DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

Archive for the ‘Fútbol’ Category

Reinventar el Barça

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“En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará”.*

El Barça ha burlado el tiempo durante un par de temporadas con remaches, moratorias y apósitos mientras se tambaleaba sostenido por la gratitud, la nostalgia y una Liga de 100 puntos. Las consecuencias de la inacción explotaron en Valladolid, un partido que al correr de los años se recordará como el funeral de un conjunto histórico. La herencia del mejor equipo de todos los tiempos se dilapidó en el césped del José Zorrilla el 8 de marzo de 2014, cuando aún duraba la fragancia que deja el perfume de una bella mujer después de abandonar la sala.

El destello de Manchester (0-2) fue como mirar la luz de una estrella que desapareció tiempo ha y que nos remite al pasado. Imbuido en la ciclotimia, el equipo de Martino es capaz de padecer distintos episodios de excitación y depresión en un mismo encuentro y pasar de maravillar a angustiar (Valencia, Almería) sin dejar margen para la digestión. En Valladolid los futbolistas parecieron adolecer una extraña enfermedad, como si de 11 Leonards (Memento) se trataran, capaces de recordar cómo realizar acciones cotidianas, pero incapaces de almacenar recuerdos de fiascos anteriores y ser conscientes de lo que se jugaban.

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La búsqueda

La toma de decisiones se ha pospuesto por miedo a la equivocación y se ha visto atenazada por la búsqueda de perfiles que no existen en el mercado. Defensas cuya prioridad no es defender y atacantes más valorados por su capacidad de combinar que de anotar. El Barça Total, ligado a una generación única, se había construido desde el centrocampismo, con un portero centrocampista (buen juego con los pies); defensas centrocampistas (buena salida de balón) y delanteros centrocampistas (buena combinación con el 10). Sin remplazos claros en La Masia, con jugadores reconvertidos y exprimidos como Mascherano o Alexis y con sus máximos exponentes vagando por los terrenos de juego, el Barça no encuentra relevo en el Planeta Fútbol, en el que sigue buscando futbolistas que sólo se diseñan y se moldean en el Camp Nou. La búsqueda, pues, puede ser eterna.

Si la mala noticia es que estamos en marzo y que el descalabro y la agonía pueden ser un vía crucis, la buena noticia es también que estamos en marzo y cualquier indicio de no querer asumir un cambio profundo y estructural sería insensato, imprudente e injustificable. La coartada del accidente que se esgrimió la temporada pasada en la derrota apabullante contra el Bayern ya no es válida a día de hoy.

Que la Dirección Deportiva siga hablando de pequeños retoques es demencial. Que el capitán culpe al césped del mal juego es ridículo. Que los futbolistas no den el corazón y el alma por el Barça es imperdonable.

Este Barça glorioso, tal y como lo conocíamos, ya no volverá. Y ahora hay que reinventarlo.

*Frase de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en la serie de televisión True Detective

Written by @robertlozano_

12 marzo, 2014 at 8:51 AM

Tatismo

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El tiempo, el desgaste y las circunstancias han marchitado lentamente lo que antaño fue una sinfonía ideada en un rectángulo de juego. La carencia de soluciones, de creatividad y, especialmente, la inacción a la hora de dar relevo a figuras claves de los últimos años, ha llevado, en este principio de temporada, a poner en duda el estilo Barça, algo que debería ser innegociable –no por inflexible o inamovible- sino porque atenta contra lo más sagrado de una persona o institución: su identidad.

Más allá de nuestro pequeño país, los amantes del fútbol no conocen al Barça por el número de Copas de Europa que lustran las vitrinas del Museu, sino por practicar el juego más bello de la historia de este deporte. Un juego al que, además, añadió ese caprichoso componente que es la victoria. A los que anhelan el triunfo por encima de todas las cosas hay que recordarles que cuando se aplicó este estilo a la perfección se ganó todo. Todo. El Barça de Guardiola, vale la pena decirlo, no fue la Holanda del 74.

