DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Odiar a Messi

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“Un día compareció en el campo con la cucharilla de plástico del café en la boca y no la soltó hasta que se acabó el rondo. Aquel gesto fue interpretado como una señal de que Messi estaba contrariado, porque alguien no le había pasado el balón o quién sabe por qué demonios. Nadie intervino, sin embargo, para saber el motivo. Mejor así. (…) Messi se enfada y desenfada sin que nadie pueda poner remedio, sino que hay que aguardar a que se le pase: La Pulga agacha entonces la cabeza, hace ver como que no ha pasado nada y se reincorpora al grupo sin que nadie le diga nada. Así se disculpa. Aceptado.”

Hace algunos años, el periodista Ramon Besa explicaba en “Messi, el niño del campeón” algunos episodios que ayudaban a descifrar el enigmático carácter del genial jugador argentino: “Messi es capaz de asistir a una juerga autorizada de sus compañeros y no levantarse de la silla en toda la madrugada sin haber cruzado palabra casi con nadie”. Poco amigo de los micrófonos y de las declaraciones, de exponer sus pensamientos o su estado de ánimo, el seguidor de Leo está acostumbrado a descifrar a La Pulga por su gestualidad, su ceño fruncido, su sonrisa bobalicona y su forma de correr. O de andar. Como si de un cordel umbilical los uniera, el culé se duele con las tarascadas que recibe el rosarino y se palpa el bíceps femoral a la par que el 10. La felicidad y la tristeza de ambos están tan ligadas que, llegados a este punto, extraña que haya quien sienta una necesidad repentina de desapego, de desafección. Incluso de desmemorización. Como aquel que ha vivido por y para el amor de su vida y, de repente, un día se siente traicionado, decepcionado, a pesar de haberlo tenido todo, y reniega de la persona amada.

 

Messi, Balón de Oro del Mundial de Brasil La voz del balón​

Mientras que algunos hablan con palabras y otros prefieren hacerlo con hechos, Messi se expresa exclusivamente a través del balón. Sus ruedas de prensa se celebran en el césped y se inmortalizan en su sala de trofeos. Así ha tapado bocas. Hace algunas temporadas metió 47 tantos. Se le criticó por egoísta, por no querer ser substituido nunca, así que la siguiente marcó 53. En esa ocasión, sus supuestas desavenencias con sus compañeros de ataque originaron los reproches. Messi contestó con 73 goles (50 en Liga). Lo siguiente que se le recriminó fue su excesivo influjo en el juego barcelonista. De nuevo, su respuesta en el césped se saldó con una monstruosa cifra de goles: 60.

En su introversión, en el mundo restringido en el que siempre ha vivido, se configuró como un extraterrestre, como el mayor depredador del gol que jamás haya existido en la faz de la tierra. La impotencia que generaba el juego de Messi y de sus compañeros era tal que provocaba desesperación en sus rivales. “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

La inquina hacia Leo Messi provocaba el mismo efecto en el crack argentino que los desafíos en Michael Jordan:

“En un partido contra los Chicago Bulls en Salt Lake City Michael hizo un mate por encima de John Stockton (1,85 m). Un instante después la pista se ve invadida por las palabras Hey, Jordan, why don’t you pick on someone your own size?, provocación que Jordan escuchó perfectamente. Cuando recibió la pelota de nuevo hizo un mate por encima de Mel Turpin (2,11 m) y se volvió al espectador diciéndole: “¿Éste es suficientemente alto?” La línea de su mirada en el preciso instante en que responde, décimas antes de atravesar la media pista, señala un destino que a pesar de escapar a las cámaras se antoja incuestionable: la butaca de Larry Miller, propietario de los Utah Jazz.” *

Si a través del juego no podían dominarle, la campaña, basada en anécdotas de patio de colegio, era meridiana: convertir a Messi en un ser despótico.

El pequeño Dictador

 “A Villa, por ejemplo, le advirtieron nada más llegar al Barcelona que se olvidara de competir a goles con La Pulga y a Thiago le tienen dicho que por más artista que se sienta, mejor que le pase al balón a Leo y aguardar a que se lo devuelva, como signo de que ha sido admitido”.

