DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Rivales y enemigos

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¿Cuándo empezaron las hostilidades entre el Barça y el Real Madrid? ¿Cuándo dejaron de ser rivales para convertirse en enemigos?

En 1916, Barça y Madrid se cruzan en semifinales de la Copa del Rey. En la ida, disputada en el campo del Espanyol, los blaugrana vencen por 2 a 1. En el partido de vuelta se imponen los blancos por 4 a 1. Pero entonces no existía el doble valor de los goles y hay que desempatar. Once días después se disputa uno de los mejores clásicos de la historia, que termina con un marcador de escándalo: 4 a 4. Hay prórroga. A pocos minutos del final, con 5 a 6 a favor del Barça, el colegiado señala penalti a favor del Madrid y Bernabéu lo transforma. Es su tercer gol… y también el tercer penalti a favor que le pitan al Madrid en el encuentro.

Dos días después se disputa otro partido de desempate. Berraondo, que había sido jugador de ambos equipos, vuelve a arbitrar el partido. El Barça toma una rápida ventaja de 2 goles con un gran Alcántara pero el Madrid empata por mediación de Bernabéu y de René Petit. A pocos minutos del final, vuelve a repetirse la misma historia del partido anterior y el Madrid dispone de otro penalti a favor. En esta ocasión, sin embargo, lo para Bru. Se trata la quinta pena máxima señalada a favor de los blancos en el global de la eliminatoria y la exasperación y el enfado en las filas catalanas es monumental. Otra prórroga. El Madrid aprovecha el desconcierto y marca el 3  y el 4 a 2, muy protestado por los jugadores blaugrana, que entienden que ha sido en fuera de juego clarísimo. El ambiente se calienta hasta tal punto que el Barça decide abandonar el terreno de juego en señal de protesta. El Madrid califica al Barça de antideportivo y el Barça apunta a Berraondo como cómplice de los blancos.

La final, para enroscar el argumento, se disputa en Barcelona y el Madrid cae por 4 a 0 ante el Athletic. Al final del partido los jugadores del Madrid tienen que ser protegidos por la Guardia Civil y su autobús es apedreado. Es el inicio de una enemistad que dura ya casi un siglo. El comienzo de una batalla deportiva y extradeportiva que ha rozado, en algunos puntos de la historia, el esperpento. Hoy estamos en uno de esos puntos. En el filo de una guerra.

Detonantes de lo grotesco

El asunto del dopaje, una bomba sin fundamento explosionada por la cadena COPE y con la cúpula blanca como supuesta garganta profunda, puede desencadenar en una guerra sin sentido que parece tener un objetivo oscuro: desestabilizar al Barça. La manifiesta superioridad de los blaugrana en el césped ha motivado una campaña de insinuaciones, quejas, sospechas y teorías conspirativas que rozan el ridículo. José Mourinho ha adoptado el papel de artificiero y se empeña en realizar una guerra de guerrillas de consecuencias imprevisibles. Hace tres semanas el diario Marca desveló un intento de apuñalamiento al entrenador portugués.

El ambiente, cada vez más crispado, está tomando unos tintes peligrosos. El intercambio de mensajes incendiarios entre la prensa de Madrid y de Barcelona no refleja la buena relación existente entre las dos plantillas, ni la gran amistad entre Sandro Rosell y Florentino Pérez, pero sí cala en las aficiones de manera perversa, corrosiva y alarmante. Este gran sainete nos deja a las puertas de un mes de abril crucial, con unos niveles de tensión preocupantes. Barça y Madrid pueden llegar a enfrentarse hasta en cuatro ocasiones y, si nadie logra apaciguar esta espiral de locura y de juego sucio con cordura, sensatez y sentido común, podemos encontrar en los partidos entre Barça y Madrid, no el mejor espectáculo futbolístico del mundo, sino un auténtico drama.

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21 marzo, 2011 at 9:26 AM

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El rival es el Barça

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Salvo en contadas excepciones, el Barça de esta temporada sólo ha rivalizado con el Barça del partido anterior. Ha competido contra su propia velocidad de ejecución, contra su inventiva y, sobre todo, contra su efectividad. En Sevilla, en una primera parte de galería de arte, encerró y deprimió al contrario, que se negó a perseguir al balón como tantos otros hasta que el Sánchez Pizjuán demandó testosterona (“échale huevos, Sevilla échale huevos”) para contener a un equipo que se cimienta en la inteligencia. 45 minutos que sirvieron para demostrar que contra el Barça se puede perder anulado y desdibujado, como un juguete roto, o se puede perder corriendo y dando una imagen de esfuerzo y entrega insuficiente. Pero, ¡oh sorpresa!, el Sevilla pasó de una versión a otra tras el descanso y consiguió un empate en un partido precioso, propio de eliminatorias, de encuentro decisivo. La antesala de un tramo final de temporada de infarto.    

El Barça de los récords tan sólo se pelea con el efficiency, un aspecto estadístico muy valorado… en baloncesto. Ni siquiera remató en el gol de Bojan, un jugador que parece sufrir una involución paralela a la de Ricky Rubio, del tipo Benjamin Button, y que  está en el ojo del huracán porque en Camp Barça es condición sine qua non tener siempre alguien en la piqueta. La entrada de Kanouté, un tipo que piensa, y de Perotti, un tipo que corre, lavó la cara de un Sevilla que, para su sorpresa, empató y, para su regocijo, arañó dos puntos a un equipo que acapara el balón el 80% del tiempo y en el 20% restante te lo roba. Dos largueros, un gol anulado y una parada bajo palos de Medel, una especie de Gattuso evolucionado, nos dejan un empate-interruptus que requería prórroga.

Pero… alto. Hay quien dirá: sí, sí, pero se desperdician muchas ocasiones, la superioridad no queda reflejada en el marcador, la confianza propicia descuidos… Y es cierto. Pero las sensaciones y la imagen son inmejorables y, de veinte partidos como el de ayer, el Barça hubiera ganado diecinueve y medio. ¿No habíamos quedado que no éramos resultadistas?

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14 marzo, 2011 at 10:53 AM

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¡Gigantes!

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El Barça volvió a flirtear con la épica y la excitación hasta arrebatar la adrenalina a las 95.000 personas que estaban en el Camp Nou. No suele ir de la mano de estas emociones y, de hecho, suelen ser enemigas de un Barça que se siente cómodo en el dominio, en la confianza y la tranquilidad que transmite la estética de su juego. Pero las eliminatorias de Champions, con su melodía eléctrica, apasionante, inoculan un placebo de locura, de sufrimiento, a hechos consumados, exagerado. Porque ayer se demostró que el Arsenal es un sucedáneo, una sombra imperfecta del Barça incapaz de chutar a puerta e incluso de confeccionar tres pases seguidos. Porque Barça sólo hay uno y es irrepetible.

La fotografía es capaz de tocar esa cuerda que la palabra no hace vibrar. La imagen de Messi amagando a Almunia con un sombrero mágico para realizar uno de los goles más fugaces y bellos del astro argentino, apenas quedará grabada en la retina del culé, por rápida, y por el torrente de euforia que desbordó el uno a cero. Los de Guardiola salieron a morder, a ahogar, a arrollar, a acorralar y a atropellar. Con un público entregado, el Barça se desplegó como un equipo inmenso, asombroso y gigante pero también como ese conjunto impreciso de las citas marcadas con alta tensión, donde hay que remontar. La falta de tacto de Villa y las pérdidas de Messi las solventaban en apenas segundos las recuperaciones de Javier Masquerano, ayer, por primera vez, auténtico jefe del aparato defensivo culé. El Arsenal decepcionó y se dedicó a perseguir los dorsales amarillos de los blaugrana y a hacer algo que no sabe hacer: defender. Wenger había dibujado un partido distinto, con la presencia de Rosicky y no de Ebué en el once, pero se vio obligado a replegarse por el vendaval del Barça y porque el colchón de un gol le pareció suficiente. Pero la estrategia de aguanta-defiende-sufre-renuncia-al-balón contra este equipo es un suicidio porque son insaciables y no paran de atacar ni cuando tienen la eliminatoria a favor, ni con el 3 a 1, ni con un supuesto 6 a 0. Es su génesis,  la muerte por un ideal, por una filosofía,  lo que enorgullece al aficionado culé.

Algo está cambiando

El Pep Team no sólo ha elevado a los altares del fútbol un estilo de juego propio, sino que está consiguiendo cambiar la mentalidad de una gran parte de la afición del Barça, históricamente acomplejada y sufridora. Ahora el Camp Nou anima incluso en la adversidad, convencido de la fuerza de este equipo. Es el reto más complejo al que se enfrenta Guardiola porque requiere mucho tiempo.  “La afición nos llevará a cuartos de final” afirmaba convenido antes del partido. Y la afición respondió recordando la frase de Pep en la celebración del título de Liga de la temporada pasada: “Os deben una. Y estos no fallan”.

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9 marzo, 2011 at 10:51 AM

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Vale por media liga

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Los detractores del fútbol, los que alegan que se trata de un deporte en el que 22 tíos corren detrás de un balón,  se quedaron sin argumentos en Valencia. Guardiola y Emery presentaron una gran batalla táctica, un partido que encendió debates de pizarra en twitter y en otras redes sociales. El sistema del Barça, basado en un concepto cristalino, evoluciona y cambia según los designios de Guardiola, ya sea para generar sorpresa, dudas o contrarrestar el riguroso estudio al que lo someten entrenadores como Emery. En los partidos importantes a domicilio Guardiola suele introducir variantes tácticas peculiares que se han saldado, generalmente, con éxito. Lo hizo la temporada pasada en el Bernabéu con la incorporación de Alves en el medio campo, lo hizo hace dos semanas en el Emirates con la presencia de Busquests como supuesto central y lo volvió a hacer ayer con un 3-5-2 que llegó a ser un 2-6-2 en ciertos momentos. Pero estas nuevas formulaciones suelen terminar de un modo tradicional, casi ancestral, casi místico: en Messi. Todo termina en Messi.

El mejor jugador del mundo tensa la mirada y falla ocasiones; obvia el pase en jugadas claras; protesta. Son tres detalles que nunca hasta ahora habíamos visto en el argentino, cada vez más humano, menos infalible. Su rictus circunspecto denota que ha tomado plena  consciencia del protagonismo que tiene en el equipo, de la responsabilidad que recae sobre sus espaldas, de que el éxito del Barça depende, en un alto grado, de su concurso. Messi ha dejado de ser un niño y ya sólo le queda aceptar la sustitución para hacerse mayor. Pero se cabrea como un crío cuando falla ocasiones que su cerebro dibujaba ya en la red. Y su enfado, la rabia de no ser perfecto, incrementa sus prestaciones, acelera al equipo y lo empuja hacia la victoria, hacia el gol. Como el de ayer. Un gol que vale media liga.

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3 marzo, 2011 at 10:18 AM

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El Barça que nos legará Guardiola

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¿Cómo será el Barça sin Xavi, Puyol y Valdés? ¿Qué pasará cuando esta generación histórica desaparezca de los terrenos de juego? En el imaginario culé se suele disfrutar del presente, pero lo justo, siempre con un ojo puesto en las bajas, en el Madrid o en un hipotético futuro oscuro. Es cultural. La mentalidad barcelonista ha estado reprimida y acomplejada durante muchos, muchos años. Por infinidad de hechos, algunos de ellos, trascendentes al fútbol. Con la llegada de Guardiola, poco a poco, esta manera de pensar está evolucionando, fortaleciéndose, y dejando paso a un estado mental de convencimiento, de satisfacción, de tranquilidad.

Martín Montoya debutó en Mallorca con el primer equipo. Martín, en la cantera desde pre benjamines, nació en abril de 1991 y es uno de los últimos jugadores pre Wembley que llegará al primer equipo. En poco tiempo un chico nacido después de la primera Copa de Europa (1992) debutará con “los mayores”. Será un momento histórico. Será el paradigma de una generación que siempre ha visto a un Barça ganador, triunfador y radiante. Un actor clave de un cambio de mentalidad que no atiende a las bajas, no mira de reojo al eterno rival ni se deja devorar por el entorno. Será el Barça que nos legará Guardiola.

Si el presente no fuera lo suficientemente halagüeño, si algún detractor del carpe diem se preguntase qué nos depara el futuro, qué hay más allá del “drama Xavi Hernández”, del corazón de Puyol o del impertérrito Valdés, que no sufra, que mire hacia abajo. Sergi Roberto, Rafinha, Espinosa, Sergi Gómez, Dalmau, Muniesa, Deulofeu, Oriol Rosell, el propio Montoya o los jovencísimos Gael Etock o Armand Ella son claros aspirantes a ocupar las vacantes que dejen los actuales genios. Se trata del “efecto cascada”, definido por Martí Perarnau. Un efecto que garantiza el futuro y es imparable.

Publicado en Planeta Fútbol (01-03-11)

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28 febrero, 2011 at 9:38 AM

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Final feliz

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Ensimismados en la fase de lucimiento en la que el equipo disfruta y hace disfrutar y somete al contrario hasta parecer un accidente necesario, te preguntas dónde están las palomitas y se te caen las lágrimas por ver tamaño espectáculo y haberte librado de ir a ver Más allá de la vida. Pero, de repente, una pragmática te da un codazo en las costillas y te recuerda que aquí el objetivo es ganar, son los tres puntos, vas uno a cero y el Athletic es un gran equipo. Pero la película es muy buena, es una gran película.

