DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Odiar a Messi

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“Un día compareció en el campo con la cucharilla de plástico del café en la boca y no la soltó hasta que se acabó el rondo. Aquel gesto fue interpretado como una señal de que Messi estaba contrariado, porque alguien no le había pasado el balón o quién sabe por qué demonios. Nadie intervino, sin embargo, para saber el motivo. Mejor así. (…) Messi se enfada y desenfada sin que nadie pueda poner remedio, sino que hay que aguardar a que se le pase: La Pulga agacha entonces la cabeza, hace ver como que no ha pasado nada y se reincorpora al grupo sin que nadie le diga nada. Así se disculpa. Aceptado.”

Hace algunos años, el periodista Ramon Besa explicaba en “Messi, el niño del campeón” algunos episodios que ayudaban a descifrar el enigmático carácter del genial jugador argentino: “Messi es capaz de asistir a una juerga autorizada de sus compañeros y no levantarse de la silla en toda la madrugada sin haber cruzado palabra casi con nadie”. Poco amigo de los micrófonos y de las declaraciones, de exponer sus pensamientos o su estado de ánimo, el seguidor de Leo está acostumbrado a descifrar a La Pulga por su gestualidad, su ceño fruncido, su sonrisa bobalicona y su forma de correr. O de andar. Como si de un cordel umbilical los uniera, el culé se duele con las tarascadas que recibe el rosarino y se palpa el bíceps femoral a la par que el 10. La felicidad y la tristeza de ambos están tan ligadas que, llegados a este punto, extraña que haya quien sienta una necesidad repentina de desapego, de desafección. Incluso de desmemorización. Como aquel que ha vivido por y para el amor de su vida y, de repente, un día se siente traicionado, decepcionado, a pesar de haberlo tenido todo, y reniega de la persona amada.

 

Messi, Balón de Oro del Mundial de Brasil La voz del balón​

Mientras que algunos hablan con palabras y otros prefieren hacerlo con hechos, Messi se expresa exclusivamente a través del balón. Sus ruedas de prensa se celebran en el césped y se inmortalizan en su sala de trofeos. Así ha tapado bocas. Hace algunas temporadas metió 47 tantos. Se le criticó por egoísta, por no querer ser substituido nunca, así que la siguiente marcó 53. En esa ocasión, sus supuestas desavenencias con sus compañeros de ataque originaron los reproches. Messi contestó con 73 goles (50 en Liga). Lo siguiente que se le recriminó fue su excesivo influjo en el juego barcelonista. De nuevo, su respuesta en el césped se saldó con una monstruosa cifra de goles: 60.

En su introversión, en el mundo restringido en el que siempre ha vivido, se configuró como un extraterrestre, como el mayor depredador del gol que jamás haya existido en la faz de la tierra. La impotencia que generaba el juego de Messi y de sus compañeros era tal que provocaba desesperación en sus rivales. “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

La inquina hacia Leo Messi provocaba el mismo efecto en el crack argentino que los desafíos en Michael Jordan:

“En un partido contra los Chicago Bulls en Salt Lake City Michael hizo un mate por encima de John Stockton (1,85 m). Un instante después la pista se ve invadida por las palabras Hey, Jordan, why don’t you pick on someone your own size?, provocación que Jordan escuchó perfectamente. Cuando recibió la pelota de nuevo hizo un mate por encima de Mel Turpin (2,11 m) y se volvió al espectador diciéndole: “¿Éste es suficientemente alto?” La línea de su mirada en el preciso instante en que responde, décimas antes de atravesar la media pista, señala un destino que a pesar de escapar a las cámaras se antoja incuestionable: la butaca de Larry Miller, propietario de los Utah Jazz.” *

Si a través del juego no podían dominarle, la campaña, basada en anécdotas de patio de colegio, era meridiana: convertir a Messi en un ser despótico.

El pequeño Dictador

 “A Villa, por ejemplo, le advirtieron nada más llegar al Barcelona que se olvidara de competir a goles con La Pulga y a Thiago le tienen dicho que por más artista que se sienta, mejor que le pase al balón a Leo y aguardar a que se lo devuelva, como signo de que ha sido admitido”.

Esta anécdota, relatada de nuevo por Ramon Besa, fue tergiversada y utilizada por ciertos sectores para desestabilizarlo, para encontrar su supuesto reverso tenebroso. Una situación que, explicada años ha por el Señor de los Anillos, Phil Jackson, no sólo no fue polémica sino que se convirtió, al instante, en literatura deportiva: “Si te encuentras a Buda (Michael Jordan) en la zona, dale el balón”. Extrapólenlo al 10 del Barça.

