DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

Un cuento de tristeza

leave a comment »

“Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”.

Bill Shankly, leyenda delLiverpool, dixit. Arquetípico retrato robot del genio excesivo y procaz, las palabras del manager de los Reds rechinaban tanto como fascinaban. Old school. 

 El fútbol: una estupidez enfermiza para muchos, un cordón vital para otros. Cuestión de empatías. El gol de Iniesta en Stamford Bridge provocó, nueve meses después, un incremento de la natalidad, y el descenso de algunos equipos de fútbol ha sido el detonante de suicidios y batallas campales. El fútbol ha motivado manifestaciones y guerras y ha inyectado felicidad transitoria a países enteros.

Este deporte tiene el poder de transformar a personas serias en auténticos energúmenos y hacer llorar como plañideras desconsoladas a hombretones hechos y derechos. Pero también une a las personas y estrecha los vínculos familiares. El fútbol, entendido como un sentimiento capaz de despertar la más alta y la más baja de las pasiones, es uno de los elementos más poderosos de la sociedad contemporánea.

Añadan la crisis a este cóctel. El momento actual. La desesperación, la tristeza, el pesimismo, el disgusto. Y el sábado en el Camp Nou. Un tipo con una vida común, con problemas comunes de los días de hoy. Sentado en la gradería, con la mirada perdida y las gafas empañadas. El cielo se está cebando con él. La lluvia lo moja como a un pato y los mechones rizados emplastados le caen sobre la frente. Y su equipo pierde. Su Barça, esa ensoñación que lo separa 90 minutos de la vida real, muere en la orilla ante el rival que provoca más daño. Una punzada dolorosa en el espinazo. Una dosis más a un bote colmado de tristeza. Rebosa. Shit happens.

 Sólo entonces recuerda las palabras de Atticus Finch:

 “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”. 

Written by @robertlozano_

23 abril, 2012 at 11:44 AM

La génesis del nuevo aficionado del Barça

with one comment

Venían de dos años de depresión. De que el Jogo Bonito se diluyera en la autocomplacencia y en la noche. Deberían haber marcado una época pero sólo fueron un compás orgásmico, un sueño roto en un ocaso prematuro. El por qué todavía representa hoy un sombrío misterio, una inexplicable concatenación de infortunios.  Nunca una estrella dilapidó con tal precipitación el fulgor y se desintegró con semejante dramatismo: Ronaldinho. Su “muerte” significó el nacimiento de una pulga que se transformó en un titán, en un extraterrestre. El chico de los recados que llegó a ser Emperador. Las brasas de ese Barça de Rijkaard ayudaron a construir un sueño mucho más intenso, una idea que se escapaba con tan sólo pensar en ella. 

6 de mayo de 2009. Temor, dudas históricas, complejos. Stamford Bridge era la última frontera. El Barça, en una temporada extraordinaria, estaba a una gota de sudor de quedar apeado de la final de Roma. Como casi siempre. Era un dolor conocido que no podía enturbiar una primera temporada de un entrenador novel y de unos jugadores en revalida. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi. Su dimensión no era, ni por asomo, la que tienen hoy en día. Pero el fútbol es caprichoso y los hados decidieron que un grandísimo equipo debía cruzar el Rubicón para convertirse en una leyenda. En el minuto 93 cambiaron los designios de un club y de unos aficionados que perdieron la voz y estallaron en lágrimas. Esa noche millones de barcelonistas chutaron con la enjuta pierna de Andrés Iniesta y, todavía hoy, se estremecen rememorando ese gol. Ese gol fue la génesis del Barça de Guardiola. Pero, sobre todo, propició un cambio en la mentalidad y el sentir autodestructivo del aficionado culé. Y ese será, precisamente, el legado más preciado que dejará Josep Guardiola.

Written by @robertlozano_

18 abril, 2012 at 9:14 AM

Más famoso que el fútbol

with 2 comments

Por encima de las estrellas, Messi observa el Planeta Fútbol cada vez más sintonizado en el papel de líder y de referente que le corresponde. La Pulga ha vivido durante mucho tiempo de su inigualable calidad y de su devastador registro de goles y jugadas imposibles. En sus inicios recordamos esa medio sonrisa tímida y bobalicona, cuando todavía era el chico de los recados de Ronaldinho. Desde la grada hemos observado con los ojos entornados sus periodos de autismo y de hermetismo crónico porque al Extraterrestre le gusta vivir en esa burbuja que representa el rectángulo de juego. Todo lo que traspasa la cal parece importarle un comino. Y, justamente ahí, en esa desgana absoluta por todo lo que no sea un balón de fútbol, radica su éxito. Así, ni más ni menos, es como el jugador de Rosario se ha convertido en el mejor futbolista de todos los tiempos. 