Incluso cuando empata el Athletic. El Barça es tan paciente que aún sabiendo que el resultado era nefasto, se autoprohibió tocar ni una palabra de su discurso. Incluso para privarse de chutar de lejos, como si los goles de larga distancia valieran menos. Si el equipo se empeña en entrar por el centro y a combinar incluso en el área pequeña con un Alves que flota por la banda y martillea una y otra vez es porque, a eso, es a lo que saben jugar. Y así juegan.

El Athletic tuvo el partido donde quería durante muchos minutos: con un Barça volcado al ataque y una configuración, con Busquets de pseudocentral, en modo prueba. Desde que los controles se escapan un metro, desde que hay resbalones inoportunos, desde que Messi falla goles, desde que la emoción ha vuelto y el Camp Nou recupera su silencio impaciente, el equipo parece vulnerable, humano. Sin Puyol y ahora sin Valdés, con un Piqué devorado por el foco mediático y un Messi que no marcaba desde hacía dos partidos, los cantos de crisis eran tan risibles como relativamente ciertos. Al menos para un conjunto tan perfecto, lo que recuerda lo extraordinario de su labor. 

El momento del héroe   

Cuando la película era más oscura, cuando parecía que el Athletic disfrutaba taponando al Barça y castigando los espacios con una tapadera de delantero vestida con el dos a la espalda, fue el dos, pero el del Barça, quien encontró el espacio. Alves asistió a Messi que, de nuevo, se disfrazó de superhéroe para devolver el aliento a millones de culés. Para darles otro final feliz.    

Publicado en Planeta Fútbol (21-02-2011) 

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21 febrero, 2011 at 10:27 AM

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Beautiful losers

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El equipo menos inglés de la Premier ganó al Barça de la manera más inglesa posible. Con dos acciones rápidas, directas y punzantes. Con pases rápidos y remates certeros. El Arsenal se ha hecho mayor, ha madurado y quiere dejar de ser esa replica imperfecta de Barça que mima el balón, combina con gracia y gusto pero se achica en las grandes ocasiones y pierde año tras año. “El Arsenal ha dejado de ser el mejor perdedor, el equipo más agradecido, el enemigo ideal para el Barcelona” explica Ramon Besa en su crónica de El País. En definitiva, el Arsenal ha dejado de ser un beautiful loser.

El Barça jugó bien y hasta mejor pero sin continuidad y con una copia defectuosa de Messi, que cubre con actuaciones gloriosas sus continuas desconexiones. El Arsenal, que empieza en Song, se despliega con un abanico de atacantes creativos, veloces y livianos, pero cuenta con un agujero negro en la defensa que el Barça encontró pero no supo explotar. Fue uno de esos días en los que los astros se confabulan para impedir que no se de una victoria que podría haber sido de dos o tres goles de diferencia.

Las estadísticas dicen que al Barça de Guardiola se le atragantan el mes de febrero y los partidos a domicilio de las eliminatorias de la Champions. Que Leo Messi nunca ha marcado en Inglaterra y que Wenger, hasta ayer, nunca había ganado al Barça. Como los dichos populares, las estadísticas son fantásticas aliadas de cualquier bando, pues se usan a conveniencia. En este caso, podemos utilizar los datos que advierten que el Arsenal baja muchos enteros lejos de su estadio, que el Barça de Guardiola ha solventado (excepto la del Inter) todas las eliminatorias en el Camp Nou con goleadas y que, con Puyol, el Barça gana más. Ayer, los blaugrana intercambiaron los papeles y se quedaron, puntualmente, con la etiqueta de Beautiful losers. Pero, a la espera de lo que pase en el Camp Nou, el auténtico drama es que uno de los dos equipos se quede fuera en octavos de final.

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17 febrero, 2011 at 10:45 AM

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Psicofútbol

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La racha histórica del Barça daba pie a una narración maravillosa que cantaba el mito de la invencibilidad, una maniobra de la literatura deportiva que vende la glorificación de la épica. Pero el mito suele ser una historia ficticia y la perfección del Barça, una ilusión cercana, pero, al fin y al cabo, una ilusión. Con el empate en Gijón el equipo de Guardiola se humaniza y devuelve una tensión altamente deseada por una masa crítica que se alivia en la incertidumbre y se inquieta con la excelencia. ¿Vuelve la emoción?

En la agitación, precisamente, se desenvuelve el Madrid, mucho más dado a la épica que el Barça, conjunto refinado e intratable en el juego, pero inestable en las emociones. Históricamente, los blancos se identifican con el guerrillero, orgulloso y mentalmente inquebrantable, mientras que los culés, más académicos, tienden a la ensoñación y se muestran maleables en la inestabilidad. El refinamiento del Barça, por tanto, se opone al arrebato madridista, que se revuelca gustoso en el barro y da lo mejor de sí mismo en la contrariedad y en las sacudidas.

 A cinco puntos hay que apelar a las emociones y al psicofútbol, un resquicio de esperanza blanca para crear un dilema que, en lo estrictamente futbolístico, no existe. En el juego, en el estilo, el Barça se sabe infinitamente superior.

Publicado en Planeta Fútbol (14-02-11)

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14 febrero, 2011 at 10:17 AM

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Una final de doble filo

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Sondeos imaginarios otorgarían una mayoría absoluta aplastante al candidato Barça, un “mirlo blanco” honesto, elocuente y con un plan irreprochable. Ganador en todos los debates, en todos los ámbitos, y admirado por el electorado, su camino hacia la presidencia del fútbol es un recorrido tan llano y recto que tan sólo un accidente inopinado y una sorpresa mayúscula podría truncar y voltear esta marcha triunfal. Uno de esos imprevistos que sacuden lo previsible y desvían la corriente: una final.

En un deporte en el que el estado de ánimo cambia cada fin de semana, el Madrid de febrero entorna los ojos ante una intrincada vía de salvación. Incapaz en el largo plazo, el equipo de Mourinho ve en el todo o nada de 90 minutos una solución tres por uno para evitar la deriva: despojar al Barça de su aura de invencibilidad, arrebatarle un título anhelado y, sobre todo, otorgar a la Copa un simbolismo de cambio de tendencia. Si perdieran, se abriría ante ellos una gigantesca nada de la que sería tan difícil escapar como de la gran depresión en la que entró el Barça con la pérdida de Figo.

En el País de las Maravillas, donde habita el Barça, la final de la Copa del Rey se exhibe tan seductora como resbaladiza. Desde los altares del fútbol, los azulgranas se verán obligados a ganar para hacer honor al mundo que separa a los dos equipos. Ante sí, tienen, quizá, el más grande de los retos: cambiar la mentalidad y el sentimiento colectivo y situarse, por méritos propios, como la referencia del siglo XXI, como el equipo de una revolución, de una nueva generación.

Publicado en Planeta Fútbol (07-02-11)

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7 febrero, 2011 at 8:58 AM

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El don de Pedro Rodríguez

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Cuando Pedrito surgió de esa nada que es la tercera división para jugar con el primer equipo del FC Barcelona, lo hizo para dar minutos de descanso al mejor Henry de la temporada del triplete y para sustituir a Iniesta en el minuto 92 de la final de Roma. Pedro se ganó la titularidad en la temporada 2009/2010 y, así, se convirtió en el primer jugador de la historia en conseguir marcar en todas las competiciones. Pero a pesar de todo lo conseguido, cuando el canario inició esta temporada como campeón del mundo y como uno de los once elegidos del mejor equipo del momento, las suspicacias sobre su figura todavía revoloteaban acerca de un pensamiento más o menos extendido: Pedro no tiene nivel para ser jugador del Barça.

Con argumentos como la fortuna o la fugacidad, miradas avispadas lo clasificaban como un extraño y complejo fenómeno, como un arma tan improbable como irrepetible, como una escalera real. Sin una velocidad extraordinaria, ni un pase milimétrico, ni un regate mareante, ni una técnica prodigiosa, ni un físico titánico ¿cómo se había colado Pedro en el mejor equipo de fútbol de la historia? Porque al margen de su pacto de sangre con el gol y la habilidad de estar en el momento justo y en el lugar adecuado, ¿qué diantre tiene Pedro? Si alguien infravalorara estos atributos, cabría atribuirle un tercer don, tan genuino como escaso: el sweet spot.

Sweet Spot es un concepto deportivo, asociado al tenis, el críquet o el béisbol, que da nombre a un punto preciso y exacto de la raqueta o del bate en el que se dan una combinación de factores físicos que permiten ejecutar “el golpe perfecto”.

Pedro, que en sus inicios era una brisa que pasaba desapercibida hasta que sellaba su saldo con el gol, ha progresado hasta convertirse en un ciclón, en un jugador mucho más complejo con un curioso idilio con el marco rival, propio de cazadores pacientes y letales como en su día fueron Raúl o Pippo Inzaghi. Pedro, distinto a estos en el fondo y en la forma, comparte esa extraña habilidad que le convierte en el hombre adecuado, en el lugar oportuno, en el momento justo. El hombre de ese extrapolado punto místico y casi metafísico denominado sweet spot.

Publicado en Planeta Fútbol (02-02-2011)

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2 febrero, 2011 at 8:42 AM

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El mundo nunca es suficiente

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“Si hubiéramos ganado, no me preguntarían por el juego realizado. Da igual si no juegas a nada, siempre y cuando ganes al final. El fútbol depende de los resultados”. Cristiano Ronaldo resumía, sin saberlo, la esencia del fútbol clásico, pragmático y maquiavélico que ha llevado al Madrid a consumirse a poco más de media Liga. Esa “nada” futbolística diametralmente opuesta al todo azulgrana, núcleo diferencial que va más allá de los simbólicos cuatro puntos que los separaban en la tabla y que hoy son circunstancialmente siete. Ahora y antes los mediaba un mundo.

Que el mejor Barça de la historia sólo le sacara cuatro puntos al Madrid se debía tan sólo a ese afán competitivo-orgulloso-peleón, tan intrínseco y admirable de los blancos. Con un once sin rotaciones, el Madrid ganaba los últimos partidos apurando, justo de fuerzas y por el empeño persecutor de Cristiano Ronaldo. Se agarraba a las cuerdas y ha caído a la lona en el séptimo asalto. ¿KO?

Si tenemos en cuenta que el Barça despedazó al Madrid, que sólo se ha dejado cinco puntos en la primera vuelta, que se trata del equipo menos humano que ha dado el fútbol en los últimos cincuenta años, que aniquila récords y que sale aplaudido de los campos rivales, entonces sí, apaguemos la Liga más desigualada de la historia y dediquémonos a la Premier League, más emocionante, más humana y más competida. Al menos, hasta que llegue la Champions.

O también podemos activar el modo clásico culé y ver un punto oscuro en esta nueva situación. Porque el estadio natural de un Barça tensionado, presionado y perseguido por un incansable Real Madrid se ha roto lejos de terminar la Liga. Los de Guardiola deberán mantener la tensión en una segunda vuelta que les depara visitas consecutivas a Mestalla, el Sánchez Pizjuán, El Madrigal y el Bernabéu. Cuatro partidos difíciles que auguran una segunda vuelta más competida, con Champions de por medio, y que a regañadientes nos obliga a decir que sigue habiendo liga, que el Madrid es mucho Madrid y que el mundo nunca es suficiente.

Publicado en Planeta Fútbol (31-01-11)

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31 enero, 2011 at 11:26 AM

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El silencio lo fabrica Messi

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Prestidigitador del tiempo, el Barça truca el balón cómo si se tratara de relojes blandos de Dalí, entre la omnipotencia del sueño, la imaginación y el surrealismo. Anestesiados, atrapados en una dimensión onírica presa de la admiración, el pasmo y la impotencia, los rivales del conjunto culé despiertan 15 minutos tarde, cuando el resultado es de tres a cero y el partido ya ha terminado. Así, en dos partidos el Barça le ha endosado al Amería 13 goles…y en 8 ha castigado a sus rivales con sendas manitas. Los de Guardiola caminan hacia la final.

Por el césped el mejor jugador del mundo deambula cabizbajo, con andares patizambos y perezosos. Pero se resiste al descanso y las sustituciones le provocan pataletas. Absorbe los 90 minutos de juego de cada partido como una energía vital y metafísica, como un éter que da sentido a su futbolística existencia. El 10 se regula en el terreno de juego, cuando ya se ha exhibido y el resultado es incontestable. Si Odiseo poseía un odre que contenía los Anemoi, dioses del viento, Messi ha entendido que goza de poderes psicosomáticos, casi místicos, para generar desde el más exaltado fervor hasta el más sobrecogedor de los silencios. Mientras que sus gambetas y sus goles exaltan al más sosegado, su caída sobre el césped corta la respiración, provoca pavor y espanta el sueño de cientos de miles de personas. Messi está tan “simbiotizado” con el aficionado barcelonista que se está convirtiendo en un cuento mitológico, en la persistencia de la memoria que en un futuro no muy lejano provocará que un padre, ante preguntas como ¿qué es el silencio? se vea obligado a responder: hijo, el silencio lo fabrica Messi.