Esta anécdota, relatada de nuevo por Ramon Besa, fue tergiversada y utilizada por ciertos sectores para desestabilizarlo, para encontrar su supuesto reverso tenebroso. Una situación que, explicada años ha por el Señor de los Anillos, Phil Jackson, no sólo no fue polémica sino que se convirtió, al instante, en literatura deportiva: “Si te encuentras a Buda (Michael Jordan) en la zona, dale el balón”. Extrapólenlo al 10 del Barça.

Los desmanes protagonizados por Messi le convierten, como mucho, en un tipo especialito, con un carácter muy particular, algo muy común en un genio, pero que le sitúa como un mero aprendiz de otros Dioses del Olimpo del Deporte con actitudes verdaderamente dictatoriales. Veáse, de nuevo, Michael Jordan:

“Tras el quinto partido de la Final de la Conferencia Este de 1989, parecía que aquel año tampoco iba a poder ser. Chicago se había adelantado por dos veces, pero los Pistons habían conseguido empatar y ahora ganaban la serie 3-2. Jordan estaba realmente cabreado. Las llamadas Jordan Rules le habían dejado en 18 puntos y, sobre todo, solo había realizado 8 lanzamientos de campo en 46 minutos en cancha. Era obvio que alguien tenía que pagar los platos rotos. Cuando Jordan llega el último al avión de los Bulls puesto que siempre es el que tiene que atender a prensa, patrocinadores y aficionados, sus compañeros están sentados y a punto de comenzar a cenar. Al pasar junto a Horace Grant da un manotazo a la bandeja de éste y tira su cena al suelo. En opinión de Jordan, no se merecía comer tras haber realizado un partido bastante flojo (4 puntos y 1 rebote). Grant y Jordan tuvieron que ser separados por el resto de sus compañeros antes de llegar a las manos”. **

Llamando al Doctor Green

Esta temporada el Camp Nou ha visto deambular a Messi por el césped con un rictus duro y una aparente despreocupación por todo aquello que sucediera a más de dos metros cuadrados de su persona. La Pulga ha sellado su peor temporada como blaugrana con nada más y nada menos que 41 goles, un registro estratosférico, por encima de cracks históricos.

Veáse Romario

Veáse también Ronado

Veáse también Rivaldo

Veáse también Ronaldinho

Tras su discreto papel en el Mundial, se vislumbran ciertas sonrisitas del tipo “yo ya lo sabía” y se alzan voces de ultratumba que aseveran sin un atisbo de duda: “ahora es el momento de vender a Messi”. Las espadas están en lo alto y hay quien espera una señal, como cuando en un hospital llaman a la enfermera Flamingo o al doctor Green (no existen, la enfermera Flamingo significa que hay un incendio y el doctor Green, un suicidio) o como cuando un cajero de un supermercado pide monedas pequeñas por megafonía (quiere decir que hay una mujer guapa en la cola y todo el mundo tiene que ir a mirarla). Léase una señal para hacer salir a Messi en globo.

Háblale a La Vieja, Leo

Es fácil querer a Messi pero da la sensación de que todavía es más sencillo renegar de él. Los que optan por esta segunda opción se están perdiendo al mejor futbolista de la historia. Aún con la dichosa mácula de la Copa del Mundo. La legión de las causas de su bajón es variopinta: problemas con el fisco, problemas físicos, problemas personales, problemas psicológicos, problemas paternos, problemas monetarios, el misterioso caso de los vómitos recurrentes… lo que sea para evitar pensar en una hipotética opción que provocaría pavor y sudores fríos: que Leo Messi se haya extinguido.

Con esta incertidumbre, los que veneran a Messi le esperan. Aguardan a que pase el luto, a que descanse y a que vuelva a ilusionarse. Aguardan hasta que vuelva a pisar el Camp Nou y hable de nuevo, tal y como lo hace él, a través de ‘La Vieja’, como la llamaba Alfredo Di Stéfano.