Durante la etapa Guardiola, sin embargo, su evolución como futbolista, en el significado más hondo y más extenso de la palabra, ha sido prodigiosa. Podríamos elaborar aquí una compleja teoría sobre las circunstancias y la estética. De por qué un deportista se cambia de peinado o se tatúa la cara de su madre. Las cosas no pasan porque sí y, usualmente, los cambios estéticos suelen ir ligados a diferentes estados de ánimo. La cuestión, a bote pronto, es que Messi luce barba, cabello corto y ceño fruncido de serie desde hace unos pocos meses. El argentino ya no se corta y replica a los árbitros, dialoga con ellos y se enfurece cuando lo cosen a patadas. Si los jóvenes aprendices del idioma no comulgan con su órbita (esto es que no le pasan el balón cuando él lo considera oportuno) no duda en regañarles y censurarles por salirse del guión. Véanse episodios con aspavientos a Thiago, Cuenca o Tello.

Messi se ha hecho mayor y, lo que es más significativo, ha tomado conciencia de su figura, de lo alargada que es su sombra y de la influencia que ejerce en este Barcelona. Cuando Guardiola decida marcharse, el peso del Club recaerá inexorablemente sobre las espaldas del astro argentino y, a falta de una figura presidencial enérgica, esto se percibe con amarga angustia porque Messi sólo habla en el terreno de juego.

Ali y Messi. Messi y Ali

Hace unos años, los estadounidenses votaron a Muhammad Ali como el mejor deportista de todos los tiempos. Aquí abriríamos un debate extraordinario pero lo cierto es que Ali es una de las figuras relacionadas con el mundo del deporte más relevantes de la historia. No sólo eso. “The greatest” fue uno de los personajes más ilustres de la segunda mitad del siglo XX, codeándose con los Beatles, Malcom X o John F. Kennedy. Y además de eso era boxeador. El mejor. Pero su figura empequeñeció al deporte y trascendió de él. Su conversión al Islam, la lucha por la igualdad de los derechos civiles de los negros, su renuncia a Vietnam y su carácter estrafalario, fanfarrón y dramatizado le otorgaron una aureola tan sumamente especial que es imposible de igualar. Por más que uno sea el mejor de la historia en su deporte. La figura de Ali era tan o más trascendental fuera del cuadrilátero que dentro de él. Y, en ocasiones, su lengua viperina era más temida que sus fulminantes jab de izquierdas.

Cuando en los sesenta Muhammad Ali viajó a Egipto se entrevistó con el líder político Kwame Nkrumah, fue vitoreado por gentes de pueblos remotos y lo reconocieron en lugares donde nadie había oído hablar nunca de Joe Louis, y mucho menos de Rocky Marciano. “Aquello fue su primer contacto con lo que significaba Muhammad Ali, símbolo internacional, un púgil más importante que el propio campeonato del mundo, el hombre más famoso dela Tierra. Era el principio de la transfiguración de Ali”.

Su locuacidad y su impertinencia nunca fueron bien acogidas por sus coetáneos. Y mucho menos por la élite blanca, ni por los plumillas deportivos de la época, ni por los políticos. Cassius Clay era una figura incómoda porque decía cosas, un fenómeno incomprensible, por revolucionario y provocador.

A Messi no se le recuerda una frase fuera de los terrenos de juego. Ni falta que hace. Como mucho ese “y el año que viene vamos a seguir y lo vamos a a ganar todoooo”,  que mal pronunció durante la celebración del Triplete, producto de una embriaguez etílica jocosa.

Durante años, la estrella del Barça se ha asemejado a un extraterrestre, a un replicante del Doctor Manhattan (The Watchmen), tremendamente alejado de la sociedad de a pie. Puede que Messi acabe siendo más famoso que el propio fútbol e incluso puede que sea considerado como el mejor deportista de todos los tiempos si nos ceñimos estrictamente a esta expresión. Deporte. En todo caso, Messi podrá ser Michael Jordan, pero nunca será Muhammad Ali. Y que a nadie le extrañe que, de aquí a muchos años, cuando decida acabar su gloriosa carrera, La Pulga nos deje con un lacónico: “me voy de esta galaxia… a una menos complicada.”