Publicado en Planeta Fútbol (27-01-11)

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27 enero, 2011 at 9:25 AM

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Un Barça sin Dani Alves

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Un Barça con dosificador domó al Racing de Santander con una melodía acompasada y un estribillo eléctrico. Un son que se baila al ritmo de Iniesta, contemporizador reinventado en goleador, ahora instalado en un estadio de jugador total, dominante e imprescindible. Tan vital como Xavi, Messi o Alves. El del sábado fue el primer partido sin el brasileño, ausente por lesión. Su baja fue intrascendente en un equipo que habitualmente se fragua desde la derecha, desde su territorio. Alves, lateral de salida, ubicuo por naturaleza, se proyecta en el campo como centrocampista, extremo y delantero. Su tamaña influencia en el juego del Barça le otorga un aura que lo sitúa en ese círculo de elegidos, en esa estirpe de jugadores brasileños que se disfrazaban de defensas para desplegarse en ataque, asistir y castigar la portería rival. Amplificadores de juego que surgieron de precursores como Djalma Santos, Carlos Alberto, Nelinho, Junior, Leandro, Josimar, Branco o los contemporáneos Cafú y Roberto Carlos. Laterales que definían la viveza de la defensa y la alegría del ataque de sus equipos.

Ahora que está de moda decir que nadie es imprescindible, Dani Alves se antoja como una pieza de orfebrería difícil de replicar. Su no renovación tendría una repercusión que en momentos de bonanza se infravalora y se minimiza. ¿Imprescindible un lateral derecho? Quizá Alves sea un mero eslabón de un plan perfecto, pero la importancia del jugador de Juazeiro, incansable, percutor y genuino, no es trivial. El Barça, con o sin Dani Alves, seguirá bailando. Pero la canción ya no será la misma.

Publicado en Planeta Fútbol (24-01-2011)

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24 enero, 2011 at 8:44 AM

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El abismo de Mou

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Perdedor ocasional y por cuenta ajena, José Mourinho afianza su vanidad y su desprecio en la victoria que le otorga la providencia, el talento natural. Al menos, así lo cree y actúa en consecuencia, arropado por groupies que desearían reflejarse en su espejo, donde esconde retazos de ganador, de dramaturgo y de demagogo. Autodenominado The Special One, Mou vive de su megalomanía triunfal, de su nombre asociado al número uno, ahora más pendiente del nueve. Su escenificación en las ruedas de prensa, meditada, estudiada y de una afilada astucia responde a un miedo lógico, a un terreno que su carácter ha abonado año a año. Endiosado en la victoria, aspira a ser el más odiado, burlado y vilipendiado en la derrota. Su espejo le muestra a Guadiola, al Barça, a un equipo inhumano que desatiende las provocaciones, los ataques y las sacudidas psicológicas. Pero no le quita el sueño la derrota. Lo que realmente le carcome es aspirar tan sólo a la victoria, alejado de la gloria y de la historia que escribe jornada tras jornada el gran rival. Mientras Guardiola estima ridículos los cuatro puntos de diferencia, Mou intuye un abismo. Un abismo insalvable.

En el País de las Maravillas, el Barça mece su insultante superioridad, obligando a la masa a actualizar récords, a esculpir efigies de héroes y a prodigar alfombras de pétalos de rosas bajo los pies de los elegidos. No pueden ser más buenos y Guardiola se obliga a diseminar un discurso de modestia, aburrido y necesario, sobre unos jugadores que ya son mitos vivientes. Guardiola sostiene el fino hilo dorado que separa el deleite de El Jardín de las Delicias porque sabe que, al final de temporada, el contador sólo marcará los títulos ganados.

Publicado en Planeta Fútbol (18-01-2011) 

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18 enero, 2011 at 8:37 AM

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Soñando el 2010

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Eran derrotas humillantes y dolorosas para un niño acostumbrado a gozar, a apurar, a confiar en la divina providencia y, finalmente, a ganar. La historia le explicó que el ciclo de victorias, de triunfos y de euforias era una rareza, una bendita interrupción entre desilusiones, esperanzas frustradas y sueños rotos. Era duro acostumbrarse a convivir con la amargura de la derrota, con el segundo puesto, con un portazo en las narices. Despertarse de ese sueño era un imposible para un niño de esa generación que descubrió el color azulgrana con el Dream Team de Johan Cruyff. Y que fue arrojado a la ingrata adolescencia con palabras duras y voces de adulto: -el Barça no gana siempre; no gana casi nunca.

Comprendió con el tiempo que las victorias se paladean, por escasas y huidizas, y que las derrotas, constantes, inevitables y necesarias, se mastican. Y se olvidan. Vio como los astros que brillan con más intensidad se diluyen como lágrimas en la lluvia. Vio hincar la rodilla a Romario en el templo de los dioses griegos y la llegada y partida de un ser extraordinario en fuerza y talento, de apellido Nazario y de apodo Il Fenómeno. Vio a un Barça naufragar sin rumbo, anaranjado y sin identidad. Entendió que algunas victorias son vacías y aprendió a envidiar, a detestar la alegría ajena y a odiar, a llorar la traición de un Capitán. Hubo victorias entremedio de derrotas, alegrías y satisfacciones y borracheras de triunfo y de amago de Dream Team. Llegó París. Y luego ese canto XII, ese descensus ad inferos, donde el mago perdió la memoria, olvidó sus trucos y su eterna sonrisa. Fueron más de mil y una noches. Noches de ensoñación y de fantasía. De suspirar por ese Dream Team, por recuperar la infancia.

Pero nunca, ni remotamente, su imaginación llegó tan lejos. Nunca hubiera podido concebir a un Barça de ficción y fantasía. De 44 victorias en 58 partidos. De 155 goles a favor. De 103 puntos. Soñando el 2010, aún soñando cifras tan contundentes como estas, nunca hubiera alcanzado a entender algo tan sutil y delicado como son las sensaciones, las emociones que despierta el Barça de Guardiola. Un Barça que ni la imaginación de un niño hubiera podido sospechar.  

Prórroga

En 2010 el Barça ha ganado la Liga y la Supercopa de España. Ha vencido en 44 de los 58 partidos que ha disputado. Ha anotado 155 goles y ha encajado 41. Ha sumado 103 puntos en Liga y se ha adjudicado los dos clásicos disputados contra el Real Madrid (0-2, 5-0). Sus derrotas en 2010 fueron ante el Sevilla en Copa del Rey y en la ida de la Supercopa de España (1-3 y 3-1); ante el Atlético de Madrid (2-1) y el Hércules (0-2) en Liga; y ante el Inter de Milán (3-1) en semifinales ida de la Champions League.

Pero más allá de las cifras, el Barça 2010 ya forma parte de las páginas doradas de la historia del fútbol. Como un símbolo, como un fin.

Publicado en Planeta Fútbol (29-12-2010)

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29 diciembre, 2010 at 9:07 AM

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Un día más con vida

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Copa. Miércoles lluvioso pre Navideño y post exhibición. El Barça confió en la inercia y la inercia lo manteó y lo sumió en un ritmo compasivo, con una cadencia de pases humana y unos movimientos terrenales. Insuficientes para batir a un Athletic inteligente, cuyo objetivo era sobrevivir y jugar la eliminatoria a 180 minutos y que hizo todo lo posible por atrincherarse en poquísimos metros cuadrados. La falta de precisión de Alves y Maxwell desde las bandas condenó a los azulgrana a entrar en un embudo, en un agujero negro en el que se enredaron para acabar diluyéndose. Perdidos.

Y entonces Guardiola quiso cambiar de velocidad, consciente del factor San Mamés, y desperezó al equipo con la entrada de Messi y Villa, difusores del gol. Y justo cuando parecía que todo iba a resolverse por arte de birlibirloque, que el partido acabaría en victoria, no pasó nada. El Ahtletic colapsó la creatividad azulgrana y sonrió con la expectativa de recibir al Barça, con todo por decidir, con Fernando Llorente y, como escribió el maestro Kapuscinski, con “un día más con vida”.

Publicado en Planeta Fútbol (22-12-10)

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22 diciembre, 2010 at 9:22 AM

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Fuera de órbita

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La Liga volvió a hacernos vibrar. Cornellà-El Prat luce como un estadio de la Premier, con una afición enfervorecida y un equipo sobre excitado. Pochettino ofrece juego y coherencia. Lo juzgarán como loco, temerario o inconsciente pero lo cierto es que el Espanyol podía perder dando patadas o siendo fiel a su filosofía. El 1-5 es un resultado claro, duro e intachable pero el Barça tuvo un equipo enfrente, unos jugadores que lucharon por una ilusión: el balón. La máquina exquisita no se detiene y es un ciclón que arremete contra la tacañería y la coherencia por igual. Castiga el miedo y penaliza el arrojo de la misma manera. El Barça de los tres balones de oro ofreció el último tango del 2010 y remachó el año saldando una cuenta pendiente, demostrando quién es quién, desinflando el soufflé blanquiazul.

En tierra hostil, el Barça encontró una presión avanzada, líneas estrujadas y autopistas en los laterales. Un campo a través en el que Xavi te desmiembra, Pedro te liquida y Villa te sentencia. Messi, máximo goleador de la liga, máximo asistente, es la piedra filosofal de un conjunto celestial, de un once que se recita de memoria. Un equipo de recordmans que acumula cifras para la historia. Cierra el primer tramo de esta temporada con 53 goles a favor y 9 en contra. Con el pichichi, el Zamora y el máximo asistente. Con un pleno de victorias en sus partidos a domicilio. Con 4 manitas en la Liga. Con un Valdés imbatido durante 533 minutos. Con 103 puntos en 2010. Fuera de órbita.

Publicado en Planeta Fútbol (19-12-2010)


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19 diciembre, 2010 at 10:38 AM

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La utopía Barça

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Lo narrarán los libros y lo revelarán los vídeos. Y lo relatarán los más viejos del lugar y ni siquiera tendrán que exagerar. Y se enseñará como Platón en la filosofía, Miguel Ángel en el arte o Shakespeare en la literatura. Se impartirá como génesis de un deporte que una vez los ingleses llamaron fútbol. Un deporte que un equipo elevó hasta un estadio quimérico que los académicos deberán descifrar. La rutina extraordinaria del juego descomunal del Barça de Guardiola ya forma parte de las páginas del libro de la historia del fútbol, una memoria que no permitirá olvidar algo que hasta hace poco se habría calificado de utopía. La utopía Barça.

No importa que enfrente esté la Real Sociedad, uno de los pocos equipos sensatos de la Liga, o el Real Madrid, uno de los mejores conjuntos del continente. El Barça imparte angustia e impotencia por igual. Esconde el balón y obliga a futbolistas a convertirse en atletas sin meta. En la misma dimensión, en el mismo espacio tiempo y en el mismo equipo han coincidido tres de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Tres seres extraordinarios originados de una ilusión, de un sueño materializado por Oriol Tort en La Masia y explosionado por el Big Bang del Dream Team de Cruyff.

Tres Reyes

Iniesta, Xavi o Messi ganarán el FIFA Balón de Oro. El artículo segundo del reglamento establece que el trofeo premia los logros conseguidos por el futbolista durante el año natural. Si es así, deberíamos descartar al extraterrestre que perjuran que viene de Rosario. A pesar de ser el mejor jugador del mundo con mucha diferencia, su 2010 tiene la mácula del Mundial. Sin ganar un título internacional está en clara desventaja con Iniesta que, además, cuenta con una carta ganadora: su gol en la final. No hay que olvidar, sin embargo, que su temporada con el Barça fue irregular, siendo justos, muy por debajo de la de Xavi. El paradigma del estilo Barça es, según el reglamento del Balón de Oro, el jugador que merece más este distintivo. Campeón de Liga y del Mundial, Xavi ha jugado sin lagunas, comandando magistralmente al mejor club y a la mejor selección del mundo. Este Balón de Oro es el triunfo de un pensamiento, de una idea que se esfumaba cuando intentabas atraparla. Es el triunfo de lo que en el futuro, por inigualable, se conocerá como la utopía Barça.

Publicado en Planeta Fútbol (13-12-10)

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13 diciembre, 2010 at 9:02 AM

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La revelación de Murakami

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Era un día de primavera precioso, con un cielo limpio de nubes y una brisa cálida. Bebía una cerveza fresca y, de vez en cuando, miraba el cielo, desde el montículo de césped del estadio Jingu, feudo de los Yakult Swallows. El reloj marcó la una y media del día uno de abril de 1978. El bateo del americano Dave Hilton replicó en un ruido seco del bate, que resonó en todo el estadio. Justo en ese momento, Haruki Murakami tuvo una revelación: “ya lo sé, trataré de escribir una novela”. Así nació el escritor.

La nariz, probablemente colorada, le dolía al aspirar el aire gélido, inclemente a pesar de la euforia, cálida y alegre, que aumentaba la temperatura del estadio. Se cubrió la nariz con las manos, exhaló para sentir un atisbo de calor y aprovechó para secarse unas lágrimas ya difíciles de disimular. Los cánticos ensordecedores y las cartulinas azulgranas configuraban un remolino de emociones difíciles de asumir para un niño de diez años, lector precoz y madridista por contraposición. Ese ocho de enero de 1994 aprendió lo que era la tristeza, más dolorosa aún cuando la alegría te rodea. El cinco a cero pero, sobre todo ver a su padre abrazarse con sus hermanos, le produjo tal sensación de soledad que decidió cambiar de equipo. Ni el posterior consuelo de su padre ni la explicación de las vueltas que da la vida pudo hacerle ya cambiar de opinión. Así fue como Carles se hizo del Barça.