Los desmanes protagonizados por Messi le convierten, como mucho, en un tipo especialito, con un carácter muy particular, algo muy común en un genio, pero que le sitúa como un mero aprendiz de otros Dioses del Olimpo del Deporte con actitudes verdaderamente dictatoriales. Veáse, de nuevo, Michael Jordan:

“Tras el quinto partido de la Final de la Conferencia Este de 1989, parecía que aquel año tampoco iba a poder ser. Chicago se había adelantado por dos veces, pero los Pistons habían conseguido empatar y ahora ganaban la serie 3-2. Jordan estaba realmente cabreado. Las llamadas Jordan Rules le habían dejado en 18 puntos y, sobre todo, solo había realizado 8 lanzamientos de campo en 46 minutos en cancha. Era obvio que alguien tenía que pagar los platos rotos. Cuando Jordan llega el último al avión de los Bulls puesto que siempre es el que tiene que atender a prensa, patrocinadores y aficionados, sus compañeros están sentados y a punto de comenzar a cenar. Al pasar junto a Horace Grant da un manotazo a la bandeja de éste y tira su cena al suelo. En opinión de Jordan, no se merecía comer tras haber realizado un partido bastante flojo (4 puntos y 1 rebote). Grant y Jordan tuvieron que ser separados por el resto de sus compañeros antes de llegar a las manos”. **

Llamando al Doctor Green

Esta temporada el Camp Nou ha visto deambular a Messi por el césped con un rictus duro y una aparente despreocupación por todo aquello que sucediera a más de dos metros cuadrados de su persona. La Pulga ha sellado su peor temporada como blaugrana con nada más y nada menos que 41 goles, un registro estratosférico, por encima de cracks históricos.

Veáse Romario

Veáse también Ronado

Veáse también Rivaldo

Veáse también Ronaldinho

Tras su discreto papel en el Mundial, se vislumbran ciertas sonrisitas del tipo “yo ya lo sabía” y se alzan voces de ultratumba que aseveran sin un atisbo de duda: “ahora es el momento de vender a Messi”. Las espadas están en lo alto y hay quien espera una señal, como cuando en un hospital llaman a la enfermera Flamingo o al doctor Green (no existen, la enfermera Flamingo significa que hay un incendio y el doctor Green, un suicidio) o como cuando un cajero de un supermercado pide monedas pequeñas por megafonía (quiere decir que hay una mujer guapa en la cola y todo el mundo tiene que ir a mirarla). Léase una señal para hacer salir a Messi en globo.

Háblale a La Vieja, Leo

Es fácil querer a Messi pero da la sensación de que todavía es más sencillo renegar de él. Los que optan por esta segunda opción se están perdiendo al mejor futbolista de la historia. Aún con la dichosa mácula de la Copa del Mundo. La legión de las causas de su bajón es variopinta: problemas con el fisco, problemas físicos, problemas personales, problemas psicológicos, problemas paternos, problemas monetarios, el misterioso caso de los vómitos recurrentes… lo que sea para evitar pensar en una hipotética opción que provocaría pavor y sudores fríos: que Leo Messi se haya extinguido.

Con esta incertidumbre, los que veneran a Messi le esperan. Aguardan a que pase el luto, a que descanse y a que vuelva a ilusionarse. Aguardan hasta que vuelva a pisar el Camp Nou y hable de nuevo, tal y como lo hace él, a través de ‘La Vieja’, como la llamaba Alfredo Di Stéfano.

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*Extracto editado del artículo “No desafíes a Jordan”, del periodista Gonzalo Vázquez8 ():

** Extracto del artículo “Michael Jordan en 23 frases”, de Arturo Peñalba

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Written by @robertlozano_

16 julio, 2014 at 8:41 AM

Reinventar el Barça

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“En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará”.*

El Barça ha burlado el tiempo durante un par de temporadas con remaches, moratorias y apósitos mientras se tambaleaba sostenido por la gratitud, la nostalgia y una Liga de 100 puntos. Las consecuencias de la inacción explotaron en Valladolid, un partido que al correr de los años se recordará como el funeral de un conjunto histórico. La herencia del mejor equipo de todos los tiempos se dilapidó en el césped del José Zorrilla el 8 de marzo de 2014, cuando aún duraba la fragancia que deja el perfume de una bella mujer después de abandonar la sala.