Una historia de violencia

leave a comment »

Cuando esa piedra impactó en la sien de Khaled Lemmouchia el fútbol dejó de ser un juego “donde se corre detrás de una pelotita” para convertirse en una excusa, en un canalizador de un sentir más profundo, mucho más trascendente. Las lunas del autobús que conducía a la selección de Argelia estallaron en mil pedazos y decenas de proyectiles silbaron sobre las cabezas de los futbolistas. La nariz del delantero Karim Matmourapenas olió el dolor de un impacto que esquivó por escasos centímetros. No tuvo tanta suerte el jugador del Fulham Rafik Halliche. La sangre cubría su rostro, del que colgaba una tira de carne y pelo donde antes había habido una ceja. La escena dantesca de los futbolistas argelinos agazapados bajo los asientos y desparramados en el pasillo del autocar rezumaba a pánico, a gritos, a sangre y a cristales hechos añicos. Pero, sobre todo, desprendía un hedor rancio a odio visceral arraigado en el tiempo y que iba mucho más allá de un partido de fútbol. Así fue la infame comitiva de bienvenida a El Cairo. Dos días después, Argelia y Egipto debían disputar un partido que decidiría el sexto representante del continente en el Mundial de Sudáfrica pero, sobre todo, señalaría al embajador del mundo árabe en el evento deportivo más visto de la historia.

La FIFA no dijo esta boca es mía y dos días después, el 14 de noviembre de 2009, se disputó el partido, tal y como estaba previsto. Un par de jugadores argelinos “lucieron” vendajes en recuerdo de un intento de lapidación que se saldó con tres heridos y diversos jugadores con cortes y magulladuras de distinta consideración. El encuentro, jugado en un clima tenso y enrarecido, llegó al minuto 90 con la victoria por la mínima de los “faraones”. Pero ese resultado no servía, necesitaban un tanto más y, cuando pasaban 6 minutos del tiempo reglamentario, llegó el remate de cabeza de Emad Moteab. Un gol que enloqueció a un país y enervó a otro. El definitivo 2 a 0 provocaba un empate a todo en la primera plaza del grupo C que obligaba a disputar un partido de desempate y desataba un conflicto de magnitudes impredecibles. Eran las ascuas de otra guerra del fútbol.

Escalada de tensiones

Dejarnos jugar el partido fue imprudente, hemos estado en peligro”, declaró el futbolista argelino Khaled Lemmouchia. “Salimos al campo lívidos. Si lo mismo les hubiese pasado a los egipcios, no habrían jugado y habrían ganado el partido en los despachos. Si la FIFA quiere que Egipto vaya al Mundial que lo diga claramente”, añadía con amargura el actual jugador del USM Alger.

Las consecuencias del partido de El Cairo no se hicieron esperar. El ministro de Sanidad de Egipto declaró tras el partido que 12 egipcios y 20 argelinos habían resultado heridos en los aledaños del estadio. Inmediatamente, en las capitales de los dos países, aficionados de ambas selecciones se enzarzaron en batallas campales que acabaron con más heridos, banderas quemadas y vehículos incendiados. La noche no consiguió apaciguar los ánimos. A la mañana siguiente, en Argelia se había desatado una ola de violencia contra todo lo que oliera a egipcio. Diversas empresas y comercios asentados en Argel fueron saqueados y 35 empleados de nacionalidad egipcia de la empresa de telecomunicaciones Orascom tuvieron que abandonar Argelia junto a sus familias. Sus casas habían sido arrasadas. Durante los enfrentamientos, 14 policías resultaron heridos y, para evitar males mayores, se cerraron todas las calles que conducían a la Embajada de Egipto en Argel. En los periódicos y en las televisiones argelinas las imágenes de los futbolistas vendados tras el ataque egipcio se reproducían como un bucle infinito, una y otra vez.

Por aquel entonces Oriol trabajaba para una empresa española en Orán, la segunda ciudad de Argelia: “La verdad es que esas imágenes continuaron apareciendo en los medios, aún, varios meses después”. El incidente de El Cairo actúo como una válvula de escape que encendió una chispa de emoción en el letargo argelino. “A pesar de su tamaño, Argelia parece un país invisible, un país en el que la palpitación social es casi nula, donde nunca pasa nada”, explica Oriol. “Pero cada 20 o 30 años todo salta por los aires en forma de guerra de liberación, a razón de 100.000 o 200.000 muertos cada vez”, añade.