La lluvia fina trabajaba sin descanso, penetrando silenciosamente, calando hasta los huesos. Carles y su esposa Anna, preocupados por sus hijos, ajustaban gorros y bufandas y guantes y botones. Júlia, rebelde, descubría orgullosa su escudo del Real Madrid y Joan enarbolaba con descaro su bandera del Barça. ¿Uno de cada? le espetaban con sorna los compañeros de grada. La respuesta de Júlia se ceñía a mostrar la lengua a diestro y siniestro. Murakami era el compañero de metro de Carles en esos días. Se sorprendió al descubrir la revelación del escritor japonés y estableció un sinuoso paralelismo con su reconversión, 16 años antes, en el Camp Nou. Ese 29 de noviembre del 2010, el marcador reflejaba el mismo resultado, cinco a cero. Mientras el Barça de Guardiola rubricaba la mayor exhibición futbolística que había visto en su vida, Carles no le quitaba ojo a Júlia, que se mantenía callada, tranquila, reservada. Un extraño sentimiento lo sacudió entonces, desde los pies hasta la nuca. En su fuero interno deseó que fuera al revés, que hubiera ganado el Madrid, sólo para ver a su hija sonreír, feliz. Al término del encuentro, Carles intentó bromear con ella: ¿de verdad que no te quieres cambiar al Barça, Júlia? Con 12 años, los ojos vidriosos y un sosiego que nunca olvidaría le respondió: Papa, me da igual ser del Madrid o del Barça. Yo lo único que quiero es venir contigo y que tengamos algo de qué hablar. Así fue como Carles aprendió a ser padre.

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3 diciembre, 2010 at 8:47 AM

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El Mundo es vuestro

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Glorioso. Apoteósico. Inmortal.

El mejor equipo de la historia del fútbol cortó de cuajo la cabeza de cartón piedra de esta Liga bicéfala con una manita para la historia. El Barça jugueteó, aleccionó y abofeteó el anteproyecto blanco de Mourinho y le brindó una cura de humildad a un Madrid que se creía adulto, listo para desafiar al Campeón. De puntillas, quiso jugarle cara a cara a un Barça celestial. Pero carece de altura y le faltan muchas sopas por comer. El fútbol de hoy sólo tiene un retoño legítimo. Y el Barça es hijo único.

El espejo reflejó la verdadera identidad de los dos conjuntos, epicentro del Planeta Fútbol. Mientras el Barça sigue escribiendo páginas de la historia de este deporte con el mejor partido de la era Guardiola (junto con la primera parte del Emirates Stadium), el Madrid se aculó e, impotente ante el ciclón azulgrana, mostró su cara más agria, con un Ronaldo que payasea (70% pamplinas, 30% fútbol) y un Sergio Ramos que escupe a la palabra deportista. El vacío en el cerebro de estos fantásticos futbolistas es importante. Y si Cristiano demandaba ocho se llevó cinco…

El Síndrome de Stendhal

El fútbol se queda atrás y ya no puede seguir al Barça. El Súper Equipo de Guardiola es tan romántico y poético que el espectador enloquece y siente vértigo y confusión ante la acumulación de belleza y la exhuberancia de su goce artístico. Se trata de una suerte de síndrome de Stendhal, una enfermedad psicosomática que describió y prescribió el autor francés ante la contemplación de la Basílica de Santa Cruz, en Florencia.

Pero no apaguen las luces todavía. El Madrid, zaherido, le disputará la Liga hasta el final y luchará amparándose en su condición orgullosa y batalladora. Pero lo que no le podrá discutir más es el juego, el fútbol, que empieza y termina en el Barça. El planeta futbolístico rinde pleitesía a los azulgranas. El cómo ya es eterno. El mundo es vuestro.

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30 noviembre, 2010 at 8:50 AM

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¿Sueñan los androides con una Super Liga Europea?

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Mientras los modestos lloran por una porción del pastel televisivo y dan su último adiós a la difunta Liga española, mientras se lamentan por la supremacía de los dos Súper Equipos y la injusta diferencia entre ellos y el resto, el marasmo mediático inicia su bombardeo, cuenta atrás para el partido del milenio y golpe letal a los ingenuos, que de vuelta a la realidad, tras sopapo por atrevidos, ahora pueden preguntarse: ¿habría dinero para mi si no existieran Barça y Madrid?

Los insurrectos fueron aplacados y los androides dominan el paisaje futbolístico actual. El primero de la otra Liga se difumina a siete puntos de Mourinho, nuevo führer neogaláctico. No es extraño. El Real Madrid cuenta con 32 puntos, 33 goles a favor y 6 goles en  contra. C. Ronaldo (15 goles) es el pichichi de la competición y Casillas, el zamora. Ha ganado todos sus partidos en el Bernabéu y no conoce la derrota. El Barça, por su parte, suma 31 puntos, con 33 goles a favor y ocho en contra. Ha ganado todos sus partidos a domicilio y ha igualado la goleada más abultada como visitante de la historia de la Liga. Messi ha anotado 13 goles en estas 12 jornadas.

¿El mejor Barça-Real Madrid de la historia?

Los dos equipos-androides llegan como los mejores conjuntos del Planeta Fútbol. Estrellas en el banquillo y en el campo, el Clásico parece haber recuperado hasta la polémica, las provocaciones de antaño. El Barça ofrecerá su juego de posesión, toque y combinación infinitos y esconderá el balón a los blancos que, agazapados, no dudarán ni un instante en sacar a sus cuatro caballos desbocados para castigar los huecos que puede dejar un Barça volcado al ataque. Mourinho y Ronaldo son los emblemas de un modelo diametralmente opuesto al barcelonista, capitaneado por Guardiola y auspiciado por Messi.

Desde ya pongan un cirio a sus deidades para que este partido no acabe en tablas. La frustración de no tener a un vencedor entre estos dos titanes puede desencadenar en una angustia y una ansiedad que no se resolvería hasta primavera. Porque después de este encuentro, Barça y Madrid seguirán jugando en una competición descafeinada. ¿Sueñan, pues, los androides con una Super Liga europea? ¿Competirían con la élite arriesgándose a no ganar cada año? ¿prefieren seguir repartiéndose la competición doméstica temporada tras temporada hasta que los modestos deserten?

En siete días, partidazo del siglo, milenio, etcétera.

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22 noviembre, 2010 at 9:10 AM

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El Barça liquida el fútbol

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El Barça ya no juega a fútbol. Sus jugadores acarician el balón, lo mecen y lo miman hasta volver loco al rival. Exasperado, el contrario reza para que se produzca un chute, una falta o cualquier interrupción que termine con el hipnotismo del juego de los de Guardiola. Pero el balón va más rápido, el contacto físico no forma parte de su abecedario y los chutes son algo vulgar, vejatorio, para un balón que circula y circula sin tregua ni fin. Entonces responde Messi. Obligado porque así lo marcan las reglas. Porque el fútbol termina en eso: en el chute, en el gol. Messi (18 goles esta temporada, 66 en las últimas 69 jornadas de Liga) es el último vínculo del Barça con el fútbol. Los azulgrana parecen ascender a un estadio superior que dista del deporte que inventaron los ingleses. En el fútbol terrenal, el Villarreal es el mejor equipo.

O al menos el mejor equipo de La Otra Liga. Con dos campeones del mundo en sus filas, un libre pensador en el centro del campo y dos ejecutores en la delantera, el Villarreal es un conjunto ambicioso, astuto e incómodo. Un robapuntos que obligó al Barça a dejar el fútbol atrás, a entrar en una nueva dimensión regida por el mejor jugador de la historia. En ella, Messi  inventa y reinventa las normas partido a partido y establece los límites del equipo. El Barça (Messi) ha traspasado el umbral y ha liquidado el fútbol.

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15 noviembre, 2010 at 8:31 AM

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Deconstruyendo a Ricky Rubio

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El balón se coló en la red tras despegar de los dedos de Ricky Rubio. Desde el centro del campo, el base catalán percibió los vítores de un público enardecido, convencido de presenciar algo tan fuera de lo común, tan extraordinario, que sólo sucede cada medio siglo. Los testigos de la final del Europeo Cadete del año 2006 se marcharon a casa convencidos de que habían disfrutado de un jugador que despedazaría todos los récords de precocidad establecidos. Los 51 puntos, 24 rebotes, 12 asistencias y 7 recuperaciones del chico traspasaban la lógica de un jovencito imberbe nacido para hacer historia. Para escribir la historia del baloncesto europeo del siglo XXI. Cuatro años más tarde, la inquietud invade a esos mismos testigos que, aturdidos, ahora se preguntan: ¿Qué le pasa a Ricky?

 Nada. Esa es la respuesta más común, más recurrente. Pero la nada devora a Ricky, que languidece en el parquet, apático y melancólico. Su creatividad infinita se ha tornado en un juego errático y previsible, en un juego intrascendente que muere al cruzar el medio campo y doblar el balón al alero. En lo que llevamos de temporada, las frías cifras explican que Ricky promedia 4 puntos por partido, con un 33% en tiros de dos, un 13% en tiros de tres, 3 rebotes, 5 asistencias y 2 robos para un total de 7 de valoración. Tan sólo en asistencias (tercero en el ranking ACB) despunta. Quien valore la labor de Ricky ignorará las estadísticas argumentando que su juego va más allá de lo tangible y de ese particular agujero negro que es su tiro.

 Camino a la NBA

El 20 de octubre de 2005 anotó dos puntos, logró una asistencia y robó dos balones. Lo hizo en tan sólo cinco minutos, con tan sólo 14 años. Se convertía, así, en el jugador más joven en debutar en la ACB. Las expectativas entorno al jugador crecieron y crecieron hasta convencer a todo el mundo de que era un auténtico prodigio, un virtuoso del baloncesto, un Mozart. En la temporada 2007/2008 formó parte del mejor quinteto del año (otra vez el jugador más joven en conseguirlo), y fue nombrado “Mejor Joven del Año” por el secretario general de FIBA Europa. En 2007 fue el líder en robos de la ACB y de la Euroliga.

El mundo (Estados Unidos) conoció a Ricky en los Juegos Olímpicos de Beijing. La lesión de Calderón lo arrojó a la titularidad en una final en la que su descaro e inteligencia impresionaron a los estadounidenses, que se llevaron la medalla de oro y apalabraron a Ricky. Con su juego, el joven base involucraba hasta al palco. Sus compañeros temían que un balón, que un pase suyo les golpeara en la cabeza por sorpresa, por no estar a la altura de la clarividencia del chico. Y las analogías no tardaron en llegar. Lo compararon con Drazen Petrovic, con Jason Kidd y hasta con Pete “Pistol” Maravich, teorías que fueron desmontadas una a una:

“Pete Maravich era, ante todo, un anotador compulsivo y un sujeto tocado por una divina relación con el aro, lo que relegaba a su entorno a un segundo e incluso tercer plano. En el caso de Rubio parece haber también una relación divina. Pero no con el aro, sino precisamente con su entorno, al que sitúa en un absoluto primer plano. Por eso Rubio no es ni un anotador ni un jugador especialmente dotado para el tiro a canasta, aspecto por el que Maravich pasaría a la historia como Pistol. Es la decisiva diferencia entre el que dispara y el que suministra fusiles”.

El periodista Gonzalo Vázquez desmontaba a “Pistol Rubio” en un momento en el que Ricky se revelaba como único y genuino, encarnaba el talento en el sentido más natural y más auténtico de la palabra y despertaba el recelo de jóvenes promesas como Brandon Jennings, la primera voz discordante, la primera voz que dudó públicamente de Rubio.

Y Ricky decidió ir a la NBA. Del extraño episodio de su participación en el Draft, de su renuncia a jugar en Minnesota y de su ruptura con el DKV Juventud surgió otro jugador. Ricky desistió de abandonar la edad de la inocencia y optó por jugar cerca de casa, sin llegar a la cota simbólica de la NBA, pero compitiendo para ganar todos los títulos en uno de los mejores equipos de Europa. Xavi Pascual le entregó la manija del Barça y en una temporada personalmente correcta se proclamó campeón de Europa. Su decisión de permanecer en Europa para madurar como jugador quedaba legitimada por completo. Pero su virtuosismo ya estaba herido por los valores racionales, económicos y personales de su decisión. Valores diametralmente opuestos con el Genio.

 ¿Dónde está Ricky?

El Mundial de Turquía nos enseñó a un Ricky psicológicamente agotado, apático y sin ideas. El año que debía aportarle madurez, experiencia y temple lo había hecho crecer, sí, pero le había arrebatado la imaginación, la creatividad y la fantasía.

Hoy Ricky es la prolongación de un jugador empobrecido y vulgar, una sombra imperfecta de aquel fenómeno que deslumbró en el Europeo de 2006 y en el DKV Joventut. Curiosamente, el Barça ha suspendido temporalmente las entrevistas personalizadas con el jugador, además de los actos protocolarios… Los ecos de crisis de juego llegan ya a aguas americanas. Hace unos días Gonzalo Vázquez twitteaba: “Me pregunta un periodista americano qué pasa con Ricky. Contesto que nada. Y aprisa replica: “O sea que su nivel no es lo que nos contaron”.

Al término de esta temporada Ricky deberá decidir si se marcha a Minnesota o cumple los dos años de contrato que le quedan con el Barça. Es demasiado injusto, demasiado pronto para pensar que el talento de Ricky Rubio se ha diluido como el de tantas y tantas jóvenes estrellas cuyo fulgor se extinguió con su nacimiento.

