueva polémica que, más que en el hispano brasileño, se centra en confrontar a los partidarios de Cesc con sus detractores. Y el número 4 que está luciendo Thiago, supuestamente guardado durante un año para su “verdadero” dueño, Cesc Fábregas, es el gancho para seguir llenando páginas en un verano que languidece a pesar del arrebato efímero del Tour de Francia.

Thiago o Cesc. Cesc y Thiago

Más allá de los partidarios de uno u otro jugador hay algunos hechos irrefutables:

– El Barça contaba con una plantilla corta la pasada temporada
– Las lesiones pusieron de manifiesto la necesidad de ampliar el número de jugadores
– Los técnicos quieren una plantilla con más efectivos este año para afrontar las seis competiciones
– Guardiola ha manifestado que la fuerza del Barça está en el centro del campo
– Thiago acaba de ascender al primer equipo y tiene 20 años
– Thiago ha disputado el europeo sub 21 y tiene un punto más físicamente
– Jari Litmanen también hizo una gran pretemporada
– Con la llegada de Cesc, el Barça contaría con los siguientes centrocampistas: Xavi, Iniesta y Busquets (teóricamente titulares); Masquerano, Keita, Thiago y el propio Fábregas

Teniendo en cuenta que el Barça jugará más partidos esta temporada, que Iniesta y Mascherano pueden jugar en distintas posiciones y que este centro del campo aumentaría todavía más la distancia con el de todos los demás equipos, es una pérdida de tiempo polemizar sobre el 4 del Barça. Dejando de lado la necesidad de incorporar al jugador de Arenys, su llegada sólo haría que aumentar la calidad de un centro del campo ya de por sí excelso.

Como divertimento final imaginemos que el Barça disputa la Final de la Champions en Munich y que la divina fortuna se ha cebado tanto con los azulgrana que ni Xavi, ni Busquets ni Iniesta pueden jugar. Añadiremos que puedes escoger tres centrocampistas de cualquier equipo del mundo para afrontar este partido. ¿A quiénes elegirías? ¿Qué te parecen Mascherano, Cesc y Thiago?

Written by @robertlozano_

28 julio, 2011 at 11:19 AM

Fichar a un suplente de 40 kilos

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Cesc Fàbregas es un jugador extraordinario, de los que llevan el denominado “ADN Barça”, de los que marcan el estilo de un equipo. Pero, ¿qué papel tendría en el Barça? El capitán del Arsenal vendría para fortalecer el centro del campo y, sobre todo, para dar minutos de descanso a Xavi e Iniesta. Es decir, vendría para ser suplente.

Por delante tendría al mejor centro del campo del mundo: Xavi, Iniesta y Busquets. Y por detrás, a dos perlas de la Masia que aprietan y apuntan a la titularidad en un futuro próximo: Thiago y Sergi Roberto.

Deportivamente, por tanto, sería un relevo de la terna titularísima del centro del campo y un tapón para la progresión de dos de los canteranos más brillantes. Si nos atenemos a factores estrictamente deportivos, por tanto, sería una opción discutible. Pero el auténtico problema es económico: ¿a qué precio vendría Cesc?

El Arsenal se ha enrocado en 40 millones de euros y el Barça, según sus directivos, tiene una partida de 50 millones para fichar. De realizarse la operación, tan sólo quedarían 10 millones para reforzar posiciones mucho más necesitadas como la delantera o el eje central de la defensa.

Y seamos pragmáticos, el Barça necesita con mucha más urgencia un delantero y un defensa que un centrocampista suplente. Por mucho que se llame Cesc.

Si deportivamente es comprensible, económicamente es inviable pero, sobre todo, significa enviar un mensaje pernicioso a los chicos de la cantera. Con 16 años, Cesc decidió marcharse en una época convulsa y de vacío de poder. Aceptó una suculenta oferta deportiva y económica y tomó un camino muy legítimo en un momento en el que el Barça se hacía añicos.

Hoy en día, Héctor Bellerín y Jon Miquel Toral, del Cadete A, han tomado la misma decisión y a partir de la temporada que viene jugarán con los reservas del Arsenal. ¿Irá el Barça a buscarlos de aquí a unos años y pagará 40 millones por ellos?

En la cantera hay chicos que sí se han quedado y luchan por llegar algún día a jugar con el primer equipo: Thiago, Sergi Roberto, Deulofeu, Rafinha, Espinosa o Sergi Samper son jugadores que han recibido numerosas ofertas y han decidido quedarse sacrificando mucho dinero y arriesgándose a no llegar nunca a jugar con la primera plantilla del Barça.

¿Qué mensaje de esfuerzo y de sacrificio se les está enviando a estos chicos si el Barça ficha finalmente a Cesc por una cantidad que equivale al presupuesto de un lustro de la Masia?

Y todo por un jugador que ahora mismo no es estrictamente indispensable y que vendría a ser suplente. Un suplente de 40 millones.

[N. del A.: si se hace, que sea rápido e indoloro. Otro verano dedicado a Cesc sería perjudicial para la salud mental de los amantes del “mercato”. El año pasado, por fechas similares: Más allá de Cesc Fàbregas]

[Publicado en Faltadirecta.com]

Written by @robertlozano_

7 junio, 2011 at 9:41 AM

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