DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Rivales y enemigos

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¿Cuándo empezaron las hostilidades entre el Barça y el Real Madrid? ¿Cuándo dejaron de ser rivales para convertirse en enemigos?

En 1916, Barça y Madrid se cruzan en semifinales de la Copa del Rey. En la ida, disputada en el campo del Espanyol, los blaugrana vencen por 2 a 1. En el partido de vuelta se imponen los blancos por 4 a 1. Pero entonces no existía el doble valor de los goles y hay que desempatar. Once días después se disputa uno de los mejores clásicos de la historia, que termina con un marcador de escándalo: 4 a 4. Hay prórroga. A pocos minutos del final, con 5 a 6 a favor del Barça, el colegiado señala penalti a favor del Madrid y Bernabéu lo transforma. Es su tercer gol… y también el tercer penalti a favor que le pitan al Madrid en el encuentro.

Dos días después se disputa otro partido de desempate. Berraondo, que había sido jugador de ambos equipos, vuelve a arbitrar el partido. El Barça toma una rápida ventaja de 2 goles con un gran Alcántara pero el Madrid empata por mediación de Bernabéu y de René Petit. A pocos minutos del final, vuelve a repetirse la misma historia del partido anterior y el Madrid dispone de otro penalti a favor. En esta ocasión, sin embargo, lo para Bru. Se trata la quinta pena máxima señalada a favor de los blancos en el global de la eliminatoria y la exasperación y el enfado en las filas catalanas es monumental. Otra prórroga. El Madrid aprovecha el desconcierto y marca el 3  y el 4 a 2, muy protestado por los jugadores blaugrana, que entienden que ha sido en fuera de juego clarísimo. El ambiente se calienta hasta tal punto que el Barça decide abandonar el terreno de juego en señal de protesta. El Madrid califica al Barça de antideportivo y el Barça apunta a Berraondo como cómplice de los blancos.

La final, para enroscar el argumento, se disputa en Barcelona y el Madrid cae por 4 a 0 ante el Athletic. Al final del partido los jugadores del Madrid tienen que ser protegidos por la Guardia Civil y su autobús es apedreado. Es el inicio de una enemistad que dura ya casi un siglo. El comienzo de una batalla deportiva y extradeportiva que ha rozado, en algunos puntos de la historia, el esperpento. Hoy estamos en uno de esos puntos. En el filo de una guerra.

Detonantes de lo grotesco

El asunto del dopaje, una bomba sin fundamento explosionada por la cadena COPE y con la cúpula blanca como supuesta garganta profunda, puede desencadenar en una guerra sin sentido que parece tener un objetivo oscuro: desestabilizar al Barça. La manifiesta superioridad de los blaugrana en el césped ha motivado una campaña de insinuaciones, quejas, sospechas y teorías conspirativas que rozan el ridículo. José Mourinho ha adoptado el papel de artificiero y se empeña en realizar una guerra de guerrillas de consecuencias imprevisibles. Hace tres semanas el diario Marca desveló un intento de apuñalamiento al entrenador portugués.

El ambiente, cada vez más crispado, está tomando unos tintes peligrosos. El intercambio de mensajes incendiarios entre la prensa de Madrid y de Barcelona no refleja la buena relación existente entre las dos plantillas, ni la gran amistad entre Sandro Rosell y Florentino Pérez, pero sí cala en las aficiones de manera perversa, corrosiva y alarmante. Este gran sainete nos deja a las puertas de un mes de abril crucial, con unos niveles de tensión preocupantes. Barça y Madrid pueden llegar a enfrentarse hasta en cuatro ocasiones y, si nadie logra apaciguar esta espiral de locura y de juego sucio con cordura, sensatez y sentido común, podemos encontrar en los partidos entre Barça y Madrid, no el mejor espectáculo futbolístico del mundo, sino un auténtico drama.

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21 marzo, 2011 at 9:26 AM

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El rival es el Barça

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Salvo en contadas excepciones, el Barça de esta temporada sólo ha rivalizado con el Barça del partido anterior. Ha competido contra su propia velocidad de ejecución, contra su inventiva y, sobre todo, contra su efectividad. En Sevilla, en una primera parte de galería de arte, encerró y deprimió al contrario, que se negó a perseguir al balón como tantos otros hasta que el Sánchez Pizjuán demandó testosterona (“échale huevos, Sevilla échale huevos”) para contener a un equipo que se cimienta en la inteligencia. 45 minutos que sirvieron para demostrar que contra el Barça se puede perder anulado y desdibujado, como un juguete roto, o se puede perder corriendo y dando una imagen de esfuerzo y entrega insuficiente. Pero, ¡oh sorpresa!, el Sevilla pasó de una versión a otra tras el descanso y consiguió un empate en un partido precioso, propio de eliminatorias, de encuentro decisivo. La antesala de un tramo final de temporada de infarto.    