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9 noviembre, 2010 at 11:30 PM

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La extinción de la incerteza

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La Liga tiene un aspecto tan deportiva y televisivamente bicéfalo que algunos partidos parecen molestar. El espectáculo del Barça de Guardiola es ya tan normativo, tan benditamente monótono que un partido contra el Getafe se considera un mero trámite, una piedra en el camino que hay que saltar sin pagar demasiado peaje.  El Madrid de Mourinho sigue sin conocer la derrota y se basta con 20 minutos para solventar los partidos. Si el Barça baila al Getafe y el Madrid acompleja al Atlético, si los que arañaban puntos e incluso arrebataban ligas caen empequeñecidos por el Star System en el que viven instalados Barça y Madrid, el espectador se impacienta y cuenta los días para que pase algo, para que uno de los dos no gane. En una liga tan mediocre, tan focalizada a la no sorpresa, lo único que parece trascender es el Barça-Madrid.

La incerteza es un valor en extinción en esta competición. Perder cualquier punto sería ahora mismo poco menos que un cataclismo para ambos equipos. Mientras el duelo de titanes se recrudece y el único aliciente en este inicio de temporada es discernir quién es mejor de los dos, los de la “otra liga” se aburren. El juego del Barça arrebata y la pegada del Madrid impresiona. Cristiano y Messi salen a gol por partido y ya les secundan Higuaín y Villa, que parece haber superado “La maldición de Eto’o”, aunque necesite tres ocasiones claras para perforar la red. “Ser delantero centro es un oficio duro, pero siempre resulta mejor que trabajar” confesó “Totò” Schillaci, mundialista en Italia 90 cuando militaba en la serie B italiana.

 El monstruo de Gila

Messi es tan sumamente escandaloso que ya tira a los rivales con sólo mirarlos, con el amago de una finta o con el movimiento de su melena. Infunde tal pavor a los defensas que resigna a contrarios y entrenadores rivales, que no se molestan ya ni en hablar de él. Como el monstruo de Gila, su antídoto es desconocido y tan sólo su obcecación por los rebrincos y los tirabuzones impiden que sea un futbolista perfecto. El antagonista, de ego infinito, es tan nervioso, fiero y letal como una Mamba Negra. Cristiano Ronaldo embiste la portería rival como si quisiera derribarla…

 Calma, el Barça-Madrid se acerca. Con sus debates, tertulias, comparaciones, estadísticas y estupideces varias. Eso sí. Recuerden que el miércoles hay partido. Llega el Ceuta.

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8 noviembre, 2010 at 9:26 AM

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Elogio desmesurado de David Villa

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“(…) El delantero centro es un loco aparte. Locura de animal que olisquea huecos y se fija en las distancias entre los defensas que le marcan y la nada, entre el portero y las escuadras o las bases de los postes. Es un cazador de agujeros. De agujeros por donde meterse  o por donde meter la pelota. Conoce las desesperanzas de tardes y tardes en las que todos los agujeros están tapados y el público le grita: “¡Tarugo!”. Ignorante el público de que los agujeros son nadas misteriosas que de pronto se aparecen a los delanteros centro más locos, como los ángeles antiguos se aparecerían a las vírgenes más campechanas”.  

La Nada se apareció a David Villa, goleador de profesión y actor publicitario en sus ratos libres. Villa, cuatro goles en nueve jornadas de Liga, despierta con el fresco, se ilumina en la penumbra otoñal y se excita con las palabras del Führer blanco. El Guaje, amparado por el cada vez más “Di Stefanizado” Messi, ha estado buscando los agujeros y las nadas misteriosas que describía magistralmente Vázquez Montalbán en La locura del delantero centro hasta encontrarlas justamente el sábado, día en el que el equipo mostró su versión más parecida a la del Barça de las Seis Copas.

Ante el Sevilla, el Barça de postal dio por terminada la pretemporada. Durante los primeros compases de la competición, los menos trascendentes, los más peligrosos, ha hecho historia en los campos de España y ha acumulado aplausos para Iniesta. En el Camp Nou, sin embargo, ha levantado suspicacias y ha mostrado su reverso oscuro contra los modestos. Curiosamente se exhibió tras el descanso de los titulares en Ceuta, hecho que pone de manifiesto el endiablado calendario, paradójicamente maquinado para el espectáculo y alejado, cada día más, del deporte.

La capital del fútbol mundial sigue siendo Barcelona. El equipo de Guardiola continúa dejando partidos para la historia, para cuyas páginas se reservan los chutes de Iniesta, tan escasos como valiosos. El antagonista, el Madrid de Mourinho, es sólido, ambicioso y mentalmente irreductible. Cristiano Ronaldo le lanza el guante a Messi, que lo recoge con elegancia y responde como Balón de Oro. El Madrid se siente capaz y mira a los ojos a los azulgrana tras años de agachar la cabeza. El mundo futbolístico se detendrá en menos de un mes. El Barça, con Villa, le espera en el césped. Para devolverle la mirada.

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2 noviembre, 2010 at 8:28 AM

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El Barça ladra; el Madrid muerde

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Messi, joven prodigioso y marciano del fútbol, empuja al Barça a las victorias. Sin estrés, sin ansiedad ni nerviosismo, el jugador total argentino es un Mark Zurckerberg del deporte, enchufado y obsesionado con la victoria y el gol. Remienda el inicio manso del Barça, que juega, arredra y ladra sin descanso, pero que no halla el gol. Sin Xavi, los jugadores se azoran, contraatacan y lucen como chicos sin tutela, traviesos y liberados, pero imprecisos y apresurados. En la otra orilla, el antagonista castiga. Y muerde.

 Si las victorias por uno o seis goles suman igual en las matemáticas, no funciona así en el ámbito de las sensaciones, auténtico motor del fútbol, deporte pasional por excelencia. Los números dicen que el Madrid todavía no ha perdido, es el que más goles suma, el que menos encaja, el que tiene el pichichi y el que luce el Zamora. Y además cuenta con la nueva bandera blanca, de nombre Mourinho, y de apellido Restaurador de la gloria madridista. Cruzando el Rubicón, el Barça exhibe su juego, su mejor inicio de la historia como visitante y su extraterrestre, que no marca de cuatro en cuatro, pero que siempre suma, que apenas falla y que no tiene antídoto. Y tiene a Pep, arquitecto de algo que debería constar en el diccionario como fútbol.

La Liga ha descubierto su auténtica cara y a pesar del Villarreal, del Valencia o de posibles outsiders, es cosa de dos. A falta de un mes para el enésimo partido del siglo, podemos estar delante de uno de los encuentros más reñidos, más intensos y más eléctricos de los últimos años. Ambos equipos son candidatos a la presidencia del fútbol actual.

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25 octubre, 2010 at 9:59 AM

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Radiografía del gol

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Salen a arrollar. Combinan y desequilibran. Inquietan y asustan. Miden las porterías, prueban la madera, bautizan a cancerberos. Marean, emborrachan y arrullan. Y después de una orgía de ocasiones y de envites, la realidad, esa que indica el marcador, enseña que el premio es irrisorio para tanto despliegue. Porque delante está el Copenhague. Y los jugadores se encallan. Y llega el marasmo. Devorados por la propia necesidad y la autoexigencia de corresponder al espectáculo y al rol que ellos mismos han creado. El rol de mejor equipo del mundo.

El demiurgo del Barça, que se permite un partido malo de cada cien y desoye la “Maldición del 9” dejada por Eto’o y la esquiva querencia del gol, aleja al equipo de la esterilidad. Messi deberá tocar a Villa, goleador de nacimiento, que ha de encomendarse a la divina providencia o bien peregrinar al santuario del gol, donde residen in saecula saeculorum Romario y Ronaldo, haciendo libaciones y sustentándose con ambrosía y placer carnal. Mientras el Barça describe y crea y analiza y dibuja y mastica los goles en una radiografía cansina y macilenta, el amante se presenta de la manera más inusitada y menos plástica. En el descuento y tras centro-pifia de Abidal. Las palabras de Guardiola en la rueda de prensa resumen el sentir del maleable aficionado culer, aún optimista, aún con ensueños de verano: “ya entrará”.

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21 octubre, 2010 at 7:34 AM

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El Barça contra el Barça

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El Barça juega más contra sí mismo que contra el rival. Víctima de su propia plasticidad tiende a caer en el barroquismo para convertir las jugadas en un exceso de circulación, zig-zags y paredes imposibles en las que siempre sobra un pase. Dentro de la política solidaria de los azulgranas, se echa de menos la irreverencia y la anarquía, la sencillez y el pragmatismo que usualmente aporta aquella figura que por definición se alinea con el egoísmo. La que soporta el instinto del delantero centro.

 La “barcelonización” de Villa, causada por el complejo que ejercen Xavi e Iniesta sobre rivales y compañeros, extralimita sus funciones y limita su instinto con una excesiva carga técnica, innecesaria para cumplir su finalidad: culminar la construcción con un único pase: el que va a la red. Con un Messi caído del Olimpo para mostrarse extrañamente terrenal, el Barça carece de elemento diferencial que boicotee el guión con un final sorpresivo y un giro genial.  En ocasiones pesado, enrevesado y predefinido y en ocasiones rápido, directo y desbordante. Cara a cara, la apisonadora sin rival se empeña en caer en la pastosidad de la posesión abrumadora e improductiva. El Barça se obceca en jugar contra el Barça.

Recreándose en el juego estético, porque esa es su naturaleza, realiza las mismas jugadas de ensueño que siempre, pero con un tecnicismo desmesurado y una marcha menos que ralentiza la circulación y facilita el trabajo del contrario. La necesidad-obligación de dar espectáculo no puede devorar al equipo. El Barça no puede convertir cada partido en un thriller innecesario.

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18 octubre, 2010 at 7:43 AM

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A vueltas con el estilo

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Los azulgranas gustan, aunque a veces se gustan, deleitan, aunque a veces empalagan y fantasean, aunque a veces se recrean. Es probablemente el mejor fútbol que se ha visto nunca pero su modus opendi carece de plan B. Es un juego que se aplica independientemente del partido, del rival y de los jugadores que haya sobre el césped. Hasta sus últimas consecuencias. Su denominación de origen es tan concreta que absorbe con dificultad a entes extraños, rechaza a estrellas contrastadas y se alimenta con una raza de futbolistas minoritaria. Que la plantilla del Barça sea tan corta se debe a la voluntad de mantener a todos sus integrantes implicados pero también a la imposibilidad de incorporar a jugadores que se adapten a este sello tan exclusivo. Guardiola, por tanto, se abastece de la cantera, donde los jugadores incorporan el Estilo Barça de serie.

El Madrid de Mourinho gana desde los fundamentos, se despliega con rapidez y dispara sin contemplaciones. No gusta su juego, de momento, y se critica el excesivo espíritu defensivo del equipo. El madridismo rema en busca de una filosofía, implora por un sello propio, por una identidad y un estilo genuino, como si el fútbol del portugués no lo tuviera ya. Mou disemina su juego calculador y maleable al rival y a las circunstancias. Atrás, le atraen los esforzados y apuesta por aguijones en la vanguardia. Los pilares del fútbol ajedrez instauran la dinastía Mourinho y confieren a los blancos algo de lo que han carecido durante muchos años: un estilo propio, más basado en los resultados que en el juego. Hay hoja de ruta.

 Ese santo grial en el que se ha convertido el estilo de juego, forma parte de la idiosincrasia del FC Barcelona desde hace muchos años. Pero, curiosamente, la falta de gol de los últimos partidos ha exacerbado a los que se fijan en la clasificación en la sexta jornada y ha levantado sospechas hacia esa manera de jugar que es, indudablemente, de lo más preciado de este club. Y el Barça juega bien, muy bien, aunque se encalle en la definición. Sin extremos ni un nueve puro (ejemplares en peligro de extinción), los azulgranas se apalancan en su vendaval de juego y ocasiones. La pérdida del idilio con el gol ha encendido absurdas alarmas y ha llevado a analizar de nuevo el sistema, tan alabado durante temporadas anteriores.

 El mismo estilo, por cierto, que llevó al Barça a ser campeón de todo.

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7 octubre, 2010 at 7:12 AM

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Sin romance

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Es un amante selectivo, ingrato y pasajero. Flirtea con el que lo persigue y coquetea con el que lo corteja, pero escoge al oportuno, al avispado, al pragmático y hasta al afortunado. El Barça de hoy es un pretendiente atractivo, elegante y honesto, pero carece de la picardía, el olfato y el descaro necesarios para seducirlo. Su reconquista es primordial. Porque en este juego gana el que se casa con él. Gana el que se casa con el gol.

Un Barça manso y bipolar ofreció un espectáculo sublime durante la primera parte ante el Mallorca. Vertiginoso, mordaz e insistente, el equipo gestó el gol de Messi a su manera, tras malograr una retahíla de ocasiones. Fue un espectáculo excelso, un auténtico espectáculo. Pero un espectáculo inofensivo, inocuo. Entregado, el Mallorca veía mancillada su área una vez tras otra hasta que el árbitro lo rescató con el descanso.

 En la segunda mitad saltó al césped la cara B del Barça. Ansiosa, precipitada e imprecisa, ahuyentó al gol como un amante inexperto y desesperado. La virtuosidad del equipo, pese a pájaras puntuales, apacigua. Si el Barça ha conseguido embelesar al mundo entero, el gol también caerá.