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*Extracto editado del artículo “No desafíes a Jordan”, del periodista Gonzalo Vázquez8 ():

** Extracto del artículo “Michael Jordan en 23 frases”, de Arturo Peñalba

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Written by @robertlozano_

16 julio, 2014 at 8:41 AM

Jaque al Barça

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“Mike Dunleavy, sumergido hasta entonces en su hierática postura pensante de brazos cruzados, viró de repente al fondo del banquillo. “Jer! Run, come here!”. Pegado a Jermaine, el técnico agitaba los brazos al hablar: “You Shaq: ball foul, ball foul, ball foul, OK?”. Aun sin entender muy bien el porqué de la consigna, el joven pívot salió asintiendo a escena dispuesto a morder a su presa con un celo insuperable: primera falta, segunda, tercera… y ningún punto desfavorable. Aplausos desde el banco. “Good, guy, good… Go on! Go on!”. Algo extraño pasaba: el equipo infractor, quien cometía deliberadamente las faltas, no parecía estar sufriendo perjuicio alguno. Más bien al contrario, el desenlace resultó aún más inesperado (…)”

Esta escena relatada por el periodista Gonzalo Vázquez forma parte de uno de los episodios más oscuros del planeta americano. Empezaba la temporada 1999/2000 en la NBA y Lakers y Blazers se enfrentaban en un partido que engendraría una infausta estrategia para detener a un gigante, para entorpecer a un equipo sublime. Ese año Shaquille O’Neal se erigía como el jugador más dominante que los parqués de la NBA habían visto nunca. Era una bestia imparable que destrozaba los aros rivales sin piedad, un serio aspirante a convertirse en el mejor pívot de todos los tiempos. Su titánica sombra se arrimaba, incluso, a la del mejor de los mejores, His Airness. Y fue en ese partido, precisamente, cuando del cerebro del entrenador Mike Dunleavy surgió una mezquina maniobra para parar a Shaq. Consciente de su ridículo porcentaje en tiros libres, ordenó a Jermaine O’Neal masacrarle a faltas para enviarlo a la línea y, de paso, romper el ritmo del equipo. Los Lakers acabaron perdiendo ese partido con un Shaquille desquiciado y expulsado y la maniobra se extendió por la Liga como la pólvora. Uno, dos, tres y hasta cuatro jugadores del equipo contrario se turnaban para cometer innumerables faltas sobre O’Neal. Cortar la fluidez del equipo angelino y enviar al gigante a la línea de personal era la única manera de torpedear al mejor equipo del mundo. Una oscura estratagema que se bautizó como “Hack a Shaq”.  

La maniobra Mourinho

Hagamos un ejercicio de traslación. Substituyan el nombre de Mike Dunleavy por el de José Mourinho. El de Jermaine O’Neal por el de Pepe y el de Shaquille O’Neal por el de Messi. Ya tienen su particular “Hack a Messi” o, en este caso, debido a la aplicación de la estrategia de manera más general, de “Jaque al Barça”. Mourinho no martillea en especial a ningún jugador blaugrana sino que su juego duro se extiende desde el triángulo mágico (Xavi, Iniesta, Messi) hasta la periferia: Adriano, Alves. No existe la saña a un jugador en particular, sino el acoso constante a todo el conjunto.  Arbeloa, Ramos, Alonso o Khedira se turnan para boicotear el juego culé, que se ve superado en el medio campo y aislado en la delantera.

“El finísimo equilibrio entre la expresión del juego y la represión que sobre él ejerce el reglamento” favorece la “maniobra Mourinho”. Mientras el árbitro no considere que hay alguna acción antirreglamentaria, el equipo de Mou se seguirá empleando a fondo para desplegar su antídoto: anular el juego del Barça con incontables interrupciones, faltas, lamentos y protestas que sólo llevan a la nada futbolística, donde el Madrid habita y retoza. Donde es el Rey. La estrategia que utilizaban los adversarios de Los Lakers, como el Madrid hace con el Barça, podía causar mayor o menor simpatía, mayor o menor identificación con el juego de uno u otro equipo, pero es legítima. De dudosa estética, pero legítima.

En 1999, Los Angeles Lakers acabaron obteniendo el anillo, a pesar del “Hack a Shaq”. Shaquille O’Neal terminó como “máximo anotador de la temporada, segundo reboteador, tercer taponador y líder en porcentaje de tiros. Fue nombrado jugador más valioso de la Regular, el All Star y los Playoffs, donde elevó sus números hasta unos monstruosos 30.7 puntos y 15.4 rebotes (38 y 16.7 en las Finales). El grotesco experimento del ‘Hack’ demostró ser a la larga un rotundo fracaso”.

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27 abril, 2011 at 11:21 AM

No desafíes a Ricky

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La pesadilla reside en el Oaka Arena y va enfundada en traje. Ni los hooligans incendiarios del PAO, ni los suspectos árbitros. Ni siquiera la agresividad de Batiste, la puntería de Nicholas o la inteligencia de Diamantidis son excesivamente preocupantes. El Barça, infinitamente superior al Pannathinaikos, está a un paso de dejar huérfana “su” final del Sant Jordi ante un tipo que domina la escena de manera magistral, se regocija con el famoso entorno y colecciona cetros europeos (6).

El artefacto táctico y defensivo de Obradovic ha desactivado a al menos dos de los tres pilares del Barça en cada encuentro. Han flotado a Ricky descaradamente, han asediado a Lorbek en la pintura, han cortado las líneas de pase a los tiradores y han logrado una defensa con ayudas que ha secado a Navarro. Anderson, la alternativa a Pete Mickeal, ha demostrado ser un gran ejecutor, un prodigio en el uno contra uno, pero un jugador que malinterpreta gravemente decisiones obvias en momentos decisivos.

Al margen del mal porcentaje en tiros libres (67,6% en el global de la eliminatoria) y en triples (38,9%) y de la inferioridad en el rebote (85 del Barça por 102 de Pannathinaikos), Obradovic ha conseguido desquiciar a Xavi Pascual y retorcer la mentalidad de un equipo que, hasta el momento, se había mostrado inquebrantable.

El episodio de Utah

Ricky Rubio, cuestionado en este mismo blog, mostró un halo de esperanza en Atenas. Después de su 0 de 6 en triples en los dos primeros partidos, despertó de su letargo y se olvidó de su tiro mediocre con un sorprendente 4 de 5. ¿Qué Diamantidis y Calathes le desafían? pues Ricky tira. Y no se arruga. La actitud, más que el acierto, es la clave para que el Barça gane hoy. Un carácter ganador que se atreve a responder a desafíos y que, muy remotamente, recuerda al episodio de Jordan en Utah, explicado por Gonzalo Vázquez, de la mano del propio Karl Malone:

 “En un partido contra los Chicago Bulls en Salt Lake City Michael hizo un mate por encima de John Stockton. Un espectador se levantó y le dijo: “Oye, Jordan, ¿a que no lo haces con uno de tu altura?”. Cuando recibió la pelota de nuevo hizo un mate por encima de Mel Turpin y se volvió al espectador diciéndole: “¿Éste es suficientemente alto?” (Karl Malone).

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31 marzo, 2011 at 10:39 AM

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Deconstruyendo a Ricky Rubio

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El balón se coló en la red tras despegar de los dedos de Ricky Rubio. Desde el centro del campo, el base catalán percibió los vítores de un público enardecido, convencido de presenciar algo tan fuera de lo común, tan extraordinario, que sólo sucede cada medio siglo. Los testigos de la final del Europeo Cadete del año 2006 se marcharon a casa convencidos de que habían disfrutado de un jugador que despedazaría todos los récords de precocidad establecidos. Los 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 recuperaciones del chico traspasaban la lógica de un jovencito imberbe nacido para hacer historia. Para escribir la historia del baloncesto europeo del siglo XXI. Cuatro años más tarde, la inquietud invade a esos mismos testigos que, aturdidos, ahora se preguntan: ¿Qué le pasa a Ricky?