El fútbol y la política discurren en un fino alambre y la tensión social se trasladó rápidamente de los terrenos de juego a los despachos. Dirigentes de ambos países se telefonearon para evitar que los incidentes de un partido de fútbol pudieran afectar a las relaciones diplomáticas de los dos países. Pero algunos actos contradecían las buenas y bien intencionadas palabras. El presidente de la Federación de Fútbol de Argelia, Mohamed Raouraoua, acusó a su homólogo egipcio de ser el responsable de los incidentes en El Cairo. Por su parte, Egipto amenazó a la FIFA con retirarse del fútbol durante dos años si no sancionaba a Argelia.Egipto no tolera a aquellos que hieren la dignidad de sus hijos. No queremos que nos arrastren a reacciones impulsivas, pero estoy agitado yo también”, advirtió en un comunicado el entonces presidente, Hosni Mubarak. En un ambiente en el que saltaban chispas, ambos países hacían malabares con nitroglicerina. Y en el horizonte próximo, otro partido de fútbol. El desempate en Sudán.

Khartum… Insha’Allah”

A diferencia de Argel, Orán vivía instalada en una calma relativa. Nada que ver con la revuelta de hacía algo más de un año. En junio de 2008 el colonial y populoso barrio de St. Pierre salió a la calle armado con palos y piedras para protestar contra el descenso del segundo equipo de la ciudad, el ASM Orán (Association Sportive Musulmane d’Oran). Tras unos días convulsos, las protestas dieron resultado y el ASM mantuvo la categoría a cambio de una veintenade muertos, numerosas agresiones, atropellos y diversos suicidios. Dos años después descendería de nuevo irremisiblemente.

Pero en esa ocasión, quizá por su carácter más mestizo o, simplemente, por la ausencia de oportunidades (todo pasa en Argel), los altercados en Orán no fueron tan beligerantes. “La población se limitó a una de sus actividades más frecuentes: hacer cola, relata Oriol. Ya fuera para el subsidio de desempleo, para la paga de antiguo combatiente (moudjahidine) o para solicitar una vivienda social, esperar en una cola formaba parte de un hábito tan arraigado en la ciudad como el te con menta. Esta vez, la cola se producía ante las oficinas de Air Algérie, a causa de un nuevo rumor del “teléfono árabe” (lo que aquí llamaríamos boca-oreja): el Estado argelino facilitaría billetes y entradas gratuitas para el partido de desempate de Sudán.

Y el “teléfono árabe” cumplió su función. En Orán la gente se olvidó de todo lo demás. “Toda la ciudad suspiraba por esas entradas, se cruzaban miradas cómplices, ya fuera en un ascensor, en un taxi o en una mesa de restaurante: Khartum…Insha’Allah (si Dios quiere), decían mientras le dirigían una última mirada al Altísimo”, explica Oriol.

Las horas siguientes fueron confusas. “Por un lado el presidente Bouteflika cumplió parte de su promesa y aviones de pasajeros de Air Algérie fueron incautados por el “bien del pueblo”. Incluso algún compatriota español se vio privado de su billete Oran-Argel”. Finalmente, se estima que unos 4.000 aficionados se beneficiaron de esta medida excepcional. “Eso sí, el paquete a Sudán, lejos de ser gratuito, rondaba los 2.000€ en un país en el que un ingeniero acomodado cobra menos de 400€ al mes”, desvela Oriol.

Tambores de guerra

Omdurman, localidad vecina de Jartum, fue el escenario escogido para el desempate. El presidente de Sudán, Omar al-Bashir, celebró una recepción previa al encuentro para limar asperezas, pero los presidentes de la federación argelina y egipcia ni si quiera se saludaron. Las declaraciones pre partido tampoco presagiaban nada bueno. “Para ser sincero, sí, estoy preocupado”, confesaba Hazem el Hawary, de la Asociación de Fútbol de Egipto. Y los jugadores tampoco pusieron de su parte para rebajar el clima de tensión. “Todo el equipo está listo (…) para la guerra“, sentenciaba el defensa argelino Madjid Bougherra desafiando la contención impuesta por su federación. El estadio de Al-Merreikh, con capacidad para 41.000 espectadores, podía ser el escenario de un partido de fútbol. O de una guerra.

