DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Ser Villa en tiempos de Messi

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Hay palabras que no deberían utilizarse a la ligera. Su mal uso les hace perder el sentido. Crisis es una de ellas. En dos partidos y con sendos hat-trick, Messi desactivó una ristra de debates absurdos. Superada la tontería, el ojo escrutador se detiene ahora en David Villa. El asturiano es el último eslabón de una estirpe de goleadores extintos, de ese linaje maldito que forman Samuel Eto’o, Zlatan Ibrahimovic y Bojan Krkic. Amparado en el número 7 y escorado en la banda, el despliegue de trabajo del asturiano es tan inapreciable como oscuro, tan imprescindible como ingrato. El Guaje, que llegó como hombre gol y no actúa como tal, exaspera al aficionado culé, siempre con el látigo en ristre.

Pero el mérito de David Villa es incontestable. A marchas forzadas entendió “el misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça”  y sobrevivió a la criba, alejado del foco y a la sombra sempiterna de Messi. Su gol en la Final de Wembley fue una liberación, un premio único a un año de trabajo en el que aprendió a defender y a vivir alejado de la portería. Goleador de nacimiento, con el paso de los meses comprendió que en el Barça su función no era la de marcar, sino la de dilatar el campo, abrir defensas y, sobre todo, facilitar el gol a un titán de metro sesenta. Es de justicia, sin embargo, interpretar gran parte de los goles de La Pulga como un trabajo de equipo en el que los movimientos de Villa tienen un valor especial. Villa hizo un trato: perder lucidez y protagonismo personal a cambio de ganar títulos. Y lo consiguió.

Con todo el desgaste y sacrificio y, a pesar de los 23 goles de la temporada anterior, sus fallos ante la portería rival se miran con recelo e incluso se le tacha de vivir permanentemente en el fuera de juego (13 por 14 de Messi esta temporada). El asturiano (siete goles hasta el momento) encara al portero sin el convencimiento de antaño y no está teniendo suerte en el remate final. Da la sensación que tan sólo la buena marcha del equipo frena un fuego siempre azuzado para quemar a alguien en el Camp Nou.

¿Una relación irrespirable?

El Guaje siempre se ha mostrado sensato y consciente de su rol y Guardiola ha agradecido su trabajo: “ya me gustaría, a lo largo de mi carrera, encontrar a jugadores como David, que es el máximo goleador de la historia de la selección, que ha ganado el Mundial y la Eurocopa, que en sus anteriores equipos todos jugaban para él y que ahora se adapta a algo que le conviene al equipo”.

El papel secundario de Villa y la alargada sombra de Messi, al que se le rebuscan crisis, malos modos y excentricidades, suscitó ayer un artículo en Superdeporte que afirmaba que “la relación entre ambos en el vestuario y dentro y fuera del campo es ya irrespirable. No se abrazan igual, no se llevan como antes y sus celebraciones han perdido entusiasmo”, argumentaba el periodista.

Las imágenes desmienten este supuesto, el mismo Messi negó las discrepancias y hasta el presidente Rosell explicó que juegan juntos al parchís… En todo caso, sean amigos del alma, todo lo contrario o nada de lo anterior, el rendimiento de ambos es incuestionable y David Villa es el mejor delantero, el mejor acompañante que puede tener ese ciclón llamado Messi que eclipsa cualquier hazaña.

No es fácil ser Villa en tiempos de Messi.

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Written by @robertlozano_

4 noviembre, 2011 at 9:43 AM

Alérgicos a Bojan Krkic

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En Silkeborg el zumo y los cereales se indigestan. Cada mañana, en la concentración de la selección Sub-21, Jeffren, Thiago, Montoya y Bojan desayunan leyendo sus nombres en las portadas de los diarios deportivos. Sus nombres ruedan como productos en eBay. En la jerga futbolera se les llama moneda de cambio, expresión más propicia para mercancías que para futbolistas, y que les irrita profundamente. No sucede así en la NBA, donde los jugadores son transportados de un Estado a otro con aquiescencia. La liga americana y el fútbol, tan diametralmente opuestos que se tocan, se diferencian simplemente en que los primeros asumen que son un espectáculo en el que los jugadores están al servicio de La Liga y de los espectadores, mientras que el fútbol sigue jugando a ser un deporte puro, límpido y sensible que trata con personas humanas cuando es, simplemente, un negocio más. Un fabuloso entretenimiento del vulgo.

Cada verano los clubes de fútbol se arriman más a la ruina con operaciones descabelladas y el beneplácito de las entidades financieras. A diferencia de otros años, el baile de nombres en el Barça está siendo limitado, debido a su buena marcha.  La “obsesión Fábregras” y los atacantes Alexis y Rossi son los mejor situados. Entre los posibles descartes están Milito y Maxwell o los canteranos Jeffren, Thiago, Montoya o Bojan. La trayectoria del de Linyola en Can Barça lo convierte en un caso especial. Antaño niño mimado del Camp Nou, aclamado y sobreprotegido por una trayectoria impecable en la cantera y unas expectativas sobredimensionadas y dañinas. Un amor tan grande y empalagoso que ha provocado extraños efectos secundarios a parte de la afición blaugrana: alergia a Bojan Krkic.

