DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

La mano que guillotinó a Francia

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Nunca deberían haber pisado África. Cuando en el minuto 104 el público de Saint-Denis enloqueció de alegría, la bomba de relojería de un equipo anodino y moribundo se congeló, se detuvo temporalmente. La ceguera de un sueco llamado Martin Hansson permitió que Thierry Henry hiciera su último servicio al fútbol. Su mano, como el cabezazo de Zidane a Materazzi, se convertiría en un oscuro e injusto epílogo para el último astro del fútbol francés. Ese 18 de noviembre de 2009 empezaba una cuenta atrás que daría lugar a uno de los episodios más esperpénticos y sombríos del fútbol mundial. La insurrección de la selección francesa en Sudáfrica no sólo representa un fracaso deportivo estrepitoso, sino la apertura de un debate resbaladizo y peliagudo en un escenario, el sudafricano, lamentablemente oportuno. El epicentro de la fractura vuelve a ser la raza.

La reliquia futbolística que aletargaba en el banquillo de Francia era la misma que 12 años antes había ocupado un puesto similar en el combinado tricolor. En esos tiempos era un joven descarado, pertinaz y soñador que estudiaba con asombro a unos genios que destrozaban a la canarinha de Ronaldo, Rivaldo y Bebeto. Anciano, cansado y desencantado, el Henry actual veía esta vez a un equipo despedazado, no por falta de calidad, sino por algo más lóbrego, más incomprensible.

 El ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani advirtió en un artículo en El País  que la derrota se quiere explicar a través de un choque de culturas. Que se reprocha la arrogancia, la indiferencia y la opulencia de algunos de los integrantes de los bleus. Que se acusa a los jugadores “más morenos”. Que se les tilda de caïds (jefes de bandas marginales). Que se quiere hacer una diferencia entre “los buenos y los malos de los suburbios”. Que se les puede ir de las manos…

 La historia ha demostrado que entender el fútbol como simple deporte es un ejercicio de bondadosa ingenuidad. En 1998, Francia ganó el Mundial. Ese equipo contaba con figuras como Marcel Desailly (Ghana); Lilian Thuram (Guadalupe); Patrick Vieria (Senegal); Youri Djorkaeff (de origen armenio); Zinedine Zidane (de ascendencia argelina) o Christian Karembeu (Nueva Caledonia). Políticamente, oportunamente, ese sonado triunfo se vendió como el éxito de la Francia multiétnica y multicultural. Era la riqueza del país. Eran tiempos de abundancia.

Written by @robertlozano_

23 junio, 2010 a 7:31 AM

Publicado en Fútbol

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