El destello de Manchester (0-2) fue como mirar la luz de una estrella que desapareció tiempo ha y que nos remite al pasado. Imbuido en la ciclotimia, el equipo de Martino es capaz de padecer distintos episodios de excitación y depresión en un mismo encuentro y pasar de maravillar a angustiar (Valencia, Almería) sin dejar margen para la digestión. En Valladolid los futbolistas parecieron adolecer una extraña enfermedad, como si de 11 Leonards (Memento) se trataran, capaces de recordar cómo realizar acciones cotidianas, pero incapaces de almacenar recuerdos de fiascos anteriores y ser conscientes de lo que se jugaban.

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La búsqueda

La toma de decisiones se ha pospuesto por miedo a la equivocación y se ha visto atenazada por la búsqueda de perfiles que no existen en el mercado. Defensas cuya prioridad no es defender y atacantes más valorados por su capacidad de combinar que de anotar. El Barça Total, ligado a una generación única, se había construido desde el centrocampismo, con un portero centrocampista (buen juego con los pies); defensas centrocampistas (buena salida de balón) y delanteros centrocampistas (buena combinación con el 10). Sin remplazos claros en La Masia, con jugadores reconvertidos y exprimidos como Mascherano o Alexis y con sus máximos exponentes vagando por los terrenos de juego, el Barça no encuentra relevo en el Planeta Fútbol, en el que sigue buscando futbolistas que sólo se diseñan y se moldean en el Camp Nou. La búsqueda, pues, puede ser eterna.

Si la mala noticia es que estamos en marzo y que el descalabro y la agonía pueden ser un vía crucis, la buena noticia es también que estamos en marzo y cualquier indicio de no querer asumir un cambio profundo y estructural sería insensato, imprudente e injustificable. La coartada del accidente que se esgrimió la temporada pasada en la derrota apabullante contra el Bayern ya no es válida a día de hoy.

Que la Dirección Deportiva siga hablando de pequeños retoques es demencial. Que el capitán culpe al césped del mal juego es ridículo. Que los futbolistas no den el corazón y el alma por el Barça es imperdonable.

Este Barça glorioso, tal y como lo conocíamos, ya no volverá. Y ahora hay que reinventarlo.

*Frase de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en la serie de televisión True Detective

Written by @robertlozano_

12 marzo, 2014 at 8:51 AM

Tatismo

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El tiempo, el desgaste y las circunstancias han marchitado lentamente lo que antaño fue una sinfonía ideada en un rectángulo de juego. La carencia de soluciones, de creatividad y, especialmente, la inacción a la hora de dar relevo a figuras claves de los últimos años, ha llevado, en este principio de temporada, a poner en duda el estilo Barça, algo que debería ser innegociable –no por inflexible o inamovible- sino porque atenta contra lo más sagrado de una persona o institución: su identidad.

Más allá de nuestro pequeño país, los amantes del fútbol no conocen al Barça por el número de Copas de Europa que lustran las vitrinas del Museu, sino por practicar el juego más bello de la historia de este deporte. Un juego al que, además, añadió ese caprichoso componente que es la victoria. A los que anhelan el triunfo por encima de todas las cosas hay que recordarles que cuando se aplicó este estilo a la perfección se ganó todo. Todo. El Barça de Guardiola, vale la pena decirlo, no fue la Holanda del 74.

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Tata Martino, con su célebre polo pistacho

Pero la estrepitosa caída ante el Bayern, la enfermedad de Vilanova y los síntomas de desfallecimiento del que fue el mejor equipo de fútbol de la historia propiciaron la llegada de Gerardo Martino al banquillo blaugrana, un alivio para los detractores de la doctrina Guardiola e incluso para los propios futbolistas. Los primeros aprovecharon las derrotas para aducir que Pep era un integrista que moría por una única idea, carente de plan alternativo y soluciones de emergencia cuando los partidos se torcían. En cuanto a los jugadores, ¡ay, los jugadores!, estaban tan exasperados por la enorme exigencia del técnico de Santpedor, que vieron con buenos ojos a un entrenador más maleable y dispuesto a ceder a sus antojos. No cabe duda de que hacer las cosas perfectas requiere un esfuerzo y un desgaste que el ser humano no está dispuesto a alargar más de lo estrictamente necesario. Y, al fin y al cabo, ¡ya se había ganado todo!