Los aficionados de Argelia fueron acomodados en un lado del estadio y los de Egipto en el opuesto. 15.000 policías sudaneses se encargaron de velar por la seguridad de ambas hinchadas. Pero el partido no pudo empezar peor. Cuando aún no se había cumplido un minuto de juego el jugador argelino Nadir Belhadj realizó una entrada espeluznante que se saldó con una tarjeta amarilla. Apenas dos minutos más tarde, el argelino Mourad Meghni y el egipcio Ahmed Assan casi llegan a las manos. El partido corría serio peligro, parecía que en cualquier momento podía producirse una avalancha incontenible pero, afortunadamente, a partir de ese instante los jugadores se centraron en el fútbol y, antes del descanso, el defensa Antar Yahya empalmaba un centro de Ziani para avanzar a los argelinos. En la segunda mitad, Aboutrika y Zaki actuaron como arietes en el asedio egipcio, pero la portería argelina aguantó el cero hasta el pitido final. Los ‘faraones’, ganadores de las dos últimas Copas de África, se quedaban sin Mundial. Esta vez, la cara de la moneda era para los argelinos, que volvían a jugar la Copa del Mundo 24 años después.

El gozo vivido unos días antes en El Cairo se trasladó 2.700 kilómetros al oeste. En Argel y en Orán, la alegría se desbordó por las calles. “Es curioso porque el Mundial no se vivió ni con la mitad de intensidad. Los argelinos se alegraron mucho más del camino que del destino”, comenta Oriol. En la cita mundialista Argelia quedó eliminada en la fase de grupos y se marchó a casa sin anotar un solo gol.

Pero la felicidad iba intrínsecamente ligada al odio y al sentimiento de revancha. Aficionados argelinos hirieron en Jartum a 21 egipcios, lo que provocó una reacción en cadena. Al otro lado del Mediterráneo, en París, Marsella y otras ciudades francesas con una numerosa comunidad argelina, se produjeron disturbios y arrestos. Egipto retiró temporalmente a su embajador de Argel y en El Cairo 150 manifestantes intentaron asaltar la Embajada de Argelia, pidieron la expulsión de su embajador, Abdelkader Hadjar, y hasta el cierre de la Institución. La Federación Egipcia de Fútbol (EFA) se retiró de la Unión Norte Africana de Fútbol (UNAF), formada por Túnez, Libia, Marruecos, Argelia y el propio Egipto y envió una carta a sus miembros explicándoles su versión de lo acontecido en Jartum.

Durante esas horas de máxima tensión hubo quien no dejó de mirar el cielo en ningún momento, aterrorizado, esperando en cualquier instante el estrépito de un bombardero y el restallido de una explosión. Pero justo cuando se temía que todo se rompiera, que esa ira explotara en mil pedazos y manchara a todo el mundo, los ánimos se apaciguaron y lo que podía haber sido una tragedia, afortunadamente, quedó en un amago, en una escaramuza.

La revancha de la Copa África

El destino, siempre tan caprichoso, quiso que Argelia y Egipto se enfrentaran de nuevo apenas dos meses después. En esta ocasión estaba en juego una plaza para la final de la Copa África. Con las calles todavía humeantes y las heridas sin restañar, los seleccionadores de ambos países intentaron detener la hemorragia.“Es sólo fútbol”, simplificaba el técnico de Argelia, Rabah Saadane. Su homólogo de Egipto se manifestaba en la misma línea: “Ha de ser sólo deporte y nada más“. Pero, de nuevo, sus esfuerzos cabales fueron pisoteados por los protagonistas del encuentro. “Este partido es una cuestión de vida o muerte. Será como una guerra”. El delantero egipcio y actual jugador del Borussia Dortmund, Mohamed Zidan, ponía de manifiesto que la eliminación del Mundial y los consecuentes episodios de violencia todavía seguían muy presentes en sus mentes: “para nosotros es una oportunidad de mostrar al mundo que merecíamos ir al Mundial y, si los vencemos, seremos capaces de ver el campeonato con orgullo. Somos mejor equipo”, sentenciaba.

Oriol explica estupefacto la repercusión de ese encuentro en Argelia. “Apenas le prestaron atención. En las calles había una extraña mezcla de desidia y baja autoestima que contrastaba con la adrenalina que segregó aquel histórico partido de desempate en Jartum”. En estas circunstancias, los presagios de Zidan se hicieron realidad y el 28 de enero de 2010 los “faraones” barrieron a Argelia por 4 a 0 y se adjudicaron su séptima Copa África tras vencer a Ghana en la final. Se cerraba así un episodio más de una de las rivalidades más extremas del planeta fútbol.