El Barça de los récords tan sólo se pelea con el efficiency, un aspecto estadístico muy valorado… en baloncesto. Ni siquiera remató en el gol de Bojan, un jugador que parece sufrir una involución paralela a la de Ricky Rubio, del tipo Benjamin Button, y que  está en el ojo del huracán porque en Camp Barça es condición sine qua non tener siempre alguien en la piqueta. La entrada de Kanouté, un tipo que piensa, y de Perotti, un tipo que corre, lavó la cara de un Sevilla que, para su sorpresa, empató y, para su regocijo, arañó dos puntos a un equipo que acapara el balón el 80% del tiempo y en el 20% restante te lo roba. Dos largueros, un gol anulado y una parada bajo palos de Medel, una especie de Gattuso evolucionado, nos dejan un empate-interruptus que requería prórroga.

Pero… alto. Hay quien dirá: sí, sí, pero se desperdician muchas ocasiones, la superioridad no queda reflejada en el marcador, la confianza propicia descuidos… Y es cierto. Pero las sensaciones y la imagen son inmejorables y, de veinte partidos como el de ayer, el Barça hubiera ganado diecinueve y medio. ¿No habíamos quedado que no éramos resultadistas?

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14 marzo, 2011 at 10:53 AM

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¡Gigantes!

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El Barça volvió a flirtear con la épica y la excitación hasta arrebatar la adrenalina a las 95.000 personas que estaban en el Camp Nou. No suele ir de la mano de estas emociones y, de hecho, suelen ser enemigas de un Barça que se siente cómodo en el dominio, en la confianza y la tranquilidad que transmite la estética de su juego. Pero las eliminatorias de Champions, con su melodía eléctrica, apasionante, inoculan un placebo de locura, de sufrimiento, a hechos consumados, exagerado. Porque ayer se demostró que el Arsenal es un sucedáneo, una sombra imperfecta del Barça incapaz de chutar a puerta e incluso de confeccionar tres pases seguidos. Porque Barça sólo hay uno y es irrepetible.

La fotografía es capaz de tocar esa cuerda que la palabra no hace vibrar. La imagen de Messi amagando a Almunia con un sombrero mágico para realizar uno de los goles más fugaces y bellos del astro argentino, apenas quedará grabada en la retina del culé, por rápida, y por el torrente de euforia que desbordó el uno a cero. Los de Guardiola salieron a morder, a ahogar, a arrollar, a acorralar y a atropellar. Con un público entregado, el Barça se desplegó como un equipo inmenso, asombroso y gigante pero también como ese conjunto impreciso de las citas marcadas con alta tensión, donde hay que remontar. La falta de tacto de Villa y las pérdidas de Messi las solventaban en apenas segundos las recuperaciones de Javier Masquerano, ayer, por primera vez, auténtico jefe del aparato defensivo culé. El Arsenal decepcionó y se dedicó a perseguir los dorsales amarillos de los blaugrana y a hacer algo que no sabe hacer: defender. Wenger había dibujado un partido distinto, con la presencia de Rosicky y no de Ebué en el once, pero se vio obligado a replegarse por el vendaval del Barça y porque el colchón de un gol le pareció suficiente. Pero la estrategia de aguanta-defiende-sufre-renuncia-al-balón contra este equipo es un suicidio porque son insaciables y no paran de atacar ni cuando tienen la eliminatoria a favor, ni con el 3 a 1, ni con un supuesto 6 a 0. Es su génesis,  la muerte por un ideal, por una filosofía,  lo que enorgullece al aficionado culé.

Algo está cambiando

El Pep Team no sólo ha elevado a los altares del fútbol un estilo de juego propio, sino que está consiguiendo cambiar la mentalidad de una gran parte de la afición del Barça, históricamente acomplejada y sufridora. Ahora el Camp Nou anima incluso en la adversidad, convencido de la fuerza de este equipo. Es el reto más complejo al que se enfrenta Guardiola porque requiere mucho tiempo.  “La afición nos llevará a cuartos de final” afirmaba convenido antes del partido. Y la afición respondió recordando la frase de Pep en la celebración del título de Liga de la temporada pasada: “Os deben una. Y estos no fallan”.