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Tata Martino, con su célebre polo pistacho

Pero la estrepitosa caída ante el Bayern, la enfermedad de Vilanova y los síntomas de desfallecimiento del que fue el mejor equipo de fútbol de la historia propiciaron la llegada de Gerardo Martino al banquillo blaugrana, un alivio para los detractores de la doctrina Guardiola e incluso para los propios futbolistas. Los primeros aprovecharon las derrotas para aducir que Pep era un integrista que moría por una única idea, carente de plan alternativo y soluciones de emergencia cuando los partidos se torcían. En cuanto a los jugadores, ¡ay, los jugadores!, estaban tan exasperados por la enorme exigencia del técnico de Santpedor, que vieron con buenos ojos a un entrenador más maleable y dispuesto a ceder a sus antojos. No cabe duda de que hacer las cosas perfectas requiere un esfuerzo y un desgaste que el ser humano no está dispuesto a alargar más de lo estrictamente necesario. Y, al fin y al cabo, ¡ya se había ganado todo!

Sin rumbo

Valdés, Cesc, Piqué o Alves han aplaudido las alternativas que predica Martino, elementos como el desplazamiento en largo, el contraataque, las transiciones rápidas o, por qué no, los disparos desde fuera del área. Y es que el toque, toque, toque empezaba a agotar a algunos… Pero el Tata aún no sabe dónde quiere ir o cómo expresa Daniel Cana: “Martino quiere toque y en largo. Presión alta y control. Laterales que suban y coberturas. Entrenar y descansar. Y así…” Abrumado por la prensa y el entorno, cierra filas y se apoya en sus jugadores –algunos en claro declive- y en decisiones fáciles como no fichar para no romper equilibrios, introducir las lógicas rotaciones y predicar a voz en cuello que el estilo del Barça, el de los últimos años, no se toca. “Mi incidencia en el equipo sigue siendo mínima”, reconoció después del Clásico un entrenador que deberá empezar a tomar partido por un rumbo en concreto y a tomar decisiones, probablemente duras, más pronto que tarde.

Martino cuenta, eso sí, con un carácter afable, respuestas francas y el margen de una prensa que todavía no ha ido a por él porque no ha perdido. Temporada de transición para el Tata, que tiene sobre la mesa los frentes más complejos que ha afrontado el club en los últimos años. Esto es, sustituir al mejor portero de la historia del Barça, no aplazar más la cuestión de los centrales, encontrar un relevo a Xavi –auténtico arquitecto de este estilo- y mantener motivado a Messi, apodado ‘El Extraterrestre’, y no sólo por su extraordinario fútbol.

Las victorias, que van y vienen, son mucho más solubles que un estilo reconocido y admirado.  Pasan las jornadas y el soliloquio del Barça languidece por su monotonía, decrepitud y un cambio de rumbo indefinido.

Written by @robertlozano_

30 octubre, 2013 at 6:36 PM

La metamorfosis

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ImagenCuando Cristiano Ronaldo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un letal futbolista. A su derecha, sobre la mesita de noche, una pequeña caja de metal  con una cerradura diminuta guardaba un ego enorme que luchaba por salir y hacía vibrar ligeramente el arca que la custodiaba. Ronaldo, sin embargo, se había tragado la llave.

La bestia blanca ha tardado unas cuantas primaveras en caer en la cuenta de que es mucho más temible concentrado en su fútbol que embelesado por su peinado, sus fuertes muslos o la pulga atómica que habita en el Camp Nou. El tiempo que le ha llevado madurar.

Cada vez más alejado de las chifladuras de Mourinho, de las guerrillas internas, de la incapacidad de los delanteros blancos, de la aquiescencia de Florentino y de las declaraciones esperpénticas, Ronaldo se ha aupado el Madrid a la espalda y, alienado del ruido, carga con él por Europa.

El 7 madridista ha abandonado los visos de atleta para transformarse en un futbolista que representa más para el Madrid que Messi para el Barça. A día de hoy Ronaldo es más importante que el propio estadio Santiago Bernabéu porque sin él, este Madrid descubre sus vergüenzas, el montaje vacío que ha construido Mourinho. Tras Ronaldo se oculta el precipicio. No es casual que, después del portugués, Varane sea el jugador más adulado por la grada y los medios. Hablamos, no lo olvidemos, de un jugador que todavía no se afeita por las mañanas.

A falta de conocer rival en semifinales, Ronaldo tiene entre ceja y ceja la décima y el transitar en la Liga le obliga a morir por esta Champions. Resignado, convertido en jugador de equipo, CR7 se ve obligado a actuar en contra de su naturaleza indómita. Pero no mira a los lados. Ni mucho menos atrás. Con la portería rival como santo y seña, su patología competitiva y sus ansias de superación, obligará al Barça de Tito a ser más equipo que nunca y a hacer, justamente, lo opuesto que el Madrid. A independizarse de Messi.  

Written by @robertlozano_

10 abril, 2013 at 12:23 PM

El mirlo blanco y el Joker

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 “¿Sabes lo que más miedo da? No saber cuál es tu misión en este mundo, no saber por qué estás aquí (…)”

El espejo de Mourinho ya no refleja un sentido práctico a su deambular como General Manager del Real Madrid. En su momento lo tuvo. Fue contratado como la kriptonita que debía ahogar la luz cegadora y angelical de Guardiola. Y, de algún modo, lo consiguió. Le arrebató una Liga y una Copa al mejor Barça de la historia, desquició al técnico catalán y aglutinó hordas de seguidores que elogiaban su estilo y forma de conseguir las cosas. Mourinho amaba el papel de alter ego de Guardiola.

Casillas y Mourinho

“Ahora que sabemos quien eres tú, sé quién soy yo (…). Todo tiene sentido. ¿En un cómic sabes como se nota quien va a ser el villano más malvado? Es justamente el opuesto al héroe (…)”

Mourinho no tenía un plan. Las empresas tienen planes. O los políticos. Él era el perro que corría detrás de los coches. Su misión no era construir sino contraprogramar al protagonista. El clásico papel que se otorga al villano. Se ejecuta a corto plazo y resulta más sencillo que cimentar algo. Pero todo buen relato clásico necesita al Némesis tanto como al héroe. Y Guardiola se borró de las viñetas. Sin coche al que perseguir, Mourinho no encontró las miguitas de pan del camino.

            Batman: ¿Por qué quieres matarme?
 Joker: ¿matarte? No quiero matarte… tú me complementas.

Sin Guardiola, Mou carece de sentido. ¿Una Copa y una Liga en tres años? Minucias. Su verdadera victoria pasaba por arrebatar al barcelonismo y al mundo del fútbol su mirlo blanco, su Harvey Dent. Ese era el premio gordo, demostrar que Guardiola era un impostor, un personaje con ínfulas de superhéroe que se podía corromper.

            Batman: ¿qué has hecho?
Joker: tomé al caballero blanco de la Ciudad de Gotham y lo puse a nuestro nivel. No fue difícil. La locura, como tú sabes, es como la gravedad. Basta con un pequeño empujón.

Mourinho no tuvo tiempo ni manera de conseguir esta meta. Con su marcha, Guardiola se convirtió en un símbolo y el portugués se abandonó a su locura. Sin un objetivo externo claro (“Pito” Vilanova no se presta a la opereta y su Barça está a años luz), decidió sumir el caos dentro del Madrid: desencuentros con Ramos, discusiones con Cristiano, enfrentamientos con Toril, desmentidos a Florentino Pérez…La suplencia de Casillas es un pulso más del portugués, un atentado contra el orden establecido de alguien que se ha llenado los bolsillos de nitroglicerina.

Da la sensación de que va a salir en globo del Bernabéu. Y, huérfano de héroe, no sería de extrañar que la próxima temporada José Mourinho hiciera las maletas rumbo a Dormund o Leverkusen para seguir dando sentido a la épica de su atormentada existencia.

NdA: los dos primeros encomillados pertenecen a la película El Protegido, de M. Night Shyamalan. Los siguientes, a Batman: el caballero Oscuro, de Christopher Nolan.

Written by @robertlozano_

17 enero, 2013 at 11:36 PM

Barçaficción

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 “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

Para ciertos equipos y jugadores rivales el Barça se ha convertido en una película de terror que confunde, angustia y desespera. Para los amantes del fútbol y para sus seguidores, en cambio, es la mejor película de ciencia ficción que se ha rodado nunca, un fenómeno inexplicable que sus aficionados han adoptado como una dulce y pegadiza melodía. Esta extraordinaria normalidad es atacada desde algunas esferas con argumentos como “siempre juegan igual”, “son aburridos” o, simplemente, “siempre ganan”.

Al igual que se aborrece al empollón, el Barça desprende un aroma de genialidad insoportable para algunos sectores. Incluso a Messi se le reprocha su virtuosismo y su insultante lejanía respecto a la falibilidad del futbolista humano, como si de un Doctor Manhattan se tratara. El escritor argentino Martín Caparrós sostiene que “Leo lo hace todo penosamente fácil. Debería sobreactuar la dificultad que él no le encuentra a lo que hace” Recientemente Ronald Koeman ha pedido el Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. ¿El motivo? “Porque Messi ya ha ganado 3”. Es como si a Michael Jordan le hubieran dejado de dar MVP’s porque era demasiado bueno y no dejaba ganar a los demás…

Entrevistado en la revista So Foot, al rossonero Kevin-Prince Boateng le preguntaron si el juego del Barça era siempre lo mismo, si jugaban a balonmano, a lo que respondió: “Sí, casi siempre es lo mismo, ganan cada partido cuatro o cinco a cero (…) ¿Cómo pueden hacer tantos pases tan perfectos? Lo hacen mil veces en un partido y las mil veces la bola llega perfecta al pie del jugador. No es fácil ser Xavi o Iniesta cada partido”.

Pero una parte del público detesta esta supuesta perfección, este halo angelical de los sempiternos ganadores, y se siente atraído por figuras disonantes, oscuras y controvertidas. Enfants Terribles como el mismo Kevin-Prince, Ibra, Balotelli o el antagonista Mourinho acumulan hordas de seguidores, más identificados con los villanos de las películas y con la errata que con el héroe irreducible, el mirlo blanco. El espectador ansía encontrar grietas en este Barça y anhela que se corrompa como Harvey Dent. Sólo así se podrá narrar la gran epopeya del desmoronamiento de la Dinastía Blaugrana.

Prácticamente clasificados para octavos de finales de la Champions y a ocho puntos del Madrid (a 11, si vencen el próximo domingo), el panorama es tan idílico como carente de emoción. El barcelonismo, una representación de la vida misma, necesita el conflicto como el aire que respira y no puede sobrevivir hasta febrero actualizando lesionados.

Si, para colmo, Cesc y Alexis tienen la osadía de desafiar con sus goles a los barcelonistas que se divierten arrojando a sus propios jugadores a la hoguera , si resulta que Villa y Messi son amiguísimos y que nadie se queja por ser suplente, si Rosell apenas abre la boca y Tito es tan bueno como Guardiola, ¿Qué narices queda?

Disfrutar.

PUBLICADO EN:

PLANETA DEPORTE

http://futbol.planetadeporte.net/i:primera-division:baraficcion:opinion:43892:i

PERIODISTAS Y ANÓNIMOS

http://www.periodistasanonimos.com/2012/10/barcaficcion-por-robert-lozano-verges.html?showComment=1349339467138

Partida de sepelio por el 9

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La figura del delantero centro está en decadencia. Los dos mejores equipos de fútbol del mundo (El Barça y La Roja), han puesto en entredicho esta figura, vanagloriada y laureada por el Planeta Fútbol desde que empezó a rodar el balón en la campiña inglesa tiempo ha. Ambos conjuntos han demostrado que se puede ganar absolutamente todo sin contar con esa pieza sacrosanta que contribuía con el principio y el fin de todas las cosas: el gol.

Cruyff, Guardiola, Del Bosque, Messi, Cristiano Ronaldo o Cesc son algunas figuras fundamentales de esta partida de sepelio por el nueve.

“…Cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…”

El que mira el partido en la pantalla es Guardiola, ejecutor de delanteros exquisitos como Samuel Eto’o o Zlatan Ibrahimovic, conversor de David Villa y devoto de Lionel Messi. El ex entrenador del Barça sacrificó al 9 porque entorpecía los movimientos del 10 y afeaba el juego del resto del conjunto. En una formación en la que el gol parecía una penitencia necesaria, el delantero centro era el tipo que golpeaba el balón con saña después de que Iniesta, Xavi o Busquets lo hubieran acariciado, mimado y adulado. Un bárbaro.

Para Guardiola el razonamiento era un juego de niños: si tus mejores jugadores son centrocampistas y además son los mejores del mundo, ponlos a todos. Si además cuentas con un Extraterrestre que anota 70 goles por temporada, ¿para qué narices necesitas a un Exterminador en un equipo de ángeles?

Los paralelismos de La Roja

La Roja, guste o no, es un apéndice del Barça, ni que sea por número de efectivos y por manual de estilo. Y en esta Eurocopa, más que nunca. El equipo de Del Bosque ha expresado las mismas virtudes y las mismas carencias que el Barça de la pasada temporada: control total y juego excelso pero, en ocasiones, sincopado y excesivamente retórico. Al margen de los seguidores del Barça, con ojos adiestrados en este juego, la mayoría de opinadores han atacado el estilo del equipo de Vicente del Bosque por aburrido y carente de pegada. A muchos les escocían los ojos cuando miraban el banquillo y veían a Llorente (0 minutos en la Eurocopa); Negredo (papel testimonial); y Fernando Torres (bota de oro del torneo con tres tantos).

Cesc, que ha “ursurpado” esta posición en el campo, ha tenido un papel capital en el combinado español y todo hace prever que será una de las piezas claves del Barça de Tito Vilanova, auténtico valedor de su fichaje.

Ronaldo y Messi también han contribuido a azuzar este debate. El número 1 y el número 2 del mundo no son un 7, ni un 9, ni un 10, sino lo que les da la gana, y terminan las temporadas con más de 30 goles de diferencia respecto a 9 clásicos, a estiletes de pura raza como Gómez, Huntelaar, Giroud, Ronney, Balotelli o Mandzukic.

No sabemos si se trata de un episodio pasajero en la historia del fútbol, a la espera del nacimiento de una nueva hornada de Ronaldos, Romarios o Hugos Sánchez, un hecho puntual de dos equipos muy particulares o una evolución del juego. Pero lo que está claro es que dos de los equipos más excelsos de la historia de este deporte lo han ganado todo “asesinado” al profeta, al Dios del gol.

Que el 9 descanse en paz.

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Un cuento de tristeza

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“Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”.

Bill Shankly, leyenda delLiverpool, dixit. Arquetípico retrato robot del genio excesivo y procaz, las palabras del manager de los Reds rechinaban tanto como fascinaban. Old school. 

 El fútbol: una estupidez enfermiza para muchos, un cordón vital para otros. Cuestión de empatías. El gol de Iniesta en Stamford Bridge provocó, nueve meses después, un incremento de la natalidad, y el descenso de algunos equipos de fútbol ha sido el detonante de suicidios y batallas campales. El fútbol ha motivado manifestaciones y guerras y ha inyectado felicidad transitoria a países enteros.

Este deporte tiene el poder de transformar a personas serias en auténticos energúmenos y hacer llorar como plañideras desconsoladas a hombretones hechos y derechos. Pero también une a las personas y estrecha los vínculos familiares. El fútbol, entendido como un sentimiento capaz de despertar la más alta y la más baja de las pasiones, es uno de los elementos más poderosos de la sociedad contemporánea.

Añadan la crisis a este cóctel. El momento actual. La desesperación, la tristeza, el pesimismo, el disgusto. Y el sábado en el Camp Nou. Un tipo con una vida común, con problemas comunes de los días de hoy. Sentado en la gradería, con la mirada perdida y las gafas empañadas. El cielo se está cebando con él. La lluvia lo moja como a un pato y los mechones rizados emplastados le caen sobre la frente. Y su equipo pierde. Su Barça, esa ensoñación que lo separa 90 minutos de la vida real, muere en la orilla ante el rival que provoca más daño. Una punzada dolorosa en el espinazo. Una dosis más a un bote colmado de tristeza. Rebosa. Shit happens.

 Sólo entonces recuerda las palabras de Atticus Finch:

 “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”. 

Written by @robertlozano_

23 abril, 2012 at 11:44 AM

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