PUBLICADO EN JOT DOWN CULTURAL MAGAZINE

Written by @robertlozano_

1 marzo, 2012 at 10:16 AM

Publicado en Deporte, Fútbol, Política

Tagged with , , ,

¡No es fútbol, es geopolítica!

leave a comment »

Tengo el placer de anunciar que hoy he debutado en Jot Down Cultural Magazine con un reportaje a caballo entre el fútbol y la política.  O quizá debería decir con el fútbol como excusa para ocultar una realidad social mucho más amplia, mucho más importante, seria y perversa. Los protagonistas de esta historia son, a priori, las selecciones de Argelia y Egipto y el argumento parece sencillo:  las dos selecciones se juegan a un partido su pase al Mundial de Sudáfrica. Argelia se impone y, a partir de aquí, se desencadena una escalada de violencia y de muertos que está a punto de terminar en una guerra entre los dos países. Pero, ¿qué había detrás de todo aquello? ¿era sólo el fútbol? ¿fueron los mimbres de la revolución de la Plaza Tahrir?

Podeís leer el artículo en el siguiente enlace. Espero que guste.

http://www.jotdown.es/2012/02/no-es-futbol-es-geopolitica/

Written by @robertlozano_

21 febrero, 2012 at 1:23 PM

Sin porterías, gracias

with 2 comments

El Barça, en un arrebato de melancolía, recuperó su versión más globetrotteriana para recordarnos que el gol es una vulgaridad que interrumpe sus jugadas de arte y ensayo. Golpear el balón a la red parece casi una indecencia, un trago por el que hay que pasar para ganar los partidos. Y Diego Alves, un portero de highlights, estuvo encantado de participar en el espectáculo.

Esta filosofía de juego responde al “Misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça” y también al por qué de los 10 puntos de diferencia con el Real Madrid. Guardiola, superstar en la rueda de prensa, se lamentaba de una diferencia que, según él, no corresponde con el nivel de juego que ha mostrado el equipo durante toda la temporada. ¿Demasiado castigo? Quizá, pero el Barça compite en un deporte llamado fútbol y no boxeo.

Durante estos años el equipo de Guardiola ha dejado tocado de muerte el fútbol tal y como lo conocíamos. Sin los blaugrana en el césped parecía un deporte insulso y ramplón cuando en realidad eran ellos los ‘culpables’, los que jugaban a otra cosa. Entre los múltiples factores de esta revolución, Xavi se postula como uno de los máximos responsables. “Sin Xavi todo esto será diferente, no sólo dentro del campo. Es único e irrepetible”, confesaba Guardiola en rueda de prensa. Es lo que podemos llegar a conocer como “El drama Xavi Hernàndez”.

El otro gran garante de este juego, de este estilo que quedará para la posteridad, es un extraterrestre que decidió dedicarse al fútbol. Aburrido de la versión terrenal que ha adoptado las últimas semanas (con goles y asistencias incluidas), Messi decidió volver ayer a su modo más pantagruélico y despótico para dejar un mensaje claro mientras levitaba y registraba un nuevo póquer de goles (27 en liga): a 10, a 20 o 30 puntos del Madrid, este equipo enamora. Que se queden las porterías.

[Barça 5 – Valencia 1]

Written by @robertlozano_

20 febrero, 2012 at 11:25 AM

Publicado en Barça, Deporte, Fútbol

Tagged with , ,

Héctor García: “quan arribes al Japó et sents com un nen que no pot llegir ni l’alfabet”

leave a comment »

L’Skype em permet entrevistar l’Héctor Garcia. A través de la pantalla de l’ordinador la seva veu m’arriba càlida i propera, però no deixo de pensar que ens separen una mica més de 10.000 kilòmetres. Quan tenia cinc anys, l’Héctor volia programar videojocs i amb 22 va aterrar al pati de casa del Mario Bros i el Sonic. Des de fa 8 anys viu a Tokio, on ajuda a les empreses de Silicon Valley a entrar al Japó. Però aquest enginyer informàtic s’ha fet conegut, curiosament, pel seu blog (kirainet.com), un dels més llegits del món, que descobreix els entrellats d’una cultura tan complexa com la japonesa. Autor dels llibres “Un geek al Japó” i “Momentos”, em reconeix que, després de tant de temps, s’ha japonitzat: “Quan torno a Espanya i un cotxe em deixa passar li faig una reverència”.

Podeu llegir l’entrevista sencera a: http://www.365d365e.com/entrevistes/?m=20120214

Written by @robertlozano_

15 febrero, 2012 at 1:04 PM

Publicado en Entrevistas

Tagged with , , ,

A %d blogueros les gusta esto: