DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

La tesis de Kick Ass

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“Bueno, te cuento un poco lo que vamos a hacer. Mira a la cámara, por favor”. La sombra de Ángela se proyecta en la pared blanca de baldosas, corrompida por una delgada línea roja. “Puedo hacer que te comas tu propia oreja. Incluso, si me lo curro, puedo sacarte las tripas sin que te mueras”. Ángela traga saliva. Se mezcla con la hiel. Su piel brilla. Sudor frío. Respiración acelerada. Mirada perdida. Signos inconfundibles de miedo. Señas de quién sabe que va a morir. “Ángela, mírame. ¿A qué acojona?” Bosco se enfunda los guantes y el pasamontañas. Las imágenes se funden a blanco y negro, protegen al espectador. Le rompe la cara de un puñetazo. Con una cámara como testigo.

Las “Snuff movies”, leyenda urbana o alcantarilla de la perversidad humana, eran uno de los motivos de la opera prima de Alejandro Amenábar (Tesis, 1996). Hablamos de la comercialización de la ultraviolencia que Alex de Large descubrió a un horrorizado público veinticinco años antes. Una ampliación del campo de batalla lucrativo. Un hipotético negocio con un hipotético consumidor. Secreto, oscuro, invisible para el honrado ciudadano de a pie.

Urbi et orbi

“Los proveedores predicen que podría ser uno de los eventos vía web más vistos de la historia de Internet”.

Una cuenta atrás agolpa a millones de personas ante la televisión. ”Hola niños y niñas”. Un encapuchado relata al espectador lo que va a suceder. Kick Ass y Big Daddy, sentados y amordazados ante un fondo artificial, con palmeras. Ambos visten mallas de colores. Uno es un frikie proyectado por youtube y el marketing viral. El otro, un demente. Un vengador que se entiende como un pseudo héroe del siglo XXI.

Kick Ass y Big Daddy nos van a ayudar a enseñaros porque ser un superhéroe es una mala idea”, explica el torturador. La paliza empieza de inmediato. Esta vez, ante la atenta mirada del espectador, que reacciona ante los golpes, la sangre y los huesos rotos. No hablamos de un mercado negro, secreto, con acceso sólo para depravados. Aquí la paliza es gratis. Y para todos los públicos. De repente, las imágenes se colapsan. El presentador de los informativos aplica la moral después de un minuto de emisión: “debido a la naturaleza inquietante de las imágenes no podemos seguir mostrando los hechos que se están emitiendo en directo por Internet”. Tras el suicidio censurador de la televisión, el espectador huye hacia el jardín de las delicias. La libertad en su máxima y perversa expresión: el ordenador.

El presentador de los informativos concluye: “Todo apunta al hecho de que se producirá una ejecución en directo durante los próximos minutos”. Una ejecución que se producirá ante millones de espectadores. Ante una audiencia que no se esconde y que verá el asesinato en grupo, con renuencia o con sentido del espectáculo.

El divertimento de Matthew Vaughn hiperboliza la realidad, la ridiculiza y la convierte en una ironía fresca que el espectador entenderá si acepta las normas del juego. Su travesura finaliza con el personaje más brillante de la película, la pequeña Hit Girl ( Chloe Moretz). La paliza ha terminado. Los muertos se agolpan y la sangre y el fuego corrompen el aire. Hit Girl se acerca a la cámara y dispara con un lapidario: “Se acabó el show, hijos de puta”.

Written by @robertlozano_

8 junio, 2010 a 8:35 AM

Publicado en Cine

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