Sin rumbo

Valdés, Cesc, Piqué o Alves han aplaudido las alternativas que predica Martino, elementos como el desplazamiento en largo, el contraataque, las transiciones rápidas o, por qué no, los disparos desde fuera del área. Y es que el toque, toque, toque empezaba a agotar a algunos… Pero el Tata aún no sabe dónde quiere ir o cómo expresa Daniel Cana: “Martino quiere toque y en largo. Presión alta y control. Laterales que suban y coberturas. Entrenar y descansar. Y así…” Abrumado por la prensa y el entorno, cierra filas y se apoya en sus jugadores –algunos en claro declive- y en decisiones fáciles como no fichar para no romper equilibrios, introducir las lógicas rotaciones y predicar a voz en cuello que el estilo del Barça, el de los últimos años, no se toca. “Mi incidencia en el equipo sigue siendo mínima”, reconoció después del Clásico un entrenador que deberá empezar a tomar partido por un rumbo en concreto y a tomar decisiones, probablemente duras, más pronto que tarde.

Martino cuenta, eso sí, con un carácter afable, respuestas francas y el margen de una prensa que todavía no ha ido a por él porque no ha perdido. Temporada de transición para el Tata, que tiene sobre la mesa los frentes más complejos que ha afrontado el club en los últimos años. Esto es, sustituir al mejor portero de la historia del Barça, no aplazar más la cuestión de los centrales, encontrar un relevo a Xavi –auténtico arquitecto de este estilo- y mantener motivado a Messi, apodado ‘El Extraterrestre’, y no sólo por su extraordinario fútbol.

Las victorias, que van y vienen, son mucho más solubles que un estilo reconocido y admirado.  Pasan las jornadas y el soliloquio del Barça languidece por su monotonía, decrepitud y un cambio de rumbo indefinido.

Written by @robertlozano_

30 octubre, 2013 at 6:36 PM

La metamorfosis

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ImagenCuando Cristiano Ronaldo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un letal futbolista. A su derecha, sobre la mesita de noche, una pequeña caja de metal  con una cerradura diminuta guardaba un ego enorme que luchaba por salir y hacía vibrar ligeramente el arca que la custodiaba. Ronaldo, sin embargo, se había tragado la llave.

La bestia blanca ha tardado unas cuantas primaveras en caer en la cuenta de que es mucho más temible concentrado en su fútbol que embelesado por su peinado, sus fuertes muslos o la pulga atómica que habita en el Camp Nou. El tiempo que le ha llevado madurar.

Cada vez más alejado de las chifladuras de Mourinho, de las guerrillas internas, de la incapacidad de los delanteros blancos, de la aquiescencia de Florentino y de las declaraciones esperpénticas, Ronaldo se ha aupado el Madrid a la espalda y, alienado del ruido, carga con él por Europa.

El 7 madridista ha abandonado los visos de atleta para transformarse en un futbolista que representa más para el Madrid que Messi para el Barça. A día de hoy Ronaldo es más importante que el propio estadio Santiago Bernabéu porque sin él, este Madrid descubre sus vergüenzas, el montaje vacío que ha construido Mourinho. Tras Ronaldo se oculta el precipicio. No es casual que, después del portugués, Varane sea el jugador más adulado por la grada y los medios. Hablamos, no lo olvidemos, de un jugador que todavía no se afeita por las mañanas.

A falta de conocer rival en semifinales, Ronaldo tiene entre ceja y ceja la décima y el transitar en la Liga le obliga a morir por esta Champions. Resignado, convertido en jugador de equipo, CR7 se ve obligado a actuar en contra de su naturaleza indómita. Pero no mira a los lados. Ni mucho menos atrás. Con la portería rival como santo y seña, su patología competitiva y sus ansias de superación, obligará al Barça de Tito a ser más equipo que nunca y a hacer, justamente, lo opuesto que el Madrid. A independizarse de Messi.  

Written by @robertlozano_

10 abril, 2013 at 12:23 PM

Partida de sepelio por el 9

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La figura del delantero centro está en decadencia. Los dos mejores equipos de fútbol del mundo (El Barça y La Roja), han puesto en entredicho esta figura, vanagloriada y laureada por el Planeta Fútbol desde que empezó a rodar el balón en la campiña inglesa tiempo ha. Ambos conjuntos han demostrado que se puede ganar absolutamente todo sin contar con esa pieza sacrosanta que contribuía con el principio y el fin de todas las cosas: el gol.

Cruyff, Guardiola, Del Bosque, Messi, Cristiano Ronaldo o Cesc son algunas figuras fundamentales de esta partida de sepelio por el nueve.

“…Cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…”

El que mira el partido en la pantalla es Guardiola, ejecutor de delanteros exquisitos como Samuel Eto’o o Zlatan Ibrahimovic, conversor de David Villa y devoto de Lionel Messi. El ex entrenador del Barça sacrificó al 9 porque entorpecía los movimientos del 10 y afeaba el juego del resto del conjunto. En una formación en la que el gol parecía una penitencia necesaria, el delantero centro era el tipo que golpeaba el balón con saña después de que Iniesta, Xavi o Busquets lo hubieran acariciado, mimado y adulado. Un bárbaro.

Para Guardiola el razonamiento era un juego de niños: si tus mejores jugadores son centrocampistas y además son los mejores del mundo, ponlos a todos. Si además cuentas con un Extraterrestre que anota 70 goles por temporada, ¿para qué narices necesitas a un Exterminador en un equipo de ángeles?

Los paralelismos de La Roja

La Roja, guste o no, es un apéndice del Barça, ni que sea por número de efectivos y por manual de estilo. Y en esta Eurocopa, más que nunca. El equipo de Del Bosque ha expresado las mismas virtudes y las mismas carencias que el Barça de la pasada temporada: control total y juego excelso pero, en ocasiones, sincopado y excesivamente retórico. Al margen de los seguidores del Barça, con ojos adiestrados en este juego, la mayoría de opinadores han atacado el estilo del equipo de Vicente del Bosque por aburrido y carente de pegada. A muchos les escocían los ojos cuando miraban el banquillo y veían a Llorente (0 minutos en la Eurocopa); Negredo (papel testimonial); y Fernando Torres (bota de oro del torneo con tres tantos).

Cesc, que ha “ursurpado” esta posición en el campo, ha tenido un papel capital en el combinado español y todo hace prever que será una de las piezas claves del Barça de Tito Vilanova, auténtico valedor de su fichaje.

Ronaldo y Messi también han contribuido a azuzar este debate. El número 1 y el número 2 del mundo no son un 7, ni un 9, ni un 10, sino lo que les da la gana, y terminan las temporadas con más de 30 goles de diferencia respecto a 9 clásicos, a estiletes de pura raza como Gómez, Huntelaar, Giroud, Ronney, Balotelli o Mandzukic.

No sabemos si se trata de un episodio pasajero en la historia del fútbol, a la espera del nacimiento de una nueva hornada de Ronaldos, Romarios o Hugos Sánchez, un hecho puntual de dos equipos muy particulares o una evolución del juego. Pero lo que está claro es que dos de los equipos más excelsos de la historia de este deporte lo han ganado todo “asesinado” al profeta, al Dios del gol.

Que el 9 descanse en paz.

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Alta fidelidad

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En la Tribuna siempre hace frío. Es una parcela de blanco y negro, auriculares, arrugas, rezongos, puros, tribulaciones y miradas aviesas. Bajo la cubierta del Camp Nou, se calla o se sentencia. Dedo justiciero del Coliseo que carga contra el árbitro (“burru!”) o contra Villa (“no es para el Barça”) por igual, la zona noble del Estadi es, probablemente, el lugar del mundo en el que se concentran más entrenadores de postín por metro cuadrado. Los partidos de estos fieles se concentran en 70 minutos y se recortan 10 por delante (para que se me vea) y 10 por detrás (para evitar el vulgo). Afortunadamente para ellos, el Diez marcó en el once otro de sus goles antológicos que da la vuelta al mundo y maravilla a todos por igual. A todos menos a Argentina, donde los goles de La Pulga con la elástica blaugrana provocan muecas y afean el semblante.

El rival de cada fin de semana pasa por ser un mero dato circunstancial en un Barça de probeta, gestado en los sótanos del Camp Nou, y que evoluciona y desanda según la enfermería y el partido en cuestión. La flexibilidad de Guardiola y su tremenda capacidad pedagógica para inculcar el “idioma Barça” es una de las grandes claves de un equipo que muta como una cepa para sortear los antídotos rivales. El Barça siempre va un paso por delante.

El primer partido de Liga de la era Guardiola (2008-2009), disputado en el estadio de Los Pajaritos, contaba con la siguiente alineación: Valdés; Alves, Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Cambien a Márquez por Piqué, a Touré por Thiago y a Eto’o y Henry por Villa y Pedro y obtendrán un planteamiento similar con cientos de matices de diferencia. Acabó en derrota, críticas y, finalmente, en un triplete. La esencia de hoy es la misma que la de ayer pero los jugadores interpretan el idioma diez mil veces mejor. Los 4-3-3, 3-4-3 o 2-3-3-2, ya lo dice Mennoti, son simples números de teléfono. Lo importante es la alineación.