 Nada. Esa es la respuesta más común, más recurrente. Pero la nada devora a Ricky, que languidece en el parquet, apático y melancólico. Su creatividad infinita se ha tornado en un juego errático y previsible, en un juego intrascendente que muere al cruzar el medio campo y doblar el balón al alero. En lo que llevamos de temporada, las frías cifras explican que Ricky promedia 4 puntos por partido, con un 33% en tiros de dos, un 13% en tiros de tres, 3 rebotes, 5 asistencias y 2 robos para un total de 7 de valoración. Tan sólo en asistencias (tercero en el ranking ACB) despunta. Quien valore la labor de Ricky ignorará las estadísticas argumentando que su juego va más allá de lo tangible y de ese particular agujero negro que es su tiro.

 Camino a la NBA

El 20 de octubre de 2005 anotó dos puntos, logró una asistencia y robó dos balones. Lo hizo en tan sólo cinco minutos, con tan sólo 14 años. Se convertía, así, en el jugador más joven en debutar en la ACB. Las expectativas entorno al jugador crecieron y crecieron hasta convencer a todo el mundo de que era un auténtico prodigio, un virtuoso del baloncesto, un Mozart. En la temporada 2007/2008 formó parte del mejor quinteto del año (otra vez el jugador más joven en conseguirlo), y fue nombrado “Mejor Joven del Año” por el secretario general de FIBA Europa. En 2007 fue el líder en robos de la ACB y de la Euroliga.

El mundo (Estados Unidos) conoció a Ricky en los Juegos Olímpicos de Beijing. La lesión de Calderón lo arrojó a la titularidad en una final en la que su descaro e inteligencia impresionaron a los estadounidenses, que se llevaron la medalla de oro y apalabraron a Ricky. Con su juego, el joven base involucraba hasta al palco. Sus compañeros temían que un balón, que un pase suyo les golpeara en la cabeza por sorpresa, por no estar a la altura de la clarividencia del chico. Y las analogías no tardaron en llegar. Lo compararon con Drazen Petrovic, con Jason Kidd y hasta con Pete “Pistol” Maravich, teorías que fueron desmontadas una a una:

“Pete Maravich era, ante todo, un anotador compulsivo y un sujeto tocado por una divina relación con el aro, lo que relegaba a su entorno a un segundo e incluso tercer plano. En el caso de Rubio parece haber también una relación divina. Pero no con el aro, sino precisamente con su entorno, al que sitúa en un absoluto primer plano. Por eso Rubio no es ni un anotador ni un jugador especialmente dotado para el tiro a canasta, aspecto por el que Maravich pasaría a la historia como Pistol. Es la decisiva diferencia entre el que dispara y el que suministra fusiles”.

El periodista Gonzalo Vázquez desmontaba a “Pistol Rubio” en un momento en el que Ricky se revelaba como único y genuino, encarnaba el talento en el sentido más natural y más auténtico de la palabra y despertaba el recelo de jóvenes promesas como Brandon Jennings, la primera voz discordante, la primera voz que dudó públicamente de Rubio.

Y Ricky decidió ir a la NBA. Del extraño episodio de su participación en el Draft, de su renuncia a jugar en Minnesota y de su ruptura con el DKV Juventud surgió otro jugador. Ricky desistió de abandonar la edad de la inocencia y optó por jugar cerca de casa, sin llegar a la cota simbólica de la NBA, pero compitiendo para ganar todos los títulos en uno de los mejores equipos de Europa. Xavi Pascual le entregó la manija del Barça y en una temporada personalmente correcta se proclamó campeón de Europa. Su decisión de permanecer en Europa para madurar como jugador quedaba legitimada por completo. Pero su virtuosismo ya estaba herido por los valores racionales, económicos y personales de su decisión. Valores diametralmente opuestos con el Genio.

 ¿Dónde está Ricky?

El Mundial de Turquía nos enseñó a un Ricky psicológicamente agotado, apático y sin ideas. El año que debía aportarle madurez, experiencia y temple lo había hecho crecer, sí, pero le había arrebatado la imaginación, la creatividad y la fantasía.

