DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Odiar a Messi

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“Un día compareció en el campo con la cucharilla de plástico del café en la boca y no la soltó hasta que se acabó el rondo. Aquel gesto fue interpretado como una señal de que Messi estaba contrariado, porque alguien no le había pasado el balón o quién sabe por qué demonios. Nadie intervino, sin embargo, para saber el motivo. Mejor así. (…) Messi se enfada y desenfada sin que nadie pueda poner remedio, sino que hay que aguardar a que se le pase: La Pulga agacha entonces la cabeza, hace ver como que no ha pasado nada y se reincorpora al grupo sin que nadie le diga nada. Así se disculpa. Aceptado.”

Hace algunos años, el periodista Ramon Besa explicaba en “Messi, el niño del campeón” algunos episodios que ayudaban a descifrar el enigmático carácter del genial jugador argentino: “Messi es capaz de asistir a una juerga autorizada de sus compañeros y no levantarse de la silla en toda la madrugada sin haber cruzado palabra casi con nadie”. Poco amigo de los micrófonos y de las declaraciones, de exponer sus pensamientos o su estado de ánimo, el seguidor de Leo está acostumbrado a descifrar a La Pulga por su gestualidad, su ceño fruncido, su sonrisa bobalicona y su forma de correr. O de andar. Como si de un cordel umbilical los uniera, el culé se duele con las tarascadas que recibe el rosarino y se palpa el bíceps femoral a la par que el 10. La felicidad y la tristeza de ambos están tan ligadas que, llegados a este punto, extraña que haya quien sienta una necesidad repentina de desapego, de desafección. Incluso de desmemorización. Como aquel que ha vivido por y para el amor de su vida y, de repente, un día se siente traicionado, decepcionado, a pesar de haberlo tenido todo, y reniega de la persona amada.

 

Messi, Balón de Oro del Mundial de Brasil La voz del balón​

Mientras que algunos hablan con palabras y otros prefieren hacerlo con hechos, Messi se expresa exclusivamente a través del balón. Sus ruedas de prensa se celebran en el césped y se inmortalizan en su sala de trofeos. Así ha tapado bocas. Hace algunas temporadas metió 47 tantos. Se le criticó por egoísta, por no querer ser substituido nunca, así que la siguiente marcó 53. En esa ocasión, sus supuestas desavenencias con sus compañeros de ataque originaron los reproches. Messi contestó con 73 goles (50 en Liga). Lo siguiente que se le recriminó fue su excesivo influjo en el juego barcelonista. De nuevo, su respuesta en el césped se saldó con una monstruosa cifra de goles: 60.

En su introversión, en el mundo restringido en el que siempre ha vivido, se configuró como un extraterrestre, como el mayor depredador del gol que jamás haya existido en la faz de la tierra. La impotencia que generaba el juego de Messi y de sus compañeros era tal que provocaba desesperación en sus rivales. “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

La inquina hacia Leo Messi provocaba el mismo efecto en el crack argentino que los desafíos en Michael Jordan:

“En un partido contra los Chicago Bulls en Salt Lake City Michael hizo un mate por encima de John Stockton (1,85 m). Un instante después la pista se ve invadida por las palabras Hey, Jordan, why don’t you pick on someone your own size?, provocación que Jordan escuchó perfectamente. Cuando recibió la pelota de nuevo hizo un mate por encima de Mel Turpin (2,11 m) y se volvió al espectador diciéndole: “¿Éste es suficientemente alto?” La línea de su mirada en el preciso instante en que responde, décimas antes de atravesar la media pista, señala un destino que a pesar de escapar a las cámaras se antoja incuestionable: la butaca de Larry Miller, propietario de los Utah Jazz.” *

Si a través del juego no podían dominarle, la campaña, basada en anécdotas de patio de colegio, era meridiana: convertir a Messi en un ser despótico.

El pequeño Dictador

 “A Villa, por ejemplo, le advirtieron nada más llegar al Barcelona que se olvidara de competir a goles con La Pulga y a Thiago le tienen dicho que por más artista que se sienta, mejor que le pase al balón a Leo y aguardar a que se lo devuelva, como signo de que ha sido admitido”.

Esta anécdota, relatada de nuevo por Ramon Besa, fue tergiversada y utilizada por ciertos sectores para desestabilizarlo, para encontrar su supuesto reverso tenebroso. Una situación que, explicada años ha por el Señor de los Anillos, Phil Jackson, no sólo no fue polémica sino que se convirtió, al instante, en literatura deportiva: “Si te encuentras a Buda (Michael Jordan) en la zona, dale el balón”. Extrapólenlo al 10 del Barça.