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9 marzo, 2011 at 10:51 AM

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Vale por media liga

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Los detractores del fútbol, los que alegan que se trata de un deporte en el que 22 tíos corren detrás de un balón,  se quedaron sin argumentos en Valencia. Guardiola y Emery presentaron una gran batalla táctica, un partido que encendió debates de pizarra en twitter y en otras redes sociales. El sistema del Barça, basado en un concepto cristalino, evoluciona y cambia según los designios de Guardiola, ya sea para generar sorpresa, dudas o contrarrestar el riguroso estudio al que lo someten entrenadores como Emery. En los partidos importantes a domicilio Guardiola suele introducir variantes tácticas peculiares que se han saldado, generalmente, con éxito. Lo hizo la temporada pasada en el Bernabéu con la incorporación de Alves en el medio campo, lo hizo hace dos semanas en el Emirates con la presencia de Busquests como supuesto central y lo volvió a hacer ayer con un 3-5-2 que llegó a ser un 2-6-2 en ciertos momentos. Pero estas nuevas formulaciones suelen terminar de un modo tradicional, casi ancestral, casi místico: en Messi. Todo termina en Messi.

El mejor jugador del mundo tensa la mirada y falla ocasiones; obvia el pase en jugadas claras; protesta. Son tres detalles que nunca hasta ahora habíamos visto en el argentino, cada vez más humano, menos infalible. Su rictus circunspecto denota que ha tomado plena  consciencia del protagonismo que tiene en el equipo, de la responsabilidad que recae sobre sus espaldas, de que el éxito del Barça depende, en un alto grado, de su concurso. Messi ha dejado de ser un niño y ya sólo le queda aceptar la sustitución para hacerse mayor. Pero se cabrea como un crío cuando falla ocasiones que su cerebro dibujaba ya en la red. Y su enfado, la rabia de no ser perfecto, incrementa sus prestaciones, acelera al equipo y lo empuja hacia la victoria, hacia el gol. Como el de ayer. Un gol que vale media liga.

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3 marzo, 2011 at 10:18 AM

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El Barça que nos legará Guardiola

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¿Cómo será el Barça sin Xavi, Puyol y Valdés? ¿Qué pasará cuando esta generación histórica desaparezca de los terrenos de juego? En el imaginario culé se suele disfrutar del presente, pero lo justo, siempre con un ojo puesto en las bajas, en el Madrid o en un hipotético futuro oscuro. Es cultural. La mentalidad barcelonista ha estado reprimida y acomplejada durante muchos, muchos años. Por infinidad de hechos, algunos de ellos, trascendentes al fútbol. Con la llegada de Guardiola, poco a poco, esta manera de pensar está evolucionando, fortaleciéndose, y dejando paso a un estado mental de convencimiento, de satisfacción, de tranquilidad.

Martín Montoya debutó en Mallorca con el primer equipo. Martín, en la cantera desde pre benjamines, nació en abril de 1991 y es uno de los últimos jugadores pre Wembley que llegará al primer equipo. En poco tiempo un chico nacido después de la primera Copa de Europa (1992) debutará con “los mayores”. Será un momento histórico. Será el paradigma de una generación que siempre ha visto a un Barça ganador, triunfador y radiante. Un actor clave de un cambio de mentalidad que no atiende a las bajas, no mira de reojo al eterno rival ni se deja devorar por el entorno. Será el Barça que nos legará Guardiola.

Si el presente no fuera lo suficientemente halagüeño, si algún detractor del carpe diem se preguntase qué nos depara el futuro, qué hay más allá del “drama Xavi Hernández”, del corazón de Puyol o del impertérrito Valdés, que no sufra, que mire hacia abajo. Sergi Roberto, Rafinha, Espinosa, Sergi Gómez, Dalmau, Muniesa, Deulofeu, Oriol Rosell, el propio Montoya o los jovencísimos Gael Etock o Armand Ella son claros aspirantes a ocupar las vacantes que dejen los actuales genios. Se trata del “efecto cascada”, definido por Martí Perarnau. Un efecto que garantiza el futuro y es imparable.