Hoy Ricky es la prolongación de un jugador empobrecido y vulgar, una sombra imperfecta de aquel fenómeno que deslumbró en el Europeo de 2006 y en el DKV Joventut. Curiosamente, el Barça ha suspendido temporalmente las entrevistas personalizadas con el jugador, además de los actos protocolarios… Los ecos de crisis de juego llegan ya a aguas americanas. Hace unos días Gonzalo Vázquez twitteaba: “Me pregunta un periodista americano qué pasa con Ricky. Contesto que nada. Y aprisa replica: “O sea que su nivel no es lo que nos contaron”.

Al término de esta temporada Ricky deberá decidir si se marcha a Minnesota o cumple los dos años de contrato que le quedan con el Barça. Es demasiado injusto, demasiado pronto para pensar que el talento de Ricky Rubio se ha diluido como el de tantas y tantas jóvenes estrellas cuyo fulgor se extinguió con su nacimiento.

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9 noviembre, 2010 at 11:30 PM

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El divorcio de la lógica

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San Emeterio apaciguaba el ánimo de sus compañeros en un intento de sofocar su propia euforia. Durante el transcurso de su canasta y el tiro libre adicional que significaría el definitivo 79-78, el cántabro ya sabía lo que había conseguido. Había dinamitado la liga ACB. Había hundido a pronosticadores, apostadores y especialistas deportivos. Pero, sobre todo, había glorificado el baloncesto. En la final más predecidida de la historia, el Caja Laboral ha vuelto a recordar que el deporte se explica desde las gestas y las hazañas. Desde lo imprevisible y lo insospechado. Desde el baloncesto.

El valor de la tercera liga del Caja Laboral se magnifica por su rival. La extraordinaria temporada del Regal Barça (con o sin ACB) es incuestionable. La lección de baloncesto, imborrable. Sólo la inefable pérdida del aura de invencibilidad que desprendían durante toda la campaña y que les ha abandonado en esta serie final ha impedido que materializaran la temporada perfecta.

Ayer, recital Splitter. El brasileño abandonó la extraña vulgaridad de los dos partidos de Barcelona y volvió a su estado natural, el MVP. La normalidad de Tiago es la efectividad y la excelencia, el trabajo y la humildad. Todos ellos, factores que le han convertido en el jugador más valorado de la liga regular y de las finales. Un hito sólo al alcance de un jugador por el que muchos aficionados se ponen en pie: Arvydas Sabonis.

Esta mañana los jugadores del Barça confirmarán que no ha sido una pesadilla. Todo ha sucedido rápido, de manera extraña. Cuando han querido reaccionar, se han encontrado con las vacaciones. Este mal sabor de boca no debe emborronar el trabajo, los éxitos y la felicidad de una temporada para enmarcar. El campeón de Europa ha encontrado en el Caja Laboral el rival a batir. Ya es un duelo clásico. La ACB tiene dos nombres en mayúsculas: Regal Barça y Caja Laboral. Son el baloncesto.

Pero, por encima de todo, esta final demuestra una vez más que el deporte escurre los vaticinios y rehúye la razón. El partido de ayer constata definitivamente el divorcio de la lógica.

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16 junio, 2010 at 8:17 AM

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Jaque al campeón

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En California se realizaba, en el siglo XIX, un entretenimiento para la gente, creado por los propios colonos españoles que llegaron a la zona de lo que es hoy Monterrey: un oso enfrentándose a un toro. El toro atacaba al alza, con los cuernos hacia arriba, y debía hacerlo rápido y al principio de la lucha. Los osos se defendían de arriba abajo, alzándose e intentando agarrar con sus zarpas al toro para echarlo al suelo. El bull, o sea, el toro, mira siempre up. El bear, oso, se la juega down. El periodista Martí Saballs, en Historias de un corresponsal económico, explica que ésta podría ser una de las teorías que da sentido a la división que los mercados hacen de analistas e inversores: toros y osos. Los primeros son los optimistas, los que apuestan por los valores y mercados alcistas. Los pesimistas son los osos, que prefieren resguardarse la espalda. Toros y osos, osos y toros. Seguramente, ninguno de ellos hubiera apostado por el resultado que, actualmente, refleja la final de la ACB. El sábado, el Caja Laboral volvió a hacer saltar la banca.