Un niño en el circo

Bojan Krkic ingresó en los benjamines del Barça en la temporada 1999-00. Con tan sólo 16 años, debutó en el primer equipo después de jugar, en un mismo año, en el juvenil y el Barça B. En 2007 se anunció la llegada de un prodigio. Ganó el Europeo Sub-17 anotando el gol decisivo de la final, debutó con el Barça en un amistoso en el que también marcó y disputó su primer partido con la selección Sub-21. Rijkaard confió ciegamente en él y el ‘27’ del Barça se convirtió en el jugador más joven que debutaba en la Champions League con la camiseta blaugrana (17 años y 22 días). En el goleador más precoz del Barça en Liga (contra el Villarreal, con 17 años, un mes y 22 días), y en el segundo goleador más precoz de la Champions, por detrás del Ghanés Oforiquaye, con 17 años y 217 días. Bojan se reveló como un goleador oportunista y certero la temporada 2007/2008, en la que anotó 10 goles en 14 partidos como titular. La ausencia histórica de delanteros en la cantera lo convirtió en una pieza única y singular, de esas que encaprichan a la grada del Camp Nou, como ya sucedió con Thiago Motta o como actualmente pasa con Afellay. Deco, uno de los hombres fuertes del vestuario del Barça del joga bonito, dijo de Bojan que no tenía regate, ni velocidad, ni cuerpo, ni potencia, ni técnica. Pero tenía gol. Un instinto y un olfato rematador innatos que lo convertían en un “optimista del gol”. Ya en la era Guardiola, Bojan declararía no haberse sentido cómodo en ese vestuario, más próximo a una comunidad de clanes que a la actual familia. Visto desde la barrera, da la sensación de que la gestión de la carrera del delantero ha sido poco menos que discutible. En una etapa de formación muy importante fue arrojado al circo con unas expectativas tan elevadas que devorarían al más cuerdo.

 Del 27 al 9

Guardiola se ha lamentado en diversas ocasiones de ser injusto con Bojan. Recientemente Estiarte reveló en una entrevista que, minutos después de haber conquistado la Champions de Wembley, Pep le había confesado que se había equivocado con el tercer cambio. Que el elegido debía haber sido Bojan, no Afellay. La realidad es que en los últimos tres años, a pesar de tener episodios de lucidez remarcables, ha ido perdiendo protagonismo poco a poco. Si en la temporada del triplete tuvo un rol decisivo en la conquista dela Copa, en la 2009/2010 suplió la displicencia de Ibrahimovic con goles decisivos en el tramo final de la Liga. En esta última temporada, sin embargo, tan sólo Jeffren, Pinto, Milito y Afellay han jugado menos minutos en Liga que él (938 minutos). En Liga de Campeones ha disputado unos testimoniales 58 minutos y en Copa (su competición), 418 minutos. Su balance ha sido el siguiente: 6 goles en Liga, ninguno en Champions y uno en Copa. 7 goles en 1.414 minutos. Es decir, un gol cada 204 minutos.

El escaso minutaje y su alienación en la banda han convertido esta temporada en la menos productiva para el delantero. En las últimas tres, Bojan marcó 13,10 y 10 goles, respectivamente. “El misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça” le ha pasado más factura que a Villa y le aboca al mismo camino que a Ibrahimovic y Eto’o. Sus números, sin embargo, han sido más que correctos para un delantero reserva. Larsson, goleador suplente prototípico, marcó 4 goles en su primer año (estuvo lesionado gran parte de él) y 15 en su segunda temporada como blaugrana. Esta temporada, el peso del 9 a la espalda ha colocado a Bojan en la picota, lugar que en Can Barça siempre debe ocupar alguien.

El canterano, que en estos momentos disputa el Europeo Sub-21 (categoría con la que debutó hace más de 4 años), ha sido suplente en los tres partidos jugados hasta el momento. Después de cinco temporadas en la élite, las imágenes arrojan a un chico que parece un anciano psicológico de apenas 20 años. Su destino parece ahora ligado a la Roma de Luis Enrique. Sin la presión angustiosa del entorno blaugrana, Bojan tendrá la oportunidad de demostrar su valía en una liga que asfixia a los delanteros creativos pero ensalza a los oportunistas. Los alérgicos al delantero dejarán de sufrir, al fin, los accesos de fiebre y tos de la alergia que les provoca la entrada de Bojan Krkic al césped del Camp Nou.

Written by @robertlozano_

20 junio, 2011 at 9:08 AM

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