DISCURSO DEPORTIVO

Por Robert Lozano Vergés

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Reinventar el Barça

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“En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará”.*

El Barça ha burlado el tiempo durante un par de temporadas con remaches, moratorias y apósitos mientras se tambaleaba sostenido por la gratitud, la nostalgia y una Liga de 100 puntos. Las consecuencias de la inacción explotaron en Valladolid, un partido que al correr de los años se recordará como el funeral de un conjunto histórico. La herencia del mejor equipo de todos los tiempos se dilapidó en el césped del José Zorrilla el 8 de marzo de 2014, cuando aún duraba la fragancia que deja el perfume de una bella mujer después de abandonar la sala.

El destello de Manchester (0-2) fue como mirar la luz de una estrella que desapareció tiempo ha y que nos remite al pasado. Imbuido en la ciclotimia, el equipo de Martino es capaz de padecer distintos episodios de excitación y depresión en un mismo encuentro y pasar de maravillar a angustiar (Valencia, Almería) sin dejar margen para la digestión. En Valladolid los futbolistas parecieron adolecer una extraña enfermedad, como si de 11 Leonards (Memento) se trataran, capaces de recordar cómo realizar acciones cotidianas, pero incapaces de almacenar recuerdos de fiascos anteriores y ser conscientes de lo que se jugaban.

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La búsqueda

La toma de decisiones se ha pospuesto por miedo a la equivocación y se ha visto atenazada por la búsqueda de perfiles que no existen en el mercado. Defensas cuya prioridad no es defender y atacantes más valorados por su capacidad de combinar que de anotar. El Barça Total, ligado a una generación única, se había construido desde el centrocampismo, con un portero centrocampista (buen juego con los pies); defensas centrocampistas (buena salida de balón) y delanteros centrocampistas (buena combinación con el 10). Sin remplazos claros en La Masia, con jugadores reconvertidos y exprimidos como Mascherano o Alexis y con sus máximos exponentes vagando por los terrenos de juego, el Barça no encuentra relevo en el Planeta Fútbol, en el que sigue buscando futbolistas que sólo se diseñan y se moldean en el Camp Nou. La búsqueda, pues, puede ser eterna.

Si la mala noticia es que estamos en marzo y que el descalabro y la agonía pueden ser un vía crucis, la buena noticia es también que estamos en marzo y cualquier indicio de no querer asumir un cambio profundo y estructural sería insensato, imprudente e injustificable. La coartada del accidente que se esgrimió la temporada pasada en la derrota apabullante contra el Bayern ya no es válida a día de hoy.

Que la Dirección Deportiva siga hablando de pequeños retoques es demencial. Que el capitán culpe al césped del mal juego es ridículo. Que los futbolistas no den el corazón y el alma por el Barça es imperdonable.

Este Barça glorioso, tal y como lo conocíamos, ya no volverá. Y ahora hay que reinventarlo.

*Frase de Rust Cohle (Matthew McConaughey) en la serie de televisión True Detective

Written by @robertlozano_

12 marzo, 2014 at 8:51 AM

Tatismo

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El tiempo, el desgaste y las circunstancias han marchitado lentamente lo que antaño fue una sinfonía ideada en un rectángulo de juego. La carencia de soluciones, de creatividad y, especialmente, la inacción a la hora de dar relevo a figuras claves de los últimos años, ha llevado, en este principio de temporada, a poner en duda el estilo Barça, algo que debería ser innegociable –no por inflexible o inamovible- sino porque atenta contra lo más sagrado de una persona o institución: su identidad.

Más allá de nuestro pequeño país, los amantes del fútbol no conocen al Barça por el número de Copas de Europa que lustran las vitrinas del Museu, sino por practicar el juego más bello de la historia de este deporte. Un juego al que, además, añadió ese caprichoso componente que es la victoria. A los que anhelan el triunfo por encima de todas las cosas hay que recordarles que cuando se aplicó este estilo a la perfección se ganó todo. Todo. El Barça de Guardiola, vale la pena decirlo, no fue la Holanda del 74.

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Tata Martino, con su célebre polo pistacho

Pero la estrepitosa caída ante el Bayern, la enfermedad de Vilanova y los síntomas de desfallecimiento del que fue el mejor equipo de fútbol de la historia propiciaron la llegada de Gerardo Martino al banquillo blaugrana, un alivio para los detractores de la doctrina Guardiola e incluso para los propios futbolistas. Los primeros aprovecharon las derrotas para aducir que Pep era un integrista que moría por una única idea, carente de plan alternativo y soluciones de emergencia cuando los partidos se torcían. En cuanto a los jugadores, ¡ay, los jugadores!, estaban tan exasperados por la enorme exigencia del técnico de Santpedor, que vieron con buenos ojos a un entrenador más maleable y dispuesto a ceder a sus antojos. No cabe duda de que hacer las cosas perfectas requiere un esfuerzo y un desgaste que el ser humano no está dispuesto a alargar más de lo estrictamente necesario. Y, al fin y al cabo, ¡ya se había ganado todo!

Sin rumbo

Valdés, Cesc, Piqué o Alves han aplaudido las alternativas que predica Martino, elementos como el desplazamiento en largo, el contraataque, las transiciones rápidas o, por qué no, los disparos desde fuera del área. Y es que el toque, toque, toque empezaba a agotar a algunos… Pero el Tata aún no sabe dónde quiere ir o cómo expresa Daniel Cana: “Martino quiere toque y en largo. Presión alta y control. Laterales que suban y coberturas. Entrenar y descansar. Y así…” Abrumado por la prensa y el entorno, cierra filas y se apoya en sus jugadores –algunos en claro declive- y en decisiones fáciles como no fichar para no romper equilibrios, introducir las lógicas rotaciones y predicar a voz en cuello que el estilo del Barça, el de los últimos años, no se toca. “Mi incidencia en el equipo sigue siendo mínima”, reconoció después del Clásico un entrenador que deberá empezar a tomar partido por un rumbo en concreto y a tomar decisiones, probablemente duras, más pronto que tarde.

Martino cuenta, eso sí, con un carácter afable, respuestas francas y el margen de una prensa que todavía no ha ido a por él porque no ha perdido. Temporada de transición para el Tata, que tiene sobre la mesa los frentes más complejos que ha afrontado el club en los últimos años. Esto es, sustituir al mejor portero de la historia del Barça, no aplazar más la cuestión de los centrales, encontrar un relevo a Xavi –auténtico arquitecto de este estilo- y mantener motivado a Messi, apodado ‘El Extraterrestre’, y no sólo por su extraordinario fútbol.

Las victorias, que van y vienen, son mucho más solubles que un estilo reconocido y admirado.  Pasan las jornadas y el soliloquio del Barça languidece por su monotonía, decrepitud y un cambio de rumbo indefinido.

Written by @robertlozano_

30 octubre, 2013 at 6:36 PM

La metamorfosis

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ImagenCuando Cristiano Ronaldo se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un letal futbolista. A su derecha, sobre la mesita de noche, una pequeña caja de metal  con una cerradura diminuta guardaba un ego enorme que luchaba por salir y hacía vibrar ligeramente el arca que la custodiaba. Ronaldo, sin embargo, se había tragado la llave.

La bestia blanca ha tardado unas cuantas primaveras en caer en la cuenta de que es mucho más temible concentrado en su fútbol que embelesado por su peinado, sus fuertes muslos o la pulga atómica que habita en el Camp Nou. El tiempo que le ha llevado madurar.

Cada vez más alejado de las chifladuras de Mourinho, de las guerrillas internas, de la incapacidad de los delanteros blancos, de la aquiescencia de Florentino y de las declaraciones esperpénticas, Ronaldo se ha aupado el Madrid a la espalda y, alienado del ruido, carga con él por Europa.

El 7 madridista ha abandonado los visos de atleta para transformarse en un futbolista que representa más para el Madrid que Messi para el Barça. A día de hoy Ronaldo es más importante que el propio estadio Santiago Bernabéu porque sin él, este Madrid descubre sus vergüenzas, el montaje vacío que ha construido Mourinho. Tras Ronaldo se oculta el precipicio. No es casual que, después del portugués, Varane sea el jugador más adulado por la grada y los medios. Hablamos, no lo olvidemos, de un jugador que todavía no se afeita por las mañanas.

A falta de conocer rival en semifinales, Ronaldo tiene entre ceja y ceja la décima y el transitar en la Liga le obliga a morir por esta Champions. Resignado, convertido en jugador de equipo, CR7 se ve obligado a actuar en contra de su naturaleza indómita. Pero no mira a los lados. Ni mucho menos atrás. Con la portería rival como santo y seña, su patología competitiva y sus ansias de superación, obligará al Barça de Tito a ser más equipo que nunca y a hacer, justamente, lo opuesto que el Madrid. A independizarse de Messi.  

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10 abril, 2013 at 12:23 PM

El mirlo blanco y el Joker

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 “¿Sabes lo que más miedo da? No saber cuál es tu misión en este mundo, no saber por qué estás aquí (…)”

El espejo de Mourinho ya no refleja un sentido práctico a su deambular como General Manager del Real Madrid. En su momento lo tuvo. Fue contratado como la kriptonita que debía ahogar la luz cegadora y angelical de Guardiola. Y, de algún modo, lo consiguió. Le arrebató una Liga y una Copa al mejor Barça de la historia, desquició al técnico catalán y aglutinó hordas de seguidores que elogiaban su estilo y forma de conseguir las cosas. Mourinho amaba el papel de alter ego de Guardiola.

Casillas y Mourinho

“Ahora que sabemos quien eres tú, sé quién soy yo (…). Todo tiene sentido. ¿En un cómic sabes como se nota quien va a ser el villano más malvado? Es justamente el opuesto al héroe (…)”

Mourinho no tenía un plan. Las empresas tienen planes. O los políticos. Él era el perro que corría detrás de los coches. Su misión no era construir sino contraprogramar al protagonista. El clásico papel que se otorga al villano. Se ejecuta a corto plazo y resulta más sencillo que cimentar algo. Pero todo buen relato clásico necesita al Némesis tanto como al héroe. Y Guardiola se borró de las viñetas. Sin coche al que perseguir, Mourinho no encontró las miguitas de pan del camino.

            Batman: ¿Por qué quieres matarme?
 Joker: ¿matarte? No quiero matarte… tú me complementas.

Sin Guardiola, Mou carece de sentido. ¿Una Copa y una Liga en tres años? Minucias. Su verdadera victoria pasaba por arrebatar al barcelonismo y al mundo del fútbol su mirlo blanco, su Harvey Dent. Ese era el premio gordo, demostrar que Guardiola era un impostor, un personaje con ínfulas de superhéroe que se podía corromper.

            Batman: ¿qué has hecho?
Joker: tomé al caballero blanco de la Ciudad de Gotham y lo puse a nuestro nivel. No fue difícil. La locura, como tú sabes, es como la gravedad. Basta con un pequeño empujón.

Mourinho no tuvo tiempo ni manera de conseguir esta meta. Con su marcha, Guardiola se convirtió en un símbolo y el portugués se abandonó a su locura. Sin un objetivo externo claro (“Pito” Vilanova no se presta a la opereta y su Barça está a años luz), decidió sumir el caos dentro del Madrid: desencuentros con Ramos, discusiones con Cristiano, enfrentamientos con Toril, desmentidos a Florentino Pérez…La suplencia de Casillas es un pulso más del portugués, un atentado contra el orden establecido de alguien que se ha llenado los bolsillos de nitroglicerina.

Da la sensación de que va a salir en globo del Bernabéu. Y, huérfano de héroe, no sería de extrañar que la próxima temporada José Mourinho hiciera las maletas rumbo a Dormund o Leverkusen para seguir dando sentido a la épica de su atormentada existencia.

NdA: los dos primeros encomillados pertenecen a la película El Protegido, de M. Night Shyamalan. Los siguientes, a Batman: el caballero Oscuro, de Christopher Nolan.

Written by @robertlozano_

17 enero, 2013 at 11:36 PM

Barçaficción

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 “Ocurrió tras un Barça-Getafe en el que nos dimos una paliza de correr. Al acabar el encuentro, un compañero, bastante joven además, se tumbó en la camilla y empezó a gritar lo mucho que odiaba el fútbol. No pudimos ni consolarle. Se puso el chándal sin ducharse, y se largó del estadio sollozando: ‘No puedo más’”. David Belenguer, ex jugador del Palamós, Betis y Getafe, entre otros equipos, revelaba este chocante episodio a la revista Panenka.

Para ciertos equipos y jugadores rivales el Barça se ha convertido en una película de terror que confunde, angustia y desespera. Para los amantes del fútbol y para sus seguidores, en cambio, es la mejor película de ciencia ficción que se ha rodado nunca, un fenómeno inexplicable que sus aficionados han adoptado como una dulce y pegadiza melodía. Esta extraordinaria normalidad es atacada desde algunas esferas con argumentos como “siempre juegan igual”, “son aburridos” o, simplemente, “siempre ganan”.

Al igual que se aborrece al empollón, el Barça desprende un aroma de genialidad insoportable para algunos sectores. Incluso a Messi se le reprocha su virtuosismo y su insultante lejanía respecto a la falibilidad del futbolista humano, como si de un Doctor Manhattan se tratara. El escritor argentino Martín Caparrós sostiene que “Leo lo hace todo penosamente fácil. Debería sobreactuar la dificultad que él no le encuentra a lo que hace” Recientemente Ronald Koeman ha pedido el Balón de Oro para Cristiano Ronaldo. ¿El motivo? “Porque Messi ya ha ganado 3”. Es como si a Michael Jordan le hubieran dejado de dar MVP’s porque era demasiado bueno y no dejaba ganar a los demás…

Entrevistado en la revista So Foot, al rossonero Kevin-Prince Boateng le preguntaron si el juego del Barça era siempre lo mismo, si jugaban a balonmano, a lo que respondió: “Sí, casi siempre es lo mismo, ganan cada partido cuatro o cinco a cero (…) ¿Cómo pueden hacer tantos pases tan perfectos? Lo hacen mil veces en un partido y las mil veces la bola llega perfecta al pie del jugador. No es fácil ser Xavi o Iniesta cada partido”.

Pero una parte del público detesta esta supuesta perfección, este halo angelical de los sempiternos ganadores, y se siente atraído por figuras disonantes, oscuras y controvertidas. Enfants Terribles como el mismo Kevin-Prince, Ibra, Balotelli o el antagonista Mourinho acumulan hordas de seguidores, más identificados con los villanos de las películas y con la errata que con el héroe irreducible, el mirlo blanco. El espectador ansía encontrar grietas en este Barça y anhela que se corrompa como Harvey Dent. Sólo así se podrá narrar la gran epopeya del desmoronamiento de la Dinastía Blaugrana.

Prácticamente clasificados para octavos de finales de la Champions y a ocho puntos del Madrid (a 11, si vencen el próximo domingo), el panorama es tan idílico como carente de emoción. El barcelonismo, una representación de la vida misma, necesita el conflicto como el aire que respira y no puede sobrevivir hasta febrero actualizando lesionados.

Si, para colmo, Cesc y Alexis tienen la osadía de desafiar con sus goles a los barcelonistas que se divierten arrojando a sus propios jugadores a la hoguera , si resulta que Villa y Messi son amiguísimos y que nadie se queja por ser suplente, si Rosell apenas abre la boca y Tito es tan bueno como Guardiola, ¿Qué narices queda?

Disfrutar.

PUBLICADO EN:

PLANETA DEPORTE

http://futbol.planetadeporte.net/i:primera-division:baraficcion:opinion:43892:i

PERIODISTAS Y ANÓNIMOS

http://www.periodistasanonimos.com/2012/10/barcaficcion-por-robert-lozano-verges.html?showComment=1349339467138

Partida de sepelio por el 9

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La figura del delantero centro está en decadencia. Los dos mejores equipos de fútbol del mundo (El Barça y La Roja), han puesto en entredicho esta figura, vanagloriada y laureada por el Planeta Fútbol desde que empezó a rodar el balón en la campiña inglesa tiempo ha. Ambos conjuntos han demostrado que se puede ganar absolutamente todo sin contar con esa pieza sacrosanta que contribuía con el principio y el fin de todas las cosas: el gol.

Cruyff, Guardiola, Del Bosque, Messi, Cristiano Ronaldo o Cesc son algunas figuras fundamentales de esta partida de sepelio por el nueve.

“…Cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…”

El que mira el partido en la pantalla es Guardiola, ejecutor de delanteros exquisitos como Samuel Eto’o o Zlatan Ibrahimovic, conversor de David Villa y devoto de Lionel Messi. El ex entrenador del Barça sacrificó al 9 porque entorpecía los movimientos del 10 y afeaba el juego del resto del conjunto. En una formación en la que el gol parecía una penitencia necesaria, el delantero centro era el tipo que golpeaba el balón con saña después de que Iniesta, Xavi o Busquets lo hubieran acariciado, mimado y adulado. Un bárbaro.

Para Guardiola el razonamiento era un juego de niños: si tus mejores jugadores son centrocampistas y además son los mejores del mundo, ponlos a todos. Si además cuentas con un Extraterrestre que anota 70 goles por temporada, ¿para qué narices necesitas a un Exterminador en un equipo de ángeles?

Los paralelismos de La Roja

La Roja, guste o no, es un apéndice del Barça, ni que sea por número de efectivos y por manual de estilo. Y en esta Eurocopa, más que nunca. El equipo de Del Bosque ha expresado las mismas virtudes y las mismas carencias que el Barça de la pasada temporada: control total y juego excelso pero, en ocasiones, sincopado y excesivamente retórico. Al margen de los seguidores del Barça, con ojos adiestrados en este juego, la mayoría de opinadores han atacado el estilo del equipo de Vicente del Bosque por aburrido y carente de pegada. A muchos les escocían los ojos cuando miraban el banquillo y veían a Llorente (0 minutos en la Eurocopa); Negredo (papel testimonial); y Fernando Torres (bota de oro del torneo con tres tantos).

Cesc, que ha “ursurpado” esta posición en el campo, ha tenido un papel capital en el combinado español y todo hace prever que será una de las piezas claves del Barça de Tito Vilanova, auténtico valedor de su fichaje.

Ronaldo y Messi también han contribuido a azuzar este debate. El número 1 y el número 2 del mundo no son un 7, ni un 9, ni un 10, sino lo que les da la gana, y terminan las temporadas con más de 30 goles de diferencia respecto a 9 clásicos, a estiletes de pura raza como Gómez, Huntelaar, Giroud, Ronney, Balotelli o Mandzukic.