Publicado en Planeta Fútbol (01-03-11)

Written by @robertlozano_

28 febrero, 2011 at 9:38 AM

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Final feliz

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Ensimismados en la fase de lucimiento en la que el equipo disfruta y hace disfrutar y somete al contrario hasta parecer un accidente necesario, te preguntas dónde están las palomitas y se te caen las lágrimas por ver tamaño espectáculo y haberte librado de ir a ver Más allá de la vida. Pero, de repente, una pragmática te da un codazo en las costillas y te recuerda que aquí el objetivo es ganar, son los tres puntos, vas uno a cero y el Athletic es un gran equipo. Pero la película es muy buena, es una gran película.

Incluso cuando empata el Athletic. El Barça es tan paciente que aún sabiendo que el resultado era nefasto, se autoprohibió tocar ni una palabra de su discurso. Incluso para privarse de chutar de lejos, como si los goles de larga distancia valieran menos. Si el equipo se empeña en entrar por el centro y a combinar incluso en el área pequeña con un Alves que flota por la banda y martillea una y otra vez es porque, a eso, es a lo que saben jugar. Y así juegan.

El Athletic tuvo el partido donde quería durante muchos minutos: con un Barça volcado al ataque y una configuración, con Busquets de pseudocentral, en modo prueba. Desde que los controles se escapan un metro, desde que hay resbalones inoportunos, desde que Messi falla goles, desde que la emoción ha vuelto y el Camp Nou recupera su silencio impaciente, el equipo parece vulnerable, humano. Sin Puyol y ahora sin Valdés, con un Piqué devorado por el foco mediático y un Messi que no marcaba desde hacía dos partidos, los cantos de crisis eran tan risibles como relativamente ciertos. Al menos para un conjunto tan perfecto, lo que recuerda lo extraordinario de su labor. 

El momento del héroe   

Cuando la película era más oscura, cuando parecía que el Athletic disfrutaba taponando al Barça y castigando los espacios con una tapadera de delantero vestida con el dos a la espalda, fue el dos, pero el del Barça, quien encontró el espacio. Alves asistió a Messi que, de nuevo, se disfrazó de superhéroe para devolver el aliento a millones de culés. Para darles otro final feliz.    

Publicado en Planeta Fútbol (21-02-2011) 

Written by @robertlozano_

21 febrero, 2011 at 10:27 AM

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Beautiful losers

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El equipo menos inglés de la Premier ganó al Barça de la manera más inglesa posible. Con dos acciones rápidas, directas y punzantes. Con pases rápidos y remates certeros. El Arsenal se ha hecho mayor, ha madurado y quiere dejar de ser esa replica imperfecta de Barça que mima el balón, combina con gracia y gusto pero se achica en las grandes ocasiones y pierde año tras año. “El Arsenal ha dejado de ser el mejor perdedor, el equipo más agradecido, el enemigo ideal para el Barcelona” explica Ramon Besa en su crónica de El País. En definitiva, el Arsenal ha dejado de ser un beautiful loser.

El Barça jugó bien y hasta mejor pero sin continuidad y con una copia defectuosa de Messi, que cubre con actuaciones gloriosas sus continuas desconexiones. El Arsenal, que empieza en Song, se despliega con un abanico de atacantes creativos, veloces y livianos, pero cuenta con un agujero negro en la defensa que el Barça encontró pero no supo explotar. Fue uno de esos días en los que los astros se confabulan para impedir que no se de una victoria que podría haber sido de dos o tres goles de diferencia.

Las estadísticas dicen que al Barça de Guardiola se le atragantan el mes de febrero y los partidos a domicilio de las eliminatorias de la Champions. Que Leo Messi nunca ha marcado en Inglaterra y que Wenger, hasta ayer, nunca había ganado al Barça. Como los dichos populares, las estadísticas son fantásticas aliadas de cualquier bando, pues se usan a conveniencia. En este caso, podemos utilizar los datos que advierten que el Arsenal baja muchos enteros lejos de su estadio, que el Barça de Guardiola ha solventado (excepto la del Inter) todas las eliminatorias en el Camp Nou con goleadas y que, con Puyol, el Barça gana más. Ayer, los blaugrana intercambiaron los papeles y se quedaron, puntualmente, con la etiqueta de Beautiful losers. Pero, a la espera de lo que pase en el Camp Nou, el auténtico drama es que uno de los dos equipos se quede fuera en octavos de final.

Written by @robertlozano_

17 febrero, 2011 at 10:45 AM

Publicado en Barça

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