El dos a cero es un resultado que, por inesperado, dibuja un escenario que engrandece todavía más el baloncesto, un deporte en el que suele ganar el mejor. El Regal Barça, hasta ahora intratable, ha hincado la rodilla y, acorralado, deberá recordar el camino que le ha llevado a ganar todos los títulos que ha disputado esta temporada. Durante los nueve días que discurrieron entre la semifinal y la final parece que el Barça bajó del Olimpo para convertirse en un equipo terrenal, un conjunto que ha vuelto a escuchar ese vocablo desterrado llamado derrota. Con el impasse, la rutina de la victoria, que ordena y da seguridad, se ha roto.

 El Caja Laboral parecía presentar una única arma, demoledora y brasileña, capaz de resquebrajar los cimientos barcelonistas. Desactivar a Splitter, el mejor pívot europeo del momento, podría significar constreñir al Baskonia hasta poco menos que el milagro. Pero ha sido otro brasileño, Marcelinho, y un santanderino, San Emeterio, los que han martilleado al equipo de Xavi Pascual hasta poner en jaque al campeón. Nadie pensaba que el Baskonia volvería a Vitoria con un 0-2. Nadie ha remontado un dos a cero en una eliminatoria final. Pero, ¿alguien se atreve a apostar a que hoy habrá nuevo campeón?

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15 junio, 2010 at 8:31 AM

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La desintegración de Arvydas Macijauskas

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Cuando Macijauskas erró el tiro se miraron incrédulos. Se levantaron y le gritaron: “¡maaalo, maaalo, maaalo!”. Era simple y jocosa ironía. El fallo de Mache era una anomalía que sorprendía y consolaba a todo aquel que ya no veía vestigios de humanidad en esa máquina de precisión, anotadora e inclemente. En la grada no eran demasiados. Habían venido pronto a disfrutar del lituano. El espectáculo Macijauskas empezaba en el calentamiento.  

Macijauskas, melena rubia y ojos claros, infundió pavor en las defensas de la ACB durante dos temporadas. Ya sea por erróneas reminiscencias Birdianas o por una certera sensación de que su obsesión con la canasta rival lo hacía indefendible, cuando el siete del entonces TAU se elevaba, los rivales se resignaban. Sólo existía una opción. La precisión del mecanismo de tiro del lituano, su juego eléctrico y su capacidad de intimidación, con poco más de un uno noventa, aterrorizaba a las defensas pero, sobre todo, cortaba la respiración de la afición rival. Eran esas fracciones de segundo en las que se suspendía en el aire. Cuando el balón despegaba de sus dedos, el sentimiento de dulce odio se tornaba en irrefrenable admiración. En suspiro. Como los pilotos, que calcan su trazada vuelta tras vuelta, el tiro de Macijauskas parecía tener un recorrido predeterminado: el que lleva a la red.

 La “Precisión Lituana” formó parte de uno de los mejores equipos que nunca ha dado la ACB, cuyo quinteto inicial incluía a Calderón, Nocioni y Scola, actualmente,  en la NBA. Precisamente, su fulgor se apagó, como tantos, en la liga americana. Tras un año de penitencia en New Orleans, el mundo baloncestístico esperaba su renacimiento en una de las cunas del baloncesto europeo. Pero Mache ya no volvería. Curiosamente, el tendón de Aquiles acabaría con alguien que se había rebelado casi divino. La desintegración del cuerpo de Macijauskas, lenta y agónica, arrojó algunas esperanzas con una reaparición que se recuerda ahora como una ilusión óptica.

El martes “La Precisión Lituana” anunció su retirada.

http://www.acb.com/redaccion.php?id=67989

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10 junio, 2010 at 8:30 AM

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