No sabemos si se trata de un episodio pasajero en la historia del fútbol, a la espera del nacimiento de una nueva hornada de Ronaldos, Romarios o Hugos Sánchez, un hecho puntual de dos equipos muy particulares o una evolución del juego. Pero lo que está claro es que dos de los equipos más excelsos de la historia de este deporte lo han ganado todo “asesinado” al profeta, al Dios del gol.

Que el 9 descanse en paz.

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Un cuento de tristeza

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“Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”.

Bill Shankly, leyenda delLiverpool, dixit. Arquetípico retrato robot del genio excesivo y procaz, las palabras del manager de los Reds rechinaban tanto como fascinaban. Old school. 

 El fútbol: una estupidez enfermiza para muchos, un cordón vital para otros. Cuestión de empatías. El gol de Iniesta en Stamford Bridge provocó, nueve meses después, un incremento de la natalidad, y el descenso de algunos equipos de fútbol ha sido el detonante de suicidios y batallas campales. El fútbol ha motivado manifestaciones y guerras y ha inyectado felicidad transitoria a países enteros.

Este deporte tiene el poder de transformar a personas serias en auténticos energúmenos y hacer llorar como plañideras desconsoladas a hombretones hechos y derechos. Pero también une a las personas y estrecha los vínculos familiares. El fútbol, entendido como un sentimiento capaz de despertar la más alta y la más baja de las pasiones, es uno de los elementos más poderosos de la sociedad contemporánea.

Añadan la crisis a este cóctel. El momento actual. La desesperación, la tristeza, el pesimismo, el disgusto. Y el sábado en el Camp Nou. Un tipo con una vida común, con problemas comunes de los días de hoy. Sentado en la gradería, con la mirada perdida y las gafas empañadas. El cielo se está cebando con él. La lluvia lo moja como a un pato y los mechones rizados emplastados le caen sobre la frente. Y su equipo pierde. Su Barça, esa ensoñación que lo separa 90 minutos de la vida real, muere en la orilla ante el rival que provoca más daño. Una punzada dolorosa en el espinazo. Una dosis más a un bote colmado de tristeza. Rebosa. Shit happens.

 Sólo entonces recuerda las palabras de Atticus Finch:

 “Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence”. 

Written by @robertlozano_

23 abril, 2012 at 11:44 AM

La génesis del nuevo aficionado del Barça

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Venían de dos años de depresión. De que el Jogo Bonito se diluyera en la autocomplacencia y en la noche. Deberían haber marcado una época pero sólo fueron un compás orgásmico, un sueño roto en un ocaso prematuro. El por qué todavía representa hoy un sombrío misterio, una inexplicable concatenación de infortunios.  Nunca una estrella dilapidó con tal precipitación el fulgor y se desintegró con semejante dramatismo: Ronaldinho. Su “muerte” significó el nacimiento de una pulga que se transformó en un titán, en un extraterrestre. El chico de los recados que llegó a ser Emperador. Las brasas de ese Barça de Rijkaard ayudaron a construir un sueño mucho más intenso, una idea que se escapaba con tan sólo pensar en ella. 

6 de mayo de 2009. Temor, dudas históricas, complejos. Stamford Bridge era la última frontera. El Barça, en una temporada extraordinaria, estaba a una gota de sudor de quedar apeado de la final de Roma. Como casi siempre. Era un dolor conocido que no podía enturbiar una primera temporada de un entrenador novel y de unos jugadores en revalida. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi. Su dimensión no era, ni por asomo, la que tienen hoy en día. Pero el fútbol es caprichoso y los hados decidieron que un grandísimo equipo debía cruzar el Rubicón para convertirse en una leyenda. En el minuto 93 cambiaron los designios de un club y de unos aficionados que perdieron la voz y estallaron en lágrimas. Esa noche millones de barcelonistas chutaron con la enjuta pierna de Andrés Iniesta y, todavía hoy, se estremecen rememorando ese gol. Ese gol fue la génesis del Barça de Guardiola. Pero, sobre todo, propició un cambio en la mentalidad y el sentir autodestructivo del aficionado culé. Y ese será, precisamente, el legado más preciado que dejará Josep Guardiola.

Written by @robertlozano_

18 abril, 2012 at 9:14 AM

Más famoso que el fútbol

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Por encima de las estrellas, Messi observa el Planeta Fútbol cada vez más sintonizado en el papel de líder y de referente que le corresponde. La Pulga ha vivido durante mucho tiempo de su inigualable calidad y de su devastador registro de goles y jugadas imposibles. En sus inicios recordamos esa medio sonrisa tímida y bobalicona, cuando todavía era el chico de los recados de Ronaldinho. Desde la grada hemos observado con los ojos entornados sus periodos de autismo y de hermetismo crónico porque al Extraterrestre le gusta vivir en esa burbuja que representa el rectángulo de juego. Todo lo que traspasa la cal parece importarle un comino. Y, justamente ahí, en esa desgana absoluta por todo lo que no sea un balón de fútbol, radica su éxito. Así, ni más ni menos, es como el jugador de Rosario se ha convertido en el mejor futbolista de todos los tiempos. 

Durante la etapa Guardiola, sin embargo, su evolución como futbolista, en el significado más hondo y más extenso de la palabra, ha sido prodigiosa. Podríamos elaborar aquí una compleja teoría sobre las circunstancias y la estética. De por qué un deportista se cambia de peinado o se tatúa la cara de su madre. Las cosas no pasan porque sí y, usualmente, los cambios estéticos suelen ir ligados a diferentes estados de ánimo. La cuestión, a bote pronto, es que Messi luce barba, cabello corto y ceño fruncido de serie desde hace unos pocos meses. El argentino ya no se corta y replica a los árbitros, dialoga con ellos y se enfurece cuando lo cosen a patadas. Si los jóvenes aprendices del idioma no comulgan con su órbita (esto es que no le pasan el balón cuando él lo considera oportuno) no duda en regañarles y censurarles por salirse del guión. Véanse episodios con aspavientos a Thiago, Cuenca o Tello.

Messi se ha hecho mayor y, lo que es más significativo, ha tomado conciencia de su figura, de lo alargada que es su sombra y de la influencia que ejerce en este Barcelona. Cuando Guardiola decida marcharse, el peso del Club recaerá inexorablemente sobre las espaldas del astro argentino y, a falta de una figura presidencial enérgica, esto se percibe con amarga angustia porque Messi sólo habla en el terreno de juego.

Ali y Messi. Messi y Ali

Hace unos años, los estadounidenses votaron a Muhammad Ali como el mejor deportista de todos los tiempos. Aquí abriríamos un debate extraordinario pero lo cierto es que Ali es una de las figuras relacionadas con el mundo del deporte más relevantes de la historia. No sólo eso. “The greatest” fue uno de los personajes más ilustres de la segunda mitad del siglo XX, codeándose con los Beatles, Malcom X o John F. Kennedy. Y además de eso era boxeador. El mejor. Pero su figura empequeñeció al deporte y trascendió de él. Su conversión al Islam, la lucha por la igualdad de los derechos civiles de los negros, su renuncia a Vietnam y su carácter estrafalario, fanfarrón y dramatizado le otorgaron una aureola tan sumamente especial que es imposible de igualar. Por más que uno sea el mejor de la historia en su deporte. La figura de Ali era tan o más trascendental fuera del cuadrilátero que dentro de él. Y, en ocasiones, su lengua viperina era más temida que sus fulminantes jab de izquierdas.

Cuando en los sesenta Muhammad Ali viajó a Egipto se entrevistó con el líder político Kwame Nkrumah, fue vitoreado por gentes de pueblos remotos y lo reconocieron en lugares donde nadie había oído hablar nunca de Joe Louis, y mucho menos de Rocky Marciano. “Aquello fue su primer contacto con lo que significaba Muhammad Ali, símbolo internacional, un púgil más importante que el propio campeonato del mundo, el hombre más famoso dela Tierra. Era el principio de la transfiguración de Ali”.

Su locuacidad y su impertinencia nunca fueron bien acogidas por sus coetáneos. Y mucho menos por la élite blanca, ni por los plumillas deportivos de la época, ni por los políticos. Cassius Clay era una figura incómoda porque decía cosas, un fenómeno incomprensible, por revolucionario y provocador.

A Messi no se le recuerda una frase fuera de los terrenos de juego. Ni falta que hace. Como mucho ese “y el año que viene vamos a seguir y lo vamos a a ganar todoooo”,  que mal pronunció durante la celebración del Triplete, producto de una embriaguez etílica jocosa.

Durante años, la estrella del Barça se ha asemejado a un extraterrestre, a un replicante del Doctor Manhattan (The Watchmen), tremendamente alejado de la sociedad de a pie. Puede que Messi acabe siendo más famoso que el propio fútbol e incluso puede que sea considerado como el mejor deportista de todos los tiempos si nos ceñimos estrictamente a esta expresión. Deporte. En todo caso, Messi podrá ser Michael Jordan, pero nunca será Muhammad Ali. Y que a nadie le extrañe que, de aquí a muchos años, cuando decida acabar su gloriosa carrera, La Pulga nos deje con un lacónico: “me voy de esta galaxia… a una menos complicada.”

Una historia de violencia

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Cuando esa piedra impactó en la sien de Khaled Lemmouchia el fútbol dejó de ser un juego “donde se corre detrás de una pelotita” para convertirse en una excusa, en un canalizador de un sentir más profundo, mucho más trascendente. Las lunas del autobús que conducía a la selección de Argelia estallaron en mil pedazos y decenas de proyectiles silbaron sobre las cabezas de los futbolistas. La nariz del delantero Karim Matmourapenas olió el dolor de un impacto que esquivó por escasos centímetros. No tuvo tanta suerte el jugador del Fulham Rafik Halliche. La sangre cubría su rostro, del que colgaba una tira de carne y pelo donde antes había habido una ceja. La escena dantesca de los futbolistas argelinos agazapados bajo los asientos y desparramados en el pasillo del autocar rezumaba a pánico, a gritos, a sangre y a cristales hechos añicos. Pero, sobre todo, desprendía un hedor rancio a odio visceral arraigado en el tiempo y que iba mucho más allá de un partido de fútbol. Así fue la infame comitiva de bienvenida a El Cairo. Dos días después, Argelia y Egipto debían disputar un partido que decidiría el sexto representante del continente en el Mundial de Sudáfrica pero, sobre todo, señalaría al embajador del mundo árabe en el evento deportivo más visto de la historia.

La FIFA no dijo esta boca es mía y dos días después, el 14 de noviembre de 2009, se disputó el partido, tal y como estaba previsto. Un par de jugadores argelinos “lucieron” vendajes en recuerdo de un intento de lapidación que se saldó con tres heridos y diversos jugadores con cortes y magulladuras de distinta consideración. El encuentro, jugado en un clima tenso y enrarecido, llegó al minuto 90 con la victoria por la mínima de los “faraones”. Pero ese resultado no servía, necesitaban un tanto más y, cuando pasaban 6 minutos del tiempo reglamentario, llegó el remate de cabeza de Emad Moteab. Un gol que enloqueció a un país y enervó a otro. El definitivo 2 a 0 provocaba un empate a todo en la primera plaza del grupo C que obligaba a disputar un partido de desempate y desataba un conflicto de magnitudes impredecibles. Eran las ascuas de otra guerra del fútbol.

Escalada de tensiones

Dejarnos jugar el partido fue imprudente, hemos estado en peligro”, declaró el futbolista argelino Khaled Lemmouchia. “Salimos al campo lívidos. Si lo mismo les hubiese pasado a los egipcios, no habrían jugado y habrían ganado el partido en los despachos. Si la FIFA quiere que Egipto vaya al Mundial que lo diga claramente”, añadía con amargura el actual jugador del USM Alger.

Las consecuencias del partido de El Cairo no se hicieron esperar. El ministro de Sanidad de Egipto declaró tras el partido que 12 egipcios y 20 argelinos habían resultado heridos en los aledaños del estadio. Inmediatamente, en las capitales de los dos países, aficionados de ambas selecciones se enzarzaron en batallas campales que acabaron con más heridos, banderas quemadas y vehículos incendiados. La noche no consiguió apaciguar los ánimos. A la mañana siguiente, en Argelia se había desatado una ola de violencia contra todo lo que oliera a egipcio. Diversas empresas y comercios asentados en Argel fueron saqueados y 35 empleados de nacionalidad egipcia de la empresa de telecomunicaciones Orascom tuvieron que abandonar Argelia junto a sus familias. Sus casas habían sido arrasadas. Durante los enfrentamientos, 14 policías resultaron heridos y, para evitar males mayores, se cerraron todas las calles que conducían a la Embajada de Egipto en Argel. En los periódicos y en las televisiones argelinas las imágenes de los futbolistas vendados tras el ataque egipcio se reproducían como un bucle infinito, una y otra vez.

Por aquel entonces Oriol trabajaba para una empresa española en Orán, la segunda ciudad de Argelia: “La verdad es que esas imágenes continuaron apareciendo en los medios, aún, varios meses después”. El incidente de El Cairo actúo como una válvula de escape que encendió una chispa de emoción en el letargo argelino. “A pesar de su tamaño, Argelia parece un país invisible, un país en el que la palpitación social es casi nula, donde nunca pasa nada”, explica Oriol. “Pero cada 20 o 30 años todo salta por los aires en forma de guerra de liberación, a razón de 100.000 o 200.000 muertos cada vez”, añade.

El fútbol y la política discurren en un fino alambre y la tensión social se trasladó rápidamente de los terrenos de juego a los despachos. Dirigentes de ambos países se telefonearon para evitar que los incidentes de un partido de fútbol pudieran afectar a las relaciones diplomáticas de los dos países. Pero algunos actos contradecían las buenas y bien intencionadas palabras. El presidente de la Federación de Fútbol de Argelia, Mohamed Raouraoua, acusó a su homólogo egipcio de ser el responsable de los incidentes en El Cairo. Por su parte, Egipto amenazó a la FIFA con retirarse del fútbol durante dos años si no sancionaba a Argelia.Egipto no tolera a aquellos que hieren la dignidad de sus hijos. No queremos que nos arrastren a reacciones impulsivas, pero estoy agitado yo también”, advirtió en un comunicado el entonces presidente, Hosni Mubarak. En un ambiente en el que saltaban chispas, ambos países hacían malabares con nitroglicerina. Y en el horizonte próximo, otro partido de fútbol. El desempate en Sudán.

Khartum… Insha’Allah”

A diferencia de Argel, Orán vivía instalada en una calma relativa. Nada que ver con la revuelta de hacía algo más de un año. En junio de 2008 el colonial y populoso barrio de St. Pierre salió a la calle armado con palos y piedras para protestar contra el descenso del segundo equipo de la ciudad, el ASM Orán (Association Sportive Musulmane d’Oran). Tras unos días convulsos, las protestas dieron resultado y el ASM mantuvo la categoría a cambio de una veintenade muertos, numerosas agresiones, atropellos y diversos suicidios. Dos años después descendería de nuevo irremisiblemente.

Pero en esa ocasión, quizá por su carácter más mestizo o, simplemente, por la ausencia de oportunidades (todo pasa en Argel), los altercados en Orán no fueron tan beligerantes. “La población se limitó a una de sus actividades más frecuentes: hacer cola, relata Oriol. Ya fuera para el subsidio de desempleo, para la paga de antiguo combatiente (moudjahidine) o para solicitar una vivienda social, esperar en una cola formaba parte de un hábito tan arraigado en la ciudad como el te con menta. Esta vez, la cola se producía ante las oficinas de Air Algérie, a causa de un nuevo rumor del “teléfono árabe” (lo que aquí llamaríamos boca-oreja): el Estado argelino facilitaría billetes y entradas gratuitas para el partido de desempate de Sudán.

Y el “teléfono árabe” cumplió su función. En Orán la gente se olvidó de todo lo demás. “Toda la ciudad suspiraba por esas entradas, se cruzaban miradas cómplices, ya fuera en un ascensor, en un taxi o en una mesa de restaurante: Khartum…Insha’Allah (si Dios quiere), decían mientras le dirigían una última mirada al Altísimo”, explica Oriol.

Las horas siguientes fueron confusas. “Por un lado el presidente Bouteflika cumplió parte de su promesa y aviones de pasajeros de Air Algérie fueron incautados por el “bien del pueblo”. Incluso algún compatriota español se vio privado de su billete Oran-Argel”. Finalmente, se estima que unos 4.000 aficionados se beneficiaron de esta medida excepcional. “Eso sí, el paquete a Sudán, lejos de ser gratuito, rondaba los 2.000€ en un país en el que un ingeniero acomodado cobra menos de 400€ al mes”, desvela Oriol.

Tambores de guerra

Omdurman, localidad vecina de Jartum, fue el escenario escogido para el desempate. El presidente de Sudán, Omar al-Bashir, celebró una recepción previa al encuentro para limar asperezas, pero los presidentes de la federación argelina y egipcia ni si quiera se saludaron. Las declaraciones pre partido tampoco presagiaban nada bueno. “Para ser sincero, sí, estoy preocupado”, confesaba Hazem el Hawary, de la Asociación de Fútbol de Egipto. Y los jugadores tampoco pusieron de su parte para rebajar el clima de tensión. “Todo el equipo está listo (…) para la guerra“, sentenciaba el defensa argelino Madjid Bougherra desafiando la contención impuesta por su federación. El estadio de Al-Merreikh, con capacidad para 41.000 espectadores, podía ser el escenario de un partido de fútbol. O de una guerra.

Los aficionados de Argelia fueron acomodados en un lado del estadio y los de Egipto en el opuesto. 15.000 policías sudaneses se encargaron de velar por la seguridad de ambas hinchadas. Pero el partido no pudo empezar peor. Cuando aún no se había cumplido un minuto de juego el jugador argelino Nadir Belhadj realizó una entrada espeluznante que se saldó con una tarjeta amarilla. Apenas dos minutos más tarde, el argelino Mourad Meghni y el egipcio Ahmed Assan casi llegan a las manos. El partido corría serio peligro, parecía que en cualquier momento podía producirse una avalancha incontenible pero, afortunadamente, a partir de ese instante los jugadores se centraron en el fútbol y, antes del descanso, el defensa Antar Yahya empalmaba un centro de Ziani para avanzar a los argelinos. En la segunda mitad, Aboutrika y Zaki actuaron como arietes en el asedio egipcio, pero la portería argelina aguantó el cero hasta el pitido final. Los ‘faraones’, ganadores de las dos últimas Copas de África, se quedaban sin Mundial. Esta vez, la cara de la moneda era para los argelinos, que volvían a jugar la Copa del Mundo 24 años después.

El gozo vivido unos días antes en El Cairo se trasladó 2.700 kilómetros al oeste. En Argel y en Orán, la alegría se desbordó por las calles. “Es curioso porque el Mundial no se vivió ni con la mitad de intensidad. Los argelinos se alegraron mucho más del camino que del destino”, comenta Oriol. En la cita mundialista Argelia quedó eliminada en la fase de grupos y se marchó a casa sin anotar un solo gol.

Pero la felicidad iba intrínsecamente ligada al odio y al sentimiento de revancha. Aficionados argelinos hirieron en Jartum a 21 egipcios, lo que provocó una reacción en cadena. Al otro lado del Mediterráneo, en París, Marsella y otras ciudades francesas con una numerosa comunidad argelina, se produjeron disturbios y arrestos. Egipto retiró temporalmente a su embajador de Argel y en El Cairo 150 manifestantes intentaron asaltar la Embajada de Argelia, pidieron la expulsión de su embajador, Abdelkader Hadjar, y hasta el cierre de la Institución. La Federación Egipcia de Fútbol (EFA) se retiró de la Unión Norte Africana de Fútbol (UNAF), formada por Túnez, Libia, Marruecos, Argelia y el propio Egipto y envió una carta a sus miembros explicándoles su versión de lo acontecido en Jartum.

Durante esas horas de máxima tensión hubo quien no dejó de mirar el cielo en ningún momento, aterrorizado, esperando en cualquier instante el estrépito de un bombardero y el restallido de una explosión. Pero justo cuando se temía que todo se rompiera, que esa ira explotara en mil pedazos y manchara a todo el mundo, los ánimos se apaciguaron y lo que podía haber sido una tragedia, afortunadamente, quedó en un amago, en una escaramuza.

La revancha de la Copa África

El destino, siempre tan caprichoso, quiso que Argelia y Egipto se enfrentaran de nuevo apenas dos meses después. En esta ocasión estaba en juego una plaza para la final de la Copa África. Con las calles todavía humeantes y las heridas sin restañar, los seleccionadores de ambos países intentaron detener la hemorragia.“Es sólo fútbol”, simplificaba el técnico de Argelia, Rabah Saadane. Su homólogo de Egipto se manifestaba en la misma línea: “Ha de ser sólo deporte y nada más“. Pero, de nuevo, sus esfuerzos cabales fueron pisoteados por los protagonistas del encuentro. “Este partido es una cuestión de vida o muerte. Será como una guerra”. El delantero egipcio y actual jugador del Borussia Dortmund, Mohamed Zidan, ponía de manifiesto que la eliminación del Mundial y los consecuentes episodios de violencia todavía seguían muy presentes en sus mentes: “para nosotros es una oportunidad de mostrar al mundo que merecíamos ir al Mundial y, si los vencemos, seremos capaces de ver el campeonato con orgullo. Somos mejor equipo”, sentenciaba.

Oriol explica estupefacto la repercusión de ese encuentro en Argelia. “Apenas le prestaron atención. En las calles había una extraña mezcla de desidia y baja autoestima que contrastaba con la adrenalina que segregó aquel histórico partido de desempate en Jartum”. En estas circunstancias, los presagios de Zidan se hicieron realidad y el 28 de enero de 2010 los “faraones” barrieron a Argelia por 4 a 0 y se adjudicaron su séptima Copa África tras vencer a Ghana en la final. Se cerraba así un episodio más de una de las rivalidades más extremas del planeta fútbol.

PUBLICADO EN JOT DOWN CULTURAL MAGAZINE

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1 marzo, 2012 at 10:16 AM

Publicado en Deporte, Fútbol, Política

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¡No es fútbol, es geopolítica!

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Tengo el placer de anunciar que hoy he debutado en Jot Down Cultural Magazine con un reportaje a caballo entre el fútbol y la política.  O quizá debería decir con el fútbol como excusa para ocultar una realidad social mucho más amplia, mucho más importante, seria y perversa. Los protagonistas de esta historia son, a priori, las selecciones de Argelia y Egipto y el argumento parece sencillo:  las dos selecciones se juegan a un partido su pase al Mundial de Sudáfrica. Argelia se impone y, a partir de aquí, se desencadena una escalada de violencia y de muertos que está a punto de terminar en una guerra entre los dos países. Pero, ¿qué había detrás de todo aquello? ¿era sólo el fútbol? ¿fueron los mimbres de la revolución de la Plaza Tahrir?

Podeís leer el artículo en el siguiente enlace. Espero que guste.

http://www.jotdown.es/2012/02/no-es-futbol-es-geopolitica/

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21 febrero, 2012 at 1:23 PM

Sin porterías, gracias

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El Barça, en un arrebato de melancolía, recuperó su versión más globetrotteriana para recordarnos que el gol es una vulgaridad que interrumpe sus jugadas de arte y ensayo. Golpear el balón a la red parece casi una indecencia, un trago por el que hay que pasar para ganar los partidos. Y Diego Alves, un portero de highlights, estuvo encantado de participar en el espectáculo.

Esta filosofía de juego responde al “Misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça” y también al por qué de los 10 puntos de diferencia con el Real Madrid. Guardiola, superstar en la rueda de prensa, se lamentaba de una diferencia que, según él, no corresponde con el nivel de juego que ha mostrado el equipo durante toda la temporada. ¿Demasiado castigo? Quizá, pero el Barça compite en un deporte llamado fútbol y no boxeo.

Durante estos años el equipo de Guardiola ha dejado tocado de muerte el fútbol tal y como lo conocíamos. Sin los blaugrana en el césped parecía un deporte insulso y ramplón cuando en realidad eran ellos los ‘culpables’, los que jugaban a otra cosa. Entre los múltiples factores de esta revolución, Xavi se postula como uno de los máximos responsables. “Sin Xavi todo esto será diferente, no sólo dentro del campo. Es único e irrepetible”, confesaba Guardiola en rueda de prensa. Es lo que podemos llegar a conocer como “El drama Xavi Hernàndez”.

El otro gran garante de este juego, de este estilo que quedará para la posteridad, es un extraterrestre que decidió dedicarse al fútbol. Aburrido de la versión terrenal que ha adoptado las últimas semanas (con goles y asistencias incluidas), Messi decidió volver ayer a su modo más pantagruélico y despótico para dejar un mensaje claro mientras levitaba y registraba un nuevo póquer de goles (27 en liga): a 10, a 20 o 30 puntos del Madrid, este equipo enamora. Que se queden las porterías.

[Barça 5 - Valencia 1]

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20 febrero, 2012 at 11:25 AM

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El Barça tiembla en la alfombra

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Un pez temblando en la alfombra y un pez que no tiembla en la alfombra.

El Barça ha abandonado el estado zen en el que sumía sus partidos para instalarse en la angustia. Guardiola alineó un once pensando estrictamente en la Copa, el título más factible que afronta ahora mismo el conjunto culé. Jugadores clave como Piqué, Alves, Xavi o Messi atraviesan un pasaje de colapso. Cuando todos juntos bajan un escalón al unísono, el equipo pierde altura, velocidad mental, combinación y clarividencia. 

Agarrado a una rama vieja, el equipo de Guardiola batalla para devolverse la paz interior, aquella que le permite rehuir la épica y la adrenalina, enemigas del guardiolismo, para arrebatar el orgullo de los rivales en medio de un vals, de ese dulce sueño hipnótico al que somete el Barça cuando el balón planea y arrebatárselo es una utopía.

El estilo del Barça es irrenunciable juegue quien juegue y  no existe un plan B, de acuerdo, pero el faro de este equipo tiene nombre y apellidos: Xavi Hernánez. Único, irrepetible e inclonable, el jugador de Terrassa es el responsable de que el juego del Barça fluya, de que la dirección siempre sea la adecuada y el ritmo, la velocidad y la pausa se retuerzan a su voluntad. El Barça sin Xavi es menos perfecto, chirría en algunos episodios y se escora en determinada banda o se obceca donde no hay hueco. Sin ser catastrofistas, es lo que en un futuro puede llegar a conocerse como el “Drama Xavi Hernández”.

¿Y el extraterrestre? Messi vuelve a jugar al nivel de un Balón de Oro (un gol, una asistencia, cuatro ocasiones de gol). De un Balón de Oro humano, por su puesto. Lo que manaba por el Camp Nou hace unas semanas repartiendo hat-tricks como caramelos tenía pocos vestigios de humanidad. Ese ángel ahora luce barba y rostro enfurruñado.

A 7 puntos, perdiendo efectivos partido tras partido, a veces colapsado y a veces comprimido, este equipo sigue siendo el mejor. Y lo que es más importante: el Barça sigue temblando en la alfombra, resistiéndose.

Porque, si deja de temblar, esta Liga habrá terminado.

[Barça 2-Real Sociedad 1]

Written by @robertlozano_

5 febrero, 2012 at 12:06 PM

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Joan Gaspart: “Jo vaig fitxar el Messi”

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Poques hores abans de què començi la tornada dels quarts de final de la Copa que ha d’afrontar el Barça amb el Madrid, em rep Joan Gaspart al seu despatx, situat a una masia propera al Camp Nou, rere l’hotel Princesa Sofia. “Si aquestes parets poguessin parlar…”, em presiona. El despatx de l’ex vicepresident i president del Barça és ben bé un museu ple de fotografies amb personalitats com els Beatles, Nelson Mandela, el Papa Joan Pau II o els Reis d’Espanya. “Aquí mateix vaig renovar l’Andrés Iniesta quan hi havia gent que el volia vendre a l’Albacete, o al Carles Puyol, quan ja ho tenia fet amb el Màlaga”. Què destacaria de la seva etapa com a President, senyor Gaspart? “Jo vaig fitxar a Messi”.

Entrevista feta per al portal 365d365e.com dimecres 25 de gener. Podeu llegir-la sencera al següent ellaç:

http://www.365d365e.com/entrevistes/?p=4759

 

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30 enero, 2012 at 9:37 AM

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El segundo de Valdés

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“Si Víctor no hace la doble parada en el saque de esquina, no sabemos que hubiera sucedido”. Pep Guardiola resumía en una frase tan aparentemente intrascendente como obvia la esencia del fútbol: los pequeños detalles. En ocasiones como estas, Rijkaard soltaba un desenfadado: “y si mi abuela tuviera cazzo (pene) sería mi abuelo”. Son dos maneras de expresar una misma idea, un concepto que a Helenio Herrera le mortificó toda su carrera: “el más insignificante detalle decide el resultado de un partido. Basta un segundo de distracción para cambiarlo todo”, explicaba HH, que veía como horas y horas de estrategia y dedicación se iban al traste en ese fragmento de tiempo tan ínfimo y tan decisivo. “El desplazamiento de una simple letra convierte lo causal en casual, basta con un leve soplo para desbaratar nuestros estados de ánimo, y para delicia de nuestros poetastros, un fatídico ripio concatena suerte con muerte”, explicaba el periodista Gonzalo Suárez, analista técnico de Herrera en los tiempos del gran Inter de Mazzola.

Pero las paradas de Valdés, lejos de ser un mero detalle puntual de un partido, son un hábito decisivo que ha dado títulos a este equipo de ensueño. El de Gavà ha sumado tantos segundos clave que podríamos ver un partido entero de paradas estratosféricas. Valdés, que empezó su carrera a la sombra de Pepe Reina y siempre se ha visto relegado a la sobre dimensión de Iker Casillas, suele marcharse del terreno de juego en silencio, escuchando los vítores del público, los gritos a Messi… La gloria siempre es para el 10, aunque las paradas de Valdés sean tan trascendentes como sus goles. Gloria también para el número 1 del Barça.

Punto y aparte

Los grandes jugadores sólo hablan con los pies. De sobra saben que no marcan goles con la lengua, salvo en propia portería. La insulsez es signo de sabiduría” Escamoteador de palabras; administrador de silencios, Messi es un genio imperecedero. El deporte es una escuela de vanidad pero el extraterrestre del Barça nunca fue buen estudiante. Hablar de las cifras y de la factura de los goles del astro argentino es como hacerlo de los relojes de Dalí; surrealismo puro.

Para Helenio Herrera, Maradona fue el mejor solista y Pelé, el mejor director de orquesta. De Di Stefano, sin embargo, decía que era la orquesta entera. No sabemos qué hubiera pensado de Messi.  Quizá, al haber vivido unos años en Milán, hubiera descubierto que La Pulga es como ver cada día a la Orquesta Filarmónica de Viena en el teatro de La Scala.

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23 enero, 2012 at 11:21 AM

The crazy gang

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Que Puyol y Abidal conjuguen un gol en un mismo partido y que además sea en el Santiago Bernabéu sólo puede significar que nos encontramos en año bisiesto o que la sempiterna profecía maya de 2012 está próxima a cumplirse. Sea como fuera, si yo me llamara Real Madrid y viera que los goles los anotan estos dos jugadores sabría en ese preciso instante que todo está perdido, que este Barça es invencible. La impotencia de los blancos se personifica en Pepe. Nadie duda de su calidad defensiva. Ni tampoco de su demencia. El portugués, un sicario con botas de tacos, sigue los pasos de los peores maleantes de la historia del fútbol mundial, Nobby Stiles, Roy Keane y Vinnie Jones. 

Cuando tenía 6 años, Stiles se rompió los dientes al caer desde el sofá de su casa mientras veía un partido del United, del cuál ya era un pequeño “forofito”. Con el tiempo, el destino quiso que acabara jugando con los Diablos Rojos. Miope obstinado, sin apenas pelo y con pocos dientes, Stiles descubrió su verdadera vocación en clavar los tacos en las tibias de los mejores jugadores del equipo contrario. Además fue un hombre del mazo feliz. Las tarjetas para sancionar las infracciones no existieron hasta 1970, así que el querubín disfrutó de casi una década de impunidad.

La historia de Roy Keane es suficientemente conocida. Durante un partido de la Premier League el jugador noruego Alf-Inge Haaland realizó una entrada dura sobre Keane, cayó sobre su pierna y lesionó de gravedad al jugador del United, que estuvo alejado de los terrenos de juego durante una temporada. En el siguiente encuentro entre ambos, el irlandés intentó cazar, sin éxito, al jugador noruego. No fue hasta dos años más tarde cuando completó su venganza. En un derby con el City, sin el balón de por medio, Keane le destrozó la rodilla y, sin esperar la reacción del árbitro, se marchó directamente a la caseta. Ese fue el final de la carrera del jugador Alf-Inge Haaland. Posteriormente, Keane se vanaglorió públicamente de su vendetta con un libro que le supuso una sanción deportiva y económica ejemplar. Roy Keane es considerado como el jugador más “duro” de la historia de la Premier League.

Pero el auténtico hombre del saco del fútbol fue Vinnie Jones. Antítesis de la palabra deportista, sus tretas violentas alcanzan cotas surrealistas. “Cuando un rival está en el suelo siempre me ofrezco para levantarlo. En cuanto lo hago aprovecho para tirar con fuerza de los pelos de sus axilas”. Jones se convirtió en una celebridad por una imagen publicada en la que aparecía retorciéndole los testículos a Paul Gascoigne, que más tarde declararía: “sentía su aliento siempre detrás de mí. Durante una jugada se me acercó y me dijo: “Me llamo Vinnie Jones, soy gitano, gano mucho dinero. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y luego la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, sólo conmigo!”

Vinnie Jones formó parte de aquél Wimbledon apodado “The crazy bang”, uno de los equipos más violentos que nunca ha pisado un terreno de juego. Sus jugadores, auténticos patibularios, solían saludar a la afición contraria mostrándole sus posaderas.

Pepe sigue la estela de estos “enfants terribles”. El deleznable episodio con Casquero fue el primero de una retahíla de actos perversos y censurables. Su comportamiento, que no ha atajado ni la Federación ni el propio Real Madrid, desmenuza la imagen del conjunto blanco a ojos del mundo entero. Incluso futbolistas como Wane Rooney o Jack Wilshere arremetieron en sus cuentas de twitter contra el portugués.

El Madrid se está ganado a pulso su papel de villano. Pero lejos del carácter contra revolucionario y subversivo que solían tener los equipos ingleses de los años 60 o 70, su violencia es la reacción a la angustia que le provoca saberse el mejor equipo terrenal y, aún así, estar a 100 años luz de un Barça que está por encima de las estrellas.

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19 enero, 2012 at 12:03 PM

El surrealismo del Barça

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El Barça juega como le da la gana. O más bien como le apetece a Guardiola. Con dos o tres defensas, cinco o seis centrocampistas, uno o ningún delantero…
Mientras los analistas intentan descifrar los números de teléfono (2-7-1; 2-8-0, etc), el entrenador culé aglutina el talento de su equipo allí donde se ganan los partidos de fútbol: en el centro del campo. Que el rival se llame Santos o Real Madrid no deja de ser un dato circunstancial para un equipo que juega con el tiempo, el espacio y la velocidad como un artista surrealista, dispuesto a reventar toda la teología existente del fútbol y a jugar sin defensas, ni delanteros, sino con todo lo contrario, con un enjambre de abejas que esconde el balón, se contonea y picotea hasta que caes mareado y rendido a sus pies. Guardiola alineó ayer a cinco magos y a un extraterrestre.

“Si hago algo parecido a lo que ha hecho hoy Guardiola, la policía de Brasil me lleva preso”; “el Barça nos ha enseñado a jugar al fútbol”; “no aspiro a ser jugador del Barça, sólo a que me dejen jugar un partido con ellos”. El entrenador del Santos y sus dos rutilantes figuras, Neymar y Ganso, definían en tres frases lo que fue el partido y, sin saberlo, lo que significa este equipo para la historia del fútbol.

La fuerza de este conjunto es capaz, incluso, de cambiar la mentalidad de un pueblo. Véase el aficionado asiático, tan volátil como la gloria. La marea de las victorias hace que cambien del blaugrana al blanco y del red al blue sin reservas ni decoro. Zozobran con las modas y se encaprichan de jugadores mediáticos, guapos, millonarios y sobre focalizados. El Barça también ha cambiado esta situación. Sin vedettes y coral como ninguno, el conjunto culé exporta a todos por igual y el público asiático conoce tanto a Messi como a Cesc, a Villa como a Puyol, a Pedro como a Xavi. 1.310 japoneses son, en la actualidad, socios del Barça y siete millones declaran su amor a los blaugrana.

Si bien es cierto que el camino a Japón es más importante que el destino y que ser campeones del mundo es, al fin y al cabo, un parche en la camiseta, también lo es que se trata de un reconocimiento merecidísimo. Justicia poética.

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19 diciembre, 2011 at 12:36 PM

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El cielo puede esperar

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“Siempre se puede tomar notas, tratar de llenar renglones de frases, pero para emprender la escritura de una novela hay que esperar a que todo se vuelva compacto, irrefutable, hay que esperar a que aparezca un auténtico núcleo de necesidad. Uno mismo nunca decide la escritura de un libro; un libro es como un bloque de hormigón que se decide a cuajar, y las posibilidades de acción del autor se limitan al hecho de estar ahí y esperar, en una inacción angustiosa, que el proceso arranque por sí sólo”. El Barça encontró su núcleo de necesidad en el Bernabéu y sigue edificando su epopeya. Personalmente, he tardado cuatro días en recuperar los niveles habituales de adrenalina y de euforia. Ya en frío, mi proceso ha arrancado, me ha golpeado un bloque de hormigón en la cabeza y, sin angustia alguna reconozco que el baño del Barça fue sin espuma. O no fue tal.

Si hiciéramos un ranking de los 20 mejores partidos del equipo de Guardiola, el Madrid 1 Barça 3 no estaría entre ellos. Alguien pensará que esto todavía otorga un valor superior a la victoria. La fórmula sería la siguiente: si un Madrid en un estado de forma óptimo y con todas las circunstancias a su favor sucumbió ante un Barça terrenal, significa que este equipo es invencible, luego la Liga está vista para sentencia. Nada más lejos de la realidad.

El partido, como la temporada del Barça, está marcado por los detalles. Tres flashbacks:

1. Último minuto del Barça-Sevilla, empate a cero. El fútbol, una película sin guión, nos depara el mejor de los desenlaces: un penalti a favor. El lanzador, el mejor futbolista del planeta. Ni Aaron Sorkin lo hubiera concebido así. Y Varas detiene la pena máxima. 2. Último minuto del Getafe-Barça. A punto de sumar la primera derrota de la temporada Messi dispone de un uno contra uno diseñado para su zurda. Metería 99 de 100, pero ese se estrella en la madera. 3. Madrid-Barça: el chute de Xavi rebota en Marcelo, toca el palo y ¿match point? Sí, entra. Como tantas veces se ha ido fuera. Esto no es suerte, son lances del juego, pormenores que marcan un partido y deciden una temporada.

Si repasamos el encuentro con frialdad observaremos que el partido del Barça no fue redondo. El Madrid lo asfixió durante los primeros veinte minutos y gran parte de los jugadores se encuentran en un estado de forma ligeramente inferior al de otras temporadas. Iniesta, excelso (y chupón) en la segunda parte, se mostró errático en la primera. Al margen del gol, Cesc fue un espejismo errante durante todo el partido. Piqué sigue aguantándose gracias a la falta de centrales solventes del equipo e incluso Valdés (es humano) falló repetidamente con el juego de pies. Tan sólo Puyol y Busquets rayaron a un nivel superlativo durante gran parte del partido.

El Barça es un equipo tan bueno que siempre cumple en las grandes citas. Contra los blaugrana, el Madrid padece un complejo de inferioridad neurótico debido, en gran parte, a la anemia que sufre en el centro del campo. Guardiola mezcló a los cinco futbolistas que más adoran el balón del mundo. Que la toquen, que la escondan, que desesperen. Esa era la receta y sólo pudo cocinarse cuando el Madrid se aculó, atemorizado con la posibilidad de encajar una nueva goleada.

La novela del Barça de esta temporada se escribe por la necesidad. Por aquellos partidos en los que el equipo se ha dejado llevar por su talento, confiando que se ganarían por arte de birlibirloque. Son los mejores del mundo, no hay duda. Pero la Liga no se ha ganado y el cielo puede esperar.

N. del A: El encomillado pertenece a un fragmento de “El mapa y el territorio”, del escritor Michel Houllebecq.

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13 diciembre, 2011 at 2:01 PM

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Matar a un ruiseñor

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Derrota. Una palabra amarga que se había precipitado a las profundidades del olvido, en la zona muerta del cerebro barcelonista. El apagón de Getafe, el colapso masivo de creatividad de la máquina de precisión blaugrana, no hedió a goma quemada ni a fusibles fundidos. No fue un accidente, sino un coscorrón a la propia retórica. El relato del Barça de este año es tan épico en el Camp Nou como vulgar en campo ajeno. Devotos de su público, los jugadores de Guardiola agasajan al espectador culé con una generosidad pasmosa y una marca de 34 goles a favor y ninguno en contra. Lejos del santuario, sin embargo, su carácter se agria, se tornan huraños y funámbulos con las propinas (8-7). Da la extraña sensación de que en su fuero interno el Barça anhelaba una derrota para renovar su ambición y afrontar lo más difícil todavía: asaltar el Bernabéu del mejor Madrid del último lustro.

Pero el Barça sigue siendo una muchacha bonita y coqueta de la que te enamoras con facilidad. Atenta, elegante y detallista. De esas chicas con las que te apetece conversar, de las que tienen un discurso y una historia interesante que contar. A veces misteriosa, a veces exuberante y pertinaz, gusta pasear con ella a ningún sitio y la invitas a cenar sin saber muy bien lo que va a pasar.  

A este equipo no le ha llegado la decadencia física ni tampoco ha perdido la ilusión. El relato no ha terminado. Lo intuyen incluso los más pesimistas y los más esquizofrénicos y ambivalentes. Saben de buen grado que descartar a este Barça en noviembre sería un acto tan mezquino como matar a un ruiseñor.

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1 diciembre, 2011 at 10:18 AM

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Aitor Lagunas: “els perdedors són més interessants que els guanyadors”

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Benvolguts lectors,

Disculpeu aquesta interrupció a les cròniques barcelonistes que solen ocupar aquest espai. Però és per una bona causa. Avui tinc el plaer d’adjuntar-vos l’entrevista amb la qual he debutat a la web 365d365e.  El protagonista és el periodista Aitor Lagunas, impulsor de la revista Panenka, el futbol que es llegeix.  Es tracta d’una revista estranya en els temps que corren: és retro, ¡en paper! i conjuga la cultura i el futbol. En les seves 116 pàgines no trobareu CR7 ni la nova nòvia del Puyol. A les seves pàgines s’expliquen històries de jugadors barbuts, que no es depilen les celles i que juguen a lligues de països llunyans i impronunciables. S’expliquen aquells relats que no tenen cabuda als mitjans de comunicació convencionals i és dóna una visió peculiar de la societat, la política i la cultura amb el futbol com a fil conductor. Sense més preàmbul, adjunto l’enllaç de la pàgina on trobareu l’entrevista. Espero que agradi!

http://www.365d365e.com/entrevistes/?p=4195

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28 noviembre, 2011 at 12:02 PM

Ser Villa en tiempos de Messi

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Hay palabras que no deberían utilizarse a la ligera. Su mal uso les hace perder el sentido. Crisis es una de ellas. En dos partidos y con sendos hat-trick, Messi desactivó una ristra de debates absurdos. Superada la tontería, el ojo escrutador se detiene ahora en David Villa. El asturiano es el último eslabón de una estirpe de goleadores extintos, de ese linaje maldito que forman Samuel Eto’o, Zlatan Ibrahimovic y Bojan Krkic. Amparado en el número 7 y escorado en la banda, el despliegue de trabajo del asturiano es tan inapreciable como oscuro, tan imprescindible como ingrato. El Guaje, que llegó como hombre gol y no actúa como tal, exaspera al aficionado culé, siempre con el látigo en ristre.

Pero el mérito de David Villa es incontestable. A marchas forzadas entendió “el misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça”  y sobrevivió a la criba, alejado del foco y a la sombra sempiterna de Messi. Su gol en la Final de Wembley fue una liberación, un premio único a un año de trabajo en el que aprendió a defender y a vivir alejado de la portería. Goleador de nacimiento, con el paso de los meses comprendió que en el Barça su función no era la de marcar, sino la de dilatar el campo, abrir defensas y, sobre todo, facilitar el gol a un titán de metro sesenta. Es de justicia, sin embargo, interpretar gran parte de los goles de La Pulga como un trabajo de equipo en el que los movimientos de Villa tienen un valor especial. Villa hizo un trato: perder lucidez y protagonismo personal a cambio de ganar títulos. Y lo consiguió.

Con todo el desgaste y sacrificio y, a pesar de los 23 goles de la temporada anterior, sus fallos ante la portería rival se miran con recelo e incluso se le tacha de vivir permanentemente en el fuera de juego (13 por 14 de Messi esta temporada). El asturiano (siete goles hasta el momento) encara al portero sin el convencimiento de antaño y no está teniendo suerte en el remate final. Da la sensación que tan sólo la buena marcha del equipo frena un fuego siempre azuzado para quemar a alguien en el Camp Nou.

¿Una relación irrespirable?

El Guaje siempre se ha mostrado sensato y consciente de su rol y Guardiola ha agradecido su trabajo: “ya me gustaría, a lo largo de mi carrera, encontrar a jugadores como David, que es el máximo goleador de la historia de la selección, que ha ganado el Mundial y la Eurocopa, que en sus anteriores equipos todos jugaban para él y que ahora se adapta a algo que le conviene al equipo”.

El papel secundario de Villa y la alargada sombra de Messi, al que se le rebuscan crisis, malos modos y excentricidades, suscitó ayer un artículo en Superdeporte que afirmaba que “la relación entre ambos en el vestuario y dentro y fuera del campo es ya irrespirable. No se abrazan igual, no se llevan como antes y sus celebraciones han perdido entusiasmo”, argumentaba el periodista.

Las imágenes desmienten este supuesto, el mismo Messi negó las discrepancias y hasta el presidente Rosell explicó que juegan juntos al parchís… En todo caso, sean amigos del alma, todo lo contrario o nada de lo anterior, el rendimiento de ambos es incuestionable y David Villa es el mejor delantero, el mejor acompañante que puede tener ese ciclón llamado Messi que eclipsa cualquier hazaña.

No es fácil ser Villa en tiempos de Messi.

Written by @robertlozano_

4 noviembre, 2011 at 9:43 AM

Silencio… se rueda

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Messi acariciaba el balón, mimándolo, absorto en su burbuja, ajeno a la batalla campal que se libraba a apenas 10 metros del punto de penalti. ¡ME-SSI, ME-SSI, ME-SSI! Ochenta mil gargantas coreaban el nombre del jugador imposible, del adjetivo del Barça, en un ruego desesperado que invocaba a un Messi Ex Machina, gracias a un penalti que habría de resolver el partido casi por una necesidad propia del guión. El Camp Nou, siempre ciclotímico, tan silencioso como poseído, vivía un thriller inesperado en vez del acostumbrado recital de poesía futbolística.

La Pulga espera impertérrita cuatro minutos. Cuatro minutos eternos desde que se pita el penalti hasta que se lanza en los que tiene tiempo de repasar un partido en el que ha estado desenchufado, intermitente, cabizbajo. Pero la gloria es para el 10 y el guionista le ha deparado un regalo en forma de pena máxima reservada a los elegidos. Y no se esconde y mira el balón y le cuenta sin palabras lo que debe hacer, cuál es su destino, cómo debe terminar la película.

Pero lo que no sabe él ni los ochenta mil espectadores del Camp Nou es que, por una vez, el protagonista de esta historia no es El Diez, sino el trece de amarillo, un chico de Pino Montano que hasta hace pocos años compatibilizaba el fútbol con un trabajo de administrativo en una empresa de acero. Un chaval que apenas contaba con un papel residual en el Sevilla y que  estuvo a punto de dejar el fútbol con 25 años. Gloria efímera para Javi Varas.

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23 octubre, 2011 at 9:36 AM

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Alta fidelidad

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En la Tribuna siempre hace frío. Es una parcela de blanco y negro, auriculares, arrugas, rezongos, puros, tribulaciones y miradas aviesas. Bajo la cubierta del Camp Nou, se calla o se sentencia. Dedo justiciero del Coliseo que carga contra el árbitro (“burru!”) o contra Villa (“no es para el Barça”) por igual, la zona noble del Estadi es, probablemente, el lugar del mundo en el que se concentran más entrenadores de postín por metro cuadrado. Los partidos de estos fieles se concentran en 70 minutos y se recortan 10 por delante (para que se me vea) y 10 por detrás (para evitar el vulgo). Afortunadamente para ellos, el Diez marcó en el once otro de sus goles antológicos que da la vuelta al mundo y maravilla a todos por igual. A todos menos a Argentina, donde los goles de La Pulga con la elástica blaugrana provocan muecas y afean el semblante.

El rival de cada fin de semana pasa por ser un mero dato circunstancial en un Barça de probeta, gestado en los sótanos del Camp Nou, y que evoluciona y desanda según la enfermería y el partido en cuestión. La flexibilidad de Guardiola y su tremenda capacidad pedagógica para inculcar el “idioma Barça” es una de las grandes claves de un equipo que muta como una cepa para sortear los antídotos rivales. El Barça siempre va un paso por delante.

El primer partido de Liga de la era Guardiola (2008-2009), disputado en el estadio de Los Pajaritos, contaba con la siguiente alineación: Valdés; Alves, Puyol, Márquez, Abidal; Xavi, Touré, Iniesta; Messi, Eto’o y Henry. Cambien a Márquez por Piqué, a Touré por Thiago y a Eto’o y Henry por Villa y Pedro y obtendrán un planteamiento similar con cientos de matices de diferencia. Acabó en derrota, críticas y, finalmente, en un triplete. La esencia de hoy es la misma que la de ayer pero los jugadores interpretan el idioma diez mil veces mejor. Los 4-3-3, 3-4-3 o 2-3-3-2, ya lo dice Mennoti, son simples números de teléfono. Lo importante es la alineación.

Y la alineación contaba con la génesis de Messi (pegado a la cal y andando), y un Thiago en la posición orbital del Barça, la del 4. El brasileño, como Pedro o Villa, se alejan del foco y la brillantina y otorgan tanto protagonismo a sus compañeros que sus actuaciones, en ocasiones, flotan en el limbo. Pero son ellos, estudiantes aplicados, los que hablan el lenguaje del Barça a la perfección.

Si en el “Idioma Barça” Messi es el adjetivo y Xavi el verbo, Thiago, Pedro y Villa son las preposiciones, enganches ingratos que dan sentido y forma al juego. Especial atención merece Thiago, un jugador propenso a la filigrana, el tacón y la rabona, a la floritura y el juego de la grada. Un mago que se reserva sus trucos en la chistera para convertirse en un guardia de tráfico del medio campo, sencillo, pragmático y efectivo. Para cumplir con lo que pide Guardiola: alta fidelidad.

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17 octubre, 2011 at 1:05 PM

Lo que hay que tener

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Lo sabías tú, lo sabía yo y lo sabían Perea y Godín. Messi galopa, se perfila y requiebra hasta decidir el espacio para su zurda. La red de la portería es el destino final de esta jugada, tan simple y repetida, como difícil de abortar. Con 24 años y 192 goles con el Barça, Messi se sitúa a tan sólo dos de un mito blaugrana que cuenta con una estatua en el Camp Nou: László Kubala. A falta de Mundial, el argentino lo tiene todo: fortuna y gloria. No con Pelé, no con Maradona, no con Cruyff. Messi se reta con la historia. ¿Cómo será recordado cuando termine su carrera? ¿Cómo quiere que se le recuerde? 

Tito Vilanova ha explicado en alguna ocasión que si en un partido cambias a Messi, es como si su madre se asomara al balcón mientras juega a fútbol y le dijera: no te olvides de ir a por pan. La alienación del 10, su devoción obsesiva por el balón y su desinterés más absoluto por todo lo ajeno a un rectángulo de juego lo convierte en un deportista singular. Antihéroe apátrida de verbo atrancado y enjuto y enemigo del mercadeo, posee una desventaja natural respecto a otras superestrellas, leyendas del deporte envueltas en capas extradeportivas. La extraña, estéril e infructuosa insistencia de aislar al deporte de otras esferas de la vida ha sido siempre la antítesis del deportista carismático. Las leyendas no son lo que son únicamente por ser los mejores en su deporte sino por un componente volátil y mágico que los encumbra a un estatus superior y los convierte en símbolos.

¿Fueron Muhammad Ali y Bobby Fischer los mejores en sus respectivos deportes? Ellos trascendieron del deporte por rebeldía e incluso por política. Puede que el deporte los hiciera grandes pero su carácter, la literatura y la épica los convirtió en leyenda. En cuanto a Senna, la tragedia lo envolvió en un halo de romanticismo y lo propio hizo la inconveniencia con Maradona. La poesía del movimiento es propiedad de Nadia Comaneci y la renuncia a la eternidad, de Marc Spitz. Carl Lewis, Sergei Bubka o Eddy Mercks burlaron el límite de la física despreciando al ser humano y sus supuestos límites. ¿Y Michael Jordan? El que para muchos es el mejor deportista de todos los tiempos fue la primera megaestrella global en convertirse en una marca, en un símbolo, en un 23.

En cuanto a Messi, ¿Qué lugar ocupará? ¿Cómo pasará a la historia un futbolista al que sólo le interesa el fútbol y desoye cualquier ruido extradeportivo?

El 10 del Barça, ese tipo bajito que deambula por el césped cabizbajo, con andares patizambos y perezosos y que tiene Lo Que Hay Que Tener, algo tan inefable que se transmite en sus movimientos y que pervierte las palabras, es un niño precintado en una vaina. En una vaina llamada fútbol.

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27 septiembre, 2011 at 9:50 AM

El efecto halo

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La noción de equipo es una concepción cristiana. Con sus ventajas y sus desventajas, con sus méritos y sus vicios. Como todo el mundo sabe, un buen equipo puede perder contra uno peor e incluso un equipo extraordinario puede ser derrotado por un conjunto vulgar. Y de hecho esta ecuación indefinida es la que produce la emoción y la atracción, la que ofrece la incertidumbre del resultado. Originalmente, el fútbol era uno de los deportes con más sorpresas. Mucho más que el baloncesto o que el balonmano, donde habitualmente los mejores se acaban imponiendo. Tan sólo conjuntos extraordinarios, surgidos de oscuras forjas cada muchos años, revientan esta incertidumbre que ha hecho del fútbol un deporte preciado. El Barça, señalado últimamente como enemigo público de la emoción y máximo responsable de erradicar este bello tesoro que es la incógnita del resultado, ha empezado la temporada regalando humanidad y esperanza a los protestantes y quizá devolviendo ese elemento arrogante que sólo tiene el fútbol, ese denominado “efecto halo”.

A partir de hoy, un buen número de culés aprovecharán para cargar sus arcos y disparar al talón de este Barça, divino durante tres años seguidos, y ¿por qué no? quemar en la hoguera a ciertos individuos del equipo e incluso a líneas en general. Las críticas exageradas del aficionado culé son tan endémicas y tan difíciles de borrar que ni 10 Champions League seguidas, y ni tan siquiera el ungido Guardiola lograrían erradicarlas. Y éste, que siempre ha sido y siempre será el problema del Barça, se lleva con resignación como “la piel que habito”.

Un combate singular

Cuando el equipo titubea, los ojos se clavan en Messi, ese tipo bajito que absorbe las esperanzas barcelonistas. Cuando todo parece perdido, cuando el panorama es desalentador, siempre hay un resquicio de ilusión que te dice que, de alguna manera, por arte de birlibirloque, Messi aparecerá y resolverá. Pero, lógicamente, esto a veces no sucede.

“En las culturas arcaicas, las figuras en las que se depositaba toda esperanza, eran elevadas a la condición de héroes y se escogían para el Combate Singular. Eran individuos reverenciados y ensalzados, se escribían canciones y poemas sobre ellos, se les otorgaban todos los honores y favores razonables y, mujeres y niños, e incluso hombres adultos, lloraban conmovidos por su presencia”. Lógicamente, esto era así porque el destino de un pueblo o una civilización dependían exclusivamente de ellos. En el Combate Singular, frecuente en el período precristiano, el soldado más poderoso de un ejército combatía con el soldado más poderoso del otro como sustituto del combate generalizado entre todas las fuerzas de ambos bandos. En principio tenía un significado mágico y se utilizaba como un sondeo del destino. Pero en algunos casos también determinaba el resultado de la batalla general, al tratarse de un presagio divino.

Aplicado al fútbol, Messi sería siempre el elegido para un Combate Singular. Y siempre ganaría. Pero hasta que las normas no regresen al precristianismo, este equipo ha demostrado y demuestra con creces con su juego que es el mejor del mundo. Incluso a pesar de dos empates.

*El entrecomillado pertenece a un fragmento de “Lo que hay que tener”, de Tom Wolfe

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14 septiembre, 2011 at 10:25 AM

Publicado en Barça, Fútbol

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Guardiola y Mourinho: una representación marveliana del bien y el mal

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La historia contemporánea de Pep Guardiola y Jose Mourinho y, por extensión, de Barça y Madrid, tiene visos de guión de Stan Lee. Guardiola, como mirlo blanco, y Mourinho, en el papel de villano perfecto, parecen sacados de un cómic de los años 60, en el que el héroe era tan puro y prístino que el titilar de su luz te hacía retroceder y entrecerrar los ojos para no deslumbrarte. Y el antagonista era tan malvado e histriónico, que sus fechorías provocaban una mueca socarrona por obvias y descaradas.

El correr de los años deparó nuevas aristas para los personajes del cómic, que ganaron complejidad y pusieron en crisis los conceptos del bien y el mal, que se diluyeron, se confundieron y se solaparon. Watchmen y V de Vendetta, de Alan Moore, o Sin City y Dark Knight, de Frank Miller, son claros ejemplos de que la bondad y la maldad no son opacas y esconden miles de matices. Esta evolución trataba de retratar, simplemente, una realidad actual, que se extiende a la clase política y a las masas en general. Los buenazos de mandíbula cuadrada y los malvados de brillo de ojos carmesí habían pasado a la historia. Fue hasta que el destino confrontó a Guardiola y a Mourinho en un mismo escenario, convirtiéndoles en una fascinante representación marveliana del bien y el mal.

Encontrar paralelismos entre Guardiola y un Harvey Dent en sus primeros pasos y entre Mourinho y el Joker de Heath Ledger, a caballo entre el clasicismo y la serie negra, no deja de ser un divertimento y una metáfora literaria que esconde consecuencias mucho más serias.

Camino a la perdición

La marca Real Madrid zozobra. Fuera del territorio español, el club blanco pierde adeptos en un goteo constante. El sureste asiático, una plaza tradicionalmente absorta por la Premier League y el Madrid, vive un cambio de tendencia y de auge barcelonista, no sólo por el ciclo triunfal de los culés, sino por el rechazo que generan figuras como Mourinho y Cristiano Ronaldo. El entrenador portugués se ha convertido en un arma maquiavélica de resultados kamikazes. En Oriente la gente suele hacerse de un equipo por los iconos mediáticos (Zidane, Beckham, Messi), por las circunstancias del momento (el equipo que gana), y por el carácter que transmite el club. Y ahora mismo el Real Madrid tiene en contra los tres factores: (1) su figura, Ronaldo, es repudiada por su arrogancia y chulería (veáse el episodio en China). (2) El equipo que gana ahora mismo es el Barça. (3) La imagen del Real Madrid es Mourinho, cuyo carácter choca culturalmente con los valores asiáticos de contención, modestia y humildad. Pero lo peor para el Madrid es que esta tendencia no la puede cambiar, meramente, con triunfos. Si ganara, el rechazo hacia el Madrid sería todavía  más fuerte porque, a su mala imagen, se sumaría el hedor que provoca el triunfo del villano. De esta manera, en los círculos barcelonistas y en ciertos ambientes futbolísticos, el triunfo del Barça no deja de desprender una suerte de halo de justicia poética.

El Madrid, con Florentino Pérez a la cabeza, aguantará a Mou hasta el final. Hasta que venza o hasta que deje el club blanco como un paisaje lunar. La renuncia a cambiar de imagen se debe en parte a la confianza de que Mourinho todavía pueda ejercer de kriptonita con Guardiola o, como recurso final, que corrompa al entrenador del Barça hasta convertir a este mirlo blanco, a este Harvey Dent, en su alter ego Dos Caras.

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9 septiembre, 2011 at 11:12 AM

El 4 del Barça

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En 1996 Bobby Rayburn ficha por los San Francisco Giants por la cantidad más elevada que se había pagado en la Major League Baseball hasta la fecha. Aterriza en su ciudad natal como hijo pródigo, como una estrella rutilante nombrada MVP durante los tres últimos años. Su pase provoca unas expectativas tan elevadas que la ciudad entra en un estado de excitación propio de un gran acontecimiento deportivo, de esa clase que exacerba las pasiones más primarias. Pero Rayburn realiza un inicio de temporada lamentable, ampliado por la excepcional actuación de Juan Primo, un jugador que poco a poco se convierte en el ídolo de la afición de los Giants. Rayburn, silbado y apodado el “fraude del millón de dólares”, atribuye su mala actuación a un hecho, quizá minúsculo y supersticioso para la mayoría, pero de cotas sacramentales para ciertos jugadores y deportes: el dorsal. No puede vestir el número 11 que había llevado toda su carrera, el mismo que luce en su espalda Juan Primo. 

Este argumento pertenece a la película “The Fan”, dirigida por Tony Scott, protagonizada por Robert de Niro, Wesley Snipes y Benicio del Toro y basada en el libro de Peter Abrahams. El periodista Gonzalo Vázquez explica que la literatura deportiva americana, tan rica y extensa que centuplica por sí sola en volumen a la del resto del planeta, “gustó especialmente siempre de tres grandes campos de emoción: la glorificación de la épica, la mitología de la tragedia y la analogía”. De hecho, la literatura deportiva del boxeo, del baseball o incluso del ciclismo es mucho más seductora que el propio deporte en sí y es la responsable de convertir estos espectáculos en recuerdos etéreos, rodeados de un aura de misticismo y mitología que los eleva por encima de deportes más terrenales y más propios del vulgo como el fútbol. En nuestro país, la literatura deportiva es escasa y se apiña en la confrontación, la polarización e incluso la autodestrucción. Pero, sobre todo, en la edificación y derribo de ídolos.

El auge de Thiago Alcántara en la pretemporada es un buen motivo para suscitar una nueva polémica que, más que en el hispano brasileño, se centra en confrontar a los partidarios de Cesc con sus detractores. Y el número 4 que está luciendo Thiago, supuestamente guardado durante un año para su “verdadero” dueño, Cesc Fábregas, es el gancho para seguir llenando páginas en un verano que languidece a pesar del arrebato efímero del Tour de Francia.

Thiago o Cesc. Cesc y Thiago

Más allá de los partidarios de uno u otro jugador hay algunos hechos irrefutables:

- El Barça contaba con una plantilla corta la pasada temporada
- Las lesiones pusieron de manifiesto la necesidad de ampliar el número de jugadores
- Los técnicos quieren una plantilla con más efectivos este año para afrontar las seis competiciones
- Guardiola ha manifestado que la fuerza del Barça está en el centro del campo
- Thiago acaba de ascender al primer equipo y tiene 20 años
- Thiago ha disputado el europeo sub 21 y tiene un punto más físicamente
- Jari Litmanen también hizo una gran pretemporada
- Con la llegada de Cesc, el Barça contaría con los siguientes centrocampistas: Xavi, Iniesta y Busquets (teóricamente titulares); Masquerano, Keita, Thiago y el propio Fábregas

Teniendo en cuenta que el Barça jugará más partidos esta temporada, que Iniesta y Mascherano pueden jugar en distintas posiciones y que este centro del campo aumentaría todavía más la distancia con el de todos los demás equipos, es una pérdida de tiempo polemizar sobre el 4 del Barça. Dejando de lado la necesidad de incorporar al jugador de Arenys, su llegada sólo haría que aumentar la calidad de un centro del campo ya de por sí excelso.

Como divertimento final imaginemos que el Barça disputa la Final de la Champions en Munich y que la divina fortuna se ha cebado tanto con los azulgrana que ni Xavi, ni Busquets ni Iniesta pueden jugar. Añadiremos que puedes escoger tres centrocampistas de cualquier equipo del mundo para afrontar este partido. ¿A quiénes elegirías? ¿Qué te parecen Mascherano, Cesc y Thiago?

Written by @robertlozano_

28 julio, 2011 at 11:19 AM

Alérgicos a Bojan Krkic

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En Silkeborg el zumo y los cereales se indigestan. Cada mañana, en la concentración de la selección Sub-21, Jeffren, Thiago, Montoya y Bojan desayunan leyendo sus nombres en las portadas de los diarios deportivos. Sus nombres ruedan como productos en eBay. En la jerga futbolera se les llama moneda de cambio, expresión más propicia para mercancías que para futbolistas, y que les irrita profundamente. No sucede así en la NBA, donde los jugadores son transportados de un Estado a otro con aquiescencia. La liga americana y el fútbol, tan diametralmente opuestos que se tocan, se diferencian simplemente en que los primeros asumen que son un espectáculo en el que los jugadores están al servicio de La Liga y de los espectadores, mientras que el fútbol sigue jugando a ser un deporte puro, límpido y sensible que trata con personas humanas cuando es, simplemente, un negocio más. Un fabuloso entretenimiento del vulgo.

Cada verano los clubes de fútbol se arriman más a la ruina con operaciones descabelladas y el beneplácito de las entidades financieras. A diferencia de otros años, el baile de nombres en el Barça está siendo limitado, debido a su buena marcha.  La “obsesión Fábregras” y los atacantes Alexis y Rossi son los mejor situados. Entre los posibles descartes están Milito y Maxwell o los canteranos Jeffren, Thiago, Montoya o Bojan. La trayectoria del de Linyola en Can Barça lo convierte en un caso especial. Antaño niño mimado del Camp Nou, aclamado y sobreprotegido por una trayectoria impecable en la cantera y unas expectativas sobredimensionadas y dañinas. Un amor tan grande y empalagoso que ha provocado extraños efectos secundarios a parte de la afición blaugrana: alergia a Bojan Krkic.

Un niño en el circo

Bojan Krkic ingresó en los benjamines del Barça en la temporada 1999-00. Con tan sólo 16 años, debutó en el primer equipo después de jugar, en un mismo año, en el juvenil y el Barça B. En 2007 se anunció la llegada de un prodigio. Ganó el Europeo Sub-17 anotando el gol decisivo de la final, debutó con el Barça en un amistoso en el que también marcó y disputó su primer partido con la selección Sub-21. Rijkaard confió ciegamente en él y el ‘27’ del Barça se convirtió en el jugador más joven que debutaba en la Champions League con la camiseta blaugrana (17 años y 22 días). En el goleador más precoz del Barça en Liga (contra el Villarreal, con 17 años, un mes y 22 días), y en el segundo goleador más precoz de la Champions, por detrás del Ghanés Oforiquaye, con 17 años y 217 días. Bojan se reveló como un goleador oportunista y certero la temporada 2007/2008, en la que anotó 10 goles en 14 partidos como titular. La ausencia histórica de delanteros en la cantera lo convirtió en una pieza única y singular, de esas que encaprichan a la grada del Camp Nou, como ya sucedió con Thiago Motta o como actualmente pasa con Afellay. Deco, uno de los hombres fuertes del vestuario del Barça del joga bonito, dijo de Bojan que no tenía regate, ni velocidad, ni cuerpo, ni potencia, ni técnica. Pero tenía gol. Un instinto y un olfato rematador innatos que lo convertían en un “optimista del gol”. Ya en la era Guardiola, Bojan declararía no haberse sentido cómodo en ese vestuario, más próximo a una comunidad de clanes que a la actual familia. Visto desde la barrera, da la sensación de que la gestión de la carrera del delantero ha sido poco menos que discutible. En una etapa de formación muy importante fue arrojado al circo con unas expectativas tan elevadas que devorarían al más cuerdo.

 Del 27 al 9

Guardiola se ha lamentado en diversas ocasiones de ser injusto con Bojan. Recientemente Estiarte reveló en una entrevista que, minutos después de haber conquistado la Champions de Wembley, Pep le había confesado que se había equivocado con el tercer cambio. Que el elegido debía haber sido Bojan, no Afellay. La realidad es que en los últimos tres años, a pesar de tener episodios de lucidez remarcables, ha ido perdiendo protagonismo poco a poco. Si en la temporada del triplete tuvo un rol decisivo en la conquista dela Copa, en la 2009/2010 suplió la displicencia de Ibrahimovic con goles decisivos en el tramo final de la Liga. En esta última temporada, sin embargo, tan sólo Jeffren, Pinto, Milito y Afellay han jugado menos minutos en Liga que él (938 minutos). En Liga de Campeones ha disputado unos testimoniales 58 minutos y en Copa (su competición), 418 minutos. Su balance ha sido el siguiente: 6 goles en Liga, ninguno en Champions y uno en Copa. 7 goles en 1.414 minutos. Es decir, un gol cada 204 minutos.

El escaso minutaje y su alienación en la banda han convertido esta temporada en la menos productiva para el delantero. En las últimas tres, Bojan marcó 13,10 y 10 goles, respectivamente. “El misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça” le ha pasado más factura que a Villa y le aboca al mismo camino que a Ibrahimovic y Eto’o. Sus números, sin embargo, han sido más que correctos para un delantero reserva. Larsson, goleador suplente prototípico, marcó 4 goles en su primer año (estuvo lesionado gran parte de él) y 15 en su segunda temporada como blaugrana. Esta temporada, el peso del 9 a la espalda ha colocado a Bojan en la picota, lugar que en Can Barça siempre debe ocupar alguien.

El canterano, que en estos momentos disputa el Europeo Sub-21 (categoría con la que debutó hace más de 4 años), ha sido suplente en los tres partidos jugados hasta el momento. Después de cinco temporadas en la élite, las imágenes arrojan a un chico que parece un anciano psicológico de apenas 20 años. Su destino parece ahora ligado a la Roma de Luis Enrique. Sin la presión angustiosa del entorno blaugrana, Bojan tendrá la oportunidad de demostrar su valía en una liga que asfixia a los delanteros creativos pero ensalza a los oportunistas. Los alérgicos al delantero dejarán de sufrir, al fin, los accesos de fiebre y tos de la alergia que les provoca la entrada de Bojan Krkic al césped del Camp Nou.

Written by @robertlozano_

20 junio, 2011 at 9:08 AM

Fichar a un suplente de 40 kilos

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Cesc Fàbregas es un jugador extraordinario, de los que llevan el denominado “ADN Barça”, de los que marcan el estilo de un equipo. Pero, ¿qué papel tendría en el Barça? El capitán del Arsenal vendría para fortalecer el centro del campo y, sobre todo, para dar minutos de descanso a Xavi e Iniesta. Es decir, vendría para ser suplente.

Por delante tendría al mejor centro del campo del mundo: Xavi, Iniesta y Busquets. Y por detrás, a dos perlas de la Masia que aprietan y apuntan a la titularidad en un futuro próximo: Thiago y Sergi Roberto.

Deportivamente, por tanto, sería un relevo de la terna titularísima del centro del campo y un tapón para la progresión de dos de los canteranos más brillantes. Si nos atenemos a factores estrictamente deportivos, por tanto, sería una opción discutible. Pero el auténtico problema es económico: ¿a qué precio vendría Cesc?

El Arsenal se ha enrocado en 40 millones de euros y el Barça, según sus directivos, tiene una partida de 50 millones para fichar. De realizarse la operación, tan sólo quedarían 10 millones para reforzar posiciones mucho más necesitadas como la delantera o el eje central de la defensa.

Y seamos pragmáticos, el Barça necesita con mucha más urgencia un delantero y un defensa que un centrocampista suplente. Por mucho que se llame Cesc.

Si deportivamente es comprensible, económicamente es inviable pero, sobre todo, significa enviar un mensaje pernicioso a los chicos de la cantera. Con 16 años, Cesc decidió marcharse en una época convulsa y de vacío de poder. Aceptó una suculenta oferta deportiva y económica y tomó un camino muy legítimo en un momento en el que el Barça se hacía añicos.

Hoy en día, Héctor Bellerín y Jon Miquel Toral, del Cadete A, han tomado la misma decisión y a partir de la temporada que viene jugarán con los reservas del Arsenal. ¿Irá el Barça a buscarlos de aquí a unos años y pagará 40 millones por ellos?

En la cantera hay chicos que sí se han quedado y luchan por llegar algún día a jugar con el primer equipo: Thiago, Sergi Roberto, Deulofeu, Rafinha, Espinosa o Sergi Samper son jugadores que han recibido numerosas ofertas y han decidido quedarse sacrificando mucho dinero y arriesgándose a no llegar nunca a jugar con la primera plantilla del Barça.

¿Qué mensaje de esfuerzo y de sacrificio se les está enviando a estos chicos si el Barça ficha finalmente a Cesc por una cantidad que equivale al presupuesto de un lustro de la Masia?

Y todo por un jugador que ahora mismo no es estrictamente indispensable y que vendría a ser suplente. Un suplente de 40 millones.

[N. del A.: si se hace, que sea rápido e indoloro. Otro verano dedicado a Cesc sería perjudicial para la salud mental de los amantes del "mercato". El año pasado, por fechas similares: Más allá de Cesc Fàbregas]

[Publicado en Faltadirecta.com]

Written by @robertlozano_

7 junio, 2011 at 9:41 AM

La izquierda exquisita

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Dicen que hay diversas maneras de interpretar y de concebir el fútbol, de entenderlo, estudiarlo, jugarlo y amarlo, y excepto los 10 primeros minutos de la final, de ordenación y despegue y los 10 últimos, de tributo y pleitesía, el Barça explicó al mundo, le resumió en 70 minutos, el trabajo que ha hecho durante los últimos 20 años, su manera de vivir este deporte.

Prestidigitador del tiempo, el Barça trucó el balón cómo si se tratara de relojes blandos de Dalí, entre la omnipotencia del sueño, la imaginación y el surrealismo. Anestesiados, atrapados en una dimensión onírica presa de la admiración, el pasmo y la impotencia, cualquier equipo que se enfrente a los blaugrana pierde calibre y se empequeñece ante una velocidad de toque y toque que se juega en los 107x 72 metros de un terreno de juego pero bien se podría interpretar en los 127×254 centímetros de un tablero de billar. El Barça materializó en Wembley una idea que hasta la llegada de Guardiola se esfumaba con sólo pensarla y se desvanecía si la intentabas atrapar. La trayectoria de este equipo, por inigualable, se conocerá en un futuro como “La utopía Barça”.

La singularidad de “La Pulga”

Este equipo, que cuenta con jugadores irrepetibles, cimienta su fútbol en el triángulo mágico formado por Xavi, Iniesta y Messi. “La Pulga”, punta de este triángulo escaleno, es un genio disfrazado de niño con balón. Su aborto de discurso en la celebración dela Champions(“no tengo nada que decirles”), resume el comportamiento de un crío que no hablaba ni en el recreo. El silencio y Messi van tan ligados que el jugador ha entendido que goza de poderes psicosomáticos, casi místicos, para generar desde el más exaltado fervor hasta el más sobrecogedor de los silencios. Él es el que genera el discurso. Él es el cuento mitológico que en un futuro no muy lejano provocará que un padre, ante preguntas como ¿qué es el silencio? se vea obligado a responder: hijo, el silencio lo fabrica Messi.

El periodista Ramon Besa explica que Messi “se enfurruña muy de vez en cuando y se porta como un niño”. Enfados inexplicables que responden a que alguien no le ha pasado la pelota o a una substitución. “Messi se enfada y desenfada sin que nadie pueda poner remedio, sino que hay que aguardar a que se le pase: “La Pulga” agacha entonces la cabeza, hace ver como que no ha pasado nada y se reincorpora al grupo sin que nadie le diga nada. Así se disculpa. Aceptado”.

Messi es un genio con todas las virtudes y todos los defectos, con todas las hazañas y las niñerías, prodigios y rarezas incluidas. En la plantilla del Barça sólo hay espacio para un “rarito” y lógicamente éste es para Messi. Desfilaron Eto’o e Ibrahimovic porque Guardiola entendió que un equipo que cuenta con Leo no necesita un goleador, sino un cómplice.  Explica Besa que a Villa “le advirtieron nada más llegar al Barcelona que se olvidara de competir a goles con “La Pulga” y a Thiago que, por más artista que se sienta, que lo mejor que podía hacer es pasarle el balón a Leo y aguardar a que éste se lo devolviera, como signo de que había sido admitido”.

Tras la final, Guardiola halagó al astro argentino en la rueda de prensa: “Messi es el mejor jugador que he visto y que podré ver. Es único, indescriptible y espero que no se aburra jugando nunca y que tenga muy buenos jugadores a su lado que le rodeen para que esté bien”.

El entrenador del Barça sabe, más que nadie, cómo hay que mimar a Messi, cómo hay que tratar a esa cabeza inescrutable y pueril. Sabe, como nadie, que este Barça trasciende de la lógica y de la estética gracias a “la izquierda exquisita”.

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31 mayo, 2011 at 9:46 AM

Los ocho de Manchester

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6 de febrero de 1958, Munich. El vuelo 609 de la British European Airways intenta un tercer despegue, se eleva un centenar de metros, se precipita y cae. A bordo, el mejor Manchester United de toda la historia, los Busby’s Babes. Bent, Byrne, Colman, Jones, Pegg, Taylor y Whelan mueren al instante. Entre los supervivientes se encuentran el mítico manager Matt Busby, un joven Bobby Charlton y la perla más fulgurante que ha visto el fútbol inglés: Duncan Edwards. Edwards, precoz y descarado, había debutado a los 16 años con el United y a los 18 con los Pross. Con 20 años ya había ganado 2 ligas y lo aclamaban en toda Europa a raíz de una exhibición tremenda contra la Alemania campeona del mundo, partido que le valió el apodo de boom-boomm. Medio izquierda de recorrido, con técnica, visión de juego y una precisión de cirujano, gozaba de la admiración del Planeta Fútbol. “Ni Pelé ni Di Stéfano. Nunca me he sentido tan inferior a alguien en un campo de fútbol como junto a él”, confiesa Sir Bobby Charlton.

Pocos días después de la tragedia, el United disputa un partido de Copa contra el Sheffield Wednesday. Desde el hospital Isar des Rechts de Munich Busby envía un mensaje a los 60.000 espectadores del estadio, que escuchan en silencio sepulcral la voz mortecina que sisea por los altavoces: “Damas y caballeros: les hablo desde una cama en el hospital de Munich. Después del accidente sufrido hace aproximadamente un mes, les gustará saber que los jugadores que quedan y yo mismo nos vamos reponiendo poco a poco”. Henchido de coraje, el United se impone por 3 a 0.

Pero la fatalidad tenía guardada un último acto. Tres días después, tras una lucha de dos semanas, muere Duncan Edwards. Jimmy Murphy, ayudante de Busby, explica que, poco antes de morir, Edwards le susurró al oído “¿A qué hora es el partido contra los Wolves, Jimmy? Hay que estar preparados“. Edwards fue enterrado con honores de Estado ante 5.000 personas.

Desde ese momento y hasta el final de la temporada el United gana un partido, empata cinco y pierde ocho. Durante la siguiente década vagará por las tinieblas del fútbol.

Nacen los Red Devils

Matt Busby estaba empeñado en resucitar al United, en devolverle la alegría a un club deprimido y entendía que el levantamiento se forja en la actitud. En 1934, el Salford, un equipo de rugby inglés, es invitado a una tournée por Francia para promover la liga de rugby en el país. Los periodistas franceses, asombrados por su juego y resultados y, valiéndose de sus pantalones rojos, los apodan Les Diables Rouges (los diablos rojos). Busby queda prendado del carácter de ese equipo y decide rebautizar al United. A partir de ese día el mundo los conocerá como Red Devils.

Este intimidatorio apodo parecía creado expresamente para uno de los integrantes de esa generación. Aunque comúnmente se le conocía como “El quinto Beatle”, George Best era un diablillo de apenas 1,68 que, ávido de vida, la tomaba a manos llenas. Campeón de liga en 1965 y 1967, ganó el balón de Oro en 1968, la temporada en la que el United consiguió su primera Copa de Europa, también la primera para un club inglés. Pero Best amaba con más fuerza sus malos hábitos y estos devoraron con voracidad al futbolista. Juerguista, mujeriego y bebedor empedernido, su verborrea y locuacidad dejó frases míticas que deambulan por el imaginario colectivo como una suerte de refranes jocosos:

“He gastado mucho dinero en mujeres, coches y alcohol… el resto lo he despilfarrado”.

“En 1969 dejé las mujeres y el alcohol; fueron los peores 20 minutos de mi vida”.

“Hace unos años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo, iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas”

Best falleció el 25 de noviembre de 2005, a causa de una infección pulmonar y un fallo multiorgánico. Tres años antes había recibido un trasplante de hígado.

Por los ocho

Diez años después de la catástrofe de Munich, la historia hizo las paces con el United. Busby los llevó hasta una final que les enfrentó al Benfica de “la Pantera negra de Mozambique”. Eusebio, doble campeón de Europa y máximo goleador del Mundial de 1966, no fue suficiente, sin embargo, para parar a los Red Devils de Best, Law y, sobre todo, Charlton. Bobby Charlton sentía que tenía una deuda consigo mismo, con el destino y con sus compañeros muertos y anotó dos de los cuatro goles de su equipo (4-1). Aliviaba así su pesar pero nunca pudo arrinconar la tristeza de no levantar el trofeo junto a Edwards.

Treinta y un años después, en 1999, un actor tan secundario como estimado, Ole Gunnar Solskjaer, daba la segunda Champions al United en la final más turbadora de la historia. En el tiempo de descuento Sheringham y el jugador noruego remontaron el tanto inicial de “Super” Mario Basler. Con el Camp Nou ya vacío, Charlton se paseó solo y cabizbajo por el césped de l’Estadi, aún humedecido con lágrimas bávaras. En su cabeza aún seguían borboteando los nombres de Bent, Byrne, Colman, Jones, Pegg, Taylor, Whelan y Edwards. Los nombres de los ocho de Manchester.

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25 mayo, 2011 at 9:51 AM

El misterioso caso de la desaparición del 9 del Barça

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“Me dice que, cuando mira un partido en la pantalla para analizar al equipo rival, lo ve todo… menos el 9. Es como si, para él, no existiera. Como si en el proceso de juego, el 9 no estuviera o no entrase. Porque, para él, el portero interviene mucho más, por la salida del balón, por las posesiones altas, por donde saldrá el equipo, por donde debe de haber pausa…Para él el 9 tan solo es un tipo que se dedica a ir al espacio, alguien que ya la tocará… Curiosamente es la posición a la que presta menos atención y es la posición más difícil e importante…Tanto hablar del juego, de la metodología y de los procesos acabamos olvidándonos de una cosa tan simple y elemental como el chute”.

Estos retazos pertenecen a un fragmento de la conversación entre el periodista Martí Perarnau y el entrenador del Barça, Josep Guardiola, plasmados en el libro “El camí dels campions”. De ellos se extrae que en los pensamientos del entrenador del Barça existe un vacío premeditado hacia una de las parcelas más definitivas de un equipo de fútbol: la que ocupa el goleador, el territorio del 9. Unos pensamientos que no ha podido llevar a la práctica en su máxima expresión hasta la actualidad.

Samuel Eto’o, al que no encontraron salida en la primera temporada del técnico, anotó 36 tantos en todas las competiciones, incluido uno en la Final de Roma contra el United. Ese verano fue traspasado a cambio de Zlatan Ibrahimovic. “El solista de Mälmo”, irregular y discutido, marcó un total de 29 goles, también insuficientes para continuar en el equipo. En la presente temporada el 9 lo lleva Bojan KrKic, suplente habitual, y el teórico papel de matador lo ostenta David Villa, goleador en el Sporting, en el Zaragoza, en el Valencia, en la selección española y… extremo pegado a la cal en el Barça (22 goles hasta la fecha).

Las livianas críticas a David Villa son disimuladas por la buena marcha del equipo, un Barça que anotó 76 goles en sus primeros 25 partidos de la temporada pero que, desde marzo, tan solo lleva 11 en 8 partidos de Liga. La fatiga y un errático David Villa son motivos menores que explican este descenso anotador. Existen, sin embargo, explicaciones mucho más significativas.

La “vulgaridad” del gol

Uno de los pocos puntos débiles de este equipo histórico es su falta de efectividad. De posesión del balón hipnotizante, el equipo de Pep chuta a puerta cuando no hay más remedio, casi por obligación (“tanto hablar del juego, de la metodología y de los procesos acabamos olvidándonos de una cosa tan simple y elemental como el chute”). El gol, considerado desde su nacimiento como la máxima expresión del fútbol, desprende aires de obligación en este equipo, como si fuera un fin que no justifica los medios y algo ramplón en comparación a los pases, a la circulación del balón, al mareo de posesión, a los regates, a los taconazos o a las excelsas jugadas de combinación. Da la sensación de que si el fútbol se puntuara como el Boxeo, el Barça no chutaría nunca y se limitaría a deleitar al público con un espectáculo sublime e infinito. Luego, en este tipo de juego, ¿qué rol juega un 9? ¿Qué papel tiene alguien que se dedica “simplemente”  a definir una jugada, a empujar el balón a la red y a dar por acabada una creación de tamaña factura?

La extinción del 9

Esta temporada hemos visto por fin la evolución total del Pep Team, un equipo que ha abolido la posición del 9. Esa parcela queda absolutamente vacía porque Guardiola quiere delanteros que lleguen, no que estén. Un espacio que permite que Messi cabalgue hacia la portería sin estorbos, sin obstáculos. De aquí que Eto’o e Ibrahimovic (al margen de lo extradeportivo) fueran vestigios de un juego pasado, piezas inconexas, incoherentes e incompatibles de un reloj de precisión donde la aguja es Messi (49 goles), principio y final de este Barça.

El equipo de Pep, sin 9 aparente, es el máximo goleador de la Liga (91 goles) y David Villa, criticado por sus fallos, es el gran vencedor de la temporada. Inteligente y trabajador, ha sabido acoplarse a un engranaje que carece de punta de lanza y la temporada que viene seguirá en el equipo, convirtiéndose en el primero que supera la criba del 9, en el primero que entiende el por qué de la misteriosa desaparición del 9 del Barça.

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11 mayo, 2011 at 11:10 AM

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Las reglas del juego han cambiado

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El Madrid ha vendido su alma al diablo por una Copa del Rey. Si la consigna era conseguir títulos y batir al Barça, el club de Florentino Pérez se puede dar por medio satisfecho. La Copa, como mínimo, engrosará sus laureadas vitrinas. Pero, ¿a qué precio? El coste en reputación, imagen y prestigio es tremendamente alto.  El mejor club del siglo XX, según la estadística, tenía la oportunidad de desquitarse del 5 a 0 y de demostrar que hay alternativas serias al excelso juego barcelonista. En su lugar, donde ha atacado y disparado sin piedad no ha sido en el rectángulo de juego sino en la sala de prensa. El Madrid, pase lo que pase en el Camp Nou, se consume bajo la megalomanía de Mourinho, aclamado en el Bernabéu como un Emperador Romano. Su lengua viperina ha convencido al aficionado madridista de que el mundo está contra ellos, de que los acechan los estamentos y los intrigan las instituciones. Incluso ha convencido a su gente de que el Madrid debe plantarse con un juego rácano y acuartelado contra el Barça. Alegar por el boicot como único modelo de victoria es reconocer una inferioridad supina en una plantilla que cuenta con algunos de los mejores jugadores del mundo. Al fin y al cabo, también Nerón fue ensalzado.

El pragmatismo es un arma de corto plazo. Mourinho ha sugestionado a su plantilla y la ha preparado psicológicamente para defender. Ha aislado a Ronaldo y a Di María, ha travestido a Özil y ha relegado en el banquillo a Benzemá, Higuain, Adebayor y Kaká. Ha convertido a Pepe en un soldado universal y a tres campeones del mundo (Arbeloa, Alonso y Sergio Ramos) en unos patibularios. Y los madridistas le besarán los anillos por ello, olvidando que hubo un tiempo en el que jugaban a fútbol con el balón. Una época en la que aspiraban a más de un 0 a 0 en su feudo.

“¿A un jugador ofensivo como tú le gusta el juego que practica tu equipo? La explicación de Cristiano fue tan concisa como contundente. “No me gusta jugar con este estilo pero me tengo que adaptar porque esto es lo que hay”. Ronaldo ha sido el primero en desmarcarse de la “maniobra Mourinho”, seguramente, inconscientemente, definitivamente, palabras procedentes de las entrañas.

Mientras tanto, un jugador de 23 años se ha convertido en el tercer máximo goleador de la historia del Barcelona, equipo que camina hacia su tercera final europea en cinco años. El Barça se ha convertido en un refugio para los románticos, en un argumento indiscutible de que, en ocasiones, la justicia poética no sólo es un recurso literario. De que hay un nuevo orden en el fútbol mundial. De que las reglas del juego han cambiado.

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28 abril, 2011 at 10:57 AM

La zona muerta

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En la “Zona muerta” el vendedor de libros Stephen King explica la historia de Johnny Smith, un tipo que entra en coma a causa de un accidente de tráfico. Cuando despierta, cinco años después, es capaz de predecir acontecimientos catastróficos. En uno de los exámenes que se le realizan, los médicos le descubren que tiene problemas para visualizar algunos objetos debido a que esos recuerdos estaban en la parte dañada de su cerebro, la llamada “zona muerta”. Xavi, Iniesta y Messi, principio y fin de la máquina barcelonista, se volvieron a perder en el triángulo de las Bermudas formado por Kedhira, Alonso y Pepe. Mou, entrenador y alquimista, vuelve a formular un nuevo “antídoto Inter” y a sumergir al Barça en la amnesia de la zona muerta.   

Mourinho se postula como auténtico némesis barcelonista. La final empezó sobrexcitada, con escaso fútbol y faltas constantes, un escenario propicio para la escuadra blanca, ducha en el tejemaneje de los subterfugios del fútbol. Anulada la piedra filosofal del Barça, Xavi e Iniesta se vieron arrastrados a un juego lento y mordido, sin líneas de pase y dos naúfragos (Pedro y Villa) peleados con la nada. Ni siquiera Messi, que intentó el rescate siempre demasiado lejos de la zona de peligro, pudo romper el aislamiento, la burbuja autista en la que encerraron al Barça. Sólo “El Jefecito”, versado en este estilo de juego, aguantó al equipo de Guardiola hasta la liberación del descanso.

En el segundo tiempo el Barça recordó que es el mejor equipo del mundo. Arengados por Guardiola, aceptaron el reto del Madrid y lo acularon hasta colgarlo del larguero. Las botas butano de Messi se incendiaron y Xavi e Iniesta dieron tal velocidad al juego que pareció que el Madrid se quedaba sin batería. Pero como el Inter, este equipo de Mourinho está diseñado psicológicamente para defender y resistió y resistió hasta que al que se le acabaron las pilas fue al Barça. Ni un conjunto ni el otro supo imponer su estilo durante los 45 minutos que tuvieron cada uno. Condenados a la prórroga.

El Barça confía demasiado en su tocar y tocar porque hasta ahora ha dado resultado. Sin prisas, sostiene que el contrario acabará cayendo, fruto del mareo o de la desesperación. Pero de nuevo el Madrid se dejó mordisquear hasta parecer herido de muerte y esperó el momento justo para acabar con el Barça con una jugada de libro. El conjunto blanco ha vuelto a recuperar los valores de su vieja escuela. Por casta y orgullo es un equipo capaz de superar al Barça en el cuerpo a cuerpo, en batallas de corto plazo como la Copa, pero carece de la brillantez necesaria para disputarle un título como la Liga, terreno abonado para el mejor equipo. El Barça se ha quedado sin gol en el peor momento de la temporada. Su plantilla es corta y sólo tiene un plan. Pero es el mejor plan. Y queda el Premio Gordo…

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21 abril, 2011 at 1:30 PM

Duelo electoral

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El Madrid celebró el empate y el Barça, prácticamente, la Liga. Todos contentos, como si de una noche electoral se tratara. Mourinho y Guardiola escenificaron un ensayo general de cara a la Final de Copa con todas sus armas, con todos sus complejos. El jugador más talentoso de los blancos, Özil, se quedó en el banquillo en un reflejo de las pretensiones del Madrid: saberse inferior, salir a no perder, apaciguar el vendaval barcelonista y contraatacar a la mínima ocasión. Mou colocó sobre el césped un equipo psicológicamente preparado para defender y resistir sin balón y el Barça alcanzó posesiones estériles de hasta el 80% y de dos minutos ininterrumpidos. Fue, sin embargo, una batalla que en ningún caso quiso disputar Mourinho. Consciente de que el Barça es el mejor equipo del mundo con el esférico situó a Pepe como barrendero y a Ronaldo y a Di María como lanzaderas. Guardiola acertó de nuevo en rueda de prensa: los jugadores del Madrid son más altos, más rápidos, más potentes y más fuertes, características, eso sí, más propias de atletas que de futbolistas. Así que el Barça, menos incisivo que de costumbre, tocó y tocó, casi siempre en horizontal, frenado por la baja forma de Pedro y Villa y, sobre todo, por la interinización de un Madrid que siempre se crece en la adversidad. Con la expulsión de Albiol  jugó mejor, desmadejó al Barça y logró el empate. Ronaldo le marcó su primer gol al conjunto blaugrana y Messi su primer tanto a un equipo entrenado por Mourinho. Así que todos contentos. El Madrid evitó una nueva derrota contra el Barça e insinuó un antídoto para frenar a los culés, mientras que el conjunto de Guardiola consiguió un punto valioso que lo alerta de cara a la final de Copa. Pero la Liga, que nadie la olvide, ya va de camino a Barcelona.

El discurso de Mou

En “El hombre que confundió a su mujer con su sombrero”, Oliver Sacks explica que  los discursos del presidente Ronald Reagan provocaban la risa floja a un grupo de personas muy especiales. Eran los enfermos de afasia receptiva o global, una enfermedad que incapacita para entender las palabras como tales. Los afásicos, sin embargo, comprenden la mayoría de lo que se les dice cuando alguien se dirige a ellos con naturalidad, es decir, con pistas extra verbales como una entonación, unos gestos o un tono de voz coherentes con el discurso. Curiosamente, al no poder captar las palabras, los afásicos han desarrollado ciertas habilidades y “ventajas”. Por ejemplo, no se les puede engañar con palabras y, además, distinguen lo que es auténtico de lo que no lo es basándose en las muecas, los histrionismos, las gesticulaciones y, sobre todo, los tonos y las cadencias. En el caso de Reagan, sus palabras no se correspondían, en ningún caso, con estos signos extra verbales y eso provocaba la risa de los afásicos, que eran los únicos en detectar la falsedad del discurso. “La gente normal, con el deseo de ser engañados, fueron los únicos totalmente engañados. El uso engañoso de las palabras iba tan astutamente ligada a un tono de voz engañoso que sólo los que tenían lesiones en el cerebro se mantuvieron intactos, inmunes al engaño”.
El discurso de Mourinho, como el de Reagan, ha heredado una expresión desnaturalizada que contradice sus palabras. Histriónico, guiñolesco y teatrizado hasta el punto de provocar la carcajada ante un discurso que no se cree ni él mismo.

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18 abril, 2011 at 10:32 AM

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Una astilla llamada Mascherano

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Llegó como teórico substituto de Yayá Touré. Como desquite del fichaje frustrado de Cesc Fábregas. Como negativo a la negativa por Mesut Özil. Y como alternativa a Sergio Busquets. Sin duda, los astros se alinearon y todas las circunstancias y casualidades del Planeta Fútbol se aliaron con “El Jefecito”. Javier Mascherano, capitán de la selección albiceleste, pasó de compartir centro del campo con Benayoun, Aquilani o Maxi Rodríguez a hacerlo con Andrés Iniesta y Xavi Hernàndez, cuyas semejanzas terminan en las entradas capilares y la escasa estatura. En un equipo de virtuosos, de finos estilistas, el mejor ladrón del fútbol mundial, un genio táctico, desafinaba en un equipo donde incluso el portero hace bicicletas. Argumentar que él era el mejor sin balón no era suficiente para un equipo casado con el esférico. Hasta que faltó Abidal.

La baja por enfermedad del francés ha colocado a Mascherano como figura clave del engranaje defensivo del Barça. La falta de velocidad de Piqué y Busquets, sumada a la poca experiencia del de Badía en esta posición, ha obligado a la reconversión del argentino. Mascherano será el central titular que acompañará a Piqué en los partidos decisivos de esta temporada, convirtiéndose en un airbag indispensable para corregir errores, papel que hasta la fecha tenía asignado Puyol.

La hora del Jefe

Durante la temporada Masche ha interpretado un papel de reparto en una orquesta tan talentosa que incluso descubre lagunas en jugadores de relumbrón como David Villa. Encajar en un equipo de superdotados puede ocasionar dos reacciones contrapuestas: rechazo y autoafirmación unidas a una visión sobredimensionada del propio ego (véase Ibrahimovic) o integración basada en el aprendizaje de mecanismos, reconocimiento de las carencias propias y admiración por los que te rodean (Mascherano).

El Jefecito comprendió desde el primer día que él era un patito feo, una astilla en una pieza tallada con precisión y delicadeza, a la sombra de un medio centro (Busquets), diseñado por los arquitectos de La Masia. Pero también supo captar el aprecio del aficionado barcelonista por otras grandes virtudes como el sacrificio, el esfuerzo y el carácter. Un carácter que no acepta la derrota ni la rendición y, que por naturaleza, está ausente en la mayoría de jugadores de la cantera. Javier Mascherano nunca hubiera obtenido el sobrenombre de “Jefecito” de haber salido de La Masia. Simplemente, habría sido un rara avis en un club distinguido por formar peloteros. Pero el argentino sabe que todo equipo campeón necesita un tipo como él, con garra, abnegación e inteligencia táctica. Masquerano sabe que en el Barça no puede limitarse a ser el “Jefecito”. Sabe que ha llegado su hora. La hora de ser El Jefe.

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13 abril, 2011 at 10:22 AM

La Copa se empieza a ganar en el Bernabéu

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El run and gun del Madrid, un juego de contraataque veloz en el que el chute a puerta es un imperativo impaciente, más que el culmen de un juego de combinación, es un arma demoledora que destruye a los conjuntos que le juegan de tú a tú, como si fuera un equipo fácil de espantar. Los hombres de Mou se dejan mordisquear hasta que el error del contrario les provoca un arrebato depredador que golpea la meta rival con zarpazos violentos y mordiscos letales que dejan sin reacción al contrario. Tan sólo sufren con los equipos que se encierran, con los que forman pegados en la frontal del área y contraatacan a trasmano, dándoles de su propia medicina. Con estos también sufre el campeón, pero en menor medida. El juego hipnótico y paciente del Barça, casi mareante, suele hacer caer toda resistencia, por más fortificada que sea. Los de Guardiola, sin centrales veloces y con laterales de pizarra, suelen dejar pasillos defensivos para los corredores del rival, que tienen sus opciones sólo cuando huelen el balón, en contadas ocasiones. Mientras Messi es el eje de una rueda ofensiva que gira entorno a sus botas, Ronaldo actúa como punta de lanza, afilada y punitiva. El equipo que más adula al esférico se enfrenta al que más le pega, dos estilos tan opuestos como mutuamente dañinos.

Empieza el playoff del enfrentamiento más mediático del mundo. El del sábado, el menos trascendente, es quizá el más importante. Da la sensación de que el Madrid está hecho para el cuerpo a cuerpo, para días de gloria y partidos puntuales, mientras que el Barça es un conjunto de largo recorrido, de plano general y emotividad liviana. El orgullo del Madrid contra la majestuosidad del Barça favorece a los blancos en partidos de alta tensión como el de la final de Copa. De aquí que el factor psicológico sea tan importante, tan decisivo. De aquí la importancia de desmoralizar al Madrid ganándole de nuevo en su estadio. Sin medias tintas ni partidos de tanteo, el Barça irá con todo, plenamente sabedor de que la final de Copa se empieza a ganar en el Bernabéu.

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11 abril, 2011 at 10:30 AM

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Abril de tila, trankimazín y desfibrilador

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Alves, lateral de pizarra y ubicuo por naturaleza, se proyecta en el campo como centrocampista, extremo y delantero. Su tamaña influencia en el juego del Barça origina un porcentaje de ocasiones tan elevado como de errores colosales. Sus acciones brillantes combinadas con su falta de precisión, su histrionismo y su indulgencia defensiva provocan sensaciones extrañas, tan ambivalentes que lo abrazarías y lo estrangularías en cuestión de segundos de diferencia. Si el mejor lateral del mundo, que corre, defiende, ataca, asiste y marca aumentara su pulcritud, su precisión, el Barça sería invencible y él, probablemente, Messi.

Los errores de circulación defensiva, unidos a la poca velocidad de los centrales barcelonistas, dejaron ver los destellos de calidad de un equipo potencialmente peligroso, que marcó un gol pero pudo marcharse del Camp Nou con dos o tres en el saco. Pep no iba de farol, pero las virtudes ofensivas del Barça, asumidas por defensas y centrocampistas, taparon la calidad de un equipo que pagó la noche aciaga de Luiz Adriano, un 9 compasivo. La manita del Barça almacena en el limbo unos primeros veinte minutos de imprecisiones e inquietud que podía haberse saldado con un 1 a 2 o un 1 a 3 perfectamente.

Pero ayer el Barça fue demoledor en uno de los únicos aspectos que se le pueden discutir: su efectividad. Y todo a pesar de la sequía de la delantera blaugrana, la más goleadora de Europa, la menos anotadora de marzo.  

Sin que nos oiga Guardiola y, a pesar de las similitudes con la eliminatoria del Betis, esta será la quinta semifinal del Barça en los últimos seis años. Una semifinal encajada en un mes de abril de tila, trankimazín y desfibrilador. En tres semanas el Barça puede acabar con el Año Uno de la era Mourinho.

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7 abril, 2011 at 12:39 PM

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Rivales y enemigos

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¿Cuándo empezaron las hostilidades entre el Barça y el Real Madrid? ¿Cuándo dejaron de ser rivales para convertirse en enemigos?

En 1916, Barça y Madrid se cruzan en semifinales de la Copa del Rey. En la ida, disputada en el campo del Espanyol, los blaugrana vencen por 2 a 1. En el partido de vuelta se imponen los blancos por 4 a 1. Pero entonces no existía el doble valor de los goles y hay que desempatar. Once días después se disputa uno de los mejores clásicos de la historia, que termina con un marcador de escándalo: 4 a 4. Hay prórroga. A pocos minutos del final, con 5 a 6 a favor del Barça, el colegiado señala penalti a favor del Madrid y Bernabéu lo transforma. Es su tercer gol… y también el tercer penalti a favor que le pitan al Madrid en el encuentro.

Dos días después se disputa otro partido de desempate. Berraondo, que había sido jugador de ambos equipos, vuelve a arbitrar el partido. El Barça toma una rápida ventaja de 2 goles con un gran Alcántara pero el Madrid empata por mediación de Bernabéu y de René Petit. A pocos minutos del final, vuelve a repetirse la misma historia del partido anterior y el Madrid dispone de otro penalti a favor. En esta ocasión, sin embargo, lo para Bru. Se trata la quinta pena máxima señalada a favor de los blancos en el global de la eliminatoria y la exasperación y el enfado en las filas catalanas es monumental. Otra prórroga. El Madrid aprovecha el desconcierto y marca el 3  y el 4 a 2, muy protestado por los jugadores blaugrana, que entienden que ha sido en fuera de juego clarísimo. El ambiente se calienta hasta tal punto que el Barça decide abandonar el terreno de juego en señal de protesta. El Madrid califica al Barça de antideportivo y el Barça apunta a Berraondo como cómplice de los blancos.

La final, para enroscar el argumento, se disputa en Barcelona y el Madrid cae por 4 a 0 ante el Athletic. Al final del partido los jugadores del Madrid tienen que ser protegidos por la Guardia Civil y su autobús es apedreado. Es el inicio de una enemistad que dura ya casi un siglo. El comienzo de una batalla deportiva y extradeportiva que ha rozado, en algunos puntos de la historia, el esperpento. Hoy estamos en uno de esos puntos. En el filo de una guerra.

Detonantes de lo grotesco

El asunto del dopaje, una bomba sin fundamento explosionada por la cadena COPE y con la cúpula blanca como supuesta garganta profunda, puede desencadenar en una guerra sin sentido que parece tener un objetivo oscuro: desestabilizar al Barça. La manifiesta superioridad de los blaugrana en el césped ha motivado una campaña de insinuaciones, quejas, sospechas y teorías conspirativas que rozan el ridículo. José Mourinho ha adoptado el papel de artificiero y se empeña en realizar una guerra de guerrillas de consecuencias imprevisibles. Hace tres semanas el diario Marca desveló un intento de apuñalamiento al entrenador portugués.

El ambiente, cada vez más crispado, está tomando unos tintes peligrosos. El intercambio de mensajes incendiarios entre la prensa de Madrid y de Barcelona no refleja la buena relación existente entre las dos plantillas, ni la gran amistad entre Sandro Rosell y Florentino Pérez, pero sí cala en las aficiones de manera perversa, corrosiva y alarmante. Este gran sainete nos deja a las puertas de un mes de abril crucial, con unos niveles de tensión preocupantes. Barça y Madrid pueden llegar a enfrentarse hasta en cuatro ocasiones y, si nadie logra apaciguar esta espiral de locura y de juego sucio con cordura, sensatez y sentido común, podemos encontrar en los partidos entre Barça y Madrid, no el mejor espectáculo futbolístico del mundo, sino un auténtico drama.

Written by @robertlozano_

21 marzo, 2011 at 9:26 AM

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La revelación de Murakami

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Era un día de primavera precioso, con un cielo limpio de nubes y una brisa cálida. Bebía una cerveza fresca y, de vez en cuando, miraba el cielo, desde el montículo de césped del estadio Jingu, feudo de los Yakult Swallows. El reloj marcó la una y media del día uno de abril de 1978. El bateo del americano Dave Hilton replicó en un ruido seco del bate, que resonó en todo el estadio. Justo en ese momento, Haruki Murakami tuvo una revelación: “ya lo sé, trataré de escribir una novela”. Así nació el escritor.

La nariz, probablemente colorada, le dolía al aspirar el aire gélido, inclemente a pesar de la euforia, cálida y alegre, que aumentaba la temperatura del estadio. Se cubrió la nariz con las manos, exhaló para sentir un atisbo de calor y aprovechó para secarse unas lágrimas ya difíciles de disimular. Los cánticos ensordecedores y las cartulinas azulgranas configuraban un remolino de emociones difíciles de asumir para un niño de diez años, lector precoz y madridista por contraposición. Ese ocho de enero de 1994 aprendió lo que era la tristeza, más dolorosa aún cuando la alegría te rodea. El cinco a cero pero, sobre todo ver a su padre abrazarse con sus hermanos, le produjo tal sensación de soledad que decidió cambiar de equipo. Ni el posterior consuelo de su padre ni la explicación de las vueltas que da la vida pudo hacerle ya cambiar de opinión. Así fue como Carles se hizo del Barça.

La lluvia fina trabajaba sin descanso, penetrando silenciosamente, calando hasta los huesos. Carles y su esposa Anna, preocupados por sus hijos, ajustaban gorros y bufandas y guantes y botones. Júlia, rebelde, descubría orgullosa su escudo del Real Madrid y Joan enarbolaba con descaro su bandera del Barça. ¿Uno de cada? le espetaban con sorna los compañeros de grada. La respuesta de Júlia se ceñía a mostrar la lengua a diestro y siniestro. Murakami era el compañero de metro de Carles en esos días. Se sorprendió al descubrir la revelación del escritor japonés y estableció un sinuoso paralelismo con su reconversión, 16 años antes, en el Camp Nou. Ese 29 de noviembre del 2010, el marcador reflejaba el mismo resultado, cinco a cero. Mientras el Barça de Guardiola rubricaba la mayor exhibición futbolística que había visto en su vida, Carles no le quitaba ojo a Júlia, que se mantenía callada, tranquila, reservada. Un extraño sentimiento lo sacudió entonces, desde los pies hasta la nuca. En su fuero interno deseó que fuera al revés, que hubiera ganado el Madrid, sólo para ver a su hija sonreír, feliz. Al término del encuentro, Carles intentó bromear con ella: ¿de verdad que no te quieres cambiar al Barça, Júlia? Con 12 años, los ojos vidriosos y un sosiego que nunca olvidaría le respondió: Papa, me da igual ser del Madrid o del Barça. Yo lo único que quiero es venir contigo y que tengamos algo de qué hablar. Así fue como Carles aprendió a ser padre.

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3 diciembre, 2010 at 8:47 AM

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La Batalla de Johannesburgo

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Andrés Iniesta es un jugador que, en ocasiones, desquicia. Alérgico al disparo, entiende que golpear el balón es una ofensa para la pelota que él tanto lisonjea. Tan bueno es que preferiría traspasar la línea de gol con delicadeza, con el esférico cosido al pie. Sus chutes son escasos, medidos con esmero y escogidos para la gloria. Lo fue el de Stamford Bridge y lo es el de Soccer City. El pálido de Fuentealbilla será canonizado y encumbrado como el héroe de la Batalla de Johannesburgo.

Un triunfo de la selección holandesa hubiera sido una traición imperdonable a los principios que la hacen romántica y estética. La inventora del Fútbol Total renunció a su pasado, renegó de sus derrotas aderezadas con buen juego y se cambió a un modo que no le corresponde: pretendió asesinar el estilo que la convirtió en leyenda. Ataviados con un traje impostado de guerrillero y comandados por el sargento Van Bommel y un psicópata llamado Nigel de Jong, Holanda amenazó con ofrecer la final más deplorable de la historia. Si alguien intentó convencer a algún neófito de que lo que iba a ver era el espectáculo deportivo más bello del planeta, fracasó estrepitosamente.

 La lógica Del Bosquiana

Vicente del Bosque observaba la batalla desde la banda con su parecido soso mientras su lógica discurría con acierto. Vicente es de los que pregunta:

-¿Tú de qué juegas?

-¿Yo? De lateral izquierdo

-Perfecto, pues vas a jugar de lateral izquierdo.

 Y punto. No hay más y es suficiente. Tiene artistas y los dispone sobre el terreno de juego. Y cuando necesitan recambio, acierta.

 Lo que iba a ser una de las finales más bonitas y ofensivas de la historia, se transformó en una cacería.  Pero, en esta ocasión, se impusieron los que quisieron jugar, los que están convencidos de que el balón es importante en este juego. Los que se divierten jugando. Los que divierten al espectador. Por una vez, hubo justicia poética.

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13 julio, 2010 at 8:39 AM

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Justicia poética

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La tiranía del balón: Puyol lo arrebata, sin lírica, y lo confía a Piqué. Elegante e imperial avanza a grandes trancos y lo cede a Busquets, tan parco fuera de los terrenos de juego como clarividente en el césped. Sencillo, simple y dueño del ancho y del largo. De los 360º. Lo recibe Xavi, una máquina con sensibilidad de artista. Se gira sobre sí mismo. No pueden arrancárselo. Es imposible. Se asocia con Iniesta, cuya fragilidad se equipara a la magia con la que ridiculiza a sus defensas. Croquetea y marea. Inmenso. Corre Pedro, generoso, solidario y efectivo. Un talismán inesperado. Liquidará Villa, certero y letal. Terminará con un pase a la red o con un amplio suspiro. Este estilo, cuyo Big Bang se inició con Cruyff, que bebió de la Naranja Mecánica de Rinus Michels, que evolucionó con Rijkaard, que mimetizó Aragonés, que convirtió en arte Guardiola, que plagió Del Bosque, tiene un sello con nombre propio: FC Barcelona. Guste o no guste.

La final del Mundial es un regalo. Una recompensa y una reconciliación con el romántico que entiende el fútbol como algo hermoso que ha sido corrompido y envilecido, en los últimos tiempos, por propuestas como la de Grecia o Italia. La Holanda menos brillante de su historia aspira a ganar todos los partidos del Mundial, tanto de la fase final como de la clasificación, tal y como hizo la mejor selección de la historia, el Brasil de 1970. Afrontará su tercera final encomendada a dos repudiados: Robben y Sneijder (balón de oro si gana el torneo), un delantero impostado (Van Persie), un centro del campo esforzado y una defensa de jeroglífico. Alegre y desacomplejada tendrá enfrente a genios irrepetibles que convierten en pusilánime a cualquier rival. La victoria de cualquiera de los dos conjuntos será el triunfo del auténtico fútbol. Mañana la Jabulani planeará inestable por Johannesburgo en busca de algo etéreo e idílico. En busca de justicia poética.

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10 julio, 2010 at 9:06 AM

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El auténtico fútbol

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Holanda es una selección que gusta y que se gusta. Su historia es alegre, despreocupada y vertical. Descarada, preciosista y ofensiva. Su fútbol honesto, espléndido y sin especulaciones ha creado una marca inconfundible ligada al romanticismo y a la derrota. Uno de los conjuntos más celebrados de la historia de este deporte es la Naranja Mecánica, que deslumbró en los Mundiales de Alemania y Argentina en la década de los 70. En ambos campeonatos llegó a la final y en ambos cayó ante el anfitrión. Aunque no ganó, su juego será recordado por siempre, a pesar de que su estilo y sus jugadores estratosféricos han sido detenidos periódicamente por selecciones más pragmáticas, astutas y maquiavélicas. A Holanda, como niña bonita e inofensiva, como creadora del arte en la derrota, siempre había que decirle: Qué bien habéis jugado. Qué gran espectáculo. Hasta el próximo campeonato. Gracias por venir.

Esto se terminó. La Holanda de 2010 no es brillante ni bucólica. De defensa liviana, centro del campo vigoroso y delantera endeble, no posee ni el talento ni la magia de otros tiempos. Pero denota madurez, goza de la esquiva fortuna y transpira la confianza del ganador. Ayer echó a la pentacampeona y sumergió en una crisis abisal a un país que entiende el fútbol como una religión. El Brasil de Dunga carece de profetas y tiene un excedente de jugadores terrenales. De obreros y peones de un fútbol industrial y metalúrgico que se ha divorciado del balón. Sin inventores, sin innovadores, Robinho aporta la chispa de la diferencia, muy lejos, no obstante, de la maestría de Garrincha, Sócrates, Pelé, Romario, Bebeto o Ronaldo.

Holanda jugará la final si supera al Uruguay de Luis Suárez y Forlán. Su rival podría ser España, un conjunto que cuida el balón, lo halaga y lo esconde. Un hipotético enfrentamiento entre estas dos selecciones del quiero y no puedo sería un triunfo para el fútbol. El fútbol ofensivo. El auténtico fútbol.

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3 julio, 2010 at 9:46 AM

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La mano que guillotinó a Francia

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Nunca deberían haber pisado África. Cuando en el minuto 104 el público de Saint-Denis enloqueció de alegría, la bomba de relojería de un equipo anodino y moribundo se congeló, se detuvo temporalmente. La ceguera de un sueco llamado Martin Hansson permitió que Thierry Henry hiciera su último servicio al fútbol. Su mano, como el cabezazo de Zidane a Materazzi, se convertiría en un oscuro e injusto epílogo para el último astro del fútbol francés. Ese 18 de noviembre de 2009 empezaba una cuenta atrás que daría lugar a uno de los episodios más esperpénticos y sombríos del fútbol mundial. La insurrección de la selección francesa en Sudáfrica no sólo representa un fracaso deportivo estrepitoso, sino la apertura de un debate resbaladizo y peliagudo en un escenario, el sudafricano, lamentablemente oportuno. El epicentro de la fractura vuelve a ser la raza.

La reliquia futbolística que aletargaba en el banquillo de Francia era la misma que 12 años antes había ocupado un puesto similar en el combinado tricolor. En esos tiempos era un joven descarado, pertinaz y soñador que estudiaba con asombro a unos genios que destrozaban a la canarinha de Ronaldo, Rivaldo y Bebeto. Anciano, cansado y desencantado, el Henry actual veía esta vez a un equipo despedazado, no por falta de calidad, sino por algo más lóbrego, más incomprensible.

 El ex director de Le Monde Jean-Marie Colombani advirtió en un artículo en El País  que la derrota se quiere explicar a través de un choque de culturas. Que se reprocha la arrogancia, la indiferencia y la opulencia de algunos de los integrantes de los bleus. Que se acusa a los jugadores “más morenos”. Que se les tilda de caïds (jefes de bandas marginales). Que se quiere hacer una diferencia entre “los buenos y los malos de los suburbios”. Que se les puede ir de las manos…

 La historia ha demostrado que entender el fútbol como simple deporte es un ejercicio de bondadosa ingenuidad. En 1998, Francia ganó el Mundial. Ese equipo contaba con figuras como Marcel Desailly (Ghana); Lilian Thuram (Guadalupe); Patrick Vieria (Senegal); Youri Djorkaeff (de origen armenio); Zinedine Zidane (de ascendencia argelina) o Christian Karembeu (Nueva Caledonia). Políticamente, oportunamente, ese sonado triunfo se vendió como el éxito de la Francia multiétnica y multicultural. Era la riqueza del país. Eran tiempos de abundancia.

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23 junio, 2010 at 7:31 AM

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El equipo del “Sol del siglo XXI”

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Jong Tae-se lloraba desconsolado mientras escuchaba el himno de la República Popular Democrática de Corea, el Achimŭn pinnara. A pesar de que sus ojos se abrieron por primera vez en Nagoya (Japón) y de que sus padres nacieron en Corea del Sur, desde pequeñito fue educado en el Juche, la doctrina ideológica comunista norcoreana. Años después, las creencias del niño Jong se vieron recompensadas cuando el Chongryon, la embajada de facto en Japón, le hizo el regalo que siempre había anhelado: la nacionalidad norcoreana. Las lágrimas del “Rooney del pueblo” en los preámbulos del partido contra Brasil eran de sincera felicidad, de agradecimiento y de gratitud hacia el gran líder, el“Sol del siglo XXI”: Kim Jong Il.

Esta curiosa e impactante imagen despertó la simpatía de los que se alinean con el desaventajado, como ya le ocurrió al nadador guineano Éric Moussambani en los Juegos Olímpicos de Sydney. La figura de Moussambani, mediática por insólita, recabó tanta atención en los medios de comunicación que desplazó a estrellas de los Juegos como el plusmarquista mundial de los 100 metros Pieter van den Hoogenband.

Pero a diferencia de Moussambani, los jugadores norcoreanos, conocidos como chollimas (un caballo alado de la mitología norcoreana), no podrán rentabilizar su excepcionalidad. Corea del Norte es el último bastión del comunismo extremo, de una hoz y un martillo aderezado con un pincel de pretensiones intelectuales. En el país más impenetrable del mundo, el endémico estado marcial obliga a movilizar a un ejército de un millón de soldados y más de cuatro millones de reservistas ante la hipotética amenaza extranjera. En su aislamiento surrealista, en su paranoia socialista, la población se muere de hambre a pesar de ser una de las naciones que recibe más ayuda humanitaria.

Las plañideras de Kim Jong Il

Todo este surrealismo se extiende a la selección más hermética y politizada del planeta. El pasado martes, en el estadio Ellis Park de Johannesburgo, un millar de presuntos aficionados norcoreanos destacaban en las gradas, entre la colorida hinchada de la verdeamarelha. Pero no eran coreanos, sino modernas plañideras. Un día después conocimos que, en realidad, se trataba de un grupo de actores chinos contratados por la empresa Sports Management Group, a petición del Comité de Deportes de Corea del Norte, para que animaran a los chollimas.

Los que sí acompañan al equipo en Sudáfrica son los comisarios políticos, que se encargan de registrar sus movimientos con cámaras que también apuntan a los periodistas que preguntan en las ruedas de prensa. El entrenador norcoreano, Jong-hum, advirtió que no contestaba preguntas políticas.

―¿El Gran Líder, Kim Jong Il, hace la alineación del equipo?

Mirada hacia el representante de la FIFA, mirada hacia el comisario político del Partido del Pueblo… y silencio. El mensaje mecánico de Jong-hum es fruto de una efectiva enseñanza de décadas. Su discurso, artificial y robótico, no puede ser otro. “Estamos en Sudáfrica para hacer que nuestro gran líder sea muy feliz.”

Las consecuencias de una mala actuación de Corea del Norte en este torneo nunca las sabremos. El norte de esta península de Asia Oriental es la última frontera del mundo.

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18 junio, 2010 at 7:46 AM

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La otra vía

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 El Inter demostró ayer que no existe una única vía para ganarlo todo. Tan campeón de la Champions como el Barça el pasado año, la escuadra de Mourinho ya es poseedora del triplete. El Bayern, un esbozo paleolítico del Barça, podría haber jugado una semana entera y no hubiera obtenido mejor premio que la ignominiosa medalla del finalista. Tan sólo Robben, una sombra terrenal e imperfecta de Messi, logró desbordar a los jugadores interistas, que asoman ahora en el Olimpo del fútbol con un juego propio del averno.

Zanetti, Lucio o Chivu son una suerte de Hefesto para este equipo, tejiendo una red de acero en su particular fragua, partido tras partido, enredando a equipos como el Chelsea, el CSKA, el Bayern y hasta al mejor conjunto del mundo. Los italianos se sienten tan cómodos defendiendo que podrían olvidarse de que este deporte se juega con balón. Y sólo se recobran de esta amnesia por obra y gracia de Diego Milito, goleador letal de actuaciones fulgurantes. Eto’o, su negativo en la vanguardia, es el único jugador de la historia que ha ganado dos tripletes, pero sólo recuerda que es delantero por el número 9 de su camiseta.

Mourinho, el Gran Maestro del fútbol-ajedrez, ha conseguido logros tan difíciles como la Champions con el Oporto o el triplete con el Inter. The special one, que cursó un Máster en el Barça, ganó prestigio en su país, se endiosó en Inglaterra y se ha doctorado en Italia, cautiva a Florentino. La hostilidad que arranca de la grada del Camp Nou y su perfil ¿postizamente? Imperioso y mediático apunta a matrimonio tortuoso con el Real Madrid. Un cóctel nitroglicerínico que puede atraer tanto a los títulos como a las polémicas olímpicas. Mou es la otra vía.

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23 mayo, 2010 at 8:25 AM

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Cristiano el Persecutor

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El antagonista azulgrana se reveló el miércoles como un depredador insaciable, un persecutor obsesivo de una presa cercana, veloz pero desconfiada. El líder, raudo y elegante, mira de reojo. Y le ve a un punto. Expeditivo, demoledor e irreductible. Bronceado y repeinado. Un déspota del fútbol, un tirano de su propio universo: el universo Cristiano.     

 CR9 se erige como una figura indigesta. Alimentado por los silbidos y los improperios, el portugués destroza defensas con zigzagueos, quiebros, recortes, bicicletas, desparpajo y ambición. Celebra los goles en soledad, dibujando una media sonrisa desafiante, amparado por esa altivez que le convierte en un icono del fútbol. Una antítesis ególatra de la representación de Messi.

 Ronaldo es una estrella que no admite compañeros de viaje. Ayudado por una capacidad atlética superlativa, un disparo envenenado y un cabeceo mortífero absorbe tanta luz que convierte en agujero negro al que le rodea. Los blancos se aferran ahora a su juego eléctrico, contagioso. Cómodos en su rol, engañan como el céfiro, suave y apacible, para convertirse en un tornado repentino que desvencija las defensas y arrasa las porterías rivales.

 El Barça está en alerta máxima. La gloria está a tocar. Pero saben que la furia indómita que les persigue no se detendrá.

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7 mayo, 2010 at 7:26 AM

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La perversidad de las cifras

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Existe ya una especie que desde hace tiempo se aferra a las cifras, a los números y a las estadísticas para convertir el deporte en algo científico. Para encorsetarlo en parámetros que demuestren que los deportistas están atrapados en la física y en la matemática.

 Pues bien, a veces las cifras son perversas. Definitivamente irónicas. Juguetonas, sesgadas y sobrevaloradas, nos presentan la siguiente perspectiva:

 Esta temporada el Barça sólo ha perdido 4 partidos en todas las competiciones que ha disputado. Al margen de la derrota más o menos trascendente que sufrió contra el Rubin de Kazan, en la Champions League sólo ha perdido contra el Inter de Milán. En la Copa del Rey perdió contra el Sevilla y en liga, hasta la fecha, sólo ha sido derrotado por el Atlético de Madrid.

 Precisamente, el caso de los colchoneros nos muestra la otra cara de la rigidez de las cifras. En liga han perdido 15 partidos. En la Champions League no ganaron ninguno, perdieron tres y accedieron a la Europa League como terceros de su grupo. En esta competición tan sólo han ganado dos encuentros hasta hoy y, sin embargo, están a un solo paso de meterse en la final, plaza que ya tienen asegurada en la Copa del Rey, donde han sufrido dos derrotas.

 Al término de esta temporada las cifras podrían arrojar la siguiente paradoja:

Temporada 2009/2010:

  • F.C. Barcelona: 0 títulos.
  • Atlético de Madrid: campeón de la Copa del Rey y de la Europa League.

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27 abril, 2010 at 11:55 AM

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Tormenta blanca

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La nieve que cayó en Catalunya el pasado lunes no era un buen augurio. El significado alegórico inmediato nos trasladaba a una nueva era blanca, inaugurada con la exhibición del Madrid ante un Sevilla paupérrimo. Un Madrid 2.0 venido a más estrenaba liderato justo un día antes de que Barcelona se tiñera de blanco.  El ideólogo de la gran campaña de comunicación que ha sido el Villarato debió verlo, sin duda, como un gran presagio. E incluso para el más contenido de los aficionados merengues no dejaba de ser una curiosa y jocosa anécdota. Hoy es jueves y en Barcelona ha salido el sol. La tormenta se ha trasladado a Madrid.

Remontar un uno a cero en el Bernabéu ante el Olympique de Lyon no parecía una gran empresa para un club con “ADN europeo”. Nadie pensaba que los 300 millones de euros que corrían por el césped necesitaran una oda al espíritu de Juanito. Más aún cuando casi ninguno de ellos debe de saber quien era. Y más aún cuando el megaproyecto del “Ser Superior” lo dirigía el Dios de Marca: Guti. Sin duda, un gran personaje de Crackovia, un programa catalán de humor.

 Pjanic ya es un nombre maldito en la historia del mejor club de fútbol del siglo XX. El próximo 22 de mayo (siglo XXI) tendrán que ver “su final” por la televisión. La capital de España se teñirá con el color de dos aficiones ajenas. Si a unos muchachos vestidos de azulgrana se les ocurre avanzar eliminatorias en la competición, puede instalarse una histeria colectiva en Madrid. Hay quien no quiere dormir. Puede que la peor de sus pesadillas se haga realidad. ¿Y ahora qué?

http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=694769&idseccio_PK=800

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11 marzo, 2010 at 10:09 AM

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