Los desmanes protagonizados por Messi le convierten, como mucho, en un tipo especialito, con un carácter muy particular, algo muy común en un genio, pero que le sitúa como un mero aprendiz de otros Dioses del Olimpo del Deporte con actitudes verdaderamente dictatoriales. Veáse, de nuevo, Michael Jordan:

“Tras el quinto partido de la Final de la Conferencia Este de 1989, parecía que aquel año tampoco iba a poder ser. Chicago se había adelantado por dos veces, pero los Pistons habían conseguido empatar y ahora ganaban la serie 3-2. Jordan estaba realmente cabreado. Las llamadas Jordan Rules le habían dejado en 18 puntos y, sobre todo, solo había realizado 8 lanzamientos de campo en 46 minutos en cancha. Era obvio que alguien tenía que pagar los platos rotos. Cuando Jordan llega el último al avión de los Bulls puesto que siempre es el que tiene que atender a prensa, patrocinadores y aficionados, sus compañeros están sentados y a punto de comenzar a cenar. Al pasar junto a Horace Grant da un manotazo a la bandeja de éste y tira su cena al suelo. En opinión de Jordan, no se merecía comer tras haber realizado un partido bastante flojo (4 puntos y 1 rebote). Grant y Jordan tuvieron que ser separados por el resto de sus compañeros antes de llegar a las manos”. **

Llamando al Doctor Green

Esta temporada el Camp Nou ha visto deambular a Messi por el césped con un rictus duro y una aparente despreocupación por todo aquello que sucediera a más de dos metros cuadrados de su persona. La Pulga ha sellado su peor temporada como blaugrana con nada más y nada menos que 41 goles, un registro estratosférico, por encima de cracks históricos.

Veáse Romario

Veáse también Ronado

Veáse también Rivaldo

Veáse también Ronaldinho

Tras su discreto papel en el Mundial, se vislumbran ciertas sonrisitas del tipo “yo ya lo sabía” y se alzan voces de ultratumba que aseveran sin un atisbo de duda: “ahora es el momento de vender a Messi”. Las espadas están en lo alto y hay quien espera una señal, como cuando en un hospital llaman a la enfermera Flamingo o al doctor Green (no existen, la enfermera Flamingo significa que hay un incendio y el doctor Green, un suicidio) o como cuando un cajero de un supermercado pide monedas pequeñas por megafonía (quiere decir que hay una mujer guapa en la cola y todo el mundo tiene que ir a mirarla). Léase una señal para hacer salir a Messi en globo.

Háblale a La Vieja, Leo

Es fácil querer a Messi pero da la sensación de que todavía es más sencillo renegar de él. Los que optan por esta segunda opción se están perdiendo al mejor futbolista de la historia. Aún con la dichosa mácula de la Copa del Mundo. La legión de las causas de su bajón es variopinta: problemas con el fisco, problemas físicos, problemas personales, problemas psicológicos, problemas paternos, problemas monetarios, el misterioso caso de los vómitos recurrentes… lo que sea para evitar pensar en una hipotética opción que provocaría pavor y sudores fríos: que Leo Messi se haya extinguido.

Con esta incertidumbre, los que veneran a Messi le esperan. Aguardan a que pase el luto, a que descanse y a que vuelva a ilusionarse. Aguardan hasta que vuelva a pisar el Camp Nou y hable de nuevo, tal y como lo hace él, a través de ‘La Vieja’, como la llamaba Alfredo Di Stéfano.

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*Extracto editado del artículo “No desafíes a Jordan”, del periodista Gonzalo Vázquez8 ():

** Extracto del artículo “Michael Jordan en 23 frases”, de Arturo Peñalba

Written by @robertlozano_

16 julio, 2014 at 8:41 AM

Reinventar el Barça

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“En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará”.*

El Barça ha burlado el tiempo durante un par de temporadas con remaches, moratorias y apósitos mientras se tambaleaba sostenido por la gratitud, la nostalgia y una Liga de 100 puntos. Las consecuencias de la inacción explotaron en Valladolid, un partido que al correr de los años se recordará como el funeral de un conjunto histórico. La herencia del mejor equipo de todos los tiempos se dilapidó en el césped del José Zorrilla el 8 de marzo de 2014, cuando aún duraba la fragancia que deja el perfume de una bella mujer después de abandonar la sala.

El destello de Manchester (0-2) fue como mirar la luz de una estrella que desapareció tiempo ha y que nos remite al pasado. Imbuido en la ciclotimia, el equipo de Martino es capaz de padecer distintos episodios de excitación y depresión en un mismo encuentro y pasar de maravillar a angustiar (Valencia, Almería) sin dejar margen para la digestión. En Valladolid los futbolistas parecieron adolecer una extraña enfermedad, como si de 11 Leonards (Memento) se trataran, capaces de recordar cómo realizar acciones cotidianas, pero incapaces de almacenar recuerdos de fiascos anteriores y ser conscientes de lo que se jugaban.

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La búsqueda

La toma de decisiones se ha pospuesto por miedo a la equivocación y se ha visto atenazada por la búsqueda de perfiles que no existen en el mercado. Defensas cuya prioridad no es defender y atacantes más valorados por su capacidad de combinar que de anotar. El Barça Total, ligado a una generación única, se había construido desde el centrocampismo, con un portero centrocampista (buen juego con los pies); defensas centrocampistas (buena salida de balón) y delanteros centrocampistas (buena combinación con el 10). Sin remplazos claros en La Masia, con jugadores reconvertidos y exprimidos como Mascherano o Alexis y con sus máximos exponentes vagando por los terrenos de juego, el Barça no encuentra relevo en el Planeta Fútbol, en el que sigue buscando futbolistas que sólo se diseñan y se moldean en el Camp Nou. La búsqueda, pues, puede ser eterna.

Si la mala noticia es que estamos en marzo y que el descalabro y la agonía pueden ser un vía crucis, la buena noticia es también que estamos en marzo y cualquier indicio de no querer asumir un cambio profundo y estructural sería insensato, imprudente e injustificable. La coartada del accidente que se esgrimió la temporada pasada en la derrota apabullante contra el Bayern ya no es válida a día de hoy.

Que la Dirección Deportiva siga hablando de pequeños retoques es demencial. Que el capitán culpe al césped del mal juego es ridículo. Que los futbolistas no den el corazón y el alma por el Barça es imperdonable.

Este Barça glorioso, tal y como lo conocíamos, ya no volverá. Y ahora hay que reinventarlo.

*Frase de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en la serie de televisión True Detective

Written by @robertlozano_

12 marzo, 2014 at 8:51 AM

La metamorfosis

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ImagenCuando Cristiano Ronaldo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un letal futbolista. A su derecha, sobre la mesita de noche, una pequeña caja de metal  con una cerradura diminuta guardaba un ego enorme que luchaba por salir y hacía vibrar ligeramente el arca que la custodiaba. Ronaldo, sin embargo, se había tragado la llave.

La bestia blanca ha tardado unas cuantas primaveras en caer en la cuenta de que es mucho más temible concentrado en su fútbol que embelesado por su peinado, sus fuertes muslos o la pulga atómica que habita en el Camp Nou. El tiempo que le ha llevado madurar.

Cada vez más alejado de las chifladuras de Mourinho, de las guerrillas internas, de la incapacidad de los delanteros blancos, de la aquiescencia de Florentino y de las declaraciones esperpénticas, Ronaldo se ha aupado el Madrid a la espalda y, alienado del ruido, carga con él por Europa.

El 7 madridista ha abandonado los visos de atleta para transformarse en un futbolista que representa más para el Madrid que Messi para el Barça. A día de hoy Ronaldo es más importante que el propio estadio Santiago Bernabéu porque sin él, este Madrid descubre sus vergüenzas, el montaje vacío que ha construido Mourinho. Tras Ronaldo se oculta el precipicio. No es casual que, después del portugués, Varane sea el jugador más adulado por la grada y los medios. Hablamos, no lo olvidemos, de un jugador que todavía no se afeita por las mañanas.

A falta de conocer rival en semifinales, Ronaldo tiene entre ceja y ceja la décima y el transitar en la Liga le obliga a morir por esta Champions. Resignado, convertido en jugador de equipo, CR7 se ve obligado a actuar en contra de su naturaleza indómita. Pero no mira a los lados. Ni mucho menos atrás. Con la portería rival como santo y seña, su patología competitiva y sus ansias de superación, obligará al Barça de Tito a ser más equipo que nunca y a hacer, justamente, lo opuesto que el Madrid. A independizarse de Messi.  

Written by @robertlozano_

10 abril, 2013 at 12:23 PM

Un cuento de tristeza

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“Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”.

Bill Shankly, leyenda delLiverpool, dixit. Arquetípico retrato robot del genio excesivo y procaz, las palabras del manager de los Reds rechinaban tanto como fascinaban. Old school. 