Y la alineación contaba con la génesis de Messi (pegado a la cal y andando), y un Thiago en la posición orbital del Barça, la del 4. El brasileño, como Pedro o Villa, se alejan del foco y la brillantina y otorgan tanto protagonismo a sus compañeros que sus actuaciones, en ocasiones, flotan en el limbo. Pero son ellos, estudiantes aplicados, los que hablan el lenguaje del Barça a la perfección.

Si en el “Idioma Barça” Messi es el adjetivo y Xavi el verbo, Thiago, Pedro y Villa son las preposiciones, enganches ingratos que dan sentido y forma al juego. Especial atención merece Thiago, un jugador propenso a la filigrana, el tacón y la rabona, a la floritura y el juego de la grada. Un mago que se reserva sus trucos en la chistera para convertirse en un guardia de tráfico del medio campo, sencillo, pragmático y efectivo. Para cumplir con lo que pide Guardiola: alta fidelidad.

Written by @robertlozano_

17 octubre, 2011 at 1:05 PM

El efecto halo

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La noción de equipo es una concepción cristiana. Con sus ventajas y sus desventajas, con sus méritos y sus vicios. Como todo el mundo sabe, un buen equipo puede perder contra uno peor e incluso un equipo extraordinario puede ser derrotado por un conjunto vulgar. Y de hecho esta ecuación indefinida es la que produce la emoción y la atracción, la que ofrece la incertidumbre del resultado. Originalmente, el fútbol era uno de los deportes con más sorpresas. Mucho más que el baloncesto o que el balonmano, donde habitualmente los mejores se acaban imponiendo. Tan sólo conjuntos extraordinarios, surgidos de oscuras forjas cada muchos años, revientan esta incertidumbre que ha hecho del fútbol un deporte preciado. El Barça, señalado últimamente como enemigo público de la emoción y máximo responsable de erradicar este bello tesoro que es la incógnita del resultado, ha empezado la temporada regalando humanidad y esperanza a los protestantes y quizá devolviendo ese elemento arrogante que sólo tiene el fútbol, ese denominado “efecto halo”.

A partir de hoy, un buen número de culés aprovecharán para cargar sus arcos y disparar al talón de este Barça, divino durante tres años seguidos, y ¿por qué no? quemar en la hoguera a ciertos individuos del equipo e incluso a líneas en general. Las críticas exageradas del aficionado culé son tan endémicas y tan difíciles de borrar que ni 10 Champions League seguidas, y ni tan siquiera el ungido Guardiola lograrían erradicarlas. Y éste, que siempre ha sido y siempre será el problema del Barça, se lleva con resignación como “la piel que habito”.

Un combate singular

Cuando el equipo titubea, los ojos se clavan en Messi, ese tipo bajito que absorbe las esperanzas barcelonistas. Cuando todo parece perdido, cuando el panorama es desalentador, siempre hay un resquicio de ilusión que te dice que, de alguna manera, por arte de birlibirloque, Messi aparecerá y resolverá. Pero, lógicamente, esto a veces no sucede.

“En las culturas arcaicas, las figuras en las que se depositaba toda esperanza, eran elevadas a la condición de héroes y se escogían para el Combate Singular. Eran individuos reverenciados y ensalzados, se escribían canciones y poemas sobre ellos, se les otorgaban todos los honores y favores razonables y, mujeres y niños, e incluso hombres adultos, lloraban conmovidos por su presencia”. Lógicamente, esto era así porque el destino de un pueblo o una civilización dependían exclusivamente de ellos. En el Combate Singular, frecuente en el período precristiano, el soldado más poderoso de un ejército combatía con el soldado más poderoso del otro como sustituto del combate generalizado entre todas las fuerzas de ambos bandos. En principio tenía un significado mágico y se utilizaba como un sondeo del destino. Pero en algunos casos también determinaba el resultado de la batalla general, al tratarse de un presagio divino.

Aplicado al fútbol, Messi sería siempre el elegido para un Combate Singular. Y siempre ganaría. Pero hasta que las normas no regresen al precristianismo, este equipo ha demostrado y demuestra con creces con su juego que es el mejor del mundo. Incluso a pesar de dos empates.

*El entrecomillado pertenece a un fragmento de “Lo que hay que tener”, de Tom Wolfe

Written by @robertlozano_

14 septiembre, 2011 at 10:25 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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