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4 octubre, 2010 at 7:33 AM

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El enigma Kazán

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Kazán ya es un símbolo. Un símbolo de resistencia y de piedad divina capaz de rechazar los envites del mejor equipo de fútbol del mundo durante tres asaltos consecutivos. Los tártaros, armados con once defensores subyugados y amparados en el rosario de Kurban Berdyev, enseñaron de nuevo ese oscuro y legítimo camino para bloquear al cerebro que dirige el Barça. No es una nueva vía. Mourinho, con su juego ajedrecístico, la empleó para hacer añicos el sueño del Bernabéu. Lo hizo con el “Antídoto Inter”.    

Las murallas de peones que obcecan a los centrocampistas azulgranas y empequeñecen a sus atacantes son la delgada línea que, transformada en muro, ha impedido que el Barça lo gane todo. Y esto es digno de análisis. En “Los crímenes de la Calle Morgue”, Edgar Allan Poe sostiene que el analista “es aficionado a los enigmas, los acertijos y los jeroglíficos, y los soluciona exhibiendo un grado de sagacidad que a los legos les parece percepción sobrenatural”. Y esa es, justamente, la labor que debe desempeñar Guardiola en estos momentos.

Esclarecer este misterio solucionaría problemas venideros. Mourinho, calculador y retentivo, actuará con un manual parecido al que ya aplicó con el Inter de Milán, el mismo que el Rubin de Kazán, por su menor calidad técnica, llevó hasta su máxima expresión. Como en el ajedrez, este estilo sobrevive gracias a una atención y una concentración encomiable. Pero si se desfallece un solo instante, se comete un descuido que desemboca en la derrota. El primer toque, el ritmo endiablado, la velocidad y el acierto goleador son armas que, dicen, contrarrestan el juego ajedrecístico. En este último factor es, sin embargo, donde más se atasca el equipo de Guardiola. Pedro, que germinó como un elemento etéreo, casi intangible, pero con un idilio con el gol, ha perdido este don para convertirse en un jugador más completo, más hecho, pero que a su vez ejemplifica el bajo porcentaje de acierto ante la portería contraria.

 La imagen que proyecta Guardiola es la de un estudioso del fútbol, la de un analista obsesivo. Y puede que el éxito de esta temporada radique, precisamente, en las soluciones que aplique Pep al “Enigma Kazán”. Parece una ardua tarea, pero salvable. Al fin y al cabo, como explica Poe, “el mejor jugador de ajedrez de la cristiandad difícilmente puede ser mucho más que el mejor jugador de ajedrez”.

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1 octubre, 2010 at 7:25 AM

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Los intocables

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La vida sin Messi es menos artística, más obrera, menos fluida, más pastosa, menos plástica, más rígida. La vida sin Messi es menos sueño. Pero continúa. El Barça percute lejos del Camp Nou, acorrala y desmoraliza. Tan sólo su bajo porcentaje de acierto de cara al gol permite mantener con vida los encuentros y prolonga la agonía del contrario. En la Catedral, Amorebieta, como Galán en la jornada anterior, sufrió las consecuencias de una nueva doctrina. Una nueva doctrina nacida del Proceso Ujfalusi. La agresividad defensiva, la ultra-sensibilidad y el temor a que las estrellas mediáticas de la Liga se lesionen, han instaurado una nueva raza de futbolista. Un grupo selecto y escogido. Son los intocables.

Una asociación directa entre los jugadores del Barça y los Intocables está al caer. Convertir a las víctimas de las patadas y de las agresiones en protegidos y vedettes se antoja fácil para los estrategas del Villarato y para un personaje con ínfulas de político del siglo XXI. Telegénico, triunfador y arrogante, Mourinho puede pedir protección para CR7 un día, y al otro ignorar el tobillo deformado de Messi. De haber sido italiano, Mou sería capaz de desbancar al mismísimo Berlusconi. Prestidigitador de las ruedas de prensa, el endiosado hubiera sido un filón para Vázquez Montalbán, que comparaba el fútbol con una religión, precisamente, en busca de un Dios. Hoy, el auténtico Dios del fútbol está de baja, pero en San Mamés marcaron Keita, Xavi y Busquets. Legítimos intocables. Intocables de Pep.

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27 septiembre, 2010 at 7:43 AM

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Aflicción

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El cuerpo retorcido del Dios del fútbol convertía en intrascendente la lustrosa victoria del Barça en el Calderón. El tobillo deformado de la estrella más fulgurante del Planeta Fútbol ensombrecía el partidazo de los de Guardiola y desfiguraba la alegría por un  triunfo solvente y trabajado hasta agriarse. Hasta tornarse en aflicción. El paseíllo del ungido en camilla aceleró tanto el corazón de algunos, exaltó tanto la presión y la pasión de la mayoría, que hoy la noticia es una lesión en vez de una victoria. Pero hay que tener claro que si hoy corren mares de tinta y horas de debate acerca de árbitros, permisividad, periodistas o Villaratos es, básicamente, porque el caído se llama Lionel Andrés Messi y no Maxwell Scherrer Cabelino Andrade.

La influencia de Messi alcanza una dimensión tan colosal que empequeñece el enorme partido que se libró en el campo de la Liga más nocivo para los culés. Intenso, disputado, luchado y reñido. Pero en ningún caso violento. Sin Abidal, Keita ni Mascherano en la alineación, Guardiola dispuso sobre el tablero un equipo desprovisto de músculo, pero sobrado de talento. Tan sólo la figura imberbe de De Gea, tan extraordinaria como palomitera, evitó la goleada.

En la rueda de prensa posterior al partido, un Guardiola en caliente desenterró la perversa influencia de los medios de comunicación en el fútbol. El nerviosismo y la preocupación del técnico sugieren que los barcelonistas deberán aferrarse al trabajo y al espectáculo que ofrecen semana tras semana para revalidar éxitos. Rubricar en gol alguna de sus jugadas imposibles y un benévolo diagnóstico de Messi transformará la aflicción en alivio y acercará más al Barça a ese el último escalón que le separa de lo sublime.

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20 septiembre, 2010 at 8:02 AM

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La dimensión desconocida

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El Barça puede perder. Hasta con el Hércules. Esta evidencia nos recuerda que el equipo de Guardiola conserva resquicios de terrenalidad dentro del juego divino que ha mostrado durante dos años. Pero, a pesar de perderse durante 112 minutos en una dimensión desconocida (hasta que Messi iguala el gol inicial del Panathinaikos), queda claro que deben alinearse los astros para que el Barça se muestre inoperante durante noventa minutos y el contrario bordee la perfección. Pasará muy pocas veces. Pasará cuando el otro conjunto sea tremendamente mejor.

Silbar a este equipo en el Camp Nou debería estar penalizado. Sin la controvertida figura de Ibrahimovic, el entorno culé busca chivo expiatorio. Demasiado pronto para mirar al palco, la atención se centra en determinados jugadores de la plantilla -Bojan, Abidal y Keita aparecen en los boletos- o en la cada vez más desgastada figura del entrenador que ha dado los mayores éxitos deportivos de la historia al club. Puede que esta sea la última temporada de Guardiola como entrenador del Barça. Puede que este año el Barça no gane títulos. Pero tras la enésima exhibición de los azulgrana, sólo cabe el disfrute. Hay que esforzarse por almacenar esta época en la retina porque, un día u otro, el Barça volverá a pasearse por la olvidada mediocridad general. Algo que para el aficionado barcelonista es a día de hoy y, desde hace un buen tiempo, la dimensión desconocida.

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15 septiembre, 2010 at 11:10 AM

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El Drama Xavi Hernàndez

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El provisional Checho Batista ya se puede dar por confirmado. A pesar de su estética de roquero trasnochado, el sucesor de Maradona aplicó argumentos racionales en un deporte que se sostiene en la emotividad. Y dieron resultado. Su librillo para atizar al campeón tenía dos páginas: la primera dice de manera redundante que a este deporte se juega mejor con centrocampistas en el centro del campo. La segunda, que a Messi no se le puede encorsetar. Que es un niño con un balón que no atiende a estrecheces tácticas y que hay que dejarlo jugar en su universo. El universo Messi.

Argentina es una selección desequilibrante que pierde la verticalidad justo donde empiezan sus estiletes. Con una delantera formada por Tévez, Higuaín y Messi, secundados por el Kun Agüero y el mejor jugador de la pasada Champions League, Diego Milito, es un conjunto que prefiere no mirar atrás. En ese desierto de talento manda el Jefecito, un campo magnético que desactiva peloteros y delanteros por igual y arrambla con todo lo que entra en su zona de acción. Más allá de Masquerano, arrumbados en la retaguardia, Demichelis, Heinze o Zanetti luchan por olvidar que ellos estuvieron ese día. El día de la apisonadora alemana. Ayer, día de la redención, abofetearon al campeón y le enseñaron que Argentina no juega amistosos y que no vale con pasearse, estrellita en pecho, por uno de los templos del fútbol.

La única angustia del partido de ayer es comprobar que ese fútbol de estilo Barça sólo funciona a la perfección cuando El Director lo pone en marcha. La inexistencia mundial de una réplica del que debe ser Balón de Oro ha de acelerar la factoría de cuatros del Barça. O afrontar lo que en el futuro se puede llegar a conocer como el Drama Xavi Hernàndez.

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8 septiembre, 2010 at 11:31 AM

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Química y estética

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Sin número 9, el Barça sigue siendo un arma letal intratable. La alienación del delantero centro, su soledad, su carácter singular, no concuerdan con la filosofía centrocampista de Guardiola, generosa y humilde, en la que la belleza descansa en la forma y en la que la forma surge del conjunto. Después de una pretemporada turbulenta, de un paréntesis estival que cada año se presume más mercantil y menos fructífero, la buena noticia es que el Barça sigue siendo una máquina engrasada con visos de indestructibilidad y con hambre de dinastía. Los dos nombres propios de esta pretemporada, Cesc e Ibrahimovic, no formarán parte de esta plantilla, enjuta, bajita y marciana. En esta Liga bipolar, a la escocesa, despuntará el fútbol ajedrecístico y de alquimia de Mourinho y deslumbrará el juego preciosista  y estético de Pep. Un privilegio.

Con una primera fase de la Champions desvirtuada y una Liga empobrecida, el Barça deberá salvaguardarse de las lesiones, soslayar a los árbitros y evitar la autocomplacencia. Los blaugrana encarnan el papel de príncipe azul de película Disney, admirados, aplaudidos y lisonjeados en campo ajeno. Los blancos, por su parte,  interpretan al antihéroe taimado, ladino y orgulloso, con un Mourinho ataviado de alquimista y enfrascado en la búsqueda de la piedra filosofal, con una habilidad innata para transformar medianías en peones disciplinados, rocosos y lacerantes. Necesitará tiempo para crear química. Tiempo y química que ya posee el Barça.

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30 agosto, 2010 at 11:11 AM

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Más allá de Cesc Fàbregas

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Bajo la candente esfera de julio auténticos ídolos han luchado por no derretirse en el asfalto de Barcelona. Los atletas son gentes esforzadas y, salvo excepciones mediáticas como Lemaitre, poco rentables para los media. Entrenan día tras día, hora tras hora, con un sacrificio, un esfuerzo y una disciplina extremos. Los privilegiados lo hacen para ganar. La mayoría, para  participar en un gran campeonato, para luchar contra ellos mismos, contra el tiempo, la edad o contra ese reverso oscuro que encarna la crueldad del deporte. Los aficionados al deporte rey, mientras tanto, languidecen con pasa ratos como el Europeo de Atletismo o el Tour (otra competición para superhombres). Apenas ha empezado a rodar el balón en Noruega, Corea, Tailandia o EE.UU y los bolos veraniegos ya han despertado el hemisferio del cerebro que demanda una dosis de esa droga masiva-deportiva llamada Fútbol.

Mientras no hay competición, los yonkies más extremos se alivian con la prensa deportiva de estos días que, falta de noticias, monografía a Cesc Fàbregas. Pura carnaza. Tras las jubilaciones de Henry y Márquez, la espantada de Touré y la jugarreta de Chygrynskiy, la supervivencia del campeón de la Liga más difícil de la historia parece depender de la llegada de Cesc.

 Obsesión Fàbregas

Repatriar al de Arenys se ha convertido en una cuestión de Estado. La “obsesión Fàbregas” ciega a la prensa, a los directivos e incluso a los propios jugadores. Nunca un fichaje había suscitado tantas declaraciones de sus hipotéticos-futuros compañeros. Los cantos de Piqué, Puyol, Iniesta y Messi son ardides de esta guerra fría que mantienen el Barça y Wenger, en la que Cesc se ha implicado tanto que un no definitivo lo arrojaría al pulgar de los aficionados gunner, a un juicio del capitán tránsfuga. El Barça, que cuenta con pase VIP y alfombra roja después de fichajes como los de Petit, Overmars, Hleb o Henry, deberá engordar las arcas del Arsenal para reblandecer el corazón del entrenador alsaciano. Cuando el traspaso se confirme, los blaugrana ganarán a un gran jugador que, sin ser imprescindible en el esquema de Guardiola, colgará medallas a unos e ilusionará a otros. Pero más allá de Fàbregas, el Barça parece andar cojo en otras demarcaciones.

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3 agosto, 2010 at 7:32 AM

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La Batalla de Johannesburgo

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Andrés Iniesta es un jugador que, en ocasiones, desquicia. Alérgico al disparo, entiende que golpear el balón es una ofensa para la pelota que él tanto lisonjea. Tan bueno es que preferiría traspasar la línea de gol con delicadeza, con el esférico cosido al pie. Sus chutes son escasos, medidos con esmero y escogidos para la gloria. Lo fue el de Stamford Bridge y lo es el de Soccer City. El pálido de Fuentealbilla será canonizado y encumbrado como el héroe de la Batalla de Johannesburgo.

Un triunfo de la selección holandesa hubiera sido una traición imperdonable a los principios que la hacen romántica y estética. La inventora del Fútbol Total renunció a su pasado, renegó de sus derrotas aderezadas con buen juego y se cambió a un modo que no le corresponde: pretendió asesinar el estilo que la convirtió en leyenda. Ataviados con un traje impostado de guerrillero y comandados por el sargento Van Bommel y un psicópata llamado Nigel de Jong, Holanda amenazó con ofrecer la final más deplorable de la historia. Si alguien intentó convencer a algún neófito de que lo que iba a ver era el espectáculo deportivo más bello del planeta, fracasó estrepitosamente.

 La lógica Del Bosquiana

Vicente del Bosque observaba la batalla desde la banda con su parecido soso mientras su lógica discurría con acierto. Vicente es de los que pregunta:

-¿Tú de qué juegas?

-¿Yo? De lateral izquierdo

-Perfecto, pues vas a jugar de lateral izquierdo.

 Y punto. No hay más y es suficiente. Tiene artistas y los dispone sobre el terreno de juego. Y cuando necesitan recambio, acierta.

 Lo que iba a ser una de las finales más bonitas y ofensivas de la historia, se transformó en una cacería.  Pero, en esta ocasión, se impusieron los que quisieron jugar, los que están convencidos de que el balón es importante en este juego. Los que se divierten jugando. Los que divierten al espectador. Por una vez, hubo justicia poética.

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13 julio, 2010 at 8:39 AM

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Justicia poética

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La tiranía del balón: Puyol lo arrebata, sin lírica, y lo confía a Piqué. Elegante e imperial avanza a grandes trancos y lo cede a Busquets, tan parco fuera de los terrenos de juego como clarividente en el césped. Sencillo, simple y dueño del ancho y del largo. De los 360º. Lo recibe Xavi, una máquina con sensibilidad de artista. Se gira sobre sí mismo. No pueden arrancárselo. Es imposible. Se asocia con Iniesta, cuya fragilidad se equipara a la magia con la que ridiculiza a sus defensas. Croquetea y marea. Inmenso. Corre Pedro, generoso, solidario y efectivo. Un talismán inesperado. Liquidará Villa, certero y letal. Terminará con un pase a la red o con un amplio suspiro. Este estilo, cuyo Big Bang se inició con Cruyff, que bebió de la Naranja Mecánica de Rinus Michels, que evolucionó con Rijkaard, que mimetizó Aragonés, que convirtió en arte Guardiola, que plagió Del Bosque, tiene un sello con nombre propio: FC Barcelona. Guste o no guste.

La final del Mundial es un regalo. Una recompensa y una reconciliación con el romántico que entiende el fútbol como algo hermoso que ha sido corrompido y envilecido, en los últimos tiempos, por propuestas como la de Grecia o Italia. La Holanda menos brillante de su historia aspira a ganar todos los partidos del Mundial, tanto de la fase final como de la clasificación, tal y como hizo la mejor selección de la historia, el Brasil de 1970. Afrontará su tercera final encomendada a dos repudiados: Robben y Sneijder (balón de oro si gana el torneo), un delantero impostado (Van Persie), un centro del campo esforzado y una defensa de jeroglífico. Alegre y desacomplejada tendrá enfrente a genios irrepetibles que convierten en pusilánime a cualquier rival. La victoria de cualquiera de los dos conjuntos será el triunfo del auténtico fútbol. Mañana la Jabulani planeará inestable por Johannesburgo en busca de algo etéreo e idílico. En busca de justicia poética.

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10 julio, 2010 at 9:06 AM

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El auténtico fútbol

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Holanda es una selección que gusta y que se gusta. Su historia es alegre, despreocupada y vertical. Descarada, preciosista y ofensiva. Su fútbol honesto, espléndido y sin especulaciones ha creado una marca inconfundible ligada al romanticismo y a la derrota. Uno de los conjuntos más celebrados de la historia de este deporte es la Naranja Mecánica, que deslumbró en los Mundiales de Alemania y Argentina en la década de los 70. En ambos campeonatos llegó a la final y en ambos cayó ante el anfitrión. Aunque no ganó, su juego será recordado por siempre, a pesar de que su estilo y sus jugadores estratosféricos han sido detenidos periódicamente por selecciones más pragmáticas, astutas y maquiavélicas. A Holanda, como niña bonita e inofensiva, como creadora del arte en la derrota, siempre había que decirle: Qué bien habéis jugado. Qué gran espectáculo. Hasta el próximo campeonato. Gracias por venir.

Esto se terminó. La Holanda de 2010 no es brillante ni bucólica. De defensa liviana, centro del campo vigoroso y delantera endeble, no posee ni el talento ni la magia de otros tiempos. Pero denota madurez, goza de la esquiva fortuna y transpira la confianza del ganador. Ayer echó a la pentacampeona y sumergió en una crisis abisal a un país que entiende el fútbol como una religión. El Brasil de Dunga carece de profetas y tiene un excedente de jugadores terrenales. De obreros y peones de un fútbol industrial y metalúrgico que se ha divorciado del balón. Sin inventores, sin innovadores, Robinho aporta la chispa de la diferencia, muy lejos, no obstante, de la maestría de Garrincha, Sócrates, Pelé, Romario, Bebeto o Ronaldo.

Holanda jugará la final si supera al Uruguay de Luis Suárez y Forlán. Su rival podría ser España, un conjunto que cuida el balón, lo halaga y lo esconde. Un hipotético enfrentamiento entre estas dos selecciones del quiero y no puedo sería un triunfo para el fútbol. El fútbol ofensivo. El auténtico fútbol.

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3 julio, 2010 at 9:46 AM

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La mano que guillotinó a Francia

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Nunca deberían haber pisado África. Cuando en el minuto 104 el público de Saint-Denis enloqueció de alegría, la bomba de relojería de un equipo anodino y moribundo se congeló, se detuvo temporalmente. La ceguera de un sueco llamado Martin Hansson permitió que Thierry Henry hiciera su último servicio al fútbol. Su mano, como el cabezazo de Zidane a Materazzi, se convertiría en un oscuro e injusto epílogo para el último astro del fútbol francés. Ese 18 de noviembre de 2009 empezaba una cuenta atrás que daría lugar a uno de los episodios más esperpénticos y sombríos del fútbol mundial. La insurrección de la selección francesa en Sudáfrica no sólo representa un fracaso deportivo estrepitoso, sino la apertura de un debate resbaladizo y peliagudo en un escenario, el sudafricano, lamentablemente oportuno. El epicentro de la fractura vuelve a ser la raza.

La reliquia futbolística que aletargaba en el banquillo de Francia era la misma que 12 años antes había ocupado un puesto similar en el combinado tricolor. En esos tiempos era un joven descarado, pertinaz y soñador que estudiaba con asombro a unos genios que destrozaban a la canarinha de Ronaldo, Rivaldo y Bebeto. Anciano, cansado y desencantado, el Henry actual veía esta vez a un equipo despedazado, no por falta de calidad, sino por algo más lóbrego, más incomprensible.

 El ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani advirtió en un artículo en El País  que la derrota se quiere explicar a través de un choque de culturas. Que se reprocha la arrogancia, la indiferencia y la opulencia de algunos de los integrantes de los bleus. Que se acusa a los jugadores “más morenos”. Que se les tilda de caïds (jefes de bandas marginales). Que se quiere hacer una diferencia entre “los buenos y los malos de los suburbios”. Que se les puede ir de las manos…

 La historia ha demostrado que entender el fútbol como simple deporte es un ejercicio de bondadosa ingenuidad. En 1998, Francia ganó el Mundial. Ese equipo contaba con figuras como Marcel Desailly (Ghana); Lilian Thuram (Guadalupe); Patrick Vieria (Senegal); Youri Djorkaeff (de origen armenio); Zinedine Zidane (de ascendencia argelina) o Christian Karembeu (Nueva Caledonia). Políticamente, oportunamente, ese sonado triunfo se vendió como el éxito de la Francia multiétnica y multicultural. Era la riqueza del país. Eran tiempos de abundancia.

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23 junio, 2010 at 7:31 AM

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El equipo del “Sol del siglo XXI”

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Jong Tae-se lloraba desconsolado mientras escuchaba el himno de la República Popular Democrática de Corea, el Achimŭn pinnara. A pesar de que sus ojos se abrieron por primera vez en Nagoya (Japón) y de que sus padres nacieron en Corea del Sur, desde pequeñito fue educado en el Juche, la doctrina ideológica comunista norcoreana. Años después, las creencias del niño Jong se vieron recompensadas cuando el Chongryon, la embajada de facto en Japón, le hizo el regalo que siempre había anhelado: la nacionalidad norcoreana. Las lágrimas del “Rooney del pueblo” en los preámbulos del partido contra Brasil eran de sincera felicidad, de agradecimiento y de gratitud hacia el gran líder, el“Sol del siglo XXI”: Kim Jong Il.

Esta curiosa e impactante imagen despertó la simpatía de los que se alinean con el desaventajado, como ya le ocurrió al nadador guineano Éric Moussambani en los Juegos Olímpicos de Sydney. La figura de Moussambani, mediática por insólita, recabó tanta atención en los medios de comunicación que desplazó a estrellas de los Juegos como el plusmarquista mundial de los 100 metros Pieter van den Hoogenband.

Pero a diferencia de Moussambani, los jugadores norcoreanos, conocidos como chollimas (un caballo alado de la mitología norcoreana), no podrán rentabilizar su excepcionalidad. Corea del Norte es el último bastión del comunismo extremo, de una hoz y un martillo aderezado con un pincel de pretensiones intelectuales. En el país más impenetrable del mundo, el endémico estado marcial obliga a movilizar a un ejército de un millón de soldados y más de cuatro millones de reservistas ante la hipotética amenaza extranjera. En su aislamiento surrealista, en su paranoia socialista, la población se muere de hambre a pesar de ser una de las naciones que recibe más ayuda humanitaria.

Las plañideras de Kim Jong Il

Todo este surrealismo se extiende a la selección más hermética y politizada del planeta. El pasado martes, en el estadio Ellis Park de Johannesburgo, un millar de presuntos aficionados norcoreanos destacaban en las gradas, entre la colorida hinchada de la verdeamarelha. Pero no eran coreanos, sino modernas plañideras. Un día después conocimos que, en realidad, se trataba de un grupo de actores chinos contratados por la empresa Sports Management Group, a petición del Comité de Deportes de Corea del Norte, para que animaran a los chollimas.

Los que sí acompañan al equipo en Sudáfrica son los comisarios políticos, que se encargan de registrar sus movimientos con cámaras que también apuntan a los periodistas que preguntan en las ruedas de prensa. El entrenador norcoreano, Jong-hum, advirtió que no contestaba preguntas políticas.

―¿El Gran Líder, Kim Jong Il, hace la alineación del equipo?

Mirada hacia el representante de la FIFA, mirada hacia el comisario político del Partido del Pueblo… y silencio. El mensaje mecánico de Jong-hum es fruto de una efectiva enseñanza de décadas. Su discurso, artificial y robótico, no puede ser otro. “Estamos en Sudáfrica para hacer que nuestro gran líder sea muy feliz.”

Las consecuencias de una mala actuación de Corea del Norte en este torneo nunca las sabremos. El norte de esta península de Asia Oriental es la última frontera del mundo.

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18 junio, 2010 at 7:46 AM

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El divorcio de la lógica

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San Emeterio apaciguaba el ánimo de sus compañeros en un intento de sofocar su propia euforia. Durante el transcurso de su canasta y el tiro libre adicional que significaría el definitivo 79-78, el cántabro ya sabía lo que había conseguido. Había dinamitado la liga ACB. Había hundido a pronosticadores, apostadores y especialistas deportivos. Pero, sobre todo, había glorificado el baloncesto. En la final más predecidida de la historia, el Caja Laboral ha vuelto a recordar que el deporte se explica desde las gestas y las hazañas. Desde lo imprevisible y lo insospechado. Desde el baloncesto.

El valor de la tercera liga del Caja Laboral se magnifica por su rival. La extraordinaria temporada del Regal Barça (con o sin ACB) es incuestionable. La lección de baloncesto, imborrable. Sólo la inefable pérdida del aura de invencibilidad que desprendían durante toda la campaña y que les ha abandonado en esta serie final ha impedido que materializaran la temporada perfecta.

Ayer, recital Splitter. El brasileño abandonó la extraña vulgaridad de los dos partidos de Barcelona y volvió a su estado natural, el MVP. La normalidad de Tiago es la efectividad y la excelencia, el trabajo y la humildad. Todos ellos, factores que le han convertido en el jugador más valorado de la liga regular y de las finales. Un hito sólo al alcance de un jugador por el que muchos aficionados se ponen en pie: Arvydas Sabonis.

Esta mañana los jugadores del Barça confirmarán que no ha sido una pesadilla. Todo ha sucedido rápido, de manera extraña. Cuando han querido reaccionar, se han encontrado con las vacaciones. Este mal sabor de boca no debe emborronar el trabajo, los éxitos y la felicidad de una temporada para enmarcar. El campeón de Europa ha encontrado en el Caja Laboral el rival a batir. Ya es un duelo clásico. La ACB tiene dos nombres en mayúsculas: Regal Barça y Caja Laboral. Son el baloncesto.

Pero, por encima de todo, esta final demuestra una vez más que el deporte escurre los vaticinios y rehúye la razón. El partido de ayer constata definitivamente el divorcio de la lógica.

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16 junio, 2010 at 8:17 AM

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Jaque al campeón

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En California se realizaba, en el siglo XIX, un entretenimiento para la gente, creado por los propios colonos españoles que llegaron a la zona de lo que es hoy Monterrey: un oso enfrentándose a un toro. El toro atacaba al alza, con los cuernos hacia arriba, y debía hacerlo rápido y al principio de la lucha. Los osos se defendían de arriba abajo, alzándose e intentando agarrar con sus zarpas al toro para echarlo al suelo. El bull, o sea, el toro, mira siempre up. El bear, oso, se la juega down. El periodista Martí Saballs, en Historias de un corresponsal económico, explica que ésta podría ser una de las teorías que da sentido a la división que los mercados hacen de analistas e inversores: toros y osos. Los primeros son los optimistas, los que apuestan por los valores y mercados alcistas. Los pesimistas son los osos, que prefieren resguardarse la espalda. Toros y osos, osos y toros. Seguramente, ninguno de ellos hubiera apostado por el resultado que, actualmente, refleja la final de la ACB. El sábado, el Caja Laboral volvió a hacer saltar la banca.

El dos a cero es un resultado que, por inesperado, dibuja un escenario que engrandece todavía más el baloncesto, un deporte en el que suele ganar el mejor. El Regal Barça, hasta ahora intratable, ha hincado la rodilla y, acorralado, deberá recordar el camino que le ha llevado a ganar todos los títulos que ha disputado esta temporada. Durante los nueve días que discurrieron entre la semifinal y la final parece que el Barça bajó del Olimpo para convertirse en un equipo terrenal, un conjunto que ha vuelto a escuchar ese vocablo desterrado llamado derrota. Con el impasse, la rutina de la victoria, que ordena y da seguridad, se ha roto.

 El Caja Laboral parecía presentar una única arma, demoledora y brasileña, capaz de resquebrajar los cimientos barcelonistas. Desactivar a Splitter, el mejor pívot europeo del momento, podría significar constreñir al Baskonia hasta poco menos que el milagro. Pero ha sido otro brasileño, Marcelinho, y un santanderino, San Emeterio, los que han martilleado al equipo de Xavi Pascual hasta poner en jaque al campeón. Nadie pensaba que el Baskonia volvería a Vitoria con un 0-2. Nadie ha remontado un dos a cero en una eliminatoria final. Pero, ¿alguien se atreve a apostar a que hoy habrá nuevo campeón?

Written by @robertlozano_

15 junio, 2010 at 8:31 AM

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La desintegración de Arvydas Macijauskas

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Cuando Macijauskas erró el tiro se miraron incrédulos. Se levantaron y le gritaron: “¡maaalo, maaalo, maaalo!”. Era simple y jocosa ironía. El fallo de Mache era una anomalía que sorprendía y consolaba a todo aquel que ya no veía vestigios de humanidad en esa máquina de precisión, anotadora e inclemente. En la grada no eran demasiados. Habían venido pronto a disfrutar del lituano. El espectáculo Macijauskas empezaba en el calentamiento.  

Macijauskas, melena rubia y ojos claros, infundió pavor en las defensas de la ACB durante dos temporadas. Ya sea por erróneas reminiscencias Birdianas o por una certera sensación de que su obsesión con la canasta rival lo hacía indefendible, cuando el siete del entonces TAU se elevaba, los rivales se resignaban. Sólo existía una opción. La precisión del mecanismo de tiro del lituano, su juego eléctrico y su capacidad de intimidación, con poco más de un uno noventa, aterrorizaba a las defensas pero, sobre todo, cortaba la respiración de la afición rival. Eran esas fracciones de segundo en las que se suspendía en el aire. Cuando el balón despegaba de sus dedos, el sentimiento de dulce odio se tornaba en irrefrenable admiración. En suspiro. Como los pilotos, que calcan su trazada vuelta tras vuelta, el tiro de Macijauskas parecía tener un recorrido predeterminado: el que lleva a la red.

 La “Precisión Lituana” formó parte de uno de los mejores equipos que nunca ha dado la ACB, cuyo quinteto inicial incluía a Calderón, Nocioni y Scola, actualmente,  en la NBA. Precisamente, su fulgor se apagó, como tantos, en la liga americana. Tras un año de penitencia en New Orleans, el mundo baloncestístico esperaba su renacimiento en una de las cunas del baloncesto europeo. Pero Mache ya no volvería. Curiosamente, el tendón de Aquiles acabaría con alguien que se había rebelado casi divino. La desintegración del cuerpo de Macijauskas, lenta y agónica, arrojó algunas esperanzas con una reaparición que se recuerda ahora como una ilusión óptica.

El martes “La Precisión Lituana” anunció su retirada.

http://www.acb.com/redaccion.php?id=67989

Written by @robertlozano_

10 junio, 2010 at 8:30 AM

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La temporada perfecta

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Cuando el triunfo es un estado natural. Cuando la memoria olvida que existe una opción llamada derrota. Cuando la infalibilidad se convierte en una extraordinaria normalidad. Cuando la victoria muda a una heroica reiteración. Es justo ese preciso instante de virtuosismo, de sonada deidad, el que te arroja al abismo o te encumbra. Es ese paso el que te hace humano o perfecto.

El Regal Barça descansa en ese limbo. Rodeado del halo del éxito, de un aura de invencibilidad. Cercado por la Lliga Catalana, la Supercopa ACB, la Copa del Rey y la Euroliga. En el camino hacia la perfección aguardará el Madrid o el Caja Laboral, dos equipos acomplejados por la insultante superioridad que ha demostrado el conjunto de Xavi Pascual a lo largo de la temporada. El círculo se cierra con la Liga ACB.

La esencia del Regal Barça se explica desde el talento, el esfuerzo y una mentalidad inquebrantable. Y se resume con tres palabras. Las pronunció Pete Mickeal, tras los cuartos de final de la Euroliga ante el Madrid. Le preguntaron sobre su gran actuación. The fisherman respondió con un conciso: “Es mi trabajo”.

Written by @robertlozano_

3 junio, 2010 at 9:50 AM

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La otra vía

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 El Inter demostró ayer que no existe una única vía para ganarlo todo. Tan campeón de la Champions como el Barça el pasado año, la escuadra de Mourinho ya es poseedora del triplete. El Bayern, un esbozo paleolítico del Barça, podría haber jugado una semana entera y no hubiera obtenido mejor premio que la ignominiosa medalla del finalista. Tan sólo Robben, una sombra terrenal e imperfecta de Messi, logró desbordar a los jugadores interistas, que asoman ahora en el Olimpo del fútbol con un juego propio del averno.

Zanetti, Lucio o Chivu son una suerte de Hefesto para este equipo, tejiendo una red de acero en su particular fragua, partido tras partido, enredando a equipos como el Chelsea, el CSKA, el Bayern y hasta al mejor conjunto del mundo. Los italianos se sienten tan cómodos defendiendo que podrían olvidarse de que este deporte se juega con balón. Y sólo se recobran de esta amnesia por obra y gracia de Diego Milito, goleador letal de actuaciones fulgurantes. Eto’o, su negativo en la vanguardia, es el único jugador de la historia que ha ganado dos tripletes, pero sólo recuerda que es delantero por el número 9 de su camiseta.

Mourinho, el Gran Maestro del fútbol-ajedrez, ha conseguido logros tan difíciles como la Champions con el Oporto o el triplete con el Inter. The special one, que cursó un Máster en el Barça, ganó prestigio en su país, se endiosó en Inglaterra y se ha doctorado en Italia, cautiva a Florentino. La hostilidad que arranca de la grada del Camp Nou y su perfil ¿postizamente? Imperioso y mediático apunta a matrimonio tortuoso con el Real Madrid. Un cóctel nitroglicerínico que puede atraer tanto a los títulos como a las polémicas olímpicas. Mou es la otra vía.

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23 mayo, 2010 at 8:25 AM

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El enigmático fichaje de David Villa

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Laporta no quiere que las elecciones se transformen en una retahíla de nombres que lleven en volandas a la victoria al candidato con los mejores cromos.  Conocedor de esta estrategia-señuelo (caso Beckham), el aún presidente ha decidido dejar un último legado en forma de fichajes y evitar que Rosell confirme las encuestas. No deja de ser curioso, sin embargo, que el Barça fiche a un delantero centro justo un año después de desembolsar 45 millones más Eto’o para traer a Zlatan Ibrahimovic. No podemos dejar de preguntarnos si David Villa es necesario para el Barça o cuestionarnos el futuro del sueco en esta plantilla. ¿Se trata de sumar nuevos recursos ofensivos o de buscar un perfil diferente al de Zlatan? ¿O más bien nos enfrentamos a una baza electoral?

Laporta trata de retener el ojo subjetivo de los medios de comunicación para alejarlo del candidato Rosell, que lucha para que el foco mediático amplifique tanto su figura que las elecciones parezcan innecesarias. El actual presidente fija la atención en la figura de Villa y, si hace falta, convertirá a Fàbregas en el nuevo Odiseo, ausente de su “verdadero” hogar tras un largo periplo por Inglaterra. Cuanto más acote la campaña, menos páginas de diarios llenará Rosell y menos tiempo tendrá para convertirse en el nuevo Obama.

 Laporta pretende anular un hipotético “Laportazo” que no se producirá en estas elecciones porque, a diferencia de 2003, el Barça cuenta ahora con los mejores jugadores del mundo en su plantilla.

 Ya sea cuestión de números, del ámbito de las sensaciones o de una estrategia electoral, el fichaje de David Villa por el F.C.Barcelona es tan alentador como enigmático.

Written by @robertlozano_

21 mayo, 2010 at 7:47 AM

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La identidad del campeón

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La historia, una notaria del tiempo tan maleable como inclemente, desdeñosa con el perdedor y zalamera con el victorioso, de memoria implacable y rigurosa, recordará el 16 de mayo de 2010 como el día en el que el F.C. Barcelona ganó su vigésima Liga. Dirá que lo hizo con el memorable registro de 99 puntos. Dirá que sólo perdió un partido. Y dirá que entre sus filas contó con el máximo goleador y el portero menos goleado del campeonato. Pero serán los cules, serán los aficionados al buen fútbol los que se encargarán de recordarle a la dama del tiempo que este Barça no ha entrado en la historia del deporte solamente por sus victorias, sino por la manera de conseguirlas. En su libro de páginas infinitas tendrá que explicar el cómo, la manera. Cuál rapsoda, el barcelonista explicará a sus hijos y a sus nietos que fue un privilegiado. Y las generaciones venideras entenderán que lo fue porque coincidió en el tiempo con el mejor equipo de fútbol de la historia.

 Esa utopía liviana, ese ganar y gustar que un periodista de TV3 bautizó como Dream Team no fue un espejismo. Fue una eclosión, el big bang de lo que los cules contemporáneos entienden ahora por F.C. Barcelona. El Barça asociado al virtuosismo ha sido un proceso prolongado y tortuoso que ha culminado con el cambio de una mentalidad timorata y acomplejada. El fin de los tiempos en los que se vagabundeaba por esa zona gris, esa bruma borrosa y confusa gobernada por el blanco. Ahora el aficionado culé y el fútbol observan el panorama en azulgrana.

 El Barça como idea, sentimiento y estilo ha trascendido y ha superado la rigidez de los marcadores. Una concepción interiorizada por el seguidor blaugrana y plasmada por un creador de sueños. Un guía que ha forjado un equipo eterno que se recordará más allá de los triunfos. El mundo lo recordará por la manera en la que se consiguieron esas victorias. Por su identidad. Por la identidad del campeón.

Written by @robertlozano_

17 mayo, 2010 at 8:17 AM

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Cristiano el Persecutor

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El antagonista azulgrana se reveló el miércoles como un depredador insaciable, un persecutor obsesivo de una presa cercana, veloz pero desconfiada. El líder, raudo y elegante, mira de reojo. Y le ve a un punto. Expeditivo, demoledor e irreductible. Bronceado y repeinado. Un déspota del fútbol, un tirano de su propio universo: el universo Cristiano.     

 CR9 se erige como una figura indigesta. Alimentado por los silbidos y los improperios, el portugués destroza defensas con zigzagueos, quiebros, recortes, bicicletas, desparpajo y ambición. Celebra los goles en soledad, dibujando una media sonrisa desafiante, amparado por esa altivez que le convierte en un icono del fútbol. Una antítesis ególatra de la representación de Messi.

 Ronaldo es una estrella que no admite compañeros de viaje. Ayudado por una capacidad atlética superlativa, un disparo envenenado y un cabeceo mortífero absorbe tanta luz que convierte en agujero negro al que le rodea. Los blancos se aferran ahora a su juego eléctrico, contagioso. Cómodos en su rol, engañan como el céfiro, suave y apacible, para convertirse en un tornado repentino que desvencija las defensas y arrasa las porterías rivales.

 El Barça está en alerta máxima. La gloria está a tocar. Pero saben que la furia indómita que les persigue no se detendrá.

Written by @robertlozano_

7 mayo, 2010 at 7:26 AM

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