 El fútbol: una estupidez enfermiza para muchos, un cordón vital para otros. Cuestión de empatías. El gol de Iniesta en Stamford Bridge provocó, nueve meses después, un incremento de la natalidad, y el descenso de algunos equipos de fútbol ha sido el detonante de suicidios y batallas campales. El fútbol ha motivado manifestaciones y guerras y ha inyectado felicidad transitoria a países enteros.

Este deporte tiene el poder de transformar a personas serias en auténticos energúmenos y hacer llorar como plañideras desconsoladas a hombretones hechos y derechos. Pero también une a las personas y estrecha los vínculos familiares. El fútbol, entendido como un sentimiento capaz de despertar la más alta y la más baja de las pasiones, es uno de los elementos más poderosos de la sociedad contemporánea.

Añadan la crisis a este cóctel. El momento actual. La desesperación, la tristeza, el pesimismo, el disgusto. Y el sábado en el Camp Nou. Un tipo con una vida común, con problemas comunes de los días de hoy. Sentado en la gradería, con la mirada perdida y las gafas empañadas. El cielo se está cebando con él. La lluvia lo moja como a un pato y los mechones rizados emplastados le caen sobre la frente. Y su equipo pierde. Su Barça, esa ensoñación que lo separa 90 minutos de la vida real, muere en la orilla ante el rival que provoca más daño. Una punzada dolorosa en el espinazo. Una dosis más a un bote colmado de tristeza. Rebosa. Shit happens.

 Sólo entonces recuerda las palabras de Atticus Finch:

 “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”. 

Written by @robertlozano_

23 abril, 2012 at 11:44 AM

Alta fidelidad

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En la Tribuna siempre hace frío. Es una parcela de blanco y negro, auriculares, arrugas, rezongos, puros, tribulaciones y miradas aviesas. Bajo la cubierta del Camp Nou, se calla o se sentencia. Dedo justiciero del Coliseo que carga contra el árbitro (“burru!”) o contra Villa (“no es para el Barça”) por igual, la zona noble del Estadi es, probablemente, el lugar del mundo en el que se concentran más entrenadores de postín por metro cuadrado. Los partidos de estos fieles se concentran en 70 minutos y se recortan 10 por delante (para que se me vea) y 10 por detrás (para evitar el vulgo). Afortunadamente para ellos, el Diez marcó en el once otro de sus goles antológicos que da la vuelta al mundo y maravilla a todos por igual. A todos menos a Argentina, donde los goles de La Pulga con la elástica blaugrana provocan muecas y afean el semblante.

El rival de cada fin de semana pasa por ser un mero dato circunstancial en un Barça de probeta, gestado en los sótanos del Camp Nou, y que evoluciona y desanda según la enfermería y el partido en cuestión. La flexibilidad de Guardiola y su tremenda capacidad pedagógica para inculcar el “idioma Barça” es una de las grandes claves de un equipo que muta como una cepa para sortear los antídotos rivales. El Barça siempre va un paso por delante.

El primer partido de Liga de la era Guardiola (2008-2009), disputado en el estadio de Los Pajaritos, contaba con la siguiente alineación: Valdés; Alves, Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Cambien a Márquez por Piqué, a Touré por Thiago y a Eto’o y Henry por Villa y Pedro y obtendrán un planteamiento similar con cientos de matices de diferencia. Acabó en derrota, críticas y, finalmente, en un triplete. La esencia de hoy es la misma que la de ayer pero los jugadores interpretan el idioma diez mil veces mejor. Los 4-3-3, 3-4-3 o 2-3-3-2, ya lo dice Mennoti, son simples números de teléfono. Lo importante es la alineación.

Y la alineación contaba con la génesis de Messi (pegado a la cal y andando), y un Thiago en la posición orbital del Barça, la del 4. El brasileño, como Pedro o Villa, se alejan del foco y la brillantina y otorgan tanto protagonismo a sus compañeros que sus actuaciones, en ocasiones, flotan en el limbo. Pero son ellos, estudiantes aplicados, los que hablan el lenguaje del Barça a la perfección.

Si en el “Idioma Barça” Messi es el adjetivo y Xavi el verbo, Thiago, Pedro y Villa son las preposiciones, enganches ingratos que dan sentido y forma al juego. Especial atención merece Thiago, un jugador propenso a la filigrana, el tacón y la rabona, a la floritura y el juego de la grada. Un mago que se reserva sus trucos en la chistera para convertirse en un guardia de tráfico del medio campo, sencillo, pragmático y efectivo. Para cumplir con lo que pide Guardiola: alta fidelidad.

Written by @robertlozano_

17 octubre, 2011 at 